Energías

Algo huele bien en Dinamarca

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La región de Escandinavia (Dinamarca, Noruega y Suecia) emerge con variantes como un evidente ejemplo de que el desarrollo económico es posible con sustentabilidad ambiental. Aunque no está todo dicho, es recomendable dese nuestros países asomarse a estas experiencias. 

(Por Dan Haugen).- Los viajeros pueden darle una primera mirada a la sustentabilidad en Dinamarca a través de la ventanilla del avión cuando aterriza en el aeropuerto de Copenhague.

Middelgrunden, una fila de 20 torres imponentes, audazmente colocadas en un arrecife de más de un kilómetro y medio de tierra firme era el mayor parque eólico marino del mundo cuando fue construido en el 2000.

Hoy, junto a la famosa senda de bicicletas de la capital danesa, estas estructuras permanecen como el signo más visible de décadas hacia la transición verde de Copenhague, ciudad que aspira a convertirse en 2025 en la primera capital libre de carbono.

Sus grandes objetivos y sus grandes inversiones ayudaron a dar a Dinamarca y a sus vecinos -Noruega y Suecia- una extraordinaria presencia en el mundo de la sustentabilidad. Con un pasado muy dependiente del petróleo, la región de Escandinavia se convirtió en una meca para la energía verde, el diseño y las políticas públicas, impulsando algunos de los edificios más eficientes del mundo, un uso más bajo de combustibles fósiles y audaces objetivos de emisiones.

Sin embargo, excepcionales como son estos países, y sin dudas están por encima de la media, cada se les plantean significativas preguntas y contradicciones en sus intentos de minimizar su impacto en el clima y en el planeta.

Dinamarca, por ejemplo, es el hogar de algunos de los edificios más eficientes y de las mejores infraestructuras para bicicletas, pero también tiene la carga de ser una nación rica que consume per cápita con una huella ecológica que supera a Estados Unidos.

La mezcla de energía de Suecia tiene una de las proporciones más bajas de combustibles fósiles del mundo. Sin embargo, depende de combustibles nucleares, energía hidroeléctrica y de madera.

En tanto, Noruega se convirtió en un inesperado líder global en vehículos eléctricos, impulsado por su abundante energía hidroeléctrica, pero el país es también el tercer mayor exportador de gas y petróleo.

Dinamarca: el detonante de la transformación

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Una repentina falta de petróleo fue lo que desencadenó la transformación de Dinamarca en una de las economías más eficientes del mundo. En 1973 un embargo árabe de petróleo provocó la escasez y la subida de precios, lo que puso de rodillas a la economía danesa. En ese momento, el país contaba con el petróleo-casi todo importado- para más del 90 por ciento de su economía.

“Nos dimos cuenta de cuán vulnerables somos”, dijo Iver Høj Nielsen, vocero de State of Green, una empresa público-privada que promueve soluciones de la sustentabilidad danesa al resto del mundo.

Esa experiencia cambiaría el curso del país por décadas.

Ahorrar energía se convirtió en una prioridad. El país construyó cientos de sistemas distritales de calefacción -redes de tuberías que llevaban el calor desde plantas de energía centralizadas- para reemplazar las menos eficientes estufas en viviendas y empresas.

Usaron impuestos, subsidios y estrictos códigos de construcción para que los propietarios y constructores se volcaran a mejores métodos de aislamiento y a electrodomésticos más eficaces. Y los domingos libres de automóviles durante la crisis llenó las calles de bicicletas y sembró la demanda pública de la infraestructura de dos ruedas que vendría a definir sus ciudades.

Como resultado, el total de la energía consumida por Dinamarca en 2009 fue ligeramente inferior a la registrada en 1973, a pesar de que la economía del país casi se duplicó desde entonces. El PIB de Dinamarca por unidad de energía hoy es casi el doble del de Estados Unidos, y entre los países de la OCDE quedó apenas detrás de Irlanda, Suiza y el Reino Unido.

La crisis del petróleo y sus siguientes alternativas también provocaron el nacimiento de su moderna industria eólica. Las unidades eólicas de Vestas y Siemens comenzaron en 1979 y en 1980, respectivamente. La industria eólica provee ahora más del 30 % de la electricidad del país y las tecnologías de energía representan un 11 % de las exportaciones de Dinamarca.

