Ciencia

En Brasil, a los piletones

 

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Las grandes ciudades costeras de Brasil reciben lluvias cada vez más copiosas sobre un terreno cada vez más pavimentado. Sin absorción posible, construyen “piscinoes” para desviar las riadas, acumular el agua y ralentizar su paso a las cuencas.

Las lluvias de verano cada vez más fuertes en Brasil, un fenómeno vinculado con las condiciones cambiantes del clima, se cobran costos también cada vez más altos y sólo en marzo pasado provocaron 30 muertes por deslizamientos de tierra en Petrópolis, ciudad situada en las montañas aledañas a Río de Janeiro.

La situación se repite en todo el país. En San Pablo, la mayor ciudad de Brasil, al menos dos personas murieron este verano en inundaciones urbanas. En enero de 2011, en los morros de Río de Janeiro, más de 1.000 personas murieron por deslizamientos de tierra e inundaciones masivas.

Esta creciente amenaza está llevando a funcionarios de San Pablo y Río de Janeiro, los dos estados más ricos de Brasil, a buscar soluciones para evitar más pérdidas de vidas humanas.

Una medida adoptada por la ciudad de San Pablo es la creación de gigantescos embalses de agua conocidos como “piletones” (“piscinões”). Este método -que se utiliza en otros países como Japón y Estados Unidos- canaliza el agua de lluvia que caen a las alcantarillas directamente a los embalses, y de allí es bombeada lentamente a la red de alcantarillado. Esto retrasa el agua que fluye directamente a los ríos, lo que reduce el riesgo de inundación.

Hoy San Pablo tiene 20 “piscinões” plenamente operativos, capaces de contener hasta un total combinado de 5 millones de metros cúbicos de agua, o lo suficiente para llenar 2.000 piscinas olímpicas de natación.

San Panblo también aprobó a principios de este año, durante el apogeo de la temporada de lluvias, una serie de medidas para disminuir los efectos de las fuertes lluvias en la ciudad. Entre ellos se encuentra una inversión de 150 millones de reales (unos US$ 75 millones) para mejorar el drenaje. Los proyectos abarcan desde la limpieza regular de las canaletas y del alcantarillado hasta la construcción de cinco nuevos “piscinões” en los próximos años.

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En otras zonas del estado de San Pablo, el gobierno ha comprado 186 pluviómetros electrónicos que miden la cantidad de lluvia que cae en más de 30 ciudades. Las autoridades esperan que una mejor supervisión de las precipitaciones ayudará a prevenir las inundaciones y otros desastres relacionados.

Uno de los riesgos más grandes de inundaciones de San Pablo, sin embargo, está resultando más difícil de abordar. A partir de la década de 1950, algunas de las principales avenidas de la ciudad y las carreteras fueron construidas en la parte superior de los arroyos, los cuales fueron cubiertos y canalizados. Lo que iba a ser una solución de transporte, sin embargo, se está convirtiendo en un gran problema.

“A veces, cuando llueve mucho, podemos ver el agua surgiendo como fuentes en los caminos, debido a la sobrecarga en las galerías subterráneas de drenaje”, dijo Benedito Braga, presidente del Consejo Mundial del Agua y profesor de ingeniería en la Universidad de São Paulo ( USP).

“La gente en ese entonces no advirtió que, con los arroyos cubiertos y canalizados, el agua termina pasando de un arroyo a otro, y a otro, y así sucesivamente. Y poco se puede hacer ahora”.

Otro problema es que la capacidad de San Pablo para absorber la lluvia es muy baja, debido a la gran cantidad de hormigón y asfalto que cubre el suelo.

Braga hace notar que, como el área metropolitana de San Pablo está formada por muchas ciudades que han crecido una junto a otra, cada una con su propio gobierno, ninguna estrategia de prevención de inundaciones puede ser eficiente sin una acción coordinada de todas las ciudades. Los alcaldes de la zona deben crear una entidad que coordine las medidas, opina.

