Historias

Gays y nómades tristes en la capital del frío

Ulan Bator quedó rodeada por nómades desplazados de las estepas por un desenfrenado capitalismo post comunista y por sequías y vientos congelados que matan su ganado y su milenaria forma de vida. Desde allí, el relato de una aventura diferente.

(…) El mundo entero enfrenta problemas derivados del crecimiento de la población y de la urbanización. Ciudades de todo el mundo tratan de hacerles frente. Ésta es la historia de una de esas ciudades: Ulan Bator, la capital más fría del mundo.

Desde antes de los tiempos del gran Genghis Khan, los mongoles vivieron como pastores nómadas. Pero no hay tierra que pueda evitar el paso del tiempo para siempre. En 1921, Mongolia se convirtió en el segundo mayor Estado comunista de la historia. Modelado a imagen de la Unión Soviética, colectivizó a sus pastores y comenzó a desarrollar su industria. Ulan Bator, la capital más fría del mundo.

Verdadero hito de la ingeniería soviética, Ulan Bator se convirtió en pieza clave de la cultura, industria y población de Mongolia. Tras el colapso de la Unión Soviética, los mongoles reclamaron democracia y en 1990 tuvieron su primera elección abierta. Una nueva era había nacido. Los 90 quedaron marcados por un shock económico y los desafíos planteados por la privatización del sistema.

La combinación de esta transición a un sistema económico capitalista de mercado con una serie de severos inviernos terminaron provocando una migración interna a gran escala de familias pobres hacia la capital.

FRIO MONGOLIA DISTRITO GER

Hoy, Ulan Bator son dos ciudades. De un lado, un indomable complejo de depósitos y apartamentos de arquitectura soviética. Del otro, una matriz de carpas que se expanden, edificios improvisados y caminos llenos de pozos, los “distritos ger”, donde vive el 60 % de la población de la capital y el número crece cada día.

“En términos de democracia americana, somos jóvenes. Pero en términos de una ´democracia humana´, somos muy antiguos. Especialmente si se siente y se conoce el concepto de gestión de una tribu nómada, que está basada realmente en la democracia”, dice el funcionario de Turismo Damba Gantumur. “Si eres nómada, si tienes una familia con chicos, pero sin escuelas ni hospitales cerca, buscás o te ves arrastrado, te vez forzado a dejar tu lugar e ir hacia Ulan Bator.
Los locales le llaman simplemente UB a Ulan Bator. El Banco Mundial estima que la población aumentó 25% sólo entre 1197 y 2002. Los nómadas llegaron desde zonas rurales para comenzar una nueva vida. De donde vienen, no hay límites de espacio, ni de tiempo.

“Cuando el nómade dice al mediodía, ¿dice a la 1, a las 12, a las 11? Qué importa”, dice otro funcionario de la ciudad, B. Munkhbaatar. “Al otro día, llega a Ulan Bator y se pone a conducir un taxi como si fuera un caballo en la estepa”.

“Al llegar al llegar por primera vez a la ciudad, en 2002, el distrito no era tan grande. Ahora, cuando la veo, me parece asombrosa la cantidad de gente que se ha mudado aquí, y entiendo por qué”, dice Badruun Ghaadhi, de la Fundación Zorig. “Son muy pobres, y siguen así, aunque lleven cinco años en la ciudad. Es duro salir de ahí”.

Hay un duro contraste entre los blocks de apartamentos del centro, donde hay calefacción central y agua, y el distrito ger, donde la única fuente de calor son las estufas de carbón, no hay sistema de cloacas y el agua es recogida diariamente de cinco depósitos.

“A muchos jóvenes les cuesta mucho hoy conseguir un trabajo en el campo donde viven –dice Saraa, una maestra del distrito- y otro problema es que cuando los animales mueren, los nómadas que normalmente obtenían alimento por propios medios ya no saben lo que hacer”.

“De donde somos, ya no hay gente allí, sólo estepa”, dice una inmigrante de un barrio de monoblocks. “Al empezar los 90, la gente empezó a venirse, muchos de ellos cuando los animales comenzaron a morir. Así nació el gran distrito ger”.

