América Latina

Cómo puede impactar El Niño en el campo

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Si finalmente ocurre, ¿cómo impactará el fenómeno El Niño en la actividad agrícola argentina, corazón de economía del país? Para explicarlo, Tiempo Inestable reunió a tres expertos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), referencia principal de los agricultores locales, que analizan todos los matices que hay que tener en cuenta. El campo argentino suele agradecer El Niño, pero el impacto siempre es variable, intervienen muchos factores y hasta puede perjudicar algunas zonas. Nada es tan simple como parece. “El Niño no es caprichoso: más bien, la atmósfera es caótica”, dicen en el Instituto de Clima y Agua del INTA.

Las posibilidades de que el Fenómeno El Niño ocurra finalmente este año siguen abiertas y, de darse, ni siquiera esta claro si será débil, moderado o fuerte según distintos modelos internacionales. En términos muy generales, el fenómeno suele tener un impacto beneficioso sobre la actividad agrícola argentina.

Pero esta vez, y pese a una serie de dos décadas de decrecimiento de precipitaciones, el campo argentino lo recibirá este año con suelos de por sí saturados de agua que no necesariamente se vinculan con El Niño y que pueden relativizar algunas de las ventajas que suele conllevar en la región, dijeron expertos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) consultados por Tiempo Inestable.

En el INTA, se prevé que El Niño que se manifieste en el Pacífico puede ser débil, sin siquiera llegar a moderado, aunque meses atrás organismos oficiales y privados estadounidenses lo predecían fuerte y debieron, recientemente, recalcular sus predicciones.

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“Si son débiles, moderados o fuertes, pueden tener impactos diversos, con mayores o menores consecuencia. En muchas de nuestras zonas argentinas,el suelo está hoy con sus perfiles en muchos casos saturados y no se ha podido sembrar trigo -aunque había mejores expectativas- ni levantar parte de la cosecha 2013-2014”, explica Roberto De Ruyver, experto en ciencias de la atmósfera del Instituto de Clima y Agua del INTA.

En las últimas semanas, hubo abundantes lluvias sobre el sur de Paraguay. En Misiones y Formosa está todo muy anegado y en el Pantanal brasileño todavía sigue lloviendo bastante. Los expertos saben que toda esa onda va a seguir bajando durante dos o tres meses, y eso podría combinarse con El Niño si el fenómeno se diera.

“Hace dos años -recuerda De Ruyver- había consenso de que iba a haber un evento El Niño en la campaña agrícola 2012-2013. En el INTA fuimos de los más cautos y coincidimos en esa predicción, pero finalmente no hubo ningún evento aquella vez. El Niño no es caprichoso: más bien, la atmósfera es caótica”.

El Niño puede ser definido como un evento de intensidad débil en el Pacífico ecuatorial, pero después las interacciones con otros factores lo pueden intensificar, o debilitar.

En el caso de Argentina, “dentro del marco general beneficioso de El Niño para nuestra región siempre hay zonas que se van a comportar de manera opuesta al comportamiento regional esperado. En general son áreas reducidas, no muy extendidas”, aclara De Ruyver.

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Como explica con detalle el ingeniero agrónomo Gabriel Rodríguez, también del Instituto del Clima y Agua, “El Niño puede tener impacto alto en una región, y en otra muy cercana muy leve o moderado. Hay una alta variabilidad espacial en los impactos”.

Básicamente, El Niño cambia las probabilidades de precipitaciones, pero eso “no quiere decir que si hay un El Niño vaya a haber si o si más lluvias. El Niño es un fenómeno global. El impacto en un lugar determinado dependen de muchas factores, lo que cambian son las probabilidades de ocurrencia de precipitaciones más altas”.

¿Cómo se prepara el agricultor argentino ante la posible llegada de El Niño? En la preparación, hay una variabilidad muy grande. Hay productores con un manejo más tradicional y otros de punta que manejan todas las herramientas disponibles, por lo que no se puede generalizar, enfatiza el INTA.

“En un contexto de El Niño, un problema es que los pronósticos certeros que uno puede conseguir no dan demasiado tiempo como para plantear un cambio de manejo o de estrategia. Estamos en julio y aún no hay nada definido. El productor agropecuario ya tiene definido qué hacer con más antelación”, explica Rodríguez.

Si se decidió sembrar maíz, en septiembre/octubre, cuando ya esté definida la fase del fenómeno, le resultará muy complicado cambiar de cultivo, aunque podría plantearse un manejo diferencial. Si bien la ciencia avanzó muchísimo en el conocimiento de El Niño y de su impacto, queda mucho para hacer, y mucho más a nivel local.

