Historias

Así es como se está inundando Miami

En el área de Miami, la marca de todos los días de la marea alta ha aumentado casi una pulgada de un año.

La ciudad de Miami Beach se inunda tan previsiblemente que si, por curiosidad o pura perversidad, una persona quisiera podría planificar una visita que coincidiera con un anegamiento. Sabiendo que las mareas estarían altas en la época de la “súper luna de sangre”, a finales de septiembre, me las arreglé para reunirme con Hal Wanless, el presidente del departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad de Miami. Wanless, de 73 años, ha pasado casi medio siglo estudiando cómo surgió el sur de Florida. A partir de eso, ha llegado a la conclusión de que gran parte de la región puede tener menos de medio siglo para sumergirse.

Desayunamos cerca de la oficina del Wanless y cruzamos luego la MacArthur Causeway (los forasteros asumen que Miami Beach es parte de Miami, pero está situada en una isla separada, a pocas millas de la costa). Era un día de calor agobiante, con un cielo azul brillante. Wanless giró por una calle lateral y, de pronto, quedamos frente a un pequeño estanque. El agua chorreaba sobre el camino y hacia un garaje subterráneo.

Nos detuvimos frente a un edificio de apartamentos de cuatro pisos, rodeado por un jardín muy cuidado. El agua parecía estar burbujeando desde el césped. Wanless se quitó los zapatos y las medias y se puso un par de botines de polipropileno. Al salir de su coche, una mujer lo abordó corriendo y  le preguntó si trabajaba para la ciudad. Él dijo que no, una respuesta que pareció defraudarla pero sin detenerla, e hizo un gesto indicando una palmera que sobresalía del césped inundado.
“Mire nuestro patio, el paisaje”, dijo. “Era una palmera súper cara”. Y añadió: “Es muy loco, es agua salada… Bienvenido a la subida del nivel del mar”, le comentó a Wanless.

Según el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), los niveles del mar podrían aumentar en más de tres pies al final de este siglo. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos proyecta que podrían aumentar hasta cinco pies; la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) predice hasta seis pies y medio. Según Wanless, todas estas proyecciones se quedan probablemente cortas. En su oficina, Wanless mantiene una jarra de agua de deshielo tomada en Groenlandia. Le gusta enfatizar que hay mucho más de donde vino eso.

“Muchos geólogos, estamos viendo la posibilidad de un rango de diez a treinta pies antes de fin de siglo”, me dijo.

Regresamos al coche. Conduciendo con una mano, Wanless tomó fotos a través de la ventana con la otra. “Mire eso”, dijo. “¡Oh, Dios mío!” Habíamos llegado a un barrio de casas valuadas en millones de dólares, donde el agua se deslizaba bajo las puertas de seguridad y hasta los senderos de entrada. Porsche y Mercedes, inundados hasta sus chasis.

“Y esto ES hoy”, dijo Wanless. “Y sin llegar a dos pies de elevación del nivel del mar”. Quería conseguir mejores fotos y se detuvo en otra calle lateral. Me entregó la cámara para poder tomar una foto de él de pie en medio de la carretera sumergida. Wanless extendió los brazos, como un mago que saca un conejo de su galera.

Algunos obreros llegaron rebotando en la caja trasera de una camioneta. Cada poco, se hundían en el agua. Un camión del Departamento de Obras Públicas de Miami Beach se detuvo. El conductor le preguntó si habíamos llamado el Ayuntamiento. Al parecer, uno de los residentes de la calle había confundido la marea alta con la rotura de un caño principal. Mientras charlábamos con él, una mujer mayor apareció en un andador en la esquina. Miró el lago en que se había convertido la calle y lamentó: “¿Qué se supone que debo hacer?” Los hombres de la camioneta acordaron llevarla a su casa, plegaron su andador y la subieron a la cabina.

Para hacer frente a su inundaciones recurrentes, Miami Beach ya ha gastado algo así como 100 millones de dólares y planea invertir varios cientos de de millones más. Tales esfuerzos son, en opinión de Wanless, dinero que se irá por las cañerías. Tarde o temprano, y probablemente más temprano, la ciudad tendrá demasiada agua con la que lidiar. Incluso antes de que eso ocurra, cree Wanless, las aseguradoras paralizarán la venta de pólizas en los condominios de lujo que bordean la Bay Biscayne. Los bancos dejar de extender hipotecas.

Texto original completo de Elizabeth Kolbert en New Yorker aquí

Tags: , , , , , , ,

Comments

Comments are closed.

Twitter widget by Rimon Habib - BuddyPress Expert Developer