Pero en el distrito ger faltan hospitales, escuelas y jardines de infante. La gente tiene que caminar tres o cuatro kilómetros si necesitan médicos u otros servicios. “Los inmigrantes creen que van a vivir mejor aquí, que les va a ser más fácil conseguir un trabajo, pero no es así. Enfrentan grandes obstáculos cuando llegan, no tienen documentos y terminan pobres y desempleados. Entonces, empiezan a vagar por las calles por algunas monedas. Es duro”, dice.

FRIO MONGOLIA DISTRITO GER 2
El ger ha sido un tradicional sistema de vivienda nómada durante siglos, donde ahora tratan de sobrevivir cada invierno en Ulan Bator. Hubo muchos cambios en la ciudad durante los últimos años y el más grande ha sido el crecimiento de la pobreza, con inviernos muy duros. “Llegué en los 90, pero entonces no hacían falta documentos para trabajar”, recuerda otra vecina del distrito, “tal vez porque todo había sido privatizado entonces. Me casé, tuve un niño y necesité documentos para él. Ahí se volvió complicado”.

Al llegar a Ulan Bator, los inmigrantes deben registrarse, para acceder a servicios básicos como salud y educación. Pero a veces es más difícil de lo que parece. Muchos estudiantes no tienen ni partidas de nacimiento, ni se sabe si sus padres siguen con ellos, se han divorciado o han fallecido. No tienen ni dibujos, ni fotos de ellos a los 3, a los 6 o a los 9 años.

Los nómadas, los pastores, como la mayoría de la gente del distrito ger (por sus tiendas ger o “gurt”, ndr), carecen de documentos. Cuando se nace en Mongolia, en el campo, se dice “oh, qué lindo bebé”, y eso es todo. Nadie provee un papel con el nombre y la fecha de nacimiento de la persona, o su nombre. Ahora, pobladores del distrito ger que necesitan documentos carecen de partidas de nacimiento de ellos y, por supuesto, de sus padres y antepasados.

Pero en el distrito ger hay otra cosa esencial para asegurar una porción de tierra, o “hasha”. En Mongolia la tierra es libre y cada uno puede tomar su parte. Pero demarcarla con un cerco de madera como corresponde cuesta unos 900 US$, así es que muchos lo hacen con piedras, lo que no es suficiente para impedir a otro que termine construyendo en el mismo terreno.

En otros países la tierra se compra. En Mongolia todos tienen derecho a 0,7 has. Una vez levantado el cerco, la tierra es de uno y se puede reclamar su título de propiedad. Pero eso resulta en una falta total de estructura en el desarrollo de la ciudad. La gente construye donde quiere, sin consideradores de planificación, infraestructura y tránsito.

Si no se toman medidas para mantener el ganado y proveer trabajo en las zonas rurales fuera de Ulan Bator, los nómadas seguirán llegando a la ciudad. “Necesitamos soluciones, y rápido”, dice una vecina. Si esto sigue así, razona, seremos incapaces de gestionar este crecimiento. Por su localización geográfica, Ulan Bator no tiene ya capacidad para expandirse.

Fuente (video en inglés)

La yurta (VIDEO)

MONGOLIA FRIO YURTAS 1

La tragedia del invierno mongol 2009-2010

FRIO MONGOLIA FENOMENO DZUD

El 2010 fue un año difícil en la estepa de Mongolia para los pastores del país. Ese año, los azotó un invierno extremadamente frío, conocido localmente como “dzud”, y acabó con nueve millones de animales, el 20 por ciento del total de cabezas, en un país donde el ganado sigue siendo fundamental para la subsistencia de los pastores y desempeña un papel vital en la economía nacional . Las bajas temperaturas, de -50 grados centígrados, fueron los peores que se recuerdan, a pesar de que los efectos del cambio climático han estado afectando de manera constante la vida de los pastores de Mongolia durante varios años. Junto con la degradación de los frágiles pastizales de la estepa por el sobrepastoreo y el rápido cambio social que acompaña a la globalización, la forma milenaria de vida en las estepas está bajo amenaza.