Suecia: madera y desperdicios

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Suecia también fue afectada profundamente por la crisis del petróleo de la década del 70. En ese momento, los suecos dependían del petróleo en un 75 % para su energía, a pesar de que el país no lo produce. La respuesta a la crisis fue volcarse a recursos naturales que sí tiene como agua, madera y uranio.

“De repente estábamos enfrentando enormes precios de petróleo y no teníamos control sobre nada”, dijo Johan Thorsell, encargado de negocios de la ciudad de Växjö, en el sudeste del país. “Nos empezamos a preguntar ¿qué tipo de recursos tenemos a nivel local? Bueno, tenemos madera”.

Växjö es una ciudad de 80 mil personas escondida en los bosques suecos. Con sus abundantes árboles y lagos, los residentes nunca están lejos de la naturaleza. Junto a la universidad, la industria de la madera es una de las más importantes empleadoras de la región.

En 1980, la ciudad comenzó a reemplazar el petróleo en su planta municipal por madera y otros desperdicios que sobraban de la tala y otras operaciones. Fue la primera ciudad sueca en convertir su sistema de calefacción urbana en biomasa. Hoy, el combustible de madera provee casi el 90 % de la calefacción de la ciudad y de la energía de refrigeración.

El resto de Suecia está aún poniéndose al día, impulsado por un impuesto al carbono que entró en vigor a principios de 1990. La mayoría de las ciudades cuentan con sistemas de calefacción de distrito, y la biomasa representó el 47 % del consumo de energía en 2011, seguido por los residuos sólidos urbanos en un 20 %.

Mientras los combustibles fósiles juegan un rol cada vez menor en la calefacción, son virtualmente inexistentes en el sector de la electricidad. Suecia construyó una docena de reactores nucleares en la década del 70 y 80 para complementar su capacidad hidroeléctrica. Juntas, las dos fuentes reúnen hasta 90 % de la carga del país.

Entre los miembros de la Agencia Internacional de la Energía (AEI), ningún otro país utiliza una proporción menor de los combustibles fósiles. Como Suecia trabaja hacia una meta de cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050, su mayor desafío será el transporte, que representa casi la mitad de sus emisiones de hoy.

Noruega: electricidad

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Para hacerse de un plan de vehículos eléctricos, Suecia no tiene que mirar más allá de Noruega. En septiembre de 2013, el modelo totalmente eléctrico Tesla S se convirtió en el auto más vendido del país.

El interés de los noruegos en los autos eléctricos fue impulsado por una serie de exenciones de impuestos y otros beneficios, incluyendo estacionamiento gratuito, exenciones de peaje y el acceso a los carriles del autobús. El país va camino a tener 15 mil automóviles eléctricos en las calles para fines de este año, 10 veces más que sus vecinos daneses y suecos.

Estos vehículos eléctricos tienen una fuente de combustible prácticamente libre de carbono, también, porque la casi totalidad de la electricidad proviene de la energía hidroeléctrica de Noruega. “Nosotros no usamos petróleo y gas en nuestros sistemas de calefacción y de electricidad”, dijo Janne Stene, jefa del equipo de energía limpia de la Fundación Bellona, una organización no gubernamental con base en Oslo. “Nosotros no dependemos de ellos de la misma manera que otros países lo hacen”, agregó.

La paradoja de la sustentabilidad

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Noruega es aún muy dependiente de petróleo y gas, pero a su manera, explicó Stene. El gas y el petróleo pueden no abastecer sus plantas, pero ciertamente abastece su economía, que representa más del 23 % del PBI del país.

Noruega es el tercer exportador de petróleo y gas del mundo, tras Rusia y Arabia Saudita, lo que complica sus ambiciones ambientales. El país tiene como objetivo ser neutral de carbono para el 2050, pero ¿puede realmente ser sostenible en la medida que sostiene la dependencia del petróleo fuera de sus fronteras?

La paradoja de la sustentabilidad de Dinamarca deriva no en lo que exporta, sino en lo que importa.

Aunque las calles de Copenhague estén llenas de bicicletas, ninguna llega a tanto como en Strøget, el distrito de compras libre de autos. Este centro comercial al aire libre recibe alrededor de 250 mil personas por día en verano. Las plazas más antiguas de la ciudad interconectan ahora una seguidilla de tiendas de moda, cadenas y cafés al aire libre.

A pesar de que el consumismo danés puede ser más consciente y menos compulsivo que el estadounidense, no se equivoquen: al danés le gusta comprar. Copenhague es una ciudad cosmopolita con un boom de tiendas de moda y de gastronomía. Además, debido a sus políticas de distribución de riqueza la mayoría de los ciudadanos pueden comprar cosas bonitas.

