Energías

Biocombustibles: el repliegue de Petrobras

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(Por Lucía Guadagno).- Contra la corriente, la compañía brasileña achica su participación regional en la producción de biodiesel y bioetanol a base de cultivos alimenticios. Cuáles son los riegos ambientales y por qué es necesario hacer rentables los combustibles verdes de segunda generación.

Enfocada en paliar su déficit, la estatal Petrobras anunció en 2016 su retiro del negocio de biocombustibles y avanzó en la venta de esos activos. La compañía se concentrará en producir combustibles a base de petróleo.

Brasil es uno de los principales países productores de biodiesel y bioetanol y, a pesar de la decisión de empresa estatal, se espera que su producción crezca en los próximos años, según estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA)

Tanto la continuidad de las inversiones en combustibles fósiles como el aumento de biocombustibles a base de cultivos alimenticios (soja, caña de azúcar o maíz) son malas noticias, si se piensa en la necesidad urgente de reducir emisiones de carbono y otros gases de efecto invernadero.

En cambio, son los biocombustibles avanzados o de segunda generación, producidos a partir de algas, residuos forestales o de actividades agrícolas y basura generada en la ciudades, los que se avizoran como sostenibles a largo plazo.

El Acuerdo de París, por el cual 195 países del mundo se comprometieron a evitar que la temperatura del planeta aumente más de 2° C,  entró en vigencia este 4 de noviembre de 2016. A la semana siguiente, comenzaba en Marruecos la COP 22, para definir más acciones que eviten un cambio climático catastrófico e irreversible.

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Desde casi una década, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) advierte que producir biodiesel y bioetanol a base de cultivos eleva el precio de los alimentos a nivel mundial y no contribuye a mitigar el cambio climático. Al contrario, extender el área agrícola para generar combustible aumenta las emisiones por el cambio de uso de la tierra y produce impactos negativos sobre el agua, el suelo y la biodiversidad.

A modo de ejemplo, la FAO señala que la conversión de selvas lluviosas, turberas, sabanas y pastizales para producir etanol y biodiésel en Brasil, Indonesia, Malasia o los Estados Unidos libera al menos 17 veces más dióxido de carbono que lo que estos biocombustibles ahorran anualmente al sustituir a los combustibles fósiles.

Con estas evidencias, la Unión Europea decidió, en 2014, limitar al 7 por ciento el uso de biocombustibles derivados de cultivos alimenticios para el sector del transporte hacia el 2020. Sin embargo, otros países, como la Argentina, Brasil y Estados Unidos, insisten en promover su producción al aplicar políticas como el aumento del corte de los combustibles tradicionales con biodiésel o bioetanol y beneficios impositivos.

Y si bien la baja del precio petróleo reduce los precios de los biocombustibles, en el último informe de la OCDE-FAO se estima que su producción mundial crecerá, aunque en forma modesta, hacia 2025. En el caso de etanol, se espera que pase de 116 billones de litros en 2015 a 128,4 billones en 2025; en el sector de biodiesel, se prevé un aumento de 10 billones de litros hacia 2025.

ENERGÍAS ALGAS EN PETRÓLEO YPF

La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) estima que el costo de producción de los biocombustibles de segunda generación hacia 2045 será de entre 0,60 y 1,10 dólares por litro. “A precios del petróleo por debajo de los 80 dólares el barril, los biocombustibles avanzados van a tener dificultades para competir con los fósiles. Pero si los precios del crudo superaran los 100 dólares, la mayoría de los biocombustibles avanzados podría competir eficazmente”, sostiene el informe Perspectivas de Innovación en los Biocombustibles Líquidos Avanzados, publicado este año.

El documento recuerda que los biocombustibles avanzados reducen las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 60 y un 95 por ciento en comparación con los combustibles fósiles. Y apunta a la necesidad de que los gobiernos promuevan su producción.

En cuanto al desarrollo actual, a fines de 2015, en Estados Unidos había 23 proyectos de generación de biocombustibles avanzados, 12 de ellos comerciales; en Europa 16, nueve comerciales; en Sudamérica, tres proyectos que podrían ser rentables, todos en Brasil; en Asia sólo dos con miras a ser comerciales y dos de demostración; y en Australia, uno experimental.