Texto original completo aquí

Primero, las tormentas del desierto de Mongolia devastaron las llanuras de Asia hasta llegar a Beijing. Y después el duro invierno de Mongolia sometió totalmente a las 21 provincias de Mongolia con mayor intensidad que inviernos pasados.

Este fenómeno meteorológico, el “dzud” en lengua mongol, es una larga e intensa sequía de verano que se convierte en un triste invierno de fuertes nevadas que afecta a más de una cuarta parte de los 2,8 millones de mongoles. Las raíces nómades en Mongolia nacen en la historia antigua, mucho antes de Genghis Khan, y hoy los nómades y pastores luchan con lo que tienen para seguir siéndolo.

Los pastores sufren especialmente el dzud. Las condiciones climáticas extremas pueden matar el ganado, que es el corazón de la economía rural de Mongolia. Los pastores hacen dinero comerciando con lana, carne, pieles y vendiendo y arriando el ganado en un circuito en el que se endeudan para comprar más ganado. Según el Banco Mundial, el 35% de la población de Mongolia se gana la vida con sus rebaños. El dzud de este año ha matado a más de 4,5 millones de animales, un asombroso 10% del ganado rural, un número que puede aumentar a medida que el invierno avanza. Es bastante obvio que la muerte de sus rebaños obligará a muchos pastores y sus familias a la pobreza y a hacer lo que muchos hicieron de 1999 a 2003: convertirse en vagabundos.

Hace años, un devastador dzud llevó a miles de familias mudarse a las afueras de Ulan Bator, la capital de Mongolia, donde vivían en condiciones de extrema pobreza. Otros se alejaron para encontrar empleo ilegal como mineros o haciendo lo que pueden para vivir de la tierra.

Los que han sido víctimas de la enfermedad debido al frío se estacionaron en hospitales inadecuados sin habitaciones adecuadas. La marea de nómades y pastores enfermos ha presionado al personal de los hospitales en un agotador frenesí en el cuidado de enfermos. Los agricultores también están amargados por estos dzuds frecuentes, ya que no son capaces de almacenar alimentos para ellos y para el ganado durante un largo período de tiempo.

Video

El video muestra ganado mongol en enero de 2010, cuando más de un millón de cabezas habían muerto ya. Según Ulziimajor, el ganado “se moría allí masticando plásticos e incluso bolsas de plástico y pelo de animales muertos en su desesperación”. El ganado se sigue muriendo de hambre y de frío, mientras el pueblo se torna más y más desesperado al ver a sus rebaños víctimas de este desastre.

Texto original completo aquí

Luchando por sobrevivir

FRIO EXTREMOS MONGOLIA GANADO HAMBRE GER YURTAS

(…) La familia Galsaikhan han perdido 800 de sus 900 animales. Chumedtseren, la madre, dice que las mañanas son lo peor. “Todos los días al levantarnos tenemos el mismo miedo. ¿Cuántos han muerto durante la noche?”. Dice a veces que ella y su marido tienen miedo de ir a comprobarlo. “Si perdemos todos nuestros animales habremos perdido todo”, dice.

Los cadáveres congelados de los animales se encuentran allí donde han caído, varios de ellos en el mismo reparo en la que los otros buscan refugio contra el viento. El ganado de los pastores, las ovejas, las cabras, son su dinero en efectivo. Las usan para pagar por todo, desde alimentos hasta medicamentos para la escolarización de sus hijos.
Así que para la familia perder muchos es desastroso. Renchan, Chumedtseren, el marido, dice que la mayor presión en este momento es mental, no física. “Nuestra única fuente de sustento se está escapando. Si perdemos todo nuestro ganado ¿cómo vamos a seguir adelante?”

FRIO EXTREMOS MONGOLIA GANADO HAMBRE GER YURTAS 2

Las duras condiciones han afectado a 19 de 21 provincias de Mongolia desde el pasado mes de diciembre (de 2009, ndr). Las autoridades dicen que algunos agricultores han amenazado con suicidarse. Desde hace tiempo se temía incluso que el ganado de Mongolia, de más de 40 millones de animales, iba mucho más allá de los niveles sostenibles.