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“A nivel regional, y en promedio, podemos tener una idea de lo que va a pasar, pero no específicamente a un productor determinado”, insiste el ingeniero agrónomo, y reconoce: “Cuanto más sabemos sobre El Niño y sus interacciones con otras oscilaciones, se abren también más interrogantes”.

Bajo El Niño, el factor clave en nuestra región es el de las precipitaciones. El mayor efecto de El Niño en Argentina se da de noviembre a enero, cuando la mayor parte de los cultivos están implantados. Los de verano son los que más impacto muestran. Con el fenómeno ocurriendo, los cambios en los patrones de lluvias en la región pampeana se dan de octubre-noviembre a enero.

“”Este año -interviene De Ruyver- es un buen ejemplo de un año con lluvias por encima de lo normal en muchas áreas del país y, sin embargo, está ocurriendo sin influencia de un evento El Niño-. Esto muestra que hay muchos otros factores que considerar”.

Si sobre la condición actual de humedad en el suelo ocurriera un evento de El Niño débil, amplía, “podría haber regiones con complicaciones por excesos pero no únicamente justificables por un evento El Niño”.

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“Lo fundamental es el manejo del riesgo y adaptarse -afirma Rodríguez-. No es realista creer que pueda haber una certeza completa, porque el sistema climático es muy complejo y son demasiados factores que interactúan. Las expectativas de los productores agropecuarios sobre estos pronósticos la mayoría de las veces son muy altas y no se condice con la capacidad que presentan las habilidades predictivas de estos pronósticos”.

El INTA hace hincapié en que hay muchas cosas que aún se desconocen y aun cuando se conozcan son bastante difíciles de predecir con un 100 por ciento de exactitud. Lo importante, explica el instituto público, es manejar el riesgo climático para tratar de disminuir los impactos negativos y/o tratar de aprovechar los impactos positivos.

En términos regionales, El Niño es beneficioso para el campo argentino porque favorece los cultivos de invierno y ayuda al trigo y a su vez aumenta la disponibilidad de agua para los cultivos de verano. En el caso de La Niña, cuyos impactos son más graves y severos, hay que tratar de disminuir los impactos negativos.

En términos generales, en los años de El Niño se sugiere adelantar las fechas de siembra para aprovechar la mayor disponiblidad de agua y aumentar las dosis de fertilizaciones nitrogenadas. En cambio, en años de La Niña, se sugiere atrasar las fechas de siembra para hacer coincidir la floración o los períodos críticos de los cultivos con épocas donde el mayor desvío de los patrones normales de precipitación hayan pasado. Esto, siempre hablando a nivel regional.

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“Con el corrimiento de nuestra frontera agrícola, por lo general, los sitios marginales son mucho más vulnerables, por distintos factores, porque los suelos presentan menor desarrollo, porque la variabilidad del clima es muy elevada y también porque la infraestructura es menor”, según Rodríguez.

Un factor a tener en cuenta es la forma en que se fue dando el corrimiento de la frontera agrícola en la región. El clima presenta ciclos donde las precipitaciones tienden a ser mayores de lo normal y otros donde tienden a estar por debajo de lo normal.

“La frontera fue expandiendose en un período considerado como húmedo y como los resultados en esos años fueron buenos se continuó con ese proceso. Ahora, cuando las precipitaciones comiencen a transitar un ciclo más seco, ahí va a ser mucho más necesario el manejo del riesgo climático para morigerar las posibles pérdidas de producción y calidad de vida de los productores”, recomienda.

De hecho, añade De Ruyver, “cuando se estudian en el país series suficientemente largas de precipitación anual se observa que se repite en varias zonas, y muy distintas entre sí, que a partir de los 90 empieza un decrecimiento de la precipitación”. Esto se observa en Chaco, Santa Fe, Córdoba o Buenos Aires. “La onda de largo plazo y gran escala – está manifestando una tendencia negativa de la lluvia en los últimos 20 años”, dice.

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Los patrones de ocurrencia de lluvias pueden ser diferentes durante el fenómeno El Niño/La Niña, afirma Eduardo Flamenco, ingeniero en recursos hídricos del Instituto de Clima y Agua del INTA.

“Por ejemplo, en el bimestre noviembre-diciembre de 1982 (Niño 1982/1983), hubo ausencia o déficit de lluvia en algunas regiones (ejemplo zona núcleo), mientras que en El Niño 1997-1998, el otro fenómeno caracterizado como fuerte, hubo excesos de lluvias en la misma región, y fueron los dos El Niño más fuertes del Siglo XX”, cita Flamenco.

