Historias

Esperanza y miseria después del tifón

La tragedia de Filipinas contada en primera persona por Karl Malakunas, jefe de la delegación de la agencia de noticias francesa AFP en Manila. 

Procesión de supervivientes del tifón en Tolosa, el 18 de noviembre de 2013 (AFP / Philippe Lopez)

Procesión de mujeres supervivientes del tifón Haiyan en el pueblo de Tolosa, el 18 de noviembre de 2013 (AFP / Philippe Lopez)
De izquierda a derecha: Virginia Piedad, Elsie Indi, Ma. Catalina Consuelo y Maricel Martinez, fotografiadas el 16 de febrero de 2014 (AFP / Ted Aljibe)

De izquierda a derecha: Virginia Piedad, Elsie Indi, Ma. Catalina Consuelo y Maricel Martinez, fotografiadas el 16 de febrero de 2014 (AFP / Ted Aljibe)

TACLOBAN (Filipinas), 20 de marzo de 2014 – En los frenéticos días que siguieron al súper tifón Haiyan, una desconcertada joven daba a luz entre escombros, la esposa de un agricultor intentaba en vano mantener a su marido con vida con una bomba de aire manual y una vendedora de verdura desfilaba en procesión entre las ruinas para dar gracias a Dios por seguir con vida.

Sus historias están entre las más fascinantes de la cobertura inicial que la AFP hizo del tifón, que dejó muertas o desaparecidas a unas 8.000 personas cuando asoló algunas de las regiones más pobres de Filipinas el año pasado.

Una imagen del fotógrafo Philippe Lopez de la mujer (una vendedora de verdura) al frente de una procesión religiosa por su devastada localidad natal ganó el prestigioso premio World Press Photo en la categoría de ‘Noticias’, y fue elegida por la revista Time como una de las 10 fotos de 2013.
Campamento para damnificados del tifón Haiyan en Tacloban, el 15 de febrero de 2014 (AFP / Ted Aljibe)

Damnificados del tifón Haiyan acampan en Tacloban, el 15 de febrero de 2014 (AFP / Ted Aljibe)

Hace poco decidí seguir la pista de aquellas tres mujeres, esperando que contar lo que les había sucedido desde el tifón fuera una manera interesante de ilustrar los inmensos y duraderos desafíos a los que se tienen que enfrentar millones de supervivientes.

Elsie Indi, la devota católica, sigue caminando por las calles con la misma imagen de Jesucristo.

Elsie y algunos de sus vecinos prometieron mantener su procesión al menos dos veces a la semana para el resto de sus vidas, a modo de sacrificio para agradecer a Dios que les permitiera seguir viviendo.

En muchos sentidos, Elsie es realmente afortunada. Ninguno de sus familiares o vecinos murió y ella pudo volver rápido a su trabajo. Sin embargo, esta madre de cuatro niños sufre un estrés extenuante. Logró un préstamo al 33% de interés para comprar verdura que vender en su puesto del mercado. El tifón se llevó el tejado de su casa y con su esposo, diabético, incapaz de trabajar, aún no han podido pagar para que lo reparen.
Fosa común para víctimas del tifón en San Joaquín (AFP / Karl Malakunas)

Fosa común para víctimas del tifón en San Joaquín (AFP / Karl Malakunas)

Cuando me encontré con Elsie, de 42 años, parecía estoica, sonriendo mucho e insistiendo en que su familia estaba bien.

Después del día que pasé con ella, las lágrimas surcaban su cansado rostro y ella, al final de la entrevista en vídeo, pedía: “Necesitamos dinero para reconstruir nuestra casa, por favor ayúdennos”.

La vida para Jennifer Pulga, la mujer que vio a su marido morir junto a ella en el hospital, es aún más desalentadora.