Pero la Cruz Roja y la Media Luna Roja dicen que la repentina pérdida de millones de animales tuvo un efecto desproporcionado en el bienestar de las familias más vulnerables con los más pequeños rebaños. La economía en general también ha sufrido en un país donde la cría de animales proporciona el 35% del empleo y representa el 19% del PIB.

Texto original aquí

MONGOLIA FRIO YURTAS 2

(…) Continuamos nuestro viaje hacia Mongolia, un país de pequeñas colinas y desierto de Asia Central de apenas 2,8 millones de habitantes, situado entre China y Rusia. Llegamos a este hermoso y un tanto incongruente país en el Expreso de Mongolia, que había sido un sueño desde hace mucho tiempo de Katie y que resultó una interesante aventura en sí misma. 

Unas 20 horas después de salir de Pekín, llegamos a la frontera con Mongolia, alrededor de las 9 de la noche, donde entregamos el pasaporte a una mongol de severo aspecto que no devolvió nuestras sonrisas norteamericanas. De repente, nos sacó de nuestro aturdimiento inducido por el tren un fuerte bang!, acompañado de una fuerte sacudida del convoy. Pensamos que el tren había sufrido un desperfecto, o que había impactado con otro y me vi saltando por la ventana de nuestro tren descarrillado, arrastrando nuestros abultados equipajes por la oscuridad de Mongolia con cientos de compañeros de viaje.

Después de horas de ser abatidos en nuestras cabinas por fuerzas invisibles, y tratando de ignorarlas viendo episodios de 30 Rock en nuestro iPad, decidimos observar por la ventana hacia la oscuridad. Era como un surrealista sueño post-comunista -estábamos en una gigante planta ferroviaria, donde sudorosos trabajadores mongoles separaban los coches verdes y polvorientos y los levantaban con gatos para adaptar sus ruedas a las trochas rusas. Podíamos observar desde nuestros asientos a turistas de otro tren que parecían estar en nuestra misma situación, aunque pronto advertimos que ellos habían leído sobre el cambio de ruedas en su guía Lonely Planet (supongo nos habíamos saltado ese capítulo), por lo que no estaban tan confundidos como nosotros.

(…) Finalmente, de nuevo en camino, a la mañana siguiente miramos por la ventana y apreciamos colinas salpicadas de gers (yurtas, carpas de los nómades mongoles, ndr), con el humo saliendo perezosamente a través de la abertura del techo esas tiendas. Los caballos, vacas, ovejas y cabras pastaban en pasturas cortas y ocres, y las mujeres, los hombres y los niños pequeños cabalgaban al galope. A medida que nos acercamos a la capital mongol, Ulan Bator, la hermosa campiña se terminó abruptamente y comenzamos a atravesar polvorientos edificios de aspecto industrial y molinos. Las yurtas dejaron paso a derruidas casas y negocios de factura soviética, y montañas de basura.

Un poco sobre Mongolia. El país abrió hace poco abrió sus puertas a los inversores extranjeros (en su mayoría chinos), que llegan enloquecidos deseosos de sacar provecho de la más grande fiebre de oro / cobre / carbón desde la California de 1848-1859. Así, este pías post-soviético recientemente democratizado está experimentando el más rápido, y quizás el más improvisado, crecimiento económico del planeta. La ciudad capital, Ulan Bator, por ejemplo, fue construida originalmente para 500.000 personas y ahora se esfuerza por adaptarse a los millones más que se han mudado aquí, ansiosos por ser parte de la metrópoli. En el sur, donde se encuentra el desierto de Gobi, una corriente interminable de camiones se lleva carbón de coque precioso con destino a China. Los pastores dicen que sus pozos se secan por la gran cantidad de agua utilizada por las minas, y puede que tengan que abandonar sus tierras nómades debido al polvo de las minas, que los enferman a ellos y a sus animales.

