Ciencia

Argentina necesita más investigadores del clima

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La ciencia en Argentina, que durante décadas de franca decadencia sobrevivió apenas como un orgullo nacional anclado en glorias del pasado, revivió durante los últimos años por una  intervención política y presupuestaria del Estado que, desde la creación de un ministerio específico, asoció la actividad con el sector productivo, revirtió el déficit endémico de infraestructura, repatrió a más de un millar de científicos y extendió la red de investigadores y laboratorios de todas las disciplinas por todo el país, según el balance de sus siete años de gestión que presentó al finalizar 2014 el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao.

“Soy optimista en cuanto a la irreversibilidad de algunos cambios, la incertidumbre está en el presupuesto futuro”, respondió Barañao ante una pregunta de Tiempo Inestable, durante la presentación de los resultados de su gestión, ante funcionarios, investigadores y la prensa.

Entonces, el ministro puso como ejemplo los incentivos económicos que comenzó a dar el Estado a los estudiantes de meteorología para revertir el déficit de especialistas, “no para que haya más comentaristas en la televisión, sino investigadores” de ciencias de la atmósfera.

“Sería más fácil en ciencia”, comentó el ministro cuando Tiempo Inestable le comentó la posibilidad de blindar los avances del ministerio en un acuerdo con todos los sectores políticos de cara a las elecciones presidenciales de 2015. “Sería inédito cualquier acuerdo político de ese tipo, pero más que un papel será la demanda de tecnología la que mueva a los decisores políticos”, afirmó Barañao.

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Durante sus siete años de gestión, desde la creación del ministerio por el entonces presidente Néstor Kirchner, se construyeron más de 100 mil metros cuadrados de infraestructura en institutos y universidades de todo el país, hay otros 50 mil m2 en ejecución y otros 42 mil proyectados.

Eso incluye un nuevo edificio para el CIMA (Centro de Investigación del Mar y la Atmósfera), un instituto compartido entre el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina) y la UBA (Universidad de Buenos Aires), ubicado en el campus principal de la UBA y vecino al Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos.

Las actividades de investigación del CIMA están focalizadas principalmente hacia el Modelado Climático, Variabilidad Regional del Clima,el Estudio Regional de los Efectos Antropogénicos sobre el Clima, Modelado de la Circulación en el Mar Argentino, el Pronóstico Numérico del Tiempo y el Cambio Climático.

El CIMA es el principal, probablemente el único, Centro de Investigación completamente dedicado al modelado de la atmósfera y el océano de la Argentina.

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“Pero no sólo hemos puesto ladrillos, hemos usado una fuente edilicia para producir un cambio cultural”, aclaró Barañao.

“La ciencia debe estar orientada a la solución de problemas y a la generación de trabajo”, insistió Barañao, quien puso énfasis el el rol de la ciencia argentina para crear más empresas de base tecnológica, de las cuales ya nacieron unas 120 durante los últimos años.

“El compromiso social de los investigadores asegura la continuidad” del desarrollo científico, y por el otro los empresarios también están cambiando su actitud y son los que presionan para que se mantenga esta politica, “así como fueron los industriales de la época que salvaron a Galileo porque vislumbraban el valor de sus ideas”, comentó el ministro de la presidenta Cristina Kirchner.

En Argentina, según el ministro, se sentaron las bases de una ciencia al servicio del desarrollo económico social, cuando antes era un hecho casi exclusivamente cultural, en el que con el paso del tiempo y las sucesivas crisis políticas y económicas los investigadores científicos pasaron de ser “peligrosos a prescindibles”. “La ciencia antes se ejercía por placer: era como un deporte varonil y metropolitano. Ésa era su consideración social”, resumió Barañao sobre el antiguo elitismo de la ciencia argentina.

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Concurso Nacional de Ideas Parque de las Ciencias Foto: Albano García / Gentileza Revista 8,66.

En su opinión, Argentina pasó de “apoyar a sus investigadores, a apoyarse en su ciencia, porque es lo que mejora la vida de la gente. La ciencia se insertó en un modelo productivo y en un sistema político”.

El gobierno argentino considera que el país ha generado un capital que tiene que ser explotado y que el Estado tiene otro lugar en ese proceso. “Los frutos ya están, ahora hay que poner la frutería”, graficó Barañao sobre la necesidad de sacar provecho productivo al conocimiento acumulado por los científicos argentinos, herederos de dos premios Nobel, de Medicina (Bernardo Houssay y César Milstein) y de Química (Luis F. Leloir).

La industria de software argentina demandó en el último año unos 5 mil puestos de trabajo que no pudieron cubrirse, reveló Barañao para graficar la situación en la que debe intervenir la ciencia hoy día.

Desde 2008, el Estado argentino consiguió llevar de 5.300 a 8.200 el número de investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), a los que les cuadriplicó el salario nominal (según cifras que no contemplan la inflación), llevó los becarios de 6.100 a 9.200 (les quintuplicó el salario nominal), estableció 11 redes de científicos argentinos en el exterior, repatrió a 1.130 y otorgó pasantías y becas en otros países a otros casi 5.700 investigadores.

Por Eduardo de Miguel, editor de Tiempo Inestable.

 

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