Paredes de hormigón

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En las tierras altas de Río de Janeiro, donde los derrumbes son el mayor peligro, los gobiernos federal y estatal han invertido más de 200 millones de reales (unos US$ 100 millones) en obras de contención del suelo en las laderas. Se han levantado enormes paredones de hormigón en un esfuerzo por evitar desastres como el de enero de 2011.

También se instalaron sistemas de alerta en las tres ciudades más golpeadas fuertemente por las lluvias en 2011, Teresópolis, Petrópolis y Nova Friburgo. Ahora, los residentes pueden ser advertidos de los riesgos de fuertes lluvias, ya sea por mensajes de texto o por altavoces y sirenas establecidas en las calles.

Sin embargo, hay otro programa de prevención de desastres que sigue pendiente. En 2011, los gobiernos federal y estatal prometieron construir 5.000 nuevas viviendas en zonas seguras, para las personas afectadas por las fuertes lluvias y deslizamientos de tierra en las tierras altas. En enero de 2013, sin embargo, las obras habían comenzado sólo en la ciudad de Nova Friburgo, sin ningún trabajo en las otras dos.

Las autoridades culpan a la burocracia en la financiación y las dificultades para encontrar áreas adecuadas para construir las casas de la demora en la obra. Pero debido a los retrasos, muchos residentes de zonas de riesgo han optado por regresar a sus hogares precarios.

Braga, del Consejo Mundial del Agua, dice que con el aumento de lluvias atribuido al cambio climático hay obras estructurales -como las barreras o muros de contención – que suavizarían seguramente los efectos de inundaciones y deslizamientos de tierra cada año en Brasil.

“Las zonas donde las inundaciones son regulares o hay riesgo de deslizamientos, como riberas de ríos y laderas, deben permanecer deshabitadas. Y punto. Es responsabilidad de los alcaldes imponer su poder y evitar que estas zonas sean ocupadas”, dijo.

Según Braga, el cambio climático ahora debe tenerse en cuenta en todos los proyectos de prevención de inundaciones discutidos en Brasil.

“Cada año vemos a los funcionarios poner a las fuertes lluvias como excusa, diciendo que llovió más de lo previsto para el verano. Pero, ¿qué es lo previsto? Tenemos que darnos mecanismos que fortalezca el sistema de prevención de inundaciones. No podemos hacer cálculos basados en datos del pasado, porque no sabemos lo que deparará el futuro”, concluyó.

Versión original aquí  

Las inundaciones en San Pablo en febrero de 2013 (VIDEO)

Al menos 26 personas perdieron la vida a raíz de las lluvias que desde el domingo provocan deslaves e inundaciones en la región turística de Petrópolis, un área montañosa del estado de Río de Janeiro (sureste), según el saldo oficial divulgado el martes por las autoridades brasileñas. El saldo anterior daba cuenta de 24 muertes.

Los cuerpos de dos niños y el de una niña que constaban como desaparecidos fueron encontrados el martes en una corriente de agua, a un kilómetro de un deslizamiento de tierra que cayó sobre ellos la víspera, informaron los bomberos.

Un total de 1.466 personas se han visto obligadas a abandonar sus domicilios debido a las fuertes lluvias. En apenas 24 horas, cayeron en Petrópolis, 68 km al norte de Rio, 390 mm de lluvia, cuando la media para todo marzo es de 270 mm.

Unos 250 militares y agentes de la Defensa Civil fueron movilizados para ayudar a la población.“Estamos en alerta total”, dijo el lunes el gobernador de Rio, Sergio Cabral, quien pidió a los vecinos que abandonaran las áreas de riesgo.

La presidenta Dilma Rousseff llamó al gobernador el lunes desde Roma, donde participó de la entronización del Papa, para ofrecer la ayuda del Estado. En enero de 2011, más de 900 personas perdieron la vida en esta región serrana de Rio tras fuertes lluvias que provocaron violentas inundaciones y deslizamientos de tierras.

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