En Ulan Bator, los edificios están casi literalmente estallando por sus junturas, y el tráfico se mueve al ritmo de una vieja tortuga (nos avisaron que planificáramos una hora extra para cualquier excursión en taxi a cualquier parte). En las afueras de Ulan Bator (e incluso dentro de la ciudad), descubrimos el distrito ger, donde la gente está literalmente en transición de la vida nómade a la de un habitante urbano, dentro de los límites de la ciudad. Su intento de vida nómada-urbana no está yendo bien, según algunos mongoles que conocimos. El distrito ger parecen vivir en relativa pobreza y miseria, en comparación con sus pares de las estepas. No tienen animales para comer ni leche, y en el invierno a veces tienen que recurrir a la quema de neumáticos para mantenerse calientes. Así que no sólo es muy frío Ulan Bator en invierno, sino que es difícil respirar también.

Fuera de la ciudad, sin embargo, se encuentra la verdadera belleza de Mongolia. Los pastores y sus familias viven como lo han hecho durante cientos, si no miles de años, con algunas excepciones obvias (antenas parabólicas destacan en muchas yurtas, con televisores alimentados por generadores que se cargan con paneles solares. Algunos pastores también hacen sus labores de pastoreo en moto). En el campo, a diferencia de la ciudad, parece haber espacio suficiente para que todos se extiendan a gusto, en un espacio de proporciones tan bellamente épicas que impone también un choque cultural recorrer a los saltos los caminos llenos de baches y gente de Ulan Bator.

FRIO MONGOLIA LBGT

Después de acomodarnos en nuestro hostel en Ulan Bator, comenzamos el proceso de contactar a nuestros clientes potenciales en la comunidad LGBT (gays, lesbianas, bisexuales y transexuales). Cuando comentamos nuestro proyecto a otros viajeros, su inevitable reacción fue de incredulidad: “¿Qué? ¡Van a vérselas difícil para encontrar personas LGBT aquí! ¡No podrán!” Fue como si las personas gays, lesbianas, bisexuales y trans fueran gnomos viviendo cuevas subterráneas, saliendo sólo para alimentarse por la noche, y luego corriendo de vuelta a la seguridad de la tierra húmeda y oscura.

Pero la realidad resultó muy diferente, y no tuvimos ningún problema para encontrar gente LGBT a manos llenas. Se caían de los árboles y sobre nuestro regazo, como una cesta de manzanas maduras. Llegamos a conocer a nuestro primer contacto, Anaraa, a través –curiosamente- del papá de Maggie en Florida (quien no es homosexual pero asistía en Ulan Bator a una conferencia para profesores con un activista LGBT, que la había conocido en otra conferencia). Anaraa, un treintañero que pasó de mujer a varón, nos dio las instrucciones para ir a su bar “100%”, el único bar LGBT en Mongolia, que por suerte se encontraba cerca de nuestro albergue. Desde afuera, el bar pasaba casi desapercibido salvo por un cartel y formaba parte de un polvoriento edificio de hormigón de la era soviética. Dentro, el bar irradiaba calidez y energía positiva y relajada, con los mongoles LGBT descansando en sofás, bebiendo cerveza Gengis y charlando con uno-otro mientras fumaban cigarrillos delgados.

Esa noche, y en la entrevista posterior con Anaraa, nos enteramos de que había cofundado el Centro LGBT en Ulan Bator, y ahora concentra su energía en cogestionar el bar. Sonriendo, compartió con nosotros que abrir el bar fue una acción inspirada la inspiración en su deseo de estar más cerca de su comunidad y ofrecerle un espacio donde sentirse libres de ser quienes son.

Hace aproximadamente un año, Anaraa fue agredido físicamente en su propio bar por un hombre que no era de la comunidad LGBT. El tipo se trepó a la barra y golpeó Anaraa en la cara, aplastándole la órbita de su ojo. El juicio se instruyó mientras estábamos allí, y por desgracia, el hombre que agredió a Anaraa resultó sin condena. Los crímenes de odio no se reconocen en Mongolia. Entrevistamos Anaraa en su bar sólo un par de días después del juicio, y parecía frustrado por el veredicto, pero su ánimo estaba alto y que no se iba a dejar caer sin dar una pelea fuerte y digna.