En el torrente de imágenes difíciles de olvidar que siguieron al tifón, la reportera de vídeo de AFP Diane Desobeau grabó a Jennifer entre el caos de una sala de hospital utilizando un ventilador manual para llenar de aire los pulmones de su marido. Esa imagen está entre las que más permanecen en la retina del espectador.
Jennifer Pulga mantiene a su marido en vida soplando aire manualmente en el hospital de Tacloban, el 15 de noviembre de 2013 (AFP / Philippe Lopez)

Jennifer Pulga mantiene a su marido en vida soplando aire manualmente en el hospital de Tacloban, el 15 de noviembre de 2013 (AFP / Philippe Lopez)
Jennifer Pulga muestra el lugar donde su marido fue aplastado por un arbol durante el tifón Haiyan (AFP / Ted Aljibe)

Jennifer mantuvo a Richard, que fue golpeado por un cocotero que cayó con el tifón, vivo gracias a la bomba manual durante siete horas.

Ahora, esta viuda de 28 años vive con sus dos hijos y su suegra en una aislada localidad agrícola, dependiendo casi del todo de las agencias humanitarias para poder comer.

En otra parte de la zona golpeada por el tifón, la madre primeriza Emily Sagalis también depende de la ayuda humanitaria, pero sonríe mucho más.

El reportero de AFP Jason Gutierrez y la cámara Anges Bun llegaron hasta Emily en su día cuando ella estaba dando a luz en el suelo de un destrozado aeropuerto tres días después de la gran tormenta Haiyan.
Emily Sagalis da luz a su hija en el aeropuerto de Tacloban, el 11 de noviembre de 2013 (AFP / Jason Gutierrez)

Emily Sagalis da luz a su hija en el aeropuerto de Tacloban, el 11 de noviembre de 2013 (AFP / Jason Gutierrez)
Emily Sagalis y su hija, Bea Joy, fotografiadas en el mismo edificio del aeropuerto de Tacloban tres meses después del parto (AFP / Ted Aljibe)

Emily Sagalis y su hija, Bea Joy, fotografiadas en el mismo edificio del aeropuerto de Tacloban tres meses después del parto (AFP / Ted Aljibe)

Un doctor dijo entonces que temía que Emily muriera de una de las infecciones que parecía inevitable que contrajera. Pero Emily, de 21 años, y su hija, Bea Joy, están sanas. Esta madre volvió a contar su historia de supervivencia y yo titulé su odisea: “La madre del tifón filipino se eleva sobre las ruinas”. 

El poder de la resistencia de víctimas como Emily, Jennifer y Elsie está lleno de enseñanzas.

Durante una estancia anterior en las zonas devastadas por el ciclón yo había escrito un reportaje sobre la capacidad de los supervivientes de poner a prueba el “bangon”, un término local que significa “renacimiento”. Mucha gente reaccionó de forma positiva a este texto, que destacaba la esperanza de esos supervivientes y su voluntad de enfrentarse a sus problemas. Sin embargo, es evidente que no pueden lograrlo solos y por sí mismos.
Vista del pueblo de San Joaquín, en la provincia de Leyte, un mes después de la catástrofe (AFP / Karl Malakunas)

Vista del pueblo de San Joaquín, en la provincia de Leyte, un mes después de la catástrofe (AFP / Karl Malakunas)

Las agencias de Naciones Unidas y otros organismos de ayuda humanitaria realizan un trabajo importante al inicio, pero además deben permanecer en las regiones afectadas durante años.

Necesitarán para ello millones de dólares y la generosidad de unos y otros para llevar a buen puerto su misión. Aquí está la dirección de una guía de Naciones Unidas útil para aquellos que quieran aportar su contribución.

No obstante, todas estas asociaciones y organizaciones no pueden ayudar a todo el mundo y puede haber pequeñas contribuciones más dirigidas a unos o a otros que resulten útiles. Me han preguntado en Filipinas cómo donar dinero a Jennifer, por ejemplo, que quiere abrir una tienda para salir adelante. Si alguno de mis lectores quisiera ayudar a Jennifer, Emily o Elsie, pueden enviarme un correo electrónico (karl.malakunas@afp.com), y estaré encantado de poder facilitarles las cosas.
De izquierda a derecha: Ma. Catalina Consuelo, Virginia Piedad, Elsie Indic y Maricel Martinez, en una iglesia de Tolosa (AFP / Ted Aljibe)

De izquierda a derecha: Ma. Catalina Consuelo, Virginia Piedad, Elsie Indic y Maricel Martinez, en una iglesia de Tolosa (AFP / Ted Aljibe)

Fuente: BLOGS AFP 

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