América Latina

Carta a los políticos: el mensaje de la lluvia

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Señor@s responsables de cargos políticos ejecutivos y legislativos nacionales, provinciales y municipales de la Argentina:

Los más de tres días continuados de lluvias caídas sobre Buenos Aires y la región central del país a principios de noviembre de 2014 provocaron por enésima vez graves inundaciones en numerosas zonas urbanas y aledañas, con al menos 5 mil evacuados y tres muertos, además de cuantiosas pérdidas materiales. También, dramas personales y familiares incluidos, volvieron a dejar al desnudo problemas estructurales de infraestructura pública y privada.

El fenómeno meteorológico, con precipitaciones superiores a las medias históricas normales, castigó especialmente a áreas cada caóticamente pobladas durante las últimas décadas y poco o nada compensadas por obras básicas inteligentes que, por un lado, respeten la Naturaleza y, por el otro, permitan un desarrollo sustentable sobre una vasta llanura que nunca se caracterizará por el rápido desagüe de lluvias como las actuales, cada vez más intensas y que se vuelven cada vez más frecuentes.

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Modestamente, desde aquí, les podemos decir:

  • Al ver las inundaciones, no debemos sentirnos el peor país del mundo ni el único que padece estos fenómenos. Basta repasar problemas recientes AsiaEuropa o los Balcanes, que Tiempo Inestable ha reportado en detalle e que invitamos a releer. Sólo en 2013, el planeta vio desplazarse a 22 millones de refugiados por desastres climáticos y naturales.
  • También, sin embargo, Argentina es un país de territorio muy vasto, de grandes riquezas naturales, con su población concentrada en zonas costeras y llanuras inundables y, por todo eso, muy expuesto a graves pérdidas humanas, económicas y sociales, tanto en el campo y como en las ciudades (lo hemos visto en La Plata, en CABA y en estos días en Luján, Areco y todo el Gran Buenos Aires), y pocos meses antes en el Litoral.
  • Ahora bien, el clima cambia desde hace miles de millones de años: eso se llama variabilidad natural. Pero desde la Revolución Industrial, por la quema de combustibles fósiles, lo hace de otra manera, influído por la acción del hombre: le llamamos cambio climático.
  • Les resumimos algunas muy rápidamente: – El incremento del nivel de los océanos se ha acelerado (Argentina tiene una vasta costa). -La tasa de retiro del hielo del Océano Ártico se ha duplicado. -El derretimiento de los glaciares y de las capas de hielo ocurre más rápido. -Los océanos se están acidificando. Estos y otros impactos serán variados y profundos.

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  • Hay un par de observaciones y predicciones científicas, entre ellas, que son de lo más pertinente para nosotros en estos días: “La frecuencia y la intensidad de las fuertes lluvias se incrementará en todo el mundo” y “hay muchas evidencias de que las temperaturas extremas, incluyendo días calurosos y olas de calor, se han vuelto más comunes desde 1950”.
  • Los científicos argentinos que participaron de esos debates subrayaron los tips nacionales de esos cambios e impactos. Entre ellos, podemos leer los de la climatóloga Matilde Rustitucci, a quien hemos entrevistado en este medio. La ciudad de Buenos Aires, específicamente, puede ser ha nombrada como toda una “reina del calor y la lluvia“.
  • Dicho esto, Argentina tiene todos los elementos necesarios para afrontar la parte de la crisis climática que le toca: recursos humanos para idear soluciones, recursos naturales de energías renovables, disponer de un territorio crecientemente urbanizado que da enormes posibilidades de repoblamiento y reordenamiento territorial en costas y tierra adentro, y aunque no lo parezca suficiente capacidad de ahorro como para proponerse inversiones de largo plazo.
  • Recientemente, con motivo de estas y anteriores inundaciones, Tiempo Inestable y otros medios han descripto experiencias de adaptación y mitigación del cambio climático en lugares y grandes urbes muy distantes, desde Holanda (excelente artículo de Laura Rocha en La Nación) hasta Nueva York, desde Indonesia hasta la vecina Brasil.
  • Sabemos qué pasa y por qué gracias al diagnóstico científico del IPCC.  También sabemos qué hacen en otros sitios del mundo para limitar las pérdidas, anticiparse, prevenir, y en el mejor de los casos mitigar la emisión de gases invernadero apostando por las energías renovables y arrinconando la quema de carbón y de petróleo.