Nuestro segundo contacto fue un hombre gay (también de unos 30 años) llamado Otgoo, quien es el actual director ejecutivo del Centro LGBT. Nos reunimos con él en la acogedora sede del Centro LGBT (establecida en 2007 y el primero de su tipo en Mongolia), donde admiramos su colección de libros sobre el tema y sus carteles contra la discriminación próximos a distribuir. Entrevistando a Otgoo descubrimos, muy posiblemente, a la persona más dulce del mundo. Su sonrisa era tímida pero contagiosa, y de un corazón enorme. Otgoo nos dijo que la homosexualidad fue despenalizada en Mongolia en 2002, pero que muchas personas son, por desgracia, muy homófobas. Explicó que la religión no parecen jugar un papel en la homofobia aquí (la principal religión, el budismo, acepta relativamente diferentes orientaciones sexuales). Sin embargo, algunas personas creen que la homosexualidad y la transexualidad han sido traídas desde “Occidente”, especialmente en la reciente ola de inversionistas extranjeros y viajeros (y aunque sabemos que esto no es verdad, a Katie y a mí no nos importa recibir algo del crédito).

Otgoo dijo que las cosas cambiaron sustancialmente tras la caída del socialismo. Personas LGBT que habían sido obligadas a mantener su sexualidad por lo bajo (la homosexualidad era un delito en la época soviética) eran ahora capaces de comenzar a salir del armario de a poco. Sin embargo, Otgoo compartió con nosotros su preocupación por que muchas personas LGBT no sean capaces de obtener la información que necesitan, especialmente en zonas rurales un poco aisladas, y mencionó que aunque la información está disponible en Internet, tendrían que tener buen manejo del inglés o del ruso para entenderla (ya que hay poca o ninguna literatura LGBT disponible en lengua mongol, otro hecho del Centro LGBT está tratando de cambiar.)

(…) Hicimos nuestra tercera entrevista en el apartamento de una joven linda e increíblemente divertida llamada Azaa, de 21 años, lesbiana. Ella mencionó en su entrevista que la mayoría de las personas que la conocen saben que es gay que afrontó pocos problemas a causa de su sexualidad. Ella pudo conocer a otros miembros de la comunidad LGBT con relativa facilidad, sobre todo a través de amigos, el Internet y del bar “100%”.

FRIO MONGOLIA LBGT 2

Entre una y otra entrevista, Katie y yo salimos de la ciudad para explorar la campiña, vivimos en yurtas con las familias y montamos caballos y camellos hacia ovoos (pilas de piedras sagradas) y monasterios. Nos alimentamos con arroz, fideos y sopa, siempre con carne de cordero, y nos ofrecieron innumerables copas de airag (leche de yegua fermentada). Al comer el cordero, Katie y yo creábamos un “rincón de grasa” en nuestros platos, donde depositábamos trozos masticables de grasa. A veces los escondíamos debajo de unos fideos, y cuando terminábamos dábamos las copas a los niños, que comían el resto. Era un buen sistema. Jugamos al ajedrez con los niños cuando les podíamos robar tiempo fuera de sus funciones de pastoreo, y en otra casa nos sentamos en silencio durante largos períodos de tiempo con una dulce y relativamente anciana de 89 años (como 115 para nosotros en el mundo occidental), que preparan las comidas y gestionó el hogar mientras esperamos en vano a nuestro anfitrión ausente.

En otro viaje a las zonas rurales, conducimos por un camino lleno de baches a través de un valle salpicado de yurtas, yaks, caballos, cabras y ovejas. Observamos estrellas con otros viajeros y montamos a caballo hacia una cascada gigante, donde la cortina de agua creaba una amorfo y mágico arco iris. Quedamos tan intrigadas con la gente y el paisaje de Mongolia que extendimos el viaje por una semana más, para poder pasar un mes entero.

Texto original completo aquí

Tags: , , , , , , , , , , , ,

Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Twitter widget by Rimon Habib - BuddyPress Expert Developer