Cambio Climático

El juego del gran bonete del cambio climático

CC SANDY HAITÍ 2012

A quién cargarle la responsabilidad es el último tabú en el mundo del cambio climático. Cuando se debate sobre quién es responsable de los daños causados por el cambio climático, la conversación puede terminar rápidamente y mal.

Los países ricos, históricamente responsables de la gran mayoría de las emisiones, tienen pánico de admitir que su responsabilidad podría generar una costosa factura. obligados a pagar por el daño que ya han causado.

Y a los países pobres, que están sufriendo las peores consecuencias del cambio climático, les preocupa que un proyecto así sobre la mesa de las negociaciones enfurezca a los ricos y ponga fin a cualquier posibilidad de un nuevo acuerdo sobre el clima en la ONU, que es una de las últimas esperanzas de una acción significativa para reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Hasta ahora, estas preocupaciones han sido en gran medida hipotéticas: los científicos todavía sienten cierta incomodidad en atribuirle al cambio climático cualquier evento extremo, lo que dificulta señalar culpables.

Pero esto podría cambiar. Si los científicos fueran capaces de decir con seguridad que esta ola de calor, o que aquél huracán fueron más probables debido al calentamiento global, entonces los países ricos podrían enfrentar un dilema.

Después de haber emitido la parte del león de los gases de efecto invernadero hasta la fecha, los países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Francia podrían ser vistos como morale, política y financieramente responsables de limpiar el desastre que han causado.

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Cualquier científico que se involucra en el campo de la atribución de un fenómeno al cambio climático desata sin querer una vorágine política.

En teoría, la vinculación de los fenómenos meteorológicos con el cambio climático es un ejercicio puramente académico. Pero sus modelos tienen el potencial de costarle a las grandes naciones miles de millones de dólares.

Este es el mundo de Myles Allen y Rachel James, dos científicos del clima de la Universidad de Oxford. Ambos tratan de averiguar si el cambio climático ha “cargado los dados” de ciertos fenómenos meteorológicos extremos.

“No hay ninguna relación evidente para nosotros entre la cuestión científica de a qué se atribuye unos fenómenos y la cuestión jurídica de quién paga por sus impactos”, dice Allen, en declaraciones a RTCC ,en su oficina en el Centro de la Universidad de Oxford para el Medio Ambiente.

“Pero está claro que en la forma de pensar de los negociadores, hay un vínculo entre la atribución y la indemnización”, razona Allen.

Esta vinculación quedó en claro el año pasado en las negociaciones climáticas anuales de la ONU, en Varsovia 2013, donde uno de los debates-discusiones centrales se dio alrededor de la noción de “daños y perjuicios”.

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Los países vulnerables querían un mecanismo de reconocimiento de que se les había vuelto imposible adaptarse para eludir de los impactos del cambio climático. El nivel de las emisiones de gases de efecto invernadero significa que una cierta cantidad de los daños y perjuicios ya son inevitables, inexorables, y que sólo resta equiparse bien para afrontarlos.

Los países ricos confunden esto con la noción de compensación. Ellos lo interpretaron como que los países pobres estaban exigiendo uun dinero en efectivo adicional por daños y perjuicios por la devastación que sus emisiones pasadas les causarían en el futuro próximo.

Esto fue calificado como injusto: ya se habían comprometido a proveer 100 mil millones de dólares al año a partir de 2020, y además, sus antepasados de la época de la revolución industrial no tenían idea de que los combustibles fósiles que estaban quemando causarían inundaciones en Bangladesh un siglo más tarde.

Las grandes naciones industrializadas se resistieron ferozmente y sólo se acordó un mecanismo una vez que quedó borrada cualquier referencia a tal compensación.

Tal fue el ambiente de hostilidad y desconfianza en el que el científico del clima James deambuló, esperando ingenuamente que a los políticos les gustara oír hablar de su trabajo.

Ella recuerda hoy: “No nos dimos cuenta de que iba a ser visto como una intervención política; pensamos que podríamos llegar y decir ‘hola, somos científicos amistosos, vengan y hablemos de esto ‘”.

Después de asistir a más reuniones, se dieron cuenta de lo que ocurría: “Especialmente los negociadores de los países desarrollados advertían que si había alguna mención sobre nueva financiación la rechazarían de plano”.

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La resistencia no sólo ha venido de parte de contaminadores ricos preocupados por evitar una costosa factura.

Incluso los científicos se han echado atrás en su trabajo. Un artículo publicado en 2009 por Mike Hulme, Safron J. O’Neill y Suraje Dessai acusó a Allen y James de un “equivocad0 e inútil” intento de atribuir los fenómenos meteorológicos extremos al cambio climático. También advirtieron que ello podría trabar el desembolso de dinero a los países necesitados.

Es un argumento que esgrimen, aceptó Allen, quien nota cierto nerviosismo entre los países pobres sin datos suficientes para calificar para los pagos. “Pero creo que la reacción correcta es reunir la base de evidencia para esos países, en lugar de eludir hacer preguntas”, sostiene.

Además, Allen ve posible que el mecanismo de Varsovia sobre daños y perjuicios haya abierto la Caja de Pandora sobre la cuestión de las responsabilidades y la compensación. Los políticos están rondando el asunto pero pronto podría sobrevenir la pregunta y los científicos quieren asegurarse de estar preparados para responderla.

“Está claramente en las primeras etapas, pero creo que va a llegar. Desde nuestro punto de vista, queremos que la ciencia esté lista para cuando surjan las preguntas, así que tenemos que estar al día”, afirma.

Y añade: “Una de las preocupaciones que tenemos es que la gente tiende a atribuir los fenómenos al cambio climático de todos modos, sin tener la necesaria evidencia científica”.

CC INFORME PWC TASA DE EMISIONES CO2

La ciencia progresa

A pesar de esto, los políticos probablemente puedan relajarse por un rato. La ciencia de la atribución está progresando rápidamente, dice Allen, pero está todavía muy lejos de poder decir con certeza si un evento extremo se produjo como consecuencia directa del cambio climático.

Y tal seguridad varía entre los tipos de evento. Allen fue capaz de demostrar, por ejemplo, que la ola de calor de Rusia de 2010 era tres veces más probable que se debiera al cambio climático que eventos similares anteriores, pero es mucho más difícil afinar las probabilidades con los huracanes.

Y la velocidad a la que progresa la ciencia significa que está cada vez más cerca de ser capaz de atribuir fenómenos meteorológicos extremos al cambio climático en tiempo real, en lugar de años más tarde, lo que ayuda a forzar el juego de quién tiene la responsabilidad de lo que ocurre en la agenda política y mediática.

Pero en última instancia, la incertidumbre nunca será completamente erradicada de la ciencia, dice James. O sea que cualquier decisión sobre de quién es la responsabilidad y sobre cómo compensarla será siempre política: ¿cuánto le importa realmente a los que tienen las llaves del banco climático?

“La cuestión de quién tiene la culpa -si los países, sociedades o empresas que han estado emitiendo durante mucho tiempo, o los actuales y futuros emisores- es una cuestión política”, dice James.

“Todo el mundo tiene una opinión sobre lo que pudiera ser, y con toda razón. Pero esa decisión no depende de los políticos”.

Por SOPHIE YEO

 Texto original aquí

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