Historias

El día que Cancún se quede sin arena

“Sería horrible, una tragedia”, dicen los trabajadores que viven del turismo, pero a este ritmo habrá agua en el lobby de los hoteles. Por ahora, dragan y dragan arena, pero el cambio climático y la sucesión de huracanes pone a esta millonaria meca turística mexicana frente a un problema más complejo y de más largo plazo.

Bebiendo cócteles descomunales y mirando con cautela las aguas turquesas a través de sus gafas de sol, los que salieron la noche anterior descansan con una postura desgarbada en las tumbonas, para recuperarse de la noche anterior.

Vendedores que caminan descalzos por la arena ofrecen chales a precios reducidos, corales arrancados del fondo del mar y paseos en bananas inflables remolcados por lanchas rápidas.

Detrás, la popular discoteca Coco Bongo, uno de los puntos destacados de la franja central de Cancún e ícono de la inversión de miles de millones de dólares que ha hecho de esta la playa más exitosa del Caribe.

Hacia el horizonte se extiende la legendaria franja de arena fina y blanca, sin la cual no habría ni turistas ni tampoco los bares, restaurantes, boutiques y discotecas donde deshacerse del dinero que duramente se han ganado.

Lo que vende de Cancún es su perfecta playa tropical. Formada con restos de corales muertos, hace mucho tiempo que es famosa porque, incluso en los días más calurosos, se mantiene fresca.

Sin embargo, la única razón por la que la playa todavía existe es una inversión hecha en 2010, de 70 millones de dólares, en un dragado que recuperó casi 4 mil millones de litros de arena del fondo del mar.

Cancún 1

La inversión fue una respuesta a la devastación que provocó el huracán “Wilma” en 2005, que en una noche devoró más de 12 kilómetros de la playa de Cancún.

Aunque los científicos se resisten a atribuir los fenómenos meteorológicos concretos al cambio climático, la mayoría coincide en que el calentamiento de los mares del Caribe incidieron en los devastadores huracanes cada vez más frecuentes como “Wilma”, por no mencionar a “Katrina” y a “Sandy” que azotaron, respectivamente, Nueva Orleans y Nueva York.

“Fue muy duro. No podía hacer nada. No podía trabajar. Fue realmente feo”, dijo Eduardo Jimenez, de 65 años, que vende paseos en parapente en la playa y se alegra por el esfuerzo oficial para reconstruir la playa.

A pesar del proyecto para recuperar la playa, una obra que aspira la arena del fondo del mar de un área propuesta como reserva marina de la isla de Cozumel, una meca para el buceo, todos pueden notar la erosión de las playas claramente.

La arena cae abruptamente en el punto de la marea alta. Y unos pocos metros mar adentro hay contracorrientes que giran alrededor de los pozos que mantienen a los socorristas locales alertas porque los bañistas desafían regularmente las banderas rojas de advertencia.

Ahora, como los científicos predicen una aceleración en los impactos del cambio climático,  Cancún está en una encrucijada.

Las playas de los miles de millones


En 1970, Cancún sólo era un destino remoto en una costa virgen, hogar de pescadores y una deslumbrante y vacía playa de arena blanca.

Luego, funcionarios de la Ciudad de México apuntaron a Cancún para convertirla en una mega playa con la intención de crear puestos de trabajo y recibir dólares del turismo para la nación.

El objetivo sin dudas fue logrado. En 2012, Cancún generó un tercio de los ingresos del país por turismo, sobre 12,7 mil millones de dólares.
México no puede darse el lujo de perder Cancún.

Sin embargo, puede ser lo que ocurra en tanto haya huracanes más fuertes, generados por el calentamiento de los mares, que afecten la Península de Yucatán.

A su vez, el nivel del propio mar Caribe aumenta lentamente, unos 3 milímetros por año, debido al deshielo de los polos, en la cordillera de los Andes y en el Himalaya.

En la próxima década, o en la siguiente, Cancún deberá repetir anualmente la operación de dragado de arena y posiblemente cada vez más seguido, estiman los expertos.

“No podemos mover los edificios. Ya están ahí”, dijo Jorge Euan Avila, un experto de conservación natural en la oficina de Yucatán del Instituto Politécnico de México. “No hay otra alternativa que intentar compensar artificialmente la arena que se está perdiendo”, advirtió.

Además, argumentó, es “una cuestión de demanda y oferta, costo y beneficio. Hay un margen económico. Cancún es económicamente importante para México, así que el dinero está para gastar en la protección de sus playas”.

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Sin embargo, puede no ser suficiente para salvar las playas de Cancún a largo plazo.

