Meteorólogos

Cómo influyó el calentamiento en el “Haiyan”

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El meteorólogo Ángel Rivera, de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) de España, analiza en este artículo las relaciones entre el cambio climático y la formación del super tifón “Haiyan” que arrasó el centro de Filipinas a principios de noviembre de 2013.

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Como era de esperar, de forma inmediata ha surgido el debate sobre si este ciclón, o al menos su gran intensidad, es debida al cambio climático. En el mismo se han cruzado, como suele ser habitual, todo tipo de opiniones de científicos, políticos, comunicadores y muchas otras personas. Voy a participar en el mismo exponiendo a continuación cual es mi visión del tema.

La formación y el desarrollo de un ciclón tropical requiere, como en tantos otros fenómenos atmosféricos, una buena disponibilidad de energía y unos mecanismos de puesta en marcha y de mantenimiento. La reserva energética está en el calor acumulado en las aguas oceánicas; y en las zonas tropicales, en mayor o menor medida, está siempre asegurada. La “puesta en marcha” requiere que haya una cierta inestabilidad atmosférica que permita la formación de grandes nubes tormentosas que, si pueden interaccionar entre ellas, constituyen el germen de una depresión tropical, la primera fase en la formación de un ciclón. No es difícil que esta condición esté presente aunque puede haber factores, como la entrada de polvo sahariano en niveles medios de la atmósfera que pueda debilitarla en el caso de la cuenca Atlántica. Justamente ésta parece haber sido una de las razones que justifican la casi total ausencia de huracanes en el Atlántico en la temporada que ahora acaba. El tercer factor que es indispensable para que el ciclón se desarrolle y crezca es la ausencia de cizalladura vertical en las capas medias y altas de la atmósfera o, al menos, que ésta sea muy débil. Si existe una cortante vertical del viento, se dificulta o incluso se inhibe la formación de las grandes nubes convectivas o tormentosas, que es el mecanismo mediante el cual la perturbación convierte la energía almacenada en el mar en forma de calor en fuertes vientos e intensas lluvias y permite su evolución hacia mayores intensidades.
Visto lo anterior, la respuesta a cómo el cambio climático puede influir en un mayor número de ciclones o en una mayor intensidad, está unida a como este cambio afecta a cada uno de los factores a los que me refería más arriba. Por lo que respecta a la temperatura de las aguas de los océanos, es bastante claro que el proceso de calentamiento está implicando ya un aumento de la misma en muchas zonas;  por tanto, la disponibilidad energética está asegurada. Tampoco parece que la presencia de inestabilidad vaya a ser un problema, salvo que pudiera darse, en el caso del océano Atlántico, una mayor entrada de polvo sahariano que la hiciera disminuir; es algo difícil de saber pero que no parece  que pudiera ser un factor fundamental. La gran clave es cómo el proceso de calentamiento puede hacer variar la circulación de los niveles medios y altos de la atmósfera en las zonas de formación y desarrollo. Si ésta variación fuera de tal tipo o intensidad que supusiera un aumento sustancial de la cizalladura vertical, está claro que el mecanismo básico de formación y desarrollo de los ciclones podría verse seriamente afectado.
Dadas las dudas que existen sobre este punto, junto con las certezas de una mayor disponibilidad energética, es por lo que la opinión mas extendida entre los científicos es que, si bien no está claro si el número de ciclones puede aumentar o disminuir, lo que si parece seguro es que, los que lo hagan, tendrían mas y mejor “combustible” y serían por tanto mas intensos. 
¿Es “Hayan” ya un producto de este escenario? No lo sabemos, aunque probablemente pronto aparezcan estudios que nos den una visión probabilista de, hasta que punto, pueda haber estado directamente influido por el proceso de calentamiento global y por tanto por la acción antropogénica. En cualquier caso, si bien los científicos no pueden asegurar aún si el número de los ciclones va a aumentar o disminuir, lo que si parece claro es que el hecho de que haya mas energía disponible, debe suponer que aumente el número de fenómenos adversos para la Humanidad o, al menos, que los que ocurran tengan cada vez mayor intensidad. Y debe tenerse en cuenta, además, que esa mayor disponibilidad energética está muy unida a las zonas de los países menos desarrollados y mas vulnerables. ¿Hacen falta mas razones para actuar?
En cualquier caso, tampoco las zonas mas desarrolladas del planeta pueden considerarse invulnerables en este aspecto. Sin entrar ya en el caso del impacto de de “Sandy” sobre zonas normalmente no afectadas de Estados Unidos, algunos estudios muestran como en el Atlántico el aumento de las temperaturas oceánicas pueden alterar las zonas de formación de ciclones; de esta forma, lo harían mas hacia el este y, por tanto, posiblemente recurvarían también antes su trayectoria hacia el este. La consecuencia es que llegarían a Europa mas borrascas intensas procedentes de la evolución de estos ciclones. Y queda por estudiar cómo influiría este desplazamiento en la posibilidad de que algunas de estas perturbaciones pudieran desplazarse con mas facilidad de una forma directa hacia Canarias como a la Península Ibérica, como fue el caso de “Vince” o “Delta”.
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