América Latina

El clima altera los arrozales de Colombia

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Científicos colombianos recomiendan ahondar las investigaciones de producción de plantas muy tolerantes a la sequía.

(Agencia de Noticias de la Universidad Nacional de Colombia, para El Espectador).- “El efecto invernadero puede modificar la calidad del agua. Al hacerlo, estas pueden convertirse en aguas pesadas ricas en hierro, salinas o abundantes en bicarbonato que van a afectar los cultivos”, asegura Héctor Fabio Ramos, profesor y agrónomo de la Universidad Nacional de Colombia, en Palmira.

Al respecto, el gerente general de Fedearroz, Rafael Hernández Lozano, reveló que el cambio climático influyó en el desempeño del sector arrocero durante 2013, lo que afectó seriamente los rendimientos de la producción. Esto se suma a la disminución de los precios, un escenario amenazante para la estabilidad económica y social de las familias que dependen de este cultivo.

Según lo expresó el dirigente gremial, en los Llanos Orientales y, en especial, en el Departamento del Meta, la mala distribución de las lluvias y un inusual cambio de las temperaturas máximas, junto con altos niveles de humedad relativa, se encargaron de afectar la fisiología de la planta.

Lo anterior causó vaneamiento (enfermedad que no permite que las espigas se llenen de granos) y propició la aparición y exacerbación de plagas y enfermedades que para algunos productores significó un aumento en los costos de producción.

En el resto del país, el cambio climático se manifestó con la disminución de la diferencia entre las temperaturas máximas y mínimas, lo cual, combinado con bajos niveles de radiación solar, afectó negativamente la productividad.

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El profesor Ramos (en la foto) asegura que el arroz para el trópico se escribe con A de agua, puesto que este, para doblar su productividad, requiere prácticamente que el 80% de su tiempo esté sobre el agua en la superficie.

“Cuando se siembra arroz, se debe hacer una preparación que destruye la estructura del suelo, porque se necesita que el agua no se filtre, sino que se encharque. Se hacen unas parcelas con rebordes para que la planta tenga una lámina de 3 o 4 centímetros de agua permanente y solo se drena cuando se va a hacer la fertilización”, afirma el experto.

El agua, en ese sentido, debe cambiarse permanentemente, porque se eutrofia (hay exceso de nutrientes) y pierde oxígeno. “Si tenemos problemas gravísimos por estrés hídrico (sequía) porque los periodos de lluvia no son regulares y si no tenemos líquido de buena calidad y suficiente, se tendrá un cultivo de secano, y está demostrado que este tiene la mitad de productividad”.

Es decir, un arroz con riegos de inundación, como en la actualidad, puede pasar producciones por encima de las siete toneladas por hectárea, mientras que un arroz de secano puede producir entre dos y cuatro toneladas por hectárea. “Sabemos que el mundo necesita producir alimentos en las mismas áreas, pero doblando las producciones”.

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