Todo eso se suma el consumo, a veces en formas que no aparecen en las métricas de sostenibilidad oficiales. Las más estadísticas más citadas sobre emisiones de carbono, por ejemplo, muestran la huella de carbono per cápita de Dinamarca en baja desde mediados de la década de 1990.

“Esto es algo de lo que los políticos daneses les encanta hablar porque dicen que demuestra cómo pudieron ser capaces de disociar el crecimiento económico de las emisiones de CO2”, dijo Thomas Færgeman, director de CONCITO, un think tank de cambio climático con sede en la capital danesa.

Como país pequeño que depende mucho de las importaciones, sin embargo, el impacto de Dinamarca no está debidamente reflejado por estas cifras oficiales, que generalmente ponen el foco en los bienes producidos en el país, explicó Færgeman. CONCITO elaboró su propia estadística de la huella de carbono basado en lo que Dinamarca consume, más que en lo que produce. “Es 50 % mayor a las cifras oficiales, y continúa subiendo”, precisó.

El apetito de Dinamarca por la carne y los productos globales contribuyeron a quedar en el cuarto peor puesto de huellas ecológicas por países en un informe de 2012 de WWF y de la Red de la Global Footprint Network. En términos per cápita, sólo tres países -Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos- están agotando los recursos del planeta más rápido que Dinamaerca, según el informe (Estados Unidos ocupa el quinto puesto.)

Lecciones para el resto

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La realidad es más complicada que la imagen verde de la región, pero claramente Escandinavia ofrece lecciones de éxito para el resto del mundo. Es líder en edificios eficientes y en estructuras de tránsito y bicicletas. Tiene parte del aire y el agua más limpia del mundo y las metas más agresivas para combatir el cambio climático.

Cuando el Parlamento de Dinamarca aprobó una ambiciosa ley en marzo de 2012 para acelerar el progreso hacia una meta de 100 por ciento de energía renovable quedó a sólo ocho votos de ser por unanimidad, algo que parece inimaginable en el Congreso de Estados Unidos. ¿Por qué las lecciones de la crisis del petróleo de 1970 sirvieron en los países escandinavos, mientras que otros países la olvidaron? ¿Cómo lograron los países escandinavos seguir adelante sin caer en el negacionismo climático o en la oposición de la industria?

La respuesta puede tener que ver con los países pequeños y una relativa homogeneidad. Los escandinavos saben que no tienen recursos para desperdiciar. Hace mucho tiempo dependen del comercio con otros, más que los países más grandes. La mayoría de los ciudadanos tiene orígenes culturales similares, y no hay huecos extremos de la riqueza para crear facciones, por lo que es relativamente fácil llegar a un consenso.

“Estos desafíos de la sustentabilidad demandan que lo hagamos juntos”, dijo Robert Strand, director del Centro para la Sustentabilidad de la Escuela de Negocios de Copenhague. Y eso es algo en lo que los escandinavos demostraron ser particularmente buenos.

La región tiene una larga historia de gobiernos de coalición que dependen del compromiso de hacer las cosas, tanto como de la tradición de colaboración entre el gobierno, las industrias privadas y los sectores académicos.

“Tenemos diálogo y comprensión”, sostuvo Katherine Richardson, jefa del Centro de Ciencias de la Sustentabilidad de la Universidad de Copenhague. Eso permite a la región ser ambiciosa en cuanto a objetivos a largo plazo de sustentabilidad y permanecer firmes a pesar de los cambios en los gobiernos.

Y luego está el viejo y simple orgullo, del bueno. Cuando la BBC en 2007 se propuso encontrar la “ciudad más verde de Europa”, no fue de extrañar que su búsqueda terminara en Escandinavia. La cadena británica se focalizó en los esfuerzos de Växjö para eliminar gradualmente los combustibles fósiles, reducir el consumo de energía y limpiar lagos. El reconocimiento llevó a la ciudad para pasar a un programa medioambiental más ambicioso y completo, y hasta la fecha está tratando de vivir de acuerdo con su designación como la ciudad más verde de Europa.

“Esto no es nada que hayamos terminado”, dijo el coordinador ambiental de la ciudad, Henrik Johansson. “No podemos decir que lo hemos logrado, al menos no todavía”.

Traducción y edición: Jimena González

Texto original aquí

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