Cambio Climático

Cuatro ciudades rioplatenses unidas ante el cambio climático

(Tiempo Inestable).- El Proyecto Riberas, financiado por el IDRC de Canadá, permitió a las ciudades de Tigre, San Fernando (Argentina), Carmelo y Juan Lacaze (Uruguay) reunir a sus gobiernos, vecinos y organizaciones sociales con meteorólogos, urbanistas y economistas de los dos países, para preparar su adaptación a los inevitables impactos del cambio climático en ambas márgenes del Río de la Plata.

“En un lugar que se inunda cada diez años puedo vivir, pero no en un lugar que se inunda cada dos meses: eso es lo que se hace insustentable”, explicó Ángel Hernández, uno de los expertos que trabajó en el proyecto, con un mapa de riesgo que detalló en la presentación de los resultados de los estudios y lineamientos del trabajo, realizada este 8 de agosto en Buenos Aires en la sede de FLACSO, en Buenos Aires.

El proyecto fue ejecutado conjuntamente por el Instituto Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo, América Latina (IIED-AL) y la Sociedad Amigos del Viento (AdelV), con el aporte financiero del International Research Center (IDRC-CRDI) canadienses.

“El proyecto buscó fortalecer las capacidades de los gobiernos locales y de las organizaciones de la sociedad civil para incluir la variabilidad y el cambio climático en la planificación y acción local”, explicaron los responsables del Proyecto Riberas.

“En particular, se enfocó en las zonas más vulnerables de las cuatro ciudades que hoy ya se encuentran en situación de riesgo y que el cambio climático acentuará en tanto no exista un cambio importante en la manera de entender y gestionar el problema”, informaron.

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Riberas “busca contribuir al conocimiento sobre la gestión de riesgos de desastres y adaptación al cambio climático en áreas urbanas a través de experiencias prácticas que respondan a las necesidades de la población vulnerable y que se integren a las agendas de desarrollo local”, explicaron los responsables del proyecto en la presentación.

Otra meta es la de aumentar el conocimiento y fortalecer las capacidades de los gobiernos locales y las organizaciones de la sociedad civil, “por medio del diseño de políticas de adaptación y gestión local de riesgos en escenarios de variabilidad y cambio climático”.

El proyecto incluyó jornadas de intercambio y capacitación de técnicos locales y organizaciones comunitarias, con talleres de capacitación en prevención y emergencia.
Walter Ubal, del IDRC y jefe del proyecto, recordó en la presentación que “el cambio climático nos afecta ahí donde estemos, a todos, sea sobre un botecito o a bordo de un avión”.

Ana Hardoy, presidente del IEED-Al, destacó que el Riberas “es el primer proyecto binancional del instituto, y realizado en ciudades muy distintas y con la participación de climátólogos y economistas, ahí donde antes sólo participaban urbanistas. No fue fácil pero lo logramos”, dijo.

Para Florencia Almanzi, del IEED-Al, “lo importante es que hubo una participación multi-actoral, con intercambio entre investigadores, vecinos, gobiernos”.

El proyecto, explicó Almanzi, tuvo cuatro componentes: dos cuantitativos, sobre vulnerabilidad de las ciudades e identificación de amenazas y riesgos, y dos cualitativos, sobre organización de la sociedad y las instituciones y sobre la percepción del riesgo.

Entre los logros enumeró la creación de una base de datos sobre los impactos climáticos, información climática, mapas de inundación, información sobre pérdidas, la sensibilización de actores locales, sistemas de alerta temprana y herramientas de comunicación.

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Crecimiento del daño producido por las inundaciones, con y sin cambio climático, en San Fernando y Tigre.

Hernández, del Instituto Nacional del Agua (INA), presentó su trabajo para el proyecto, en conjunto con Emilio Lacertúa, un mapa de riesgo apoyado en proyecciones climáticas en el que se destaca hasta qué niveles puede llegar el agua a las cuatro ciudades, pero agregando un aspecto central para las poblaciones: durante cuánto tiempo.

Las estimaciones presentadas por Hernández indican que, al margen del tiempo que pase entre cada episodio, en la próxima década es de esperar cinco de ellos. En el caso de la ciudad de Tigre, con una altura de hasta dos metros en la franja costera de esa urbe (no de las islas). Y cada diez años más que pase será peor.

“En un lugar que se inunda cada diez años puedo vivir, pero no en un lugar que se inunda cada dos meses: eso es lo que se hace insustentable”, explicó Hernández. “Los modelos climáticos son buenos para predecir el pasado”, ironizó, porque se apoyan en datos ya recogidos.

Entre los factores o forzantes de esta situación el experto señaló, para empezar, el aumento del nivel del mar derivado del aumento de las temperaturas medias que expanden las masas de agua (el océano, en este caso, empuja al Río de la Plata).

Un segundo forzante son los vientos, y en ese sentido mencionó los cambios en el anticiclón del Atlántico Sur y el aumento de vientos del Este, aunque Hernández aclaró que se trataba siempre de proyecciones.

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Costo del acarreo del agua y del daño por inundación (distancia al río en cuadras) / Cambio climático y nuevo punto de equilibrio.

También intervino el economista Andrés Juan, quien abordó los resultados del estudio del impacto económico sobre las cuatro ciudades rioplatenses: sus pérdidas y daños en la evolución del cambio climático.

Juan comentó “el dilema de la localización”, que se presenta considerando el costo de instalarse a metros del río comparado con el costo del acarreo de agua hasta los centros poblados. El experto identificó un “equilibrio” de costos en el asentamiento a partir de las 14 cuadras.

“El cambio climático modifica ese equilibrio y cómo manejar la relación espacial con el aguas. No se trata sólo de correrse, aunque tal vez haya que hacerlo. Lo que hay que encontrar son los puntos de equilibrio”, sostuvo Juan.

También intervino en las presentaciones el experto británico Gordon McGranahan, quien recordó que la mitigación del cambio climático es un desafío global, una acción combinada de todos los países y ciudades, pero que la adaptación es un desafío local, a nivel de cada ciudad.

McGranahan hizo notar que hay cada vez más población instalada en ciudades costeras y que estas urbes se transforman progresivamente, pero que a la vez afrontan un aumento del nivel del mar y la dinámica de los deltas como el del Río de la Plata, además de las mareas y las tormentas.

“Hay una antigua agenda que debe ser relanzada: la del acceso al suelo urbano y a la vivienda de familias con menos recursos. La del acceso a servicios de agua dulce y de cloacas. Y resolver las inundaciones y los desagües urbanos.

Por TIEMPO INESTABLE.

 

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