Ciencia / Extremos

El camino del agua, desde el cielo

Rastrear la humedad del suelo es un trabajo arduo, pero alguien tiene que hacerlo. La humedad del suelo es un indicador crítico de sequía. 

Durante décadas, las observaciones terrestres han hecho ese trabajo pesado pero son pocas y distantes entre sí.

Es por eso que la NASA gastó mil millones de dólares para poner en marcha un seguimiento por satélite de la humedad del suelo, desde principios de este 2015.

Después de meses de calibrado, el satélite Misión Activa Pasiva sobre la Humedad del Suelo o SMAP (por sus siglas en inglés) permitió una primera apreciación global de la situación.

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SMAP utiliza dos instrumentos -un radar y radiómetro- para medir la humedad del suelo con una resolución de 9 kilómetros, todo ello con el objetivo de proporcionar una mejor visión de cómo el agua se mueve a través del planeta, sobre todo en la tierra (una pieza útil de conocimientos para los seres humanos). 

El mapa que se ve arriba se ha creado usando el radar, que envía impulsos de microondas desde el satélite hasta la superficie de la Tierra, 685 kilómetros más abajo.

Según el mapa, hay buena humedad del suelo en lugares como la cuenca del Amazonas y los bosques del norte de Canadá, que se indican en rojo. En comparación, los lugares más secos de la tundra ártica al desierto del Sahara están en azul.

Los cambios en la humedad del suelo medidos semana a semana o de año en año es una pieza clave de información para las personas que trabajan en los campos y bosques.

Proporciona una medida clave de la sequía y un indicador para pronosticar el caudal de los ríos, los niveles de los embalses, la severidad de la temporada de incendios forestales y la disponibilidad de riego de los cultivos.

Texto original aquí

 

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