Extremos

 

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Los desastres naturales de 2012 causaron más de 110 mil millones de dólares en daños materiales para Estados Unidos y 2012 se convirtió en una de las peores etapas catastróficas.

El huracán Sandy, sequías, tornados e incendios forestales fueron los principales eventos meteorológicos que condicionaron las estadísticas negativas en el periodo evaluado por expertos nacionales en climas severos.

Según el Centro para Estudios Climáticos (CEC), se registraron en 2012 un total de 11 sucesos desastrosos y cada uno costó más de mil millones de dólares en pérdidas económicas.
Desde el año 1980, solamente el 2005 (cuando impactó el huracán Katrina) supera estos datos con 160 mil millones de dólares en daños.

El año anterior Sandy ocasionó 65 mil millones en estragos, y la sequía que se extendió por varios estados durante casi todo el año dejó 30 mil millones de dólares en pérdidas, principalmente en la agricultura.

También estuvieron las tempestades que afectaron el sureste, al valle de Ohio, a Texas y al mediooeste, y el ciclón Isaac, que batió fuerte por el sur del país, recordó el CEC.

Trascendió igualmente que inspectores del gobierno estadounidense indagarán en Louisiana sobre la pérdida de 700 millones de dólares, que hace ocho años fueron asignados por el Congreso federal para la reconstrucción después del huracán Katrina. Bajo la sombrilla del programa Road Home, el Capitolio recolocó mil millones de dólares en el sureño estado, como parte de un fondo general de compensación valorado en 29 mil millones activado tras el impacto de Katrina en agosto de 2005.

Una investigación oficial encontró que al menos el 70 por ciento del dinero no ha podido ser contabilizado contra recursos y se desconoce el paradero del capital o si en realidad llegó a 24 mil propietarios de viviendas afectadas.

Texto original aquí

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NO ES EL CLIMA, SOMOS NOSOTROS

Los desastres naturales no existen, dice A. E. Brailovsky. El desastre es la expresión social de un fenómeno natural. A lo largo de varios siglos, la Ciudad de Buenos Aires primero y su Área Metropolitana después han ido bajando, hasta ocupar una superficie cada vez mayor de terrenos bajos.
(Texto completo aquí:
http://www.arquimaster.com.ar/notas/nota_buenos_aires_ciudad_inundable.htm)

LLUVIAS INUNDACIONES SAAVEDRA BUENOS AIRES 2013

(Página/12).- Cada día, Buenos Aires acentúa un poco más su perfil como ciudad inundable. El entubamiento de los arroyos de llanura cuyos cauces no pueden contenerse enteramente, la construcción de torres siguiendo la costa del Río de la Plata y otras, las sucesivas renovaciones de capas asfálticas que elevan el nivel de la calzada hasta el de la vereda son sólo algunos de los rasgos que parecen asegurar un horizonte de inundaciones recurrentes. Las soluciones técnicas que prometen los canales aliviadores y el boom indiscriminado de la construcción también, según señalaron a este diario los arquitectos Osvaldo Guerrica Echevarría y Rodolfo Livingston, quienes coincidieron en el diagnóstico: la única manera de evitar las inundaciones es rever el modo en que se construye cada día la ciudad.

“La única solución es terminar de construir. Y sin embargo no paran”, evaluó Guerrica Echevarría, de la Asociación Amigos del Lago de Palermo. “Todo lo que se hace es para acentuar el problema”, razonó. En la ciudad de Buenos Aires, “los arroyos son de llanura, por lo que hay muy poca diferencia de nivel entre el arroyo y el terreno. Todo río, todo cauce de agua, necesita un desnivel pronunciado para acelerar la salida del agua. Cuanta menos diferencia hay, más lento es el desagote”. Entubados, los arroyos porteños dependen de “aliviadores que van a mucha profundidad y tienen que levantar el nivel del agua para que salga al río”, que, por otra parte, cada vez queda más lejos: con el terreno ganado al río, la ciudad vuelve cada vez más distantes las desembocaduras.

“Negar los arroyos, negar los ríos” es uno de los problemas “históricos” de la ciudad, señaló el arquitecto Rodolfo Livingston, quien recuerda que “el Maldonado fue un río que ha tenido márgenes verdes, que atraviesa la ciudad como el Támesis atraviesa Londres y el Sena, París”. “Una visión de que la naturaleza está para ser dominada llevó a meter el agua en un caño. A los ríos no les gusta que los metan en caño. Y no tienen cauces uniformes. Tienen un cauce. Ese error cometido con el arroyo Maldonado se repite con el arroyo Vega y todos los otros de la ciudad”. Se trata de “cuencas hídricas sometidas”.

Pero prever el crecimiento de los cauces y la posibilidad de respetarlos, o evaluar el modo de aprovecharlos en lugar de pretender domesticarlos, coincidieron Guerrica Echevarría y Livingston, no es el único impedimento para restar factores a la posibilidad de inundación. Guerrica Echevarría señala que existe una lista de “impedimientos al escurrimiento” de agua caída, en la cual la profusión permanente de construcciones juega un rol fundamental. “Se impermeabiliza, se construye y todo a niveles más altos que las calles”, señala al explicar que el pozo necesario para la construcción de una torre usualmente se impermeabiliza, lo que evita el escurrimiento.

“De algún modo, todas las bases de las torres se convierten en impedimentos para que escurran las aguas. Son 20, 30, 40 metros impermeabilizados hacia abajo. Cuanto más alta la torre, más profundo el pozo donde está metido. Sobre la costa, hay toda una barrera de torres, empezando por Puerto Madero, el microcentro, Retiro, Recoleta, Belgrano. Ese cordón de torres, subterráneamente, constituye el dique al escurrimiento subterráneo de las aguas”, explicó Guerrica Echevarría.

Por otra parte, Livingston acotó que “la ciudad tiene una capa impermeabilizadora, que es el cemento”. “El hecho de que todo el piso urbano sea impermeable” facilita las inundaciones. “Se puede inventar un pavimento que sea resistente y duro y, a la vez, permita escurrir parte del agua. Los adoquines hacían eso. No se pueden proponer ahora, porque los automovilistas se quejarían, y además los adoquines, como se entierran sobre arena, no soportarían los pesos de los camiones”, explica. Sin embargo, sí “se podría inventar un piso” capaz de resistir y a la vez absorber parte del agua, “o que todas las calles tengan los bordes del pavimento de adoquines” y allí pueda derivar el agua. Entretanto, las sucesivas capas asfálticas, aplicadas una sobre otra, con un fresado previo que quita lo más superficial de la capa previa, “hicieron que las calles asfaltadas estén muy por sobre el nivel de las veredas”, observó Guerrica Echevarría. “Las bocas de tormenta siempre quedan por debajo del nivel, se las ve en las esquinas. En los últimos veinte, treinta años, las calzadas subieron de nivel y eso favorece que, cuando llueve mucho, el agua entre en las casas.”

Hoy día, “sobre el cauce de los arroyos está edificada parte de la ciudad, aun en las zonas que naturalmente son más bajas. Todo lo edificado a los costados de la avenida Juan B. Justo, que es el Maldonado entubado, está construido en zona baja. Tiende a inundarse porque hacia allí van las aguas de los lados más altos”. En los alrededores, para remediar eso, hay zonas que “podrían ser absorbentes, como la playa ferroviaria de Palermo, que podría convertirse enteramente en terreno para eso si también se eliminaran los paredones a los costados”.

Sin embargo, allí “se está haciendo lo contrario. Hay playas de estacionamiento y están empezando a construir, hay también hectáreas concesionadas para hacer una canchita de fútbol con césped artificial”. Un viejo proyecto vecinal, que alguna vez ingresó en la Legislatura porteña acompañado “con más de cinco mil firmas”, proponía “hacer un parque en la playa ferroviaria de Palermo, el proyecto ‘Lago Pacífico’”, pero nunca avanzó. “El mayor problema era que resultaba muy barato”, aventuró Guerrica Echevarría.

Texto completo aquí: http://www.arquimaster.com.ar/?p=87

LLUVIAS INUNDACIONES BUENOS AIRES 2013

¿Qué ha sucedido en Bs. As. en los últimos 50 / 60 años para qué cada vez sean más graves las consecuencias provocadas por una lluvia copiosa? Sucedió lo siguiente:

a) Se prolongó, hasta en más de 500 m de su lugar original, la desembocadura de los cinco arroyos que desaguan sobre el Estuario del Plata (mal llamado río).

b) Se impermeabilizó la mayor parte de la entonces superficie absorbente de la ciudad con nuevas construcciones.

c) Se redujo sensiblemente la cantidad de espacios verdes, tanto públicos como privados.

d) Se construyeron edificios en altura indiscriminadamente en casi toda la ciudad, pero principalmente en las zonas cercanas a la costa (Puerto Madero, microcentro, Retiro, Recoleta, Palermo, Belgrano, Núñez).

e) En la normativa constructiva de las zonas más densamente pobladas se eliminó la obligatoriedad de mantener el pulmón de manzana absorbente.

f) Por obra de sucesivas repavimentaciones, el nivel de las calzadas ha sido elevado ostensiblemente.

g) Existen barreras físicas, que separan zonas inundables de terrenos absorbentes.

h) Los conductos de desagote pluvial que conducen hacia los arroyos entubados, quienes finalmente desaguan en el estuario, transportan también líquidos cloacales y efluentes industriales.

