Historias

El mal cálculo de Nansen en el Ártico

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La increíble historia del expedicionario noruego que a fines del Siglo XIX se empecinó en alcanzar el Polo Norte dejándose arrastrar sobre los hielos del Ártico y terminó caminando un año y medio de regreso sin haberse dado el gusto.

A finales del siglo XIX ya se habían alcanzado muchos de los objetivos geográficos míticos de los exploradores: las fuentes del Nilo, el paso Khyber, Timbuctú. Pero no se habían conquistado todavía los dos polos de la Tierra, el norte y el sur.

El intento del explorador noruego Firdtjof Nansen de ser el primero en llegar al polo norte se basaba en el desplazamiento del hielo marino. Nansen ya había ganado fama al haber realizado la primera travesía de Groenlandia en esquí en 1888, y se le ocurrió un modo ingenioso de llegar al polo norte con un mínimo esfuerzo.

Teniendo en cuenta que el hielo marino del Ártico está en movimiento constante, desplazándose en general desde Siberia hacia Escandinavia y Groenlandia, Nansen se quedaría inmovilizado voluntariamente con su barco entre el hielo, en la región oriental extrema del océano Glacial Ártico, y se dejaría llevar por el hielo marino que se dirigía a Groenlandia, hasta que éste acaba por deshacerse, permitiéndole salir navegando al Atlántico norte.

Si se conocía bien el dinamismo de la deriva del hielo, y se entraba en éste en el punto adecuado, la deriva del hielo marino, que se desplazaba unos seis kilómetros al día, llevaría al barco por encima del polo como en un tranquilo crucero, por así deciro, sin tener que entablar una lucha épica contra los elementos. Sería una victoria de la astucia sobre la fuerza bruta.

El barco de Nansen, el Fram (“Adelante”, en noruego) se había diseñado para realizar una travesía como aquélla. Tenía un casco redondeado con el que la presión interior de las hojas de hielo marino a la deriva, y la presión entre una hoja y otra, levantaría la nave en vez de aplastarla, como sucedería con un casco de perfil convencional, más apuntado.

Nansen estimaba que desde el momento en que el hielo empezara a arrastrar el barco, éste llegaría al polo en cuestión de año y medio, y seguiría adelante hasta llegar a Noruega en un plazo aproximadamente similar. Al cabo de dos o tres años, el polo norte sería suyo y el mundo conocería la noticia.

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Lo complicado, claro está, eran los detalles, determinar el punto preciso para entrar en el hielo, de tal modo que la trayectoria de la deriva llevara albarco hasta el polo. Sólo tendría una oportunidad para acertar: una vez que el Fram quedara bloqueado en el hielo, ya no podría corregir el rumbo.

Nansen optó por entrar en el hielo cerca de las islas de la Nueva Siberia, un poco al este de la desembocadura del río Lena, en Rusia. La entrada en el hielo se realizó a finales de septiembre de 1893, al principio mismo del invierno ártico.

Por desgracia, su punto de entrada no fue exactamente el adecuado. A finales de 1894, después de haberse desplazado a la deriva durante más de un año, las observaciones astronómicas indicaban claramente que el barco no pasaría por el polo. De hecho, era poco probable que superara siquiera los 85° norte, a más de 500 kilómetros del polo.

Habiendo perdido ya la posibilidad de que el barco llegara al polo, a Nansen le parecía insoportable la perspectiva de pasarse un año entero más, o incluso dos, bloqueados por el hielo a bordo del Fram antes de llegar a mar abierto.

Como no estaba dispuesto a renunciar sin mása la empresa de llegar al polo, decidió dejar el barco a cargo de su tripulación; y con un solo compañero, Fredrik Hjalmar Johansen, emprendió viaje sobre el hielo con perros, esquíes, un trineo y kayaks, con el propósito de alcanzar el polo.

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Nansen y Johansen partieron del Fram a finales de 1895, y al principio parecía que hacían buenos avances; pero a finales de abril las observaciones de la posición del Sol les indicaron que todavía estaban a 400 kilómetros del polo.

Tras seis semanas de duro viaje sobre el hielo, sólo se habían acercado 150 kilómetros a su objetivo. Entonces comprendieron la dura realidad: mientras ellos avanzaban penosamente hacia el norte, el hielo se desplazaba hacia el sur, contrarrestando parte de su avance diario. El 8 de abril llegaron a la conclusión de que su intento era inútil y regresaron.

Nansen y Johansen sabían que no tenían muchas posibilidades de encontrar el Fram, pues durante la seis semanas transcurridas desde que habían abandonado el barco, éste había seguido desplazándose con el hielo. Tendrían que hacer por sus medios todo el viaje de vuelta a Noruega, unos 2.200 kilómetros sobre el hielo del Ártico.

Al cabo de muchos meses más de aventuras y de penalidades, y tras un inesperado encuentro con otro aventurero polar, Nansen y Johansen pisaron tierra noruega a mediados de agosto de 1896.

Mientras tanto, el Fram había quedado liberado del hielo el mismo día en que Hansen y Johansen llegaban a Noruega. Todos los miembros de la expedición se reunieron al cabo de una semana.

Extractado de “Un mundo sin hielo”, de Henry Pollack,  miembro del IPCC Premio Nobel de la Paz 2007, pp 75-77, Gaia Ediciones, Madrid, 2010.

 

 

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