Cambio Climático

Desigualdad: causa y consecuencia del cambio climático

EXTREMOS CHINA SEQUÍA

Por Isabel Kreisler (Oxfam Internacional).- El hambre es la falta de lluvia”, dijo un granjero mozambiqueño. Adelson Macuacua vive cerca de la aldea de Mapai, en las márgenes del cauce seco del río Chefu, Mozambique. Para él y para su comunidad el cultivo de maíz es la supervivencia. Y el rudimentario silo donde almacena el grano es el futuro, que aquí rara vez va más allá de lo cercano. Si no llueve, no hay cosecha. Si llueve torrencialmente, se pierde la cosecha.

No hay modo de contener un río africano cuando decide desbordarse, ni tampoco de evitar las consecuencias. Sobretodo no lo hay cuando no existen infraestructuras de contención o canalización, ni defensas, ni refugios, ni seguros ante riesgos climáticos, ni protección social ninguna, ni alternativas. En las regiones semiáridas de África las sequías son cada vez más largas y severas. Las lluvias torrenciales, cada vez más impredecibles y virulentas.

El ochenta por ciento de la población que padece hambre en el mundo —según Naciones Unidas, unos ochocientos millones de personas— son pequeños productores agrarios. Ellos son los más vulnerables a los impactos del cambio climático, junto con las comunidades costeras de territorios al borde de la desaparición por incremento del nivel del mar. La mayoría de las personas de los países desarrollados conoce algún sistema de protección social, pero a nivel global solo el veinte por ciento de la población está protegida. En los países más pobres, menos del cinco por ciento. En contextos de vulnerabilidad, los impactos climáticos fácilmente derivan en pérdidas irreparables, en crisis alimentarias o en desplazamientos forzosos.

El cambio climático nos afecta a todos, pero no a todos por igual. Quienes mayoritariamente han provocado (están provocando) el problema, no son quienes van a padecer (están padeciendo) sus peores consecuencias. Quienes están —geográfica y socialmente— más expuestos a los impactos, no son quienes están más protegidos. El cambio climático exacerba la desigualdad.

La desigualdad es consecuencia, pero también causa, del cambio climático. El diez por ciento de los máximos emisores de gases de efecto invernadero produce el cuarenta y cinco por ciento de las emisiones globales. Mientras, el cincuenta por ciento de los menores emisores, contribuye tan solo al trece por ciento de las emisiones. Son datos del reciente estudio publicado por Thomas Piketty y Lucas Chancel que establece el grado de desigualdad global en el consumo de carbono a partir de niveles de renta (PDF en francés). Oxfam Internacional ha obtenido resultados levemente más extremos analizando las emisiones del diez por ciento más rico de la población mundial.

EXTREMOS INUNDACIONES INDIA PAKISTAN SEPT 2014

De los datos de estos estudios se desprenden varias conclusiones. La población pobre de los países más vulnerables es la que menos contribuye a las emisiones globales, la menos responsable del cambio climático (entre ellos, los más pobres de países con Mozambique, Honduras o Ruanda). Entre la élite del consumo de carbono (el diez por ciento de los mayores emisores) encontramos a los ricos de Estados Unidos, Luxemburgo o Arabia Saudí; pero también a los más ricos entre las economías emergentes de China, América Latina o Rusia. Entre los dos extremos (entre los que menos y más emiten), el cuarenta por ciento de la población mundial es responsable del cuarenta y dos por ciento de las emisiones globales. Dentro de este grupo, crecen rápidamente las emisiones de países emergentes (al ritmo del incremento de sus clases medias, sobre todo en China), y a menor velocidad las de la (¿menguante?) clase media europea. ¿Por qué el aparente surgimiento de una clase media global debería contribuir a agravar la crisis climática?

Porque hay a quien le interesa. El del carbono es un lobby cosmopolita, hábil e influyente que se asegura de perpetuar el modelo de producción y consumo que vincula el aumento de las rentas con el incremento de las emisiones de gases. Este grupo de poder consigue, por ejemplo, que los subsidios que los Gobiernos del G20 dedican anualmente a los combustibles fósiles cuadripliquen la inversión pública global en energías renovables (según datos de otro reciente estudio del Overseas Development Institute y Oil Change International). Es decir, los países industrializados y emergentes invierten cuatro veces más en impulsar la industria que alimenta el cambio climático que lo que el mundo en su conjunto invierte en las tecnologías que podrían frenar el problema.

El cambio climático ha dejado de ser un debate científico. No es meramente una preocupación medioambiental. Y es cada vez menos una cuestión de cálculo económico: los avances tecnológicos (especialmente en la generación y almacenamiento de energías renovables) han abaratado tanto los costes, que la inversión limpia se torna más rentable que la inversión en combustibles fósiles. Frenar el cambio climático es hoy, eminentemente, una decisión política: la de anteponer los intereses de la mayoría y proteger a los más vulnerables o responder a los intereses de unos pocos, esa élite empeñada en apurar para sí los beneficios económicos de un modelo de producción y consumo que condena al conjunto de la sociedad.

En los próximos días, la cumbre del clima COP21 concentrará en París a más de cien jefes de estado en torno a una mesa de negociación. Naciones Unidas facilita este marco para alcanzar un acuerdo global que contenga el cambio climático y ponga freno a la carrera hacia un escenario de no-retorno con impactos medioambientales impredecibles y consecuencias sociales y económicas catastróficas. Cuando los negociadores hablen de “mitigación”, “adaptación”, “mecanismo de daños y pérdidas”, “ciclos de financiación”, “contribución en base capacidades”, cuando hablen de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”, estarán hablando también de desigualdad.


Isabel Kreisler es coordinadora de Políticas Climáticas de Oxfam Internacional.

Oxfam participará la cumbre de París con estatus de institución observadora, junto con otras organizaciones de la sociedad civil. Este es su análisis de las negociaciones y los vínculos entre cambio climático y desigualdad (en inglés).

 

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