¿Cuál es el efecto de esta permisiva intervención sobre el cuerpo vivo de la Ciudad? ¿Cómo influye cada una de estas circunstancias, potenciando los efectos de una lluvia?

a) Los arroyos de llanura, como lo que atraviesan la Ciudad de Bs. As., y que entubados han sido convertidos en pluvioductos, tienen muy poca pendiente y por lo tanto poca velocidad de escurrimiento. Si alegremente se prolonga su desembocadura con rellenos sobre la costa, el escurrimiento de las aguas se retarda sensiblemente (a mayor alejamiento de la costa original, mayor tiempo de desagote de los conductos). La costa de laCiudad ha sido rellenada históricamente en una superficie que casi llega a los 40 km cuadrados y la desembocadura de los arroyos ha sido prolongada hasta en 500 m. Este tipo de tareas continúa en la actualidad para ejecutar las ilegales obras de ampliación del Aeroparque Jorge Newbery.

b) El auge de la construcción en propiedad horizontal, ya sea entre medianeras o en edificios de perímetro libre (torres), eliminó la existencia de terrenos privados absorbentes.

c) Durante el siglo XX se redujo la cantidad de espacios verdes públicos en más de 50 hectáreas. Esto, además de ser un perjuicio directo a la población porque se le eliminó la posibilidad de su disfrute, se constituyó en una sensible pérdida de superficie absorbente.

d) Las fundaciones de los edificios en altura implican excavaciones muy profundas que sobrepasan largamente las dos primeras napas de agua. Es a través de estas napas, que los terrenos aún absorbentes acumulan el agua y la envían alestuario. La red de bases de hormigón construidas, constituyen -subterráneamente- un verdadero dique a la evacuación de las aguas de lluvia, retrasando y muchas veces impidiendo el escurrimiento.

e) Los códigos indicaban la existencia de un “pulmón de manzana absorbente”. Esta obligación dejó de existir y desde hace muchos años se permite construir planta baja y primer piso en cada parcela, perdiendo así, el pulmón de manzana, su condición de permeabilidad.

f) Las calles de la ciudad estaban empedradas en un nivel por lo menos 20 cm por debajo de la vereda. Las sucesivas pavimentaciones y repavimentaciones sobre el adoquinado original ha invertido esa relación; las calles (salvo la cuneta de hormigón) han quedado más altas que las veredas, facilitando así la inundación inmediata de estas.

g) Los largos y continuos paredones que rodean los antiguos predios ferroviarios siguen existiendo, a pesar de que su eliminación haría desaparecer una barrera física entre el agua de las zonas inundadas y un gran sector de superficie absorbente.

h) Una parte significativa de la sección útil de los pluvioductos, es utilizada desde hace más de veinte (20) años por líquidos cloacales y efluentes industriales no tratados, ya que la red cloacal está colapsada desde entonces y no existen plantas de tratamiento de efluentes. Esto hace que, no sólo se reduzca la posibilidad de evacuación rápida de las aguas delluvia, sino que estos líquidos altamente contaminados, descarguen “en crudo” en nuestro ya contaminado estuario.

Todo esto es sabido y reconocido por profesionales y técnicos de diversa extracción, pero dirigentes políticos y funcionarios siguen proponiendo megaobras de transporte, almacenamiento y evacuación de aguas de lluvia (como el peligroso proyecto de los túneles aliviadores del Maldonado) que significan gastos extraordinarios -aún con endeudamiento externo- pero sin contemplar la posibilidad de parar de construir, parar de impermeabilizar y ejecutar proyectos vecinales como son los de generar nuevas tierras absorbentes en los predios que son del dominio público del Estado Nacional dentro de la ciudad -ferroviarios, militares, ex Mercado de Hacienda, etc. que suman más de 300 hectáreas- y construir un lago regulador sobre la ex playa ferroviaria de Palermo.

Texto completo aquí: http://www.arquimaster.com.ar/?p=87

(Por Antonio Elio Brailovsky *).- Los desastres naturales no existen. El desastre es la expresión social de un fenómeno natural. A lo largo de varias siglos, la Ciudad de Buenos Aires primero y su Área Metropolitana después han ido bajando, hasta ocupar una superficie cada vez mayor de terrenos bajos.

Detrás del loteo inescrupuloso han venido las obras salvadoras, cuya contribución a la solución de los problemas siempre fue menor de lo esperado. Sin embargo, siempre se pidió y prometió la solución definitiva de las inundaciones urbanas, sin preguntar si esa solución era técnicamente factible y, además, si la podríamos pagar.

¿Nos atreveremos a decir que no hay solución definitiva y que la mejor gestión de crecidas es aquella que acepta esa realidad?

Buenos Aires, ciudad inundable (por Antonio Elio Brailovsky)
Imagen: Topografía de la Ciudad de Buenos Aires

Obsérvese la línea de cota 0 y -5 m (Nuñez, Belgrano, Palermo) en coincidencia con las áreas más afectadas por las inundaciones. Se trata además de las zonas más densamente pobladas y mejor cotizadas de la ciudad. Fuente: Mapa extraido de Hidrogeologia de la Ciudad de Buenos Aires (Dr. Miguel P. Auge)

Sin duda la mejor actuación de Mickey Mouse en toda su carrera fue cuando representó al discípulo del mago en la música incidental de Paul Dukas: “El aprendiz de hechicero”, con la batuta de Leopoldo Stokowsky. Por una vez Mickey pudo liberarse de la banalidad de los argumentos de Disney y mostrar su capacidad actoral en un conflicto humano. El equipo Dukas, Stokowsky, Mouse, nos muestra una inundación artificial. No se debe al capricho de la naturaleza, sino que es el resultado de la acción humana (o ratonil) que pone en marcha mecanismos que después no sabe o no puede contrarrestar.

Lo que hace a Buenos Aires inundarse es muy, pero muy semejante. En las últimas semanas, la Ciudad de Buenos Aires sufrió graves inundaciones. A quienes las administran en diferentes períodos les suele resultar más fácil hablar de “catástrofes naturales” para eludir su responsabilidad en la construcción de esas catástrofes. No está de más repetir, una y otra vez, que las catástrofes naturales no existen: el desastre es la expresión social de un fenómeno natural.

Como siempre, para entender algo necesitamos saber su historia. Las inundaciones nos acompañan desde que la sífilis que le quemó el cerebro a Pedro de Mendoza le impidió percibir la topografía del terreno donde fundó la ranchería que dedicó a la Virgen del Buen Aire. Así, nos cuenta Ulrico Schmidel, el cronista de la expedición, que una iglesia de esa ciudad “se la llevó la corriente del río”, lo que quiere decir que la puso en el bajo de la barranca, en la zona de influencia de las sudestadas. Lo más interesante es que los historiadores oficiales de la Ciudad (Rómulo Zabala y Enrique de Gandía) desmienten absolutamente que Mendoza haya fundado en un lugar inundable. Y al mismo tiempo cuentan de un edificio que se perdió por la inundación. Ese tipo de contradicciones se mantiene hasta el presente.

Juan de Garay, con una cabeza más lúcida, fundó en el alto de la barranca. Sin embargo, las instrucciones del Rey de España para fundar ciudades en América eran las del trazado en cuadrícula, sin que importara mucho lo que hubiera dentro de esas líneas forzosamente rectas. Así, Buenos Aires se superpuso a una serie de arroyos, que los vecinos llamaron “Terceros”, ya que ése el nombre de los cobradores de impuestos. Sucede que ambos “se llevaban todo”. Ocupar los Terceros fue el primer error urbanístico importante, ya que causó inundaciones durante los siguientes trescientos años, hasta que fueron canalizados y tapados.

Buenos Aires, ciudad inundable (por Antonio Elio Brailovsky)
Imagen: Arroyo Maldonado de la Ciudad de Buenos Aires

En coincidencia con el cauce del Arroyo Maldonado se ubica uno de los corredores con mayor desarrollo inmobiliario de los últimos años.
Fuente: Mapa extraído de Atlas Ambiental de Buenos Aires

Fuera de esto, la Ciudad atravesó un período bastante estable, mientras se mantuvo dentro de límites naturales bien definidos. Que eran, al norte y oeste el arroyo Maldonado, al este la parte superior de la barranca del Río de la Plata, y al sur el bañado de Flores (que terminaba en el Riachuelo).

Los mapas de la Ciudad de fines del período colonial muestran claramente esos límites naturales. Los cartógrafos del siglo XVIII marcan el borde de la barranca sobre el Río de la Plata, la playa, los bancos de arena y los bajos inundables que llegaban al Riachuelo. Ese era el límite que las leyes coloniales y el sentido común indicaban no ocupar. Estos detalles aparecerán en todos los mapas hasta los últimos años del siglo XIX, cuando la especulación inmobiliaria y la política manden los inmigrantes a vivir a las zonas inundables. Los gallegos irán a Soldati y Barracas, los tanos a La Boca y los mapas borrarán para siempre que esas personas fueron a las zonas bajas, que no debían haberse poblado porque no eran aptas para eso. Miren ustedes cualquier guía de calles de Buenos Aires y verán que tiene menos información que un mapa del siglo XVIII.

Tenemos una muy buena descripción de la gran inundación de 1820 en el cuento “El Matadero”, de Esteban Echeverría (aunque lo ambienta varios años después, para hacerla coincidir con la intriga política). Allí nos cuenta que si uno se subía a las torres de las iglesias, podía ver la ciudad rodeada de agua hasta el horizonte. Dato relevante: estaba rodeada de agua del lado de afuera. En la peor crecida del siglo XIX (y tal vez la peor de la historia de la Ciudad), Buenos Aires no se inundó. Y es que la historia de las inundaciones es, al mismo tiempo, la del descenso de la Ciudad hacia los bajos: la parte inferior de la barranca del Plata, los valles de inundación de los arroyos.

Juan Manuel de Rosas empezó ocupando la zona de bañados de Palermo, en la costa del Río de la Plata, donde edificó su palacio. El lugar no era adecuado para eso, pero había una razón política: desde 1838, una armada francesa boqueaba el puerto de Buenos Aires. Más tarde se les unieron los ingleses y tuvimos el boqueo anglofrancés. Rosas tenía que demostrar que era capaz de afrontar cualquier contingencia y que era lo suficientemente macho como para ganarle a la naturaleza. “Hasta el barro cimarrón de Palermo y la tierra ingrata se conformaron a su voluntad”, dice Jorge Luis Borges de esa decisión.

A su caída (¡la de Rosas, por supuesto!) varios políticos, encabezados por Sarmiento, impulsan el proyecto de parquizar el bañado de Palermo. Lo que significa la mejor decisión posible. Una foto de Buenos Aires tomada desde la costa nos mostrará la cadena de parques que caracteriza la Ciudad. Casi todos esos espacios verdes están en el bajo de la barranca, en el sitio que podía tener un uso recreativo pero no habitacional. Recordemos que el Palermo de Thays llegaba hasta el borde del agua, que a fines del siglo XIX estaba en la hoy avenida Figueroa Alcorta.

Buenos Aires, ciudad inundable (por Antonio Elio Brailovsky)
Imagen: Reconstrucción histórica de los límites naturales de la Ciudad de Buenos Aires área Retiro.
Fuente: imagen extraída de Memoria Visual de Buenos Aires.
Han sido décadas de irresponsabilidad las que llevaron a crear las condiciones para que cientos de miles de personas habitaran en terrenos inadecuados para vivienda. Tal vez haya sido el intendente Crespo (a quien honramos en el nombre de un barrio) el que inauguró la simpática actividad de lucrar con la inundación ajena. Crespo fue el impulsor de los loteos en el valle de inundación del arroyo Maldonado. Allí fueron a parar los obreros de una fábrica de calzado, acompañados enseguida por los pequeños comerciantes judíos.