Hay además otros factores que pueden estar interviniendo. “Interactúan otros forzantes climáticos -amplía- como son los del océano Atlántico. Asimismo, hay otras oscilaciones en escala global que también intervienen, en consecuencia, eso contribuye a que no haya un mismo patrón de precipitaciones en dos Niños diferentes”.

Actualmente los centros mundiales están pronosticando la ocurrencia de El Niño para la temporada 2014/2015. Hace ya unos años que Flamenco viene analizando la evolución temporal de las nevadas en cordillera (provincias de San Juan, Mendoza y Neuquen).

“Cuando para esta época del año (julio) las nevadas se ubican por debajo de lo normal indicarían que el fenómeno El Niño tiene muy baja probabilidad de ocurrencia. Hasta mitad de julio de 2014, la acumulación nívea en diferentes estaciones nivométricas, de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación, muestran valores muy por debajo de lo normal, por lo tanto de continuar esta tendencia reiteramos que el fenómeno El Niño previsto para el 2014/2015 quizás no llegue a ser ni siquiera “débil”.

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Lo mismo ocurre con la cuenca del Paraná, que este ingeniero estudia hace tiempo (desde El Niño 1997/1998). Flamenco analizó diez fenómenos de El Niño desde los 50. En seis eventos, hubo inundaciones de diferentes características. Hubocrecidas durante junio-julio 2014 en el río Iguazú y Paraguay y esto está inundando el valle, lo está saturando.

“Si ocurriera o se confirma un fenómeno El Niño moderado, las condiciones precedentes serían ya de saturación, y para comienzos del verano del 2015 la situación se agravaría, reiteramos, si el fenómeno El Niño sucediera, que por lo mencionado más arriba tiene poca probabilidad de ocurrir”, explica Flamenco.

En el INTA sus expertos se preparan, por ejemplo, generando una herramienta: la cartografía de susceptibilidad hídrica para el Delta del Paraná. En septiembre de 2014, el INTA publicará un pronóstico de seis meses en adelante, y el productor agropecuario-forestal del Delta podrá comprobar on line (geointa.INTA.gov.ar) con la coordenada geográfica de su campo si el agua podría afectar su establecimiento anticipándose para la toma de decisiones.

Este tipo de estudios se esta extendiendo a otras zonas productivas del país, como por ejemplo las arroceras del Litoral argentino de la provincia de Corrientes.

 IMPACTO DE “EL NIÑO” SOBRE LA PRODUCCIÓN EN LA REGIÓN PAMPEANA (INTA, 1998).

. En la mayor parte de la región pampeana durante los años Niños existe elevada probabilidad de tener precipitaciones superiores a lo normal durante los meses de noviembre diciembre y enero.

. La influencia de La Niña sobre las precipitaciones de la región pampeana es más intensa y persistente que la de El Niño.

. El maíz es el cultivo más sensible a esta variabilidad climatica existiendo elevada probabilidad de obtener rendimientos superiores a lo normal en años Niños e inferiorres a lo normal en años Niñas. La zona más beneficiada en años Niños es el sur-sudeste de Buenos Aires, mientras que la más perjudicada en años Niñas es la zona maicera núcleo (norte de Buenos Aires, sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba).

. En soja, los mayores impactos sobre el rendimiento se dan en años Niña, mientras que en años Niño sólo se encontrarían rendimientos elevados en algunas zonas aisladas.

. En trigo, pueden esperarse rendimientos elevados en años Niños ybajos en años Niñas en la zona sur-sudoeste de Buenos Aires y La Pampa, comportamiento que podría modificar sensiblemente la producción nacional por la gran superficie sembrada en esta region.

. El girasol demostró un comportamiento contrario, con elevada probabilidad de tener rendimientos bajos durante los años Niños en gran parte de la provincia de Buenos Aires.

EN EL MUNDO

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Los impactos de ‘El Niño’ son de largo alcance, que influyen en los patrones de lluvia y temperatura en todo el mundo.

En la agricultura, estos impactos se hacen sentir fundamentalmente a través del efecto del ciclo de las precipitaciones, sobre todo en el mundo en desarrollo, donde el 80% de las tierras agrícolas depende de la agricultura de secano.

Pero no todos los impactos son malos; mientras que algunas zonas pueden sufrir por la sequía, otras disfrutan de las precipitaciones superiores a la media y de buenas cosechas.

