América Latina

Brasil: ¿marcha atrás en política ambiental?

Brasil: La ‘reina de la motosierra’ es la nueva ministra de Agricultura

Dos nombramientos del nuevo gabinete de la reelecta presidenta Dilma Roussef despertó rechazos y temores entre las organizaciones sociales y ambientalistas brasileñas.

Uno es el nuevo ministro de Ciencia y Tecnología, el comunista Aldo Rebelo, un conocido negacionista del cambio climático que reivindica la lucha del hombre contra el avance de la selva amazónica, como representación del progreso material y social.

El otro es en Agricultura, donde fue nombrada la ex senadora derechista (PMDB), ganadera y presidenta de la Confederación Nacional de Agricultura (CNA), Katia Abreu, a quien ya se conoce como “la ministra de la motosierra”.

Abreu es resistida por el Movimiento de los Sin Tierra (MST), importante organización de campesinos clave en la primera elección de Lula Da Silva, antecesor de Dilma y líder fundador del gobernante Partido de los Trabajadores (PT).

CC IPCC 2013 AMÉRICA LATINA AMAZONAS SEQUÍA

Todas las organizaciones sociales reprochan a Dilma haberse desviado de las medidas proteccionistas de los dos primeros gobiernos de Lula y haber favorecido los intereses de empresarios agrícolas y madereros vinculados con la deforestación de la Amazonia.

“Al elegir a Katia Abreu, la presidenta expresó la forma en que su gobierno seguirá en los próximos años, lo que confirma que los intereses de la agroindustria están por encima de las cuestiones ambientales”, sostuvo Greenpeace Brasil.

Según los ambientalistas brasileños, coo legisladora Abreu representó el lobby rural que debilitó el Código Forestal y cuya reforma permitió, afirman, la deforestación de casi un tercio de la Amazonia.

Según la nueva ministra, si se siguen creando reservas indígenas para 2031 no habrá tierras para la producción agrícola. Actualmente, los territorios indígenas abarcan el 13% de la superficie del Brasil, y de ellos el 98.5% se ubica en la Amazonía.

Abreu ha dejado públicamente en claro que Brasil debe convertirse en una gran potencia agroalimentaria, sostenida por el desarrollo de semillas transgénicas, y que la Amazonia necesita más infraestructura y caminos que la surquen.

 

En cuanto a Rebelo, su abordaje sobre la relación del hombre con la Amazonia puede apreciarse en la exposición que sigue más abajo, en la que como buen comunista ortodoxo reivindica la acción del hombre sobre la naturaleza para dominarla y  cambiarla en pos del progreso económico y material de los pueblos.

Pero antes, como legislador, el flamante ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación brasileño fue ponente del proyecto del nuevo Código Forestal (que amnistía las 29 millones de hectáreas de bosques destruidas hasta 2008.

Y también abrió una polémica al negar que el calentamiento global sea causado por el hombre diciendo que “tal cientificismo tiene como fin controlar los patrones de consumo de los países pobres” por parte de los pobres.

Rebelo hizo estas afirmaciones en una carta pública que tituló “Engaño ambiental”, escrita en 2010 y dirigida a Marcio Santilli, presidente del Instituto del Medio Ambiente (IMA) brasileño en respuesta al artículo “Depredador reaccionario y” en el que el funcionario acusaba al ahora ministro de alinearse con los “escépticos del clima”.

Santilli consideró la posición de Rebelo “una bofetada en la cara de numerosos investigadores brasileños que conforman el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio climático (IPCC)  y de todos nuestros negociadores en foros internacionales”.

“El grado de más del 95% de certeza científica sobre el origen antrópico de la excesiva concentración de gases que causan el efecto invernadero se debe considerar como un hecho, y no como una sospecha, para cualquier legislador que se atenga a los conocimientos contemporáneos”, replicó Santilli.

Texto original completo aquí

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REBELO Y LA LUCHA CONTRA LA SELVA

La armonía entre los llamados pueblos de la selva y el medio en que viven -en verdad sobreviven- no pasa de una ficción producida para películas como Avatar, de James Cameron, que provocan lágrimas en su público confortablemente instalado en modernas salas de cine de los shopping centers, rodeados de plazas de alimentación, donde al chasquear los dedos aparece como por magía cualquier tipo de comida deseada por el emocionado espectador.

“Probablemente la mayoría, al saborear el suculento churrasco o la fresca ensalada no tiene la menor idea de la lucha entre el hombre y el medio ambiente en la Amazonia, en las cantidades de demandas por alimento saludable, libres de parásitos de todo tipo que disputan con el ser humano el derecho a la vida. Tal vez sea esa la real “verdad inconveniente”.

Si los llamados pueblos de la selva, indios y caboclos [mestizos], después de siglos de lucha contra el medio inhóspito, todavía viven ahí como vivian sus antepasados hace cientos o miles de años, seguro que no es porque les satisfaga las condiciones de vida características de esas eras pasadas -cuando se vivía 30 años promedio- en medio del aislamiento, completamente dominados por las fuerzas de la naturaleza, deambulando desnudos o semidesnudos, albergados en chozas insalubres, infestadas de insectos y humo, luchando en condiciones absolutamente desiguales contra el medio hóstil, que no les permite ir más allá de las condiciones más rústicas y primitivas de vida de sus ancestros”.

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Así se presenta el caso de la conquista económica de la Amazonia: lucha tenaz del hombre contra la selva y contra el agua. Contra el exceso de vitalidad de la selva y contra la desordenada abundancia del agua de sus ríos. Agua y selva que parecen haber hecho un pacto de naturaleza ecológica, para apoderarse de todos los dominios de la región.

El hombre tiene que luchar de manera constante contra esta selva que sobreocupó todo el suelo descubierto y que oprime y asfixia a toda la fauna terrestre, inclusive al hombre, bajo el peso opresor de sus sombras densas, de las densas copas verdes de sus miles de especímenes vegetales, del denso aliento de su transpiración.

Lucha contra el agua de los ríos que transformam con violencia, contra el agua de las lluvias interminables, contra el vapor de agua de la atmósfera, que dá moho y corrompe a los víveres. Contra el agua estancada de las lagunas, de los igapós y de los igarapés. Contra la corriente. Contra la pororoca [la ola que se forma cuando desemboca el Amazonas en el mar].

En fin, contra todas las exageraciones y desmandos del agua haciendo y deshaciendo a la tierra. Fertilizándola y despojándola de sus elementos de vida. Creando islas y mares interiores en una geografia en perpetua improvisación, al sabor de sus violencias”.

“Para vencer a la detestada fuerza de la naturaleza aún en formación, para abrir brechas en estos cerrados batallones de árboles inexpugnables, seria necesaria una sabia estrategia del elemento humano. Haría falta, antes que nada, que él concentrara sus fuerzas. Que se agrupara en zonas limitadas y desencadenara en estos puntos estratégicos la lucha contra la selva.

“Desgraciadamente, esto no se hizo. El poblamiento amazónico fue conducido de manera dispersa, sin ninguna táctica para la lucha a realizarse y, por lo tanto, previamente condenado al fracaso”.

Texto original completo aquí

 

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