Ciencia / Meteorólogos

El sueño cumplido de ver la tormenta por dentro

El satélite GPM de la NASA, el primero diseñado para detectar la nieve y la lluvia desde el espacio, se activó en marzo de 2014 y regaló a los científicos en la Tierra una inédita observación de precipitaciones en toda la Tierra (VIDEO, EN INGLÉS).

Los primeros datos recibidos fueron también un adelanto de cómo el satélite podría proporcionar imágenes y análisis más detallados de huracanes y de tormentas fuertes a medida que se forman alrededor del planeta.

La NASA había lanzado a fines de febrero el Global Precipitation Monitoring (GPM), eje central de un conjunto de satélites internacionales que mejorará la observación de los científicos sobre la precipitación global.

Las primeras imágenes publicadas esta semana mostraron los detalles íntimos de un ciclón extratropical sobre el norte del Océano Pacífico, el 10 de marzo. Los sensores del GPM son capaces de identificar 13 tipos de precipitaciones en forma líquida y congelada.

CIENCIA NASA SATÉLITE CLIMA
Una mirada 3-D sobre el interior de un ciclón extratropical, observado frente a las costas de Japón el 10 de marzo. Crédito: JAXA / NASA

El satélite no sólo proporciona información sobre el tipo de precipitación que cae a la tierra, sino además en 3-D. Ese punto de vista ayuda a precisar otras mediciones de precipitación.

El nuevo satélite es potencialmente una mina de oro de información meteorológica. Ya se espera que el GPM sea determinante para seguir la temporada de huracanes del Atlántico Norte, que comienza el 1 de junio.

Las vistas detalladas de los huracanes que ofrece el satélite ayudará a los científicos a mejorar los pronósticos y permitirá planificar mejor a los administradores de emergencias ante la llegada de las tormentas.

En un mundo en el que es probable que aumente el número de fuertes aguaceros, mejorar los pronósticos de precipitación del cambio climático será cada vez más importante.

Todas las regiones de Estados Unidos ya están mostrando un aumento de eventos extremos de precipitación, sobre todo en el Noreste, donde las lluvias torrenciales han aumentado 74 por ciento entre 1958 y 2011.

Texto original aquí

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