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  • Y una vez leído el discurso, ¿qué? El gobierno nacional tiene a sus expertos en cambio climático reducidos a un entrepiso del centro de la ciudad y apenas un único proyecto de adaptación por 5,64 millones de dólares para resolver problemas de sequía en el Noreste del país, valorable pero escaso. El resto, deambular por cumbres internacionales y volver.
  • El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) está en pleno proceso de modernización en manos civiles, transformación, incorporación de recursos humanos más jóvenes y preparados y, más lentamente, de la tecnología mínima necesaria, como radares de última generación (dual pol) y estaciones meteorológicas. Pero ése es su límite: medir, pronosticar y comunicar lo más anticipadamente posible para ayudar a prevenir, como el programa Alert.ar.
  • La Ciudad Autónoma de Buenos Aires dio algunos pasos clave durante los últimos años con la construcción de canales aliviadores, cuando la ocupación de espacios que naturalmente correspondían a sus pocos arroyos (el Maldonado y otros) ya no tiene marcha atrás desde hace décadas. Pero ni siquiera eso le evitó graves consecuencias en vidas y bienes el 2 de abril de 2013, cuando también La Plata necesitó perder casi un centenar de vidas para organizar nuevos sistemas de alertas meteorológicos y emprender unas mínimas obras de canalización de arroyos, como El Gato. También en el caso plantese, sin embargo, los embates de construcción desordenados durante la última década empeoraron las posibilidades de escurrimiento de zonas bastante llanas y algunas demasiado bajas para permitir que, sobre todo los más pobres, se instalen a esperar lo peor. Por otra parte, Neuquén vivió una experiencia de tormenta relativamente parecida, pero allí funcionaron los mecanismos de prevención. Señores, sí se puede.

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  • Pero hay acciones imprescindibles a mucho más largo plazo, como las que recomiendan los científicos del IPCC, de esas cuyos frutos se recogen sólo dentro de décadas, para otras generaciones, que a los políticos les cuesta mucho considerando que no estarán gobernando para entonces, y que suponen establecer límites a empresas, grupos de presión o de población con capacidad de voto, lo que los obliga a los responsables de cargos a lidiar con “malas noticias” de escaso o negativo impacto en las urnas.
  • Argentina tiene casi la mitad de su población amontonada mirando a las costas bonaerenses y apuntando a su estuario del Río de la Plata. ¿Qué parte de las advertencias de los científicos no hay leído todavía para tomarse en serio una redistribución de la actividad económica, y luego social, de casi veinte millones de habitantes? Las ciudades costeras son las más expuestas.

 

  • La infraestructura de un país, más todavía frente a predicciones seguras de empeoramiento de condiciones climáticas en las extensas zonas costeras y superpobladas como las de Argentina, con su riqueza natural expuesta, es decididamente objeto de políticas de estado, de consensos, de largo plazo. Tenues intentos se han hecho desde los puntos fuertes de la adaptación, las políticas locales, a través de cuatro ciudades del Río de la Plata, con el Proyecto Riberas.
  • Señor@s responsables políticos: el clima no miente, sólo se expresa, y el tiempo meteorológico es tan irrefutable como el cambio climático. A un año de elecciones nacionales, les sobra tiempo como para sentarse en derredor de una mesa, saltando fronteras jurisdiccionales que las tormentas, los ríos y sus desbordes ignoran totalmente. Podrían, por ejemplo, pensar y acordar una gran orientación hacia donde llevar al país en las próximas décadas en términos de infraestructura de adaptación al cambio climático, de urbanización sustentable, de impulso a las energías renovables, de reordenamiento territorial, de protección de bosques y demás medidas elementales sobre el asunto. Y si no lo hacen por vocación política, sigan el camino de las grandes ciudades y corporaciones, que ya descuentan el riesgo del cambio climático en sus cuentas.
  • Porque la solidaridad de la gente no resuelve los problemas de fondo, es un valor emotivo que apenas los alivia. Cuando el Estado y las políticas públicas están en su lugar, casi ni hace falta.
  • Posdata: no vamos a ser pocos los que recordemos qué han dicho, o no, qué han hecho, o no, para resolver estos problemas a la hora de poner nuestro voto en octubre de 2015. Con todo respeto y grandes expectativas por vuestra capacidad de mirar hacia el futuro.Eduardo de Miguel, editor de Tiempo Inestable.
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