Y una vez que hicimos el negocio de meter un montón de gente en tierras que no debían habitarse, llega el momento de hacer el negocio de la obra salvadora. En 1924 se proyecta el entubamiento del arroyo y se lo anuncia como la solución definitiva. En el casi un siglo que siguió, siempre se prometieron y realizaron obras públicas milagrosas que, en el mejor de los casos, sólo atenuaron un poco las crecidas. Y en el peor y más frecuente de los casos, las empeoraron. El entubamiento del arroyo Maldonado (hoy avenida Juan B. Justo) fue el mejor negocio para los especuladores y los vendedores de obras y el peor para los vecinos.

En una sociedad que se fascina por unas cuantas toneladas de cemento, es fácil convencer a la opinión pública que la obra más grande será, también la más efectiva. Al esconder el arroyo bajo el entubado negamos su existencia y pudimos hacer enormes negocios inmobiliarios con cientos de miles de personas ingenuas que creyeron que la obra se había hecho para protegerlas.

Por el contrario, un arroyo cualquiera se comporta en una crecida mucho peor si está entubado que si corre a cielo abierto. Las paredes del túnel, las columnas, el propio techo, frenan el escurrimiento y lo hacen mucho más lento que si lo hiciera en su cauce natural. Hoy el Maldonado inunda más que si no estuviera entubado. Y, por supuesto, inunda a más gente porque la falsa sensación de seguridad que dan estas obras, atrae más y más pobladores ingenuos que creen que la existencia de una ciudad hace desaparecer mágicamente los mecanismos de la naturaleza.

El negocio de vender primero terrenos inundables y después obras sobre ellos fue tan rentable, que se repitió con los demás arroyos: Vega, Medrano, White, Cildáñez, según el mismo modelo de comportamiento. Y con los mismos escasos resultados.

Buenos Aires, ciudad inundable (por Antonio Elio Brailovsky)
Imagen: Av. Santa Fe inundada (altura Av. Juan B. Justo y arroyo Maldonado)

Frente a esta imagen recurrente: “¿Tiene sentido volver a cruzar la avenida Santa Fe con cuerdas y botes? ¿No será el momento de empezar a construir puentes peatonales?”, reflexiona el autor de la nota. (Fuente de la imagen desconocida)

Hay una cuestión de fondo que hace que seamos pesimistas con respecto a las soluciones milagrosas que cada vez escuchamos. Y es que un río o un arroyo no son comparables a calles llenas de agua. Todo río o arroyo cava con sus crecidas un área llamada “valle de inundación”, que es la que vuelve a ocupar cuando llueve por encima del promedio. De modo que hacer un caño de desagüe más o menos sofisticado es técnicamente viable. Pero modificar la topografía en una zona construida para elevarla, escapa a las posibilidades técnicas y económicas. Sólo que nadie quiere arruinar su carrera política diciendo la verdad.

Esta situación está agravándose rápidamente porque el cambio climático hace que cada vez llueva más en las zonas húmedas. Para peor, la mayor parte de nuestros decisores políticos no tiene la menor idea de las profundas implicancias de este fenómeno sobre nuestra vida cotidiana, y no les interesa conocerlas.

Con el correr de los años, las ciudades fueron creciendo, y en muchos casos lo hicieron sobre sus valles de inundación. En definitiva, eran zonas próximas, fáciles de ocupar y aun vacías. A veces se trataba de tierras públicas que podían ser ocupadas gratuitamente por migrantes que se hacían una casa precaria, con los materiales que encontraban a mano. Otras, eran tierras baratas que fueron loteadas por empresas inescrupulosas, toleradas por el poder público. En ocasiones, los propios gobiernos construyeron barrios de viviendas populares sobre tierras baratas, sujetas a crecidas. Una investigación que nos estamos debiendo es relevar todos los planes de vivienda social que se hicieron en el país para saber cuál es la proporción que se construyó en tierras bajo cota de inundación. En más ocasiones de las que puedo recordar, un ex funcionario me explicó: “Eran las tierras que teníamos”.

La urbanización de áreas inundables incluye historias de muy fuerte corrupción política y administrativa, ya que alguien tuvo que permitir el loteo de terrenos inadecuados para el uso urbano.

Buenos Aires, ciudad inundable (por Antonio Elio Brailovsky)
Imagen: Av. Santa Fe y Humboldt inundada (área de influencia del arroyo Maldonado)

“Es necesario definir con claridad las zonas con riesgo de inundación y comenzar a actuar en ellas”, plantea el autor de la nota. (Fuente de la imagen desconocida)

Son, entonces, dos fenómenos paralelos que confluyen para asentar población en áreas inundables. Por una parte, los valles de inundación de los arroyos son la ubicación previsible de las villas miseria, las favelas, callampas o cantegriles de todo el continente. Simplemente, sus habitantes no tienen el acceso económico a tierras mejores. Pueden ser los amplios valles de inundación de los arroyos del Gran Buenos Aires, que a veces tienen una pendiente tan escasa que se requiere un ojo entrenado para detectar sus limites. O las zonas próximas al río Mapocho, en Santiago de Chile. O las profundas correderas que llevan al Guayre, en Caracas.

A partir de 1930, el proceso industrial acelera la urbanización vertiginosa y obliga a utilizar todos los espacios disponibles. Esto hace cada vez más fuerte la presión social y económica para ocupar los terrenos bajos: Buenos Aires debe crecer, sin que importe cómo ni dónde lo haga. La casi totalidad de la superficie del partido de Avellaneda es zona de riesgo.

Nos resultan importantes estos datos como reflejo de una sociedad que necesita ocupar todas las tierras posibles y que necesita creer en su capacidad ilimitada para dominar los fenómenos naturales. Por eso, después de cada obra de atenuación de crecidas se anuncia que se ha logrado “la solución definitiva”.
Pero lo sugestivo es que no son sólo los pobres los que se inundan. El descenso de las ciudades hacia los valles de inundación de ríos y arroyos es una parte muy importante de su proceso de expansión, y no fue tenido en cuenta en todas sus implicancias. Basta con ver en los diarios de este período las fotos de las inundaciones urbanas o ver también las fotografías de inundaciones actuales, que afectan viviendas construidas en este período.

En algunos casos se trata, previsiblemente, de viviendas autoconstruidas por pobladores marginales. Pero con mucha frecuencia nos encontramos con obras hechas por profesionales de la arquitectura y emplazadas en áreas inundables. El caso de varios de los countries de Pilar, que quedaron bajo el agua en una inundación reciente, es un buen ejemplo de lo que no debe hacerse y se hace todos los días. Por supuesto, todo el aparato normativo está pensado para facilitar esas operaciones. Para definir una línea de ribera (es decir, para saber si un terreno va a quedar adentro o afuera de la zona inundable) es necesario tener en cuenta las crecidas del último siglo. Las normas de la Provincia de Buenos Aires consideran que cien años es mucho y toman sólo 5 años. O sea que basta una breve temporada seca para poner en el mercado una gran superficie inundable y meter allí a todos los que confiaron.

Lo que nos lleva a pensar en términos de un cierto estilo de formación profesional que desestima todo lo que no puede incorporarse al tablero de dibujo. Precisamente, el ambiente (o, en este caso, los ritmos de la naturaleza) es aquello que cae fuera del tablero, pero debería caer adentro del proyecto.

El tema también hay que asociarlo al urbanismo y a la política urbana. Aceptar de una vez que las obras definitivas no existen, que en el mejor de los casos sólo podrán atenuar las crecidas, pero que los problemas subsistirán. Verlo de otra manera nos sirve para empezar a adaptar la Ciudad a su realidad inundable. Por ejemplo: ¿tiene sentido volver a cruzar la avenida Santa Fe con cuerdas y botes? ¿No será el momento de empezar a construir puentes peatonales? Después, las obras tal vez ayuden a que se usen una vez cada dos años en vez de usarlos dos veces en una semana.

Lo mismo con la electricidad. No tiene sentido seguir discutiendo cada vez si hay o no cortes preventivos en las zonas de riesgo. Es decir, si dejamos la gente a oscuras o si corremos el riesgo de que alguien muera electrocutado. En muchas zonas necesitamos tener luces de emergencia. Por supuesto, no se construye igual en sitios que se inundan que en otros que van a estar siempre secos. Hay que cambiar los Códigos de Edificación y de Planeamiento Urbano para adaptarlos a esa realidad. La primera y más urgente medida es definir con claridad las zonas con riesgo de inundación y comenzar a actuar en ellas.

Y cerramos esta nota volviendo al cine. En “Portero de Noche”, Dirk Bogarde y Charlotte Rampling nos muestran una perversa relación entre el carcelero y su víctima. Entre nosotros, las víctimas de las crecidas son quienes dan el mejor respaldo a quienes las inundaron. Porque definir un área como inundable equivale a hacer bajar el valor de la propiedad inmueble. En una sociedad en la que el valor de las propiedades es un bien más protegido que la vida, son muchos los inundados que no quieren este tipo de medidas y viven pendientes de la próxima (y tal vez inútil) obra mágica.

*Antonio Elio Brailovsky es autor del libro “Buenos Aires, ciudad inundable”, publicado en coedición Kaicrón-Le Monde Diplomatique. Profesor Titular en las Universidades de Buenos Aires y Belgrano.

Texto original aquí: http://www.arquimaster.com.ar/notas/nota_buenos_aires_ciudad_inundable.htm

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AGUA LA PLATA INUNDACIONES CC CRISTINA

El panel de expertos de la ONU sobre Cambio Climático advirtió sobre fenómenos como el de La Plata. Argentina, con la “lógica del caño”, pronostica “a ciegas”. Por cada moneda invertida en meteorología, se ahorran ¡siete! en pérdidas.

CAIRNS, Australia, por Stephen Leahy (Tierramérica/IPS*)- Las condiciones meteorológicas extremas se vuelven norma a gran velocidad. Así lo confirmaron las dos semanas de calor estival que cayeron sobre Canadá y Estados Unidos a fines de marzo de 2012, cuando el hielo y la nieve del invierno aún no se habían marchado.

En ese marzo buena parte de América del Norte se “cocinó” a temperaturas extraordinariamente altas, que derritieron toda la nieve y el hielo invernales y batieron por amplio margen los récords térmicos de los últimos 150 años.

El año anterior, Estados Unidos soportó 14 desastres –inundaciones, huracanes y tornados– que causaron pérdidas de varios miles de millones de dólares.