“Muchas personas asocian el fenómeno de El Niño con un mal año, con sequías y desastres. La verdad es que, en un año de El Niño, habrá tanto beneficiados como perjudicados en la agricultura y la seguridad alimentaria”, dice Walter Baegthen, International Research Institute for Climate and Society (IRI).

El Niño y La Niña influyen la temperatura y las precipitaciones estacionales en muchas partes del mundo, a través de los efectos de las lluvias tropicales en la atmósfera superior. Nubes de lluvia imponentes tienden a formarse sobre las partes más cálidas del océano Pacífico, que son como unas ‘rocas’ en la corriente del flujo atmosférico.

El ENSO cambia la posición del agua caliente y estas nubes hacia el este (El Niño) u oeste (La Niña) creando un efecto dominó en el flujo atmosférico que alcanza transversalmente la superficie del planeta. Estas ‘ondas’ atmosféricas determinan las posiciones de los monzones y las tormentas en las latitudes más altas.

Debido a sus repercusiones de gran alcance (ver la figura siguiente), El Niño acapara los titulares de prensa de todo el mundo.

Entre 1997 y 1998, un evento de El Niño supercargado provocó sequías e incendios masivos en Indonesia; la destrucción de la infraestructura y los cultivos por inundaciones extremas a lo largo de la costa de América Latina; pérdidas en ganadería y agricultura debido a las fuertes lluvias en el este de África, y epidemias de enfermedades infecciosas como la fiebre del Valle del Rift y la malaria asociada a las condiciones meteorológicas extremas y las inundaciones en la misma zona.

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El Niño golpea a muchas zonas agrícolas clave en todo el mundo. Por ejemplo, el aumento de riesgo de sequía durante los años afectados por El Niño puede reducir los rendimientos de los cultivos de secano en el noreste de Brasil; en el verano en el sur de África; y en el segundo semestre del año, en el este y el norte de Australia y el sudeste de Asia que incluye partes de las Filipinas, Indonesia y Vietnam.

También se ha observado alguna conexión entre la sequía en el Sahel de África Occidental (un cinturón de granjas altamente propensas a la sequía y de tierras de pastoreo que bordean el límite inferior del desierto del Sahara), y las condiciones de El Niño.

Igualmente en algunos años, El Niño puede retrasar o disminuir el monzón de verano en la India, poniendo en riesgo los medios de vida de cientos de millones de personas.

Pero los impactos de El Niño no son siempre negativos. Por ejemplo, el incremento de la precipitación tiende a mejorar los rendimientos de los cultivos anuales de secano en el cinturón de cereal en el noreste de Argentina, sur de Brasil y Uruguay; en partes del Este de África durante la temporada de lluvias cortas octubre-diciembre, o en el estado de Tamil Nadu en el extremo sur de la India durante el ‘rabi’ o la temporada de monzón de invierno

¿Cuáles son las probabilidades?

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Los impactos de El Niño son pronosticados a través del uso de modelos climáticos y las condiciones observadas en el pasado. Los modelos se ejecutan muchas veces con condiciones iniciales de temperatura superficial del mar, lo que permite emerger la ‘señal’ de la influencia de El Niño del ‘ruido’ de los fenómenos meteorológicos individuales.

Estos ensayos del modelo producen una distribución de probabilidad de los impactos potenciales, indicando el porcentaje de posibilidades de condiciones particulares. Por ejemplo, un modelo podría predecir una probabilidad del 50% de la precipitación sobre el promedio en África oriental en condiciones de El Niño, una probabilidad del 30% de la precipitación normal, y un 20% de posibilidades de precipitaciones inferiores a lo normal.

Con su poderoso impacto en el sistema climático global, el ciclo de ENOS es una razón importante por la que los científicos pueden hacer pronósticos de temperatura y precipitación con varios meses de anticipación, conocidos como escala de tiempo estacional.

En comparación con las condiciones normales, las características de El Niño permiten a los científicos hacer predicciones más precisas de sequía o lluvias extremas para varias regiones del mundo, ofreciendo la oportunidad de apoyar a los agricultores con mejores servicios de información climática para las próximas temporadas.

El Programa de Investigación de CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS), con su tema sobre Gestión del Riesgo Climático trabaja para proporcionar servicios de información del clima accesibles para los agricultores en el marco de un enfoque integrado de adaptación al cambio climático.

Con el conocimiento de que la temporada puede ser mucho más seca de lo normal, un agricultor podría implementar medidas de ahorro de agua, o cambiar la siembra de una ladera húmeda. Si las condiciones son favorables, se podría invertir en semillas de mayor rendimiento o plantar un área más grande

Fuente: Climate Change, Agriculture and Food Security

 

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