La mayor parte de Cancún se construye a lo largo de una franja superficial delgada de arena que separa el mar de una gran laguna. El Panel Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático (IPCC), espera que el niveles del mar aumente entre 18 y 59 centímetros para final del siglo.

Mientras tanto, por cada 2 cm verticales de aumento del mar se pierden entre 200 cm y 254 cm de costa, según Kristina Hill, profesora de planeamiento ambiental de la Universidad de California, Berkeley.

Desde las pequeñas islas del pacífico a Florida, ello se traduce en problemas obvios para las zonas costeras de baja altitud en todo el mundo. Incluso para aquellos lugares que no experimentan los huracanes del Caribe se prevén grandes pérdidas.

Un estudio realizado por el Departamento de Navegación y Vías Navegables de California predice una letanía de males que podrían sobrevenir al famoso puente Golden State, como resultado de playas más angostas y daños por tormentas, incluyendo $ 500 millones en pérdidas para Malibú y un panorama similar en Venice Beach.

Y en Cancún, ciudad que simplemente no existiría si no fuera por su playa, los problemas del cambio climático van mucho más allá de la primera línea de playa sitiada.

En el balance están los miles de millones de dólares invertidos en la construcción de hoteles, frecuentemente ubicados a sólo unos pasos de la costa y apenas sobre el nivel actual del mar.

“Proteger las playas no es sólo poner barrera para detener las olas. No se puede llenar los primeros pisos de los hoteles”, dijo Arturo Mosso, un consultor ambiental del gobierno de la ciudad.

“No podés tener agua hasta los tobillos en el lobby de un hotel. Tendremos que rediseñar Cancún. Tarde o temprano tendrán que hacer cosas que dijimos hace tiempo y construir hoteles en las zonas más altas”, sostuvo Mosso.

CANCÚN TAPA

De todas maneras, Cancún nunca fue, lo que se dice, amigable con el ambiente.

Los ecologistas protestan desde hace tiempo por la forma en que los enormes hoteles se emplazan en la playa, lo que altera el flujo natural de la arena e impide la reposición.
Además, según los expertos consultados por GlobalPost, sostiene que los hoteles de más de una decena de pisos bloquean el viento que viene del Caribe y provocan que granos de arena imperceptibles vuelvan al mar.

Los plumeros que solían crecer en la playa -cuyas raíces ayudan a anclar la arena- desapareció porque eran natural hogar de insectos que molestaban bastante a los turistas.

El problema se agravó por la corrupción y flexibilidad con que se aplica la ley en México. Al menos un fiscal ambiental recibió amenazas de muerte, aparentemente vinculadas con sus intentos de endurecer las leyes de planeamiento en Cancún.

Alejandra Serrano, de CEMDA, el Centro para Leyes Ambientales de México, explicó que aunque algunas autoridades de la ciudad y algunos hoteleros hablan sobre el cambio climático, son en realidad muy pocos los que están haciendo algo concreto para preparar a Cancún para las amenazas del cambio.

Con enormes hoteles con cientos de habitaciones, con costos de cientos de dólares por una noche, los beneficios son tan jugosos que la mayoría de los desarrolladores no necesitan pensar más que en 15 o en 20 años por delante.

En tanto, las licencias ambientales y los límites en los números de pisos son burladas por los emprendedores bien conectados, cuyos abogados caros son expertos en sortear las restricciones.

HISTORIAS CANCUN MAPA

“Su acercamiento al cambio climático es como los tres monos”, asegura Serrano, “no ven, no escuchan, ni hablan del problema”.

Cancún tiene una población de más de 600 mil mexicanos pobres que vienen de todas partes del país en busca de trabajo. La mayoría se asentó en las playas y adquirieron sus propios hogares. Ellos, a diferencia de los dueños ricos de los hoteles, son los que pueden perder todo.

Uno de ellos, el guardavidas Carlos Pérez, es incapaz de imaginar ese peor escenario y cree, a diferencia de muchos de los expertos, que con recarga permanentemente la playa se salvará la ciudad que convirtió en su hogar.

Mientras vigila a un par de amantes del sol jugando con la idea de meterse al agua delante de una bandera roja, Pérez dice: “Sería horrible, una tragedia. Los turistas quieren arena, así es que si pasa lo mismo otra vez tendremos que traer más arena. No hay nada más que podamos hacer ante los desastres naturales”.

Los desastres creados por el hombre, sin embargo, pueden resultar más difíciles de solucionar.

Texto original aquí 

 Traducción y edición: Jimena González

 

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