CC ALIMENTOS TRIGO

El biodiesel santafesino podría volver al mercado europeo en los próximos meses gracias a un fallo  de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que declaró ilegales los aranceles antidumping impuestos por la Unión Europea (UE) al biocombustible argentino desde 2013.

En la provincia se produce cerca del 85% del volumen del país; el total se elabora a partir de aceite de soja. Antes de la imposición de los aranceles europeos, las multinacionales localizadas en el Gran Rosario llegaron a exportar hasta 1.500 millones de dólares anuales a la UE, según la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio).

Entre 2012 y 2013, Europa determinó que la Argentina competía de manera desleal con el biocombustible europeo y estableció los aranceles. Esto motivó el reclamo argentino ante la OMC, que el pasado 6 de octubre falló de manera definitiva a favor del polo de biodiesel local. En consecuencia, se deberían levantar las trabas en el corto plazo.

“El cierre de ese mercado implicó que el año pasado Argentina trabajara a un 40% de su capacidad de producción”, explicó Víctor Castro, director Ejecutivo de Carbio, que nuclea a las diez principales multinacionales del sector. “Esto quiere decir que se primarizaron las exportaciones. En lugar de enviarlas como biodiesel se enviaron como aceite. Esto satura el mercado internacional de aceite de soja y por lo tanto deprime los precios del aceite argentino y de toda la cadena sojera en sus exportaciones, con lo que se provoca menores ingresos de divisas de uno de los principales pilares económicos de la Argentina, que es el complejo sojero”, analizó.

CC SOJA BRASIL TAPA 2

Pero hay otra lectura posible. Y es que el biodiesel no unge a la Argentina con un oleo sustentable y generador de riqueza. Sino que vigoriza el negocio de la soja transgénica, que se expande a costos ambientales y de salud cada vez más altos, sin reducir de manera significativa las emisiones de gases de efecto invernadero y beneficiando a un puñado de empresas multinacionales.

 El mayor crecimiento de esta industria en Santa Fe se dio en los últimos diez años, impulsado por las ventajas competitivas (la cercanía de los campos de soja a las aceiteras instaladas en los puertos del Gran Rosario), la promoción estatal (creación de demanda interna y beneficios impositivos), y la apertura de mercados en Europa y Estados Unidos, como resultado de políticas de sustitución de combustibles fósiles por biocombustibles en esos países.

 En ese escenario, los gigantes aceiteros, en su mayoría instalados en las costas santafesinas del río Paraná, desarrollaron sus plantas de biodiesel y se concentraron en el mercado externo: Louis Dreyfus, Cargill, T6 industrial (AGD y Bunge), Renova (Vicentin, Glencore, Molinos Río de la Plata) y la china Cofco (que compró Noble este año) son las principales. A ellas se suman las grandes empresas que no provienen del agronegocio, como Unitec-Bio (Corporación América), Explora y Patagonia Bioenergía.

La producción de biodiesel creció de manera sostenida entre 2008 y 2012: de 700 mil toneladas se llegó a producir dos millones y medio. Los primeros dos años, se exportó prácticamente el 100%. A partir de 2010, en coincidencia con la apertura de la demanda interna, esa proporción se redujo al 69%.

La noche para el negocio llegó primero en 2013, con el conflicto con Europa, y luego en 2015, con la caída del precio del petróleo a nivel mundial, que desalentó el consumo de biocombustibles.

La producción comenzó a repuntar el primer semestre  de 2016, con la elaboración de poco más de un millón de toneladas, de las cuales se exportó el 53%, según el último informe sobre el sector publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), en agosto pasado.

Pese al fallo favorable de la OMC, se estima que el biodiesel argentino continuará teniendo obstáculos en Europa, de acuerdo a un análisis del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), publicado en septiembre del año pasado. Allí se advierte sobre la competencia de nuevos productores europeos, el bajo precio del petróleo y la reducción del corte de biodiesel producido a partir de cultivos alimenticios.

“La nueva reglamentación establece que los biocombustibles generados a partir de cultivos no podrán representar más del 6% del consumo total de energía del sector transporte. En cambio, se favorece la utilización de nuevos biocombustibles, producidos mediante algas o ciertos residuos (…) Éstos últimos son más amigables con el medio ambiente, no fomentan la deforestación ni compiten con la producción de alimentos”, explica el informe.

Fuente: Periódico Pausa.

 

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