Un nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), divulgado el 28 de marzo de 2012, abundó en evidencias de que esos eventos meteorológicos sin precedentes están aumentando en cantidad y severidad. Y, si se mantiene el actual ritmo de contaminación de gases de efecto invernadero, alcanzarán grados preocupantes a lo largo de este siglo.

A partir de 1950 se registraron muchas más olas de calor y temperaturas extraordinariamente elevadas que en las décadas anteriores.

Esas manifestaciones seguirán en aumento en los próximos decenios, tal como la frecuencia de precipitaciones intensas en regiones tropicales y en latitudes alejadas del Ecuador, sostiene el Special Report on Managing the Risks of Extreme Events and Disasters to Advance Climate Change Adaptation (Informe especial sobre el manejo de riesgos de eventos extremos y desastres para promover la adaptación al cambio climático), conocido por sus siglas en inglés SREX.

Esa jornada especialmente calurosa que se presenta una vez en 20 años, a fines del siglo XXI ocurrirá cada dos años en la mayoría de las regiones, excepto en las situadas en el Hemisferio Norte y en latitudes lejanas al Ecuador, donde el fenómeno se produciría una vez por lustro.

También es probable que aumente la velocidad máxima de los vientos de los ciclones tropicales, mientras cae o sigue igual la frecuencia de estos eventos en todo el mundo.

Las sequías serán más intensas en el sur y el centro de Europa, en la región del Mediterráneo, en el centro de América del Norte, en América Central y en México, en el Nordeste de Brasil y en África austral.

El aumento del nivel del mar, sumado a una meteorología extrema, hará inhabitables muchos lugares para fines de este siglo, dijo Christopher Field, copresidente del Grupo de Trabajo II del IPCC, que produjo el informe junto con el Grupo de Trabajo I.

Sitios que ya soportan estos problemas, como los pequeños estados insulares y ciudades costeras como Mumbai, podrían ser abandonados en las próximas décadas, si no se efectúan importantes reducciones de las emisiones de gases de efecto invernadero, dijo Field en una conferencia de prensa.

Ya no se discute que el drástico aumento de los eventos meteorológicos extremos es una de las señales más claras de que quemar miles de millones de toneladas de combustibles fósiles ha alterado el clima mundial de forma permanente.

“Todas las manifestaciones meteorológicas se ven afectadas por el cambio climático, porque el ambiente en el que ocurren es más cálido y más húmedo que antes”, dijo a Tierramérica el científico Kevin Trenberth, del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Estados Unidos.

Esas enormes cantidades de calor y humedad atrapados en la atmósfera son un potente combustible para los eventos extremos. Tiene poco sentido debatir si esta o aquella tormenta fue causada por el cambio climático cuando todo el sistema meteorológico mundial está alterado, señaló Trenberth, uno de los autores de los informes del IPCC.

“El principal mensaje del informe es que ahora sabemos lo suficiente para tomar buenas decisiones sobre el manejo de riesgos de desastres relacionados con el cambio climático. Algunas veces aprovechamos ese conocimiento, pero muchas veces no”, dijo Field. En 2010, Guatemala y Colombia estuvieron entre los más perjudicados por eventos extremos, según el Índice Mundial de Riesgo Climático, elaborado por la organización no gubernamental alemana Germanwatch. De hecho, esos países sufrieron más que Rusia, cuya publicitada ola de calor mató a unas 50.000 personas.

El Índice analiza los impactos que tuvieron los fenómenos extremos en la economía y la sociedad en los últimos 20 años.

Entre 1991 y 2010, los 10 países más afectados en daños materiales y muertes fueron todos del Sur en desarrollo. Bangladesh, Birmania y Honduras lideran la lista.

AGUA INUNDACIONES LA PLATA 2013 LLUVIAS

“No hay dudas de que las manifestaciones extremas y los daños han ido en aumento”, dijo Sven Harmeling, de Germanwatch. Y no es porque simplemente ahora haya más infraestructura que destruir, declaró Harmeling a Tierramérica desde Berlín.

Los países están adquiriendo conciencia sobre los riesgos, pero pocos adoptan medidas para abordarlos, pese a que es mucho más barato prepararse que recuperarse de un desastre, sostuvo.

Es difícil asignar fondos públicos o de donantes para un fenómeno que quizás no ocurra por muchos años. Sin embargo, un país como Honduras, que en 1998 fue demolido por el huracán Mitch y otras tormentas y lluvias intensas posteriores, nunca se recuperó, señaló Harmeling.

Bangladesh pudo realizar inversiones importantes en la prevención, por lo cual sufrió menos daños en los últimos tiempos, comparó.

El nuevo informe del IPCC es un aporte significativo, pero tiene lagunas y carece de los últimos hallazgos científicos que especifican mejor los vínculos entre eventos meteorológicos extremos y el cambio climático, según Harmeling.

El estudio recomienda a países y regiones tomar medidas de adaptación de “arrepentimiento bajo o nulo”, aquellas que requieren inversiones modestas o moderadas para elevar la capacidad de soportar los riesgos climáticos.

Por ejemplo, poner en funciones sistemas de alerta a la población sobre desastres inminentes, modificar la planificación del uso de la tierra y del manejo de ecosistemas, perfeccionar la vigilancia sanitaria, el suministro de agua y los métodos de drenaje y saneamiento, así como desarrollar y aplicar nuevas normas de construcción.

Las conclusiones del Índice Mundial de Riesgo Climático y las recomendaciones del estudio del IPCC “deben verse como una señal de alerta”, dijo Harmeling. Hay que estar “mejor preparados”.

* Este artículo fue publicado originalmente el 31 de marzo por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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METEOROLOGÍA RADARES EEUU TECNOLOGÍA

Los meteorólogos se quejan por la falta de radares para prevenir sobre la posibilidad de tormentas tanto en la Ciudad como en el Gran Buenos Aires, algo que se hizo visible con el temporal que trágico temporal que se abatió sobre la zona metropolitana y sobre La Plata.

En diálogo con el diario Perfil, el director del Servicio Meteorológico Nacional, Héctor Ciappesoni, admitió que se necesitan dos radares más para triangular la zona. El que está instalado en Ezeiza dejó de funcionar por un problema de interconexión, pero no pudo ser rehabilitado “por tratarse de un feriado”, aseguró.

“El radar de Pergamino que llega a La Plata no permite ver ciertas tormentas bajas, como fue ésta cuyos cúmulus nimbus no superaron los 10 kilómetros de altura, cuando si se piensa en tormentas de más de 100 milímetros hay que pensar en no menos de 12 kilómetros de altura. Fue un fenómeno muy extraño”, precisó.

Por su parte, el meteorólogo de Canal 13 y Todo Noticias, Mauricio Saldívar, en declaraciones al mismo medio, contó: “A las cinco de la tarde del martes, la última imagen de La Plata tenía 12 horas de vieja. Más allá de que haya sido un problema ajeno al SMN, ni ellos ni nosotros (meteorólogos externos) disponíamos de información vital para ver la evolución de la tormenta. De hecho, mis pronósticos fueron a ciegas”.

“La información de la estación meteorológica de La Plata se obtiene hasta las 21 y después cierra; por ende, no había datos del tiempo desde esa hora. Recién volvió a abrirse a las seis de la mañana del día siguiente. Una locura”, enfatizó.

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La Plata se inundó 4 veces en 8 años y desoyeron los alertas. El agua tapó media ciudad en 2002, 2005, 2008 y 2010, con consecuencias devastadoras. Expertos advirtieron que si no se hacían las obras necesarias se repetiría la catástrofe. Nadie les hizo caso. Por Daniel Vittar, Clarín.

AGUA LLUVIAS LA PLATA SCIOLI CRISTINA 2013

El espanto inicial de los platenses por la tragedia que dejó más de medio centenar de muertos no tardó mucho en transformarse en bronca visceral. Pueden perdonar las catástrofes naturales, súbitas, irremediables, pero no la indolencia política, profundamente humana. La indignación apunta desde abajo hacia arriba, abarcando toda la pirámide de funcionarios, de la intendencia a la Nación, que una y otra vez desoyeron las advertencias. En La Plata hubo entre 2002 y 2010 cuatro inundaciones importantes, una más devastadora que la otra. Hubo numerosos planes, competentes proyectos, pero ninguno prosperó por mezquinos intereses o desvíos de fondos para iniciativas que daban más réditos en las urnas.

Esa desidia la terminó pagando la gente, que perdió lo que tenía bajo dos metros de agua. O peor, buscando a sus muertos arrastrados por la corriente.

Un rápido recuento de los hechos más importantes da una dimensión del problema. El 27 de enero de 2002 la ciudad se conmovió por una inundación que la sumergió casi por completo: cayeron casi 80 milímetros en una hora. Más de 70 mil personas tuvieron que buscar refugio en los centros oficiales. El intendente en ese momento era Julio Alak, el actual ministro de Justicia. Dos años después, para prevenir otro desastre similar, un equipo de expertos le presentó un plan de obras hídricas, con alcantarillado y desagües que tenía como eje la cuenca del arroyo El Gato.

La propuesta no avanzó.

En marzo de 2005 reapareció la catástrofe, imprevisible, claro, y la ciudad quedo otra vez anegada. Un drama que los medios reflejaron con crudeza mientras los políticos lo lamentaban.

Antes de dejar su cargo en 2007, Alak se apresuró a inaugurar el promocionado “conducto aliviador”.

Sólo se concretó la primera etapa.

Al actual ministro lo reemplazó otro peronista, Pablo Bruera, que a los pocos meses de asumir, en febrero de 2008, tuvo que enfrentar otro escenario caótico por las fuertes lluvias, que dejaron más de 90 mil afectados y un muerto. En ese momento un informe de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata –publicado por Clarín – advertía que el panorama iba a agravarse “si no se contiene la urbanización descontrolada y no se trazan planes hidráulicos adaptados a estas tormentas”. En marzo de 2010 la realidad le dio la razón: el agua tapó gran parte de Ensenada.

La catástrofe anunciada llegó, y devastadora.

Los especialistas lo previnieron de todas las maneras posibles. Hace seis años el ingeniero Pablo Romanazzi, experto en hidrología, presentó un trabajo junto a Arturo Urbiztondo. Recomendaba mejorar la capacidad de conducción del curso del arroyo El Gato y luego concretar la ampliación de conductos troncales.

“Lamentablemente no se hizo nada. Era evidente que esto iba a volver a pasar”, dijo a Clarín el jueves.

Mario Hernández, profesor titular de hidrogeología y director de la maestría en eco-hidrología de la universidad platense, lo explicó de manera sencilla: “En los últimos 20 años hubo un crecimiento en las construcciones que no fue acompañado por el sistema de desagüe pluvial. Es cierto que la lluvia fue extrema, pero si se hubiera puesto en marcha un plan de contingencia eficiente hubiera habido menos muertes ”.

La tempestad popular golpeó de lleno en los distintos estratos gobernantes. Generó fisuras y cruces agrios. La ministra Alicia Kirchner, vapuleada por un grupo de inundados, le cuestionó a Bruera que no se haya participado de la recorrida junto a ella.

“¡Tenés que poner la carita!”, le dijo. Desde el Ejecutivo nacional también hubo reproches porque no se llevaron adelante los planes previstos. Y amenazaron con auditorias. Pero el drama de La Plata destapa internas mucho más sucias como para desviar la indignación popular hacia chivos expiatorios.

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Por cada euro que se invierte en meteorología, se ahorran.. ¡siete!

Cada día, las decisiones relacionadas con el tiempo, el clima y el agua influyen en las vidas de millones de personas de todo el mundo. Sequías, inundaciones, ciclones, gotas frías, olas de calor… fenómenos que causan pérdida de vidas y también de recursos materiales, que se pueden minimizar con unos servicios de prevención y alerta adecuados. Según señaló Michel Jarraud, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), “invertir un euro en medidas de prevención de los riesgos asociados a fenómenos climáticos puede evitar que se tengan que desembolsar siete en gastos relacionados con los desastres”.

Jarraud ha participado en Madrid en la conferencia internacional para mejorar los servicios del tiempo, el clima y el agua en el mundo, que ha inaugurado la Reina Sofía y en la que participarán durante toda la semana centenares de expertos de todo el mundo. Unas jornadas de las que esperan sacar los marcos de actuación de la comunidad internacional, así como crear un foro de diálogo entre productores y usuarios finales de servicios meteorológicos para introducir mejoras en la utilidad de los productos dirigidos a agricultura, la salud humana, el turismo, la energía, el transporte, o el desarrollo sostenible, entre otros temas.

Para el secretario general de la OMM, en los últimos 20 años los desastres naturales han dejado un menor balance de víctimas mortales, debido en parte a la mejoría de los sistemas de alerta temprana de fenómenos meteorológicos extremos. “Unos servicios meteorológicos, climatológicos e hidrológicos adecuados puede ayudar a las sociedades a atajar, o al menos reducir sustancialmente buena parte de esas muertes, y también pueden ayudarnos a luchar contra el cambio climático”, señaló.

El presidente de la OMM, Alexander Bedritsky, señaló que “es evidente que los servicios nacionales de meteorología e hidrología en muchos países carecen de influencia política a los más altos niveles”. Así, en esta conferencia, según Bedritsky, “se pueden encarar estos retos mediante el incremento de la comprensión global sobre cómo todos los sectores son dependientes de los servicios del tiempo, agua y clima, mientras que sienta las bases para su modernización y desarrollo”.

“Las vidas de cientos de millones de personas en todo el mundo se ven afectadas cada día por las decisiones que tienen que ver con el tiempo, el clima y el agua, y los fenómenos hidrometeorológicos extremos -que representan un 90% de los desastres naturales- han provocado en los últimos años catástrofes de consecuencias devastadoras”, matizó Jarraud.

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LA LÓGICA DEL CAÑO 

Por Sergio Federovisky *

La ciudad de Buenos Aires ha sido afectada por inundaciones desde el día siguiente a la segunda y definitiva fundación, en 1580. La reiteración dramática de esas inundaciones cuatro siglos después obliga a usar otro paradigma de pensamiento.

La planta urbana original estaba situada en “terrenos planos y no planicies inundables”, según establecían las Leyes de Indias para el Nuevo Mundo. Pero aquellas tierras altas de la primera urbanización eran las únicas: tanto hacia el sur (las planicies que derivaban en el Riachuelo) como al norte y oeste (la cuenca del arroyo Maldonado), la ciudad estaba hostigada por las inundaciones cada vez que llovía. La manera en que se enfrentó la realidad del anegamiento permanente –tanto en aquellos momentos primigenios como en los posteriores, más ingenieriles– respondió siempre a una forma de pensamiento clásico y ortodoxo: sacar el agua. Para lo cual, la presencia abrumadora –y capaz de albergar trillones de litros– del Río de la Plata era completamente funcional.

UNA LOGICA PURAMENTE HIDRAULICA

La lógica era hidráulica. Y así fue como arroyos llamados “los terceros”, que correspondían a una serie de hilos de agua que hacia el sur de la Plaza de Mayo desaguaban perpendiculares en el Río de la Plata, fueron puntillosamente eliminados y convertidos en adoquinadas calles que hoy atraviesan San Telmo.

Los Terceros (bautizados así porque eran de “tercer orden”, salvo cuando arreciaban las lluvias) fueron el obstáculo que quebró el damero original del centro histórico de la ciudad. Ninguno de los Terceros (del Sur, del Medio y del Norte) ha sobrevivido: a mediados del siglo XIX, cuando Buenos Aires crecía aún sin infraestructura, fueron empedrados incrementando inmediatamente así el volumen y la velocidad de deslizamiento.

Luego la ciudad acusó el impacto de la inmigración y de las epidemias de cólera y fiebre amarilla. Se proyectó, entonces, la red de desagües cloacales y pluviales (viajaban por el mismo caño) del llamado Radio Antiguo. Los cálculos se hicieron según una ciudad de hace más cien años: para determinar el coeficiente de descarga de los caños se estimó que el 50 por ciento del agua que caía por la lluvia drenaba naturalmente en el terreno. Tras inaugurarse las obras del Radio Antiguo, la ciudad, que ya había anexado a los pueblos de Flores y Belgrano, emprendió el proyecto del Radio Nuevo, para servir a una población total de 1.100.000 habitantes, pero con una proyección de crecimiento hasta los tres millones con que actualmente cuenta. Más aún: los ingenieros preveían que aquellos caños, con la espantosa modalidad de eliminar arroyos y convertirlos en tubos, debían alcanzar para una población de hasta seis millones de habitantes.

CUESTIONAMIENTO DEL CAÑO

Sin embargo, la reiteración precipitada de inundaciones a partir de la década del 80 puso en cuestionamiento tanto el diámetro del caño como la forma de pensar la ciudad. Las premisas ingenieriles para la descarga pluvial fuera del centro de la ciudad habían sido adoptadas según los siguientes parámetros: una lluvia promedio de 60 milímetros en treinta minutos, un coeficiente de escorrentía 0,6 para la ciudad (el 40 por ciento infiltra el suelo y el resto corre por las calles) y de 0,2 para las áreas tributarias de los arroyos ubicadas en el Gran Buenos Aires. El desborde ya empezó a manifestarse a mediados de la década del cuarenta, a poco de inaugurarse las obras, cuando el conurbano comenzó a gestarse a imagen y semejanza de la urbe pavimentada. Un ingeniero de Obras Sanitarias, Silvio Arnaudo, se horrorizaba en 1943 de que “las obras de desagües están requiriendo una constante ampliación”.

PUNTOS DE QUIEBRE

El 31 de mayo de 1985 fue una bisagra. Los 295,4 milímetros caídos en treinta horas no sólo condujeron a que al día siguiente un diario titulara en tapa: “El día que se hundió Buenos Aires”. Fue también el comienzo de la “era moderna” en la que casi cualquier lluvia, sobre una metrópolis de quince millones de habitantes, convierte a Buenos Aires en la punta de un embudo. Los políticos, como corresponde a su raza, seguirán insistiendo que “su” lluvia es la peor de la historia. Sin embargo, la estadística demuestra que el promedio histórico de lluvias sobre la ciudad de Buenos Aires (unos mil milímetros al año) apenas ha crecido en unos cien milímetros en los últimos treinta años, cifra no determinante. Podrá haber alguna excepción puntual, ya que se trata de algo tan complejo como el clima que puede dar lugar a un febrero lluvioso como el actual, pero, aun cambio climático mediante, el departamento de Meteorología de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA sostuvo que “no hay diferencias notables entre lo que ocurrió en épocas anteriores y lo que se puede observar en el número de días lluviosos y la precipitación mensual en la Capital Federal”.

MI LLUVIA ES LA PEOR

Además de creer que la lluvia que inundó la ciudad durante su gestión fue la peor, enviada claro está por la oposición salvaje, los políticos creen que todo es un problema de diámetro de un caño. Y que todo se resuelve con obras, palabra que es sinónimo de topadora, de túnel, de hormigón.

Esa forma de razonamiento, la de sacar el agua de donde sobra y llevarla lo más lejos que se pueda, es la misma que estaba vigente cuando apareció el problema. Parece estar bastante comprobado –la lluvia de la semana pasada, de 90 milímetros en dos horas, así lo demuestra– que ese pensamiento hidráulico ha fracasado.

Una inundación urbana no es la expresión de mucha lluvia, sino la manifestación de una anomalía entre la sociedad y el medio en que se ha instalado. Una inundación revela cosas tan tontas y obvias como que la ciudad no tiene suficientes parques o espacios verdes como para absorber la lluvia; ni áreas de retención de agua para compensar las pérdidas de infiltración por la abrumadora impermeabilización del suelo; que su urbanización ha avanzado a sitios como las cuencas de los arroyos que la naturaleza dispuso para que el agua circule…

LA CIUDAD COMO ECOSISTEMA

Pensar desde esta otra forma de razonamiento equivale a pensar a la ciudad como un ecosistema y a la inundación como un problema ambiental que de tan complejo carece de una solución y un abordaje únicos. El pensamiento único –y limitado, permítaseme– estima que se trata sólo de agrandar caños, cosa que –con mayor o menor eficacia– han hecho todos los intendentes desde 1985 para acá. Mauricio Macri se desgañita en estos días acusando a sus predecesores de no haber hecho las obras necesarias, sin reparar en algo tan obvio como que la reiteración del problema con lluvias menores revela que las obras, en el mejor de los casos, serían apenas una parte de la solución. Y el jefe de gobierno se golpea el pecho por el orgullo que le provoca el tremendo caño que está colocando y que fungirá como aliviador del Maldonado. No ve que la próxima inundación se gesta en la actual modalidad de crecimiento urbano (torres y torres), definida por la especulación inmobiliaria y no por la planificación ambiental del territorio.

Es que si se sigue pensando con la lógica que creó el problema, sólo seguiremos discutiendo el diámetro. Y así no hay caño que alcance.

Biólogo, periodista ambiental, presidente de la Agencia Ambiental La Plata, autor de Historia del medio ambiente y El medio ambiente no le importa a nadie.

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INVERTIR EN SERVICIOS CLIMÁTICOS ANTES, O GASTAR EN CONSECUENCIAS Y VÍCTIMAS DESPUÉS

Sandy Cuba

Un grupo de expertos de alto nivel recomienda la creación de un nuevo sistema mundial para la prestación de servicios climáticos, con el fin de que los países puedan entender mejor el cambio climático y adaptarse al mismo, reduciendo el riesgo de desastres causados por fenómenos meteorológicos extremos y salvando vidas y bienes en el futuro.

En su informe, el Equipo especial de alto nivel propone una estrategia para establecer un Marco Mundial para los Servicios Climáticos, con objeto de mejorar el actual suministro de información climática y de subsanar las deficiencias existentes, así como de asegurarse de que esta información llega hasta los países y comunidades vulnerables que son los que más la necesitan.

El Equipo especial ha calculado que el costo de la implantación ascendería a unos 75 millones de dólares estadounidenses al año, de los cuales unos 72 millones provendrían de fondos de ayuda al desarrollo y estarían destinados a proyectos de creación de capacidad en los países más vulnerables a los efectos perjudiciales de los fenómenos climáticos. El Marco propuesto ofrecería un concepto holístico para responder a los problemas planteados por la variabilidad del clima, el cambio climático y la reducción de desastres, aprovechando las capacidades existentes en materia de prestación de servicios de los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales y de otras organizaciones que trabajen en ese ámbito.

Jan Egeland, copresidente del Equipo especial de alto nivel, explicó: “se trata de una modesta inversión gracias a la cual se podrían revolucionar los conocimientos y la situación de las comunidades vulnerables al clima. Merced a ello, se salvarían vidas, se prevendrían desastres y se reforzarían y mejorarían la agricultura y los servicios sanitarios e hídricos en los lugares que más lo necesitan”.

Michel Jarraud, Secretario General de la Organización Meteorológica Mundial, declaró: “todos compartimos el mismo planeta, la misma atmósfera, el mismo océano, el mismo clima multifacético. Cada comunidad, cada sector socioeconómico se ve afectado por la variabilidad del clima y el cambio climático”.
“Estoy convencido de que todas las inversiones que se realicen en adaptación, mitigación y gestión de riesgos climáticos se desaprovecharán, e incluso se podrían perder, si no se basan en los mejores conocimientos científicos existentes, en la mejor información posible. Ésta es la razón de ser del Marco Mundial para los Servicios Climáticos. Se trata de poner a disposición de las instancias decisorias la mejor información posible”.

(…) En el transcurso de los últimos decenios, aproximadamente el 90% de los desastres han sido consecuencia de condiciones meteorológicas y climáticas peligrosas como ciclones tropicales, mareas de tempestad, crecidas y sequías. Las pérdidas económicas causadas por esas catástrofes se cifran actualmente en unos 100.000 millones de dólares por año y siguen aumentando, lo que podría causar un retraso de años o incluso de decenios en el ritmo de desarrollo.

El informe del Equipo especial subrayó tres hechos fundamentales: “En primer lugar, somos conscientes de que todos estamos expuestos a los efectos del clima, y particularmente de sus extremos, que ocasionan la pérdida de vidas y medios de subsistencia en todo el mundo, aunque en mucha mayor medida en los países en desarrollo. En segundo lugar sabemos que, allí donde existen, unos servicios climáticos eficaces y basados en las necesidades son de gran ayuda para las comunidades, empresas, organizaciones y gobiernos a la hora de gestionar los riesgos y de beneficiarse de las oportunidades que ofrece el clima. En tercer lugar, sabemos que hay una gran desproporción entre las necesidades de servicios climáticos y la disponibilidad de éstos. Los servicios climáticos son más endebles allí donde más necesarios son: en los países en desarrollo vulnerables al clima”.

(…) en el caso de China, durante las inundaciones de julio de 1959, murieron 2 millones de personas; sin embargo, durante el reciente decenio 2000-2009, el promedio anual de muertes registradas había descendido a 577, ello gracias a los progresos realizados en materia de vigilancia de crecidas y de sistemas de alerta temprana, unidos a servicios de evacuación eficaces.

(…) La estructura y redes actuales de la OMM ofrecen ya una base para un sistema mundial para los servicios climáticos y se pueden potenciar fácilmente para disponer de un punto de partida. Existen, entre otros, sistemas operativos de observaciones e intercambio de datos meteorológicos y climáticos, programas de investigación sobre el clima y técnicas de gestión de riesgos utilizados en diversos sectores económicos y sociales. Los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales desempeñan un papel esencial en la prestación de servicios climáticos, debido a la importante función que detienen en materia de observaciones meteorológicas y sistemas de alerta temprana.

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AGUA INUNDACIONES YAKARTA 2013 NUBES TECNOLOGÍA

Un grupo de científicos experimenta en Indonesia la “siembra de nubes”, o sea esparcirles sales químicas en altura para forzar la lluvia en un momento predeterminado, con el propósito de evitar las inundaciones en la capital indonesia, Yakarta, donde las precipitaciones resultan cada vez más destructivas.

El 27 de enero de 2013, aviones comenzaron a dejar caer sal en las nubes de lluvia para inducir la lluvia sobre el mar de Java antes de que lleguen a Yakarta, una megaciudad demás de 10 millones de habitantes. La operación, que cuesta US$ 1,3 millones, terminó el 28 de febrero.

“Aún tenemos que hacer una evaluación completa, pero en general hemos visto una reducción significativa de las precipitaciones en Yakarta”, dijo Heru Widodo, jefe de la Unidad de lluvia artificial del Organismo de Evaluación y Aplicación de la Tecnología, del Ministerio de Investigación y Tecnología indonesio.

“La gente parece haber olvidado ya las inundaciones”, dijo, refiriéndose a las inundaciones de enero en Yakarta que borró muchas partes de la ciudad, provocó una veintena de muertos y el desplazamiento de 40.000 pobladores.

La siembra de nubes se experimentado ya en el oeste de África para promover la precipitación en los límites del desierto de Sahara propensos a la sequía. Y aunque ha sido utilizado regularmente en Indonesia para combatir incendios forestales que se propagan con frecuencia en Sumatra y Borneo durante los meses secos de mayo a octubre, ésta fue la primera vez que se ha recurrido a la misma técnica pero para evitar las inundaciones.

Después de Yakarta, el equipo de Widodo marchará a la provincia de Java Central, donde las fuertes lluvias han causado el desborde de una presa en la región de Bojonegoro y el helado `lahar” (agua de lluvia mezclada con roca volcánica y arena) desde el volcán Monte Merapi que destruyó casas y puentes en áreas residenciales.

Una serie de erupciones del Monte Merapi mató a más de 300 personas y desplazó a cientos de miles de personas en 2010.

El equipo sembrará nubes en Bojonegoro y en la región de Yogyakarta (también en la isla de Java y zona del Monte Merapi) hasta finales de marzo.

“Las erupciones volcánicas de 2010 dejaron 80 millones de metros cúbicos de lodo y arena, y cuando llueve estos materiales pueden causar estragos en los alrededores”, dijo Widodo. En el incidente más reciente de flujo de lodo, una persona murió cuando los escombros volcánicos arrastraron vehículos en un pueblo de Yogyakarta, el mes pasado, informó la prensa local.

“Nuestro plan es reducir la intensidad de las lluvias que caen en estas áreas”, dijo. Widodo explicó que la siembra de nubes, aunque no es una estrategia determinante, puede ser capaz de mitigar los efectos del clima cada vez más errático que ha visto el país.

La Agencia Nacional de Gestión de Desastres dijo que las inundaciones, los deslizamientos de tierra provocados por la lluvia, los ciclones y los incendios forestales mataron a casi 300 personas y desplazó a más de 700.000 en 2012.

No tan así

AGUA INUNDACIONES YAKARTA 2013 NUBES TECNOLOGÍA 3

Thomas Djamaluddin, director del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Aviación Nacional y la Agencia Aeroespacial, descuenta la siembra como una herramienta para controlar el clima. “Un análisis de la dinámica y el crecimiento de nubes sembradas mostró que el clima favorable fue sólo marginal”, dijo. “Las imágenes de satélite muestran que los movimientos de las nubes nunca se acercaron a Yakarta en febrero”.
Djamaluddin afirmó que las operaciones de siembra de nubes sólo afectaron formaciones a una altura de 12.000 a 15.000 pies (entre 3,6 y 4,5 km), que de todos modos no contienen lluvia.

“Las nubes cumulo-nimbus, que son de hasta 10 kilómetros, son demasiado difíciles y es demasiado arriesgado llegar hasta allí”, dijo. “Para un área tan grande como Yakarta, donde las aguas provienen también de otras áreas, no podemos confiar de ningún modo en la tecnología de modificación climática para evitar las inundaciones.”

Mahally Kudsy, un funcionario del Centro de Tecnología de Modificación del Clima, explicó que las sales arrojadas desde los 3,6 kilómetros pueden llegar a mayores alturas en las nubes porque fortalecen la corriente ascendente de aire húmedo.

Se prueba o no capaz de desviar la lluvia, la siembra de nubes sólo puede ser parte de la solución, concluyó Syamsul Maarif, director de la Agencia Nacional de Desastres del Gobierno de Gestión.

“La siembra de nubes es sólo un método complementario en los esfuerzos de prevención de inundaciones. El mantenimiento del sistema de drenaje, dragado ríos y el fortalecimiento de las presas y diques debe ser la prioridad principal”, afirmó Maarif.

http://www.preventionweb.net/english/professional/news/v.php?id=31492&a=email&utm_source=pw_email

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TERREMOTO SAN JUAN EXTREMOS PERÓN

Como demostró el terremoto de San Juan de 1944 con la carrera de Perón, desastres naturales -como las inundaciones- son incontrolables para un líder político, pero pueden determinar su futuro político. Un estudio norteamericano de tres décadas de eventos extremos (1970-2006) muestra que los electorados no castigan por un fenómeno climático, sino por las decisiones que los políticos toman después. Y más a los presidentes que no ayudan a gobernadores. Para el futuro, el mejor ahorro para los gobiernos es invertir antes para evitar daños y muerte después.

¿Los resultados electorales pueden ser determinados por eventos que están fuera del control de los políticos, como los climáticos?

(…) Un estudio de los comicios a gobernador y presidente entre 1970 y 2006 analizó el impacto electoral que tuvieron varios fenómenos meteorológicos extremos en Estados Unidos, y a la vez el el efecto de las respuestas posteriores que dieron las autoridades a las emergencias. La conclusión fue que el electorado, después de sufrir inclemencias severas del tiempo, castiga a presidentes y a gobernadores.

Sin embargo, ese impacto se reduce en un electorado sensible según las acciones que tomen sus funcionarios. Cuando un presidente rechaza un pedido de ayuda federal de parte de un gobernador, el presidente resulta castigado en las urnas y el gobernador, premiado. El electorado es capaz, así, de separar los acontecimientos impredecibles de las respuestas gubernamentales y reconocer distintas acciones en función de los roles definidos de esos dos niveles políticos.

Los fenómenos meteorológicos extremos presentan desafíos imprevistos a los políticos tradicionales. El clima está más allá del control humano, pero la respuesta de un gobierno está determinada por lo que hagan los políticos. La mayoría de los votantes utilizan sólo la información a su alcance para decidir su voto, y tanto el mal tiempo como la respuesta de los políticos pueden influir en su evaluación.

A su vez, si bien los votantes castigan a los políticos por eventos fuera de su control, estas crisis pueden alumbrar líderes competentes aun cuando les toque ser víctimas de las circunstancias. Cuando los votantes castigan o premian a sus gobernantes por sus acciones y esfuerzos, los políticos tienen que rendir cuentas por sus respuestas.

(…) Cuando los políticos lideran buenas épocas, ellos y su partido tienden a ser reelegidos. Cuando las cosas van mal, es más probable que pierdan sus cargos. Los votantes son retrospectivos. Miran al pasado para tomar una decisión que luego influirá en el futuro.

Pero, ¿qué información usan los votantes para juzgar a los responsables de una situación? ¿Distinguen entre los eventos más allá del control de un político (por ejemplo, un desastre natural) de asuntos en los que los políticos sí pueden tomar medidas (por ejemplo, la respuesta a un desastre natural)?

Para el votante, atribuir resultados a determinados actores políticos es un desafío. Pocos ciudadanos pueden identificar sus numerosos funcionarios electos (Delli Carpini y Keeter 1996). Menos aún comprender los complejos procesos de conducción resultados políticos. Pero, pesar de las preocupaciones sobre la capacidad de los votantes, muchas investigaciones han encontrado lógica entre la situación de las comunidades y las elecciones democráticas.

Aunque la mayoría de los votantes carezca de los conocimientos necesarios, las cosas terminan cerrando en la suma final (Fiorina, 1981; Key 1966; Kramer 1971; Lupia 1994, Page y Shapiro, 1992). Por lo general, no está totalmente claro qué produce un resultado político concreto. Aquí, examinamos un contexto donde la responsabilidad es directa: la respuesta de los gobernadores y los presidentes de los desastres naturales.

Los fenómenos naturales dan forma a la política al proporcionar pruebas inesperadas de liderazgo tanto a líderes responsables como a los que compiten por el poder. (…) Berry atribuye la nominación republicana a la presidencia de Herbert Hoover a la inundación de Mississippi de 1927 (1997, 412). Fuera de Estados Unidos, Healey argumenta que los esfuerzos de Juan Domingo Perón en las secuelas del terremoto de 1944 terminó “creando el movimiento sindical más poderoso de América Latina” (2002, 50). Reeves (2010) encuentra evidencia de que los presidentes tienen más tendencia a proporcionar asistencia federal por desastre a los estados electoralmente en disputa más importantes.

La respuesta del presidente George W. Bush al huracán Katrina contribuyó al declive de su popularidad, lo cual fue un factor en la toma de control demócrata de la Cámara de Representantes (Jacobson 2007). Aunque los líderes no pueden planearlo, un desastre natural puede influir en su futuro político.
(…) Cuando un gobernador hace una solicitud de declaración de desastre y un presidente la concede, los votantes responden con mayor apoyo hacia los políticos responsables en las siguientes elecciones. Pero cuando los gobernadores solicitan declaraciones de desastre y son rechazados por el presidente, los gobernadores son premiados y los presidentes, castigados.

AGUA EXTREMOS KATRINA HURACAN NUEVA ORLEANS

(…) En conjunto, los votantes recompensan tanto la ayuda directa como la indirecta. También castigan la negativa de asistencia de un presidente a un gobernador. Los electorados recompensan tanto a presidentes como a gobernadores por las declaraciones de desastre.

(…) En Estados Unidos, los gobernadores recibirán un aumento de casi 4 %, mientras que los presidentes conseguir un aumento de 0,5 % por la mera declaración del estado de desastre. Si es negada, los gobernadores son recompensados con más de 2,5 %, mientras que un presidente pierde casi 1 %. Esto apoya la hipótesis de que los electorados hacen un balance de la predisposición que tuvieron los políticos.

Los votantes también responden castigando a presidentes y a gobernadores por fenómenos meteorológicos que están más allá del control humano. (…) Al comparar costos y beneficios electorales de emitir una declaración de desastre a nivel presidencial, los beneficios son mayores, especialmente para los gobernadores.
En conjunto, los votantes son sensibles y activos. Reaccionan a acontecimientos imprevisibles de gran impacto tanto como a las acciones que los políticos tomen para afrontarlos. Si el gobernador no solicita una declaración de estado de desastre, terminará tan castigado como el presidente por las consecuencias del mal tiempo.

Cuando el gobernador y el presidente, respectivamente, piden y aprueben una declaración de desastre, por lo general anulan el efecto negativo de los daños ya menudo hasta recogen una recompensa electoral. El efecto de la declaración de desastre es mucho más fuerte para el gobernador que para el presidente. Considerando tanto el fenómeno meteorológico al azar como la respuesta de presidentes y gobernadores, vemos que el electorado hace algo más que “simplemente premiar su buena suerte económica y castigar la mala”.

Más bien, el electorado no castiga arbitrariamente a los políticos por eventos fuera de su control: sí castigar a los políticos que después no toman decisiones.

(John T. Gasper Carnegie Mellon University in Qatar Andrew Reeves Boston University)

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MEJOR INVERTIR EN PREVENCIÓN QUE GASTAR EN DESASTRES

AGUA LA PLATA INUNDACIONES CC 2013

(Por David R. Conrad y Edward A. Thomas*) – Si el mayor objetivo de la reforma fiscal (de Estados Unidos, ndr) es reducir el gasto y mejorar la vida de los estadounidenses, la que sigue es una idea que encaja a la perfección: mejorar la forma en que el gobierno federal responde al creciente número de desastres naturales.

Los desastres naturales son cada vez más costosos para Estados Unidos, tanto en términos del número de víctimas que asumen las comunidades de América como en los costos directos de una respuesta federal. El gobierno federal gastó cerca de $ 150 millones de dólares en los esfuerzos de ayuda tras el huracán Katrina, y hasta ahora ha comprometido cerca de $ 60 mil millones para la súper tormenta Sandy. La mejor estimación a futuro es que el gobierno federal gastará US$ 50 mil millones al año (en dólares constantes) en catástrofes naturales, frente a menos de los US$ 10 mil millones de la última década.

¿Cómo se explica este aumento? En palabras del geógrafo ambiental Gilbert White, “las inundaciones son actos de Dios, pero las pérdidas por inundaciones son en gran medida actos del hombre”. Aunque el cambio climático puede estar haciendo más frecuentes grandes tormentas e inundaciones, la mala planificación y las malas decisiones de desarrollo están haciendo los desastres más costosos.

El gobierno no puede y no debe dictar dónde la gente puede vivir, tener su propiedad u operar sus negocios. Pero las autoridades podrían reducir el costo de los desastres invirtiendo más en la mitigación de peligros naturales y mediante la implementación de medidas para desalentar el desarrollo de las zonas de alto riesgo. Nuestra investigación estima que si el Gobierno aplicara esta política, se podría ahorrar unos US$ 40 mil millones durante la próxima década.

Parte del problema con la política actual de ayudas es que debido a los contribuyentes a menudo pagan la mayor parte de las cuentas, los propietarios, los desarrolladores y los gobiernos locales tienen pocos incentivos para evitar la construcción o reconstrucción en las zonas que están en riesgo. Aunque el gobierno puede -y debe- continuar ofreciendo los servicios para las víctimas de desastres, también debe cambiar su enfoque de la ayuda, ofreciéndola con el objetivo de reducir las pérdidas en desastres futuros.

Esta sería una salida política importante. Después del huracán Katrina, por ejemplo, muy poco de la asistencia que el gobierno proporcionó llegó con incentivos para reconstruir de manera más inteligente que podría evitar pérdidas en otro huracán. Con Sandy, el gobierno todavía tiene una oportunidad de hacer mejor las cosas.

AGUA INUNDACIONES SANTA FE 2003

(…) Debido a que el gobierno hace grandes inversiones en infraestructura y otros antes de los desastres, y porque dispone de más fondos cuando ocurre un desastre, tiene la capacidad de dar incentivos a las comunidades a ayudarse a sí mismos a través de mejores reglamentos de zonificación, códigos de construcción y programas de gestión de riesgos.

Una política que logra este objetivo es el Sistema de Calificación de la Comunidad utilizado por el National Flood Insurance Program. El programa, dirigido por el gobierno, hace que el seguro de inundación está disponible para los residentes de las comunidades que adoptan y cumplen estándares mínimos de gestión de zonas inundables establecidos por el gobierno federal.

(…) Un sistema similar podría aplicarse a otros tipos de desastres naturales, como terremotos e incendios forestales, vinculando los incentivos a las tasas de seguros, así como la asistencia federal. El gobierno también podría alentar la mitigación de peligros naturales mediante la eliminación de las deducciones fiscales por pérdidas relacionadas con el desastre de aquellos que no cumplan con las normas federales, y mediante la vinculación de todas las formas de asistencia federal a disposición de la comunidad para aceptar los esfuerzos de seguridad de desarrollo.

El objetivo debe ser el uso de dinero federal para prevenir desastres, no sólo para limpiar después de que ocurren. Por supuesto, el gobierno debe seguir apoyando los estadounidenses que son víctimas de los desastres naturales, pero también tenemos que ayudar a mantenerlos a salvo de la siguiente. Una manera eficaz de reducir el costo de este tipo de eventos es tomar medidas activas ante un desastre todavía por ocurrir.

En momentos en que el gobierno está buscando formas de recortar su presupuesto, ésta es una solución de sentido común que ahorrará dinero y, lo más importante, salvar vidas.

(*) David R. Conrad es un consultor independiente sobre la política de recursos federales agua. Edward A. Thomas es presidente de la Asociación de Mitigación de Riesgos Naturales. Su trabajo para el Proyecto Hamilton, “La reforma de Apoyo Federal para el Desarrollo de Risky”, está disponible en http://www.hamiltonproject.org.

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SOY ARAÑA, VIVO EN EL EVEREST… ¿Y QUÉ?

EXTREMOS ANIMALES EXTREMÓFILOS
Escarabajos con sangre anticongelante, hormigas que corren a toda velocidad sobre arena ardiente y arañas que viven en lo alto del Monte Everest. Estas increíbles criaturas son los extremófilos: animales que sobreviven en las condiciones más inhóspitas de la Tierra, y a veces incluso más allá. Los científicos están sorprendidos por la capacidad de supervivencia de este grupo variopinto y actualmente están investigando sus adaptaciones particulares para averiguar si pueden ser transferidas a nuestra propia especie.

En el norte de Alaska, el escarabajo rojo de corteza plana (Cucujus clavipes) sobrevive a las condiciones árticas utilizando un cóctel de sustancias químicas internas.
La formación de cristales de hielo en sus fluidos internos es la mayor amenaza para su supervivencia, pero el escarabajo produce proteínas anticongelantes que detienen la agrupación de moléculas de agua. También fortalecen su sangre con altas concentraciones de glicerol, lo que significa que el agua en su cuerpo no forma los cristales de hielo letales para cualquier otra especie, incluso a temperaturas mucho menos extremas.

El profesor John Duman de la Universidad de Notre Dame, en Indiana, EE.UU. ha documentado ejemplos de larvas que sobreviven a temperaturas de -150º C, para las cuales las proteínas anticongelantes no sería suficiente por sí solas. Duman explicó que lo que hace a estos escarabajos inusuales en comparación con especies similares es que sus tejidos internos se deshidratan deliberadamente cuando bajan las temperaturas. “Esto concentra varios pliegues de anticongelantes, de manera que si se exponen a temperaturas muy bajas, el agua de su cuerpo se vitrifica [forma una sustancia similar al vidrio] en lugar de congelarse”, le dice Duman a la BBC.

Entonces, ¿por qué los escarabajos rojos de corteza plana viven en estas condiciones? “Es el caso de cualquier organismo capaz de adaptarse a ambientes extremos de cualquier tipo: baja temperatura, alta temperatura, escasez de oxígeno, ambientes contaminados”, explicó el profesor Duman.

“La competencia con otras especies es muy reducida, porque la mayoría de las especies simplemente no puede vivir en condiciones tan extremas”.
Esta es la principal razón de por qué los extremófilos se desarrollan en ambientes hostiles: están explotando un nicho ecológico para los que fueron sumamente bien adaptado, con poca o nula competencia dentro del mismo. Duman asegura que las proteínas anticongelantes del escarabajo rojo de corteza plana están siendo investigadas para posibles aplicaciones en la criopreservación y la agricultura.

Mientras que el escarabajo rojo de corteza plana se ha adaptado al frío extremo, hay otras especies que prosperan en el calor abrasador.

Las hormigas del desierto del Sahara son algunas de las especies más tolerantes al calor en el mundo. La hormiga del desierto del Sahara (Cataglyphis bicolor) deliberadamente sale en el momento más caliente en el día, cuando las temperaturas superficiales bordean los 60 º C, limitando las actividades de sus depredadores. Las hormigas recogen los cadáveres de insectos que han muerto por la exposición al calor y aunque están físicamente desarrolladas para resistir las altas temperaturas, igual podrían morir en cuestión de minutos, a causa de la exposición al calor. Sobreviven porque sólo lo hacen por períodos cortos. Tienen piernas largas y se mueven rápidamente, con el menor contacto con la arena posible, para detener la acumulación de calor en sus cuerpos.

Encontrar comida en un ambiente que no es compatible con la vida es una dificultad experimentada también por la araña saltarina del Himalaya (Euophrys omnisuperstes), que vive a alturas de hasta 6.700 metros: más alto que cualquier otra especie.  Pero, si no hay ninguna otra especie a esa altura, ¿cómo cazan? El ambiente resuelve este problema logístico: el viento sopla insectos congelados hasta la montaña, los cuales son atrapados por la araña.

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En 2013, hay que prepararse para una temporada de huracanes sobre el Atlántico muy activa, según el servicio meteorológico federal estadounidense.

VIENTOS HURACANES ANDREW 1992 SERIE

Evolución del Andrew (1992).

Las predicciones incluyen de 13 a 20 tormentas con nombre propio en el Atlántico, de 7 a 11 que pueden convertirse en huracanes y de 3 a 6, en huracanes importantes. La Administración Nacional del Océano y de la Atmósfera (NOAA) estimó un 70 por ciento de posibilidades de que este año la temporada sea más activa que una temporada de huracanes promedio.

Para quienes viven en áreas propensas a sufrir huracanes a lo largo del Atlántico o del Golfo de México ésta ha sido una advertencia, enfatizó el administrador de la NOAA, Kathryn Sullivan. Un año normal tiene 12 tormentas con nombre, 6 huracanes y 3 tormentas grandes con vientos de más de 110 mph.

El año pasado fue el tercero más activo de la historia, con 19 tormentas con nombre. Diez se convirtieron en huracanes y dos tormentas fueron importantes, entre ellas el Sandy, que causó 50 mil millones de dólares en daños, a pesar de que perdió la categoría de huracán cuando tocó tierra en Nueva Jersey.

VIENTOS HURACANES 2013 CALENTAMIENTO DEL ATLÁNTICO

El aumento de las temperaturas en el Atlántico norte.

Todos los factores que intervienen en los pronósticos de huracanes apuntan a una temporada activa o muy activa, dijo el meteorólogo Gerry Campana, del Centro de Predicción Climática.

Esos factores incluyen: temperaturas de las aguas oceánicas por encima del promedio, que proporcionan el combustible para las tormentas; un patrón de varias décadas de mayor actividad de huracanes; la falta de un calentamiento que provoca el fenómeno El Niño en el Océano Pacífico central; y un patrón activo de sistemas de tormentas que vienen de África occidental.

La temporada de huracanes del Atlántico pasa por ciclos de alrededor de 25 a 40 años de alta actividad y baja actividad. El período de alta actividad comenzó alrededor de 1995, dijo Sullivan.

Las previsiones no incluyen dónde podrían tocar tierra las tormentas, si lo hacen. A pesar de la formación de más huracanes recientemente, la última vez que un huracán tocó tierra en Estados Unidos fue el Wilma en 2005. Ese tramo de siete años es ya el más largo de la historia.

La temporada de seis meses comienza el 1 de junio. Los meteorólogos nombran las tormentas tropicales cuando sus vientos máximos sostenidos alcanzan los 39 mph y cuando los huracanes tienen vientos máximos de al menos 74 mph.

Los nombres de la lista preparada para este año son: Andrea, Barry, Chantal, Dorian, Erin, Fernand, Gabrielle, Humberto, Ingrid, Jerry, Karen, Lorenzo, Melissa, Néstor, Olga, Pablo, Rebekah, Sebastien, Tanya, Van y Wendy.

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TORNADO OKLAHOMA 5

Los primeros debates sobre la influencia del calentamiento global en el tornado que el 20 de mayo castigó a Moore, en las afueras de Oklahoma City, son poco concluyentes. El cambio climático alienta unos factores, pero frena otros en la formación de tornados.

(Por Bryan Walsh, Time).- ¿Qué sequía es la que esperamos que dure el mayor tiempo posible? Una de tornados. Y una sequía de tornados histórica es exactamente lo que Estados Unidos experimentó entre mayo de 2012 y abril de 2013.

Durante ese período de 12 meses la Administración Nacional de los Océanos y la Atmosférica (NOAA) estimó que sólo 197 tornados golpearon el país bajo la denominación F-1 o más fuerte. (Los tornados se clasifican en una escala de F-0 a F-5, con ráfagas sostenidas de entre 65 y 85 mph para el ranking más bajo y por encima de 200 mph durante el ciclón de más alto rango.)

Desde 1954, que es cuando comenzaron los registros aceptables de tornados, este es el menor número de tornados que haya afectado a Estados Unidos durante un período de un año. El mínimo anterior para un período consecutivo de 12 meses fue de… 247, entre junio de 1991 y mayo de 1992, lo que demuestra lo poco común que han sido los últimos 12 meses.

Considere que esa sequía terminó. Un tornado masivo, una super célula de una milla de ancho (1,6 km) arrasó los suburbios de Oklahoma City destruyendo casas, escuelas y otros edificios. El tornado tocó tierra durante unos 40 minutos, según el Servicio Meteorológico Nacional (NWS), y la policía informó que una escuela primaria ocupada quedó justo en la trayectoria del ciclón.

Las primeras estimaciones calcularon vientos en el suelo cerca de 200 mph, lo que habría hecho del ciclón un F-4 o mayor. Testigos dijeron que el daño causado semejaba el provocado por una bomba atómica, y hay al menos 91 muertos, entre ellos muchos niños de corta edad.

Tampoco ha sido el de Oklahoma City el único ciclón en golpear. La semana pasada al menos 10 tornados golpearon el centro-norte de Texas matando al menos a seis personas e hiriendo a decenas más.

oklahoma devastación bandera 2

(…) Es imposible no preguntarse en este año de clima extraño la influencia que el cambio climático puede haber tenido en este monstruoso tornado de gran alcance.

La verdad es, sin embargo, que no hay una respuesta clara. En 2012, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU sobre el calentamiento global y el clima extremo concluyó que probablemente las emisiones de carbono causadas por el hombre provocarían olas de calor más fuertes y más prolongadas, muy parecidas a las experimentadas por Estados Unidos en 2012, que fue como el año más cálido de su historia.

También se cree que las emisiones de carbono y de otros gases de efecto invernadero están provocando eventos de lluvias más extremos como, por ejemplo, la súper tormenta que inundó la Costa Este (Sandy), y sequías más intensas, como la que sigue ahogando gran parte del Medio Oeste norteamericano. Como el aire más caliente puede retener más humedad, el cambio climático probablemente cree las condiciones para huracanes y otras tormentas más fuertes.

Pero cuando se trata de la conexión entre el cambio climático y los tornados, la conexión, como mínimo, se nubla. Primero, nuestros datos históricos sobre la frecuencia y la fuerza de los tornados es escasa, especialmente cuanto más hacia atrás en el tiempo vamos. Eso es, en parte, una cuestión de números. Dos docenas de tormentas tropicales podrían golpear a Estados Unidos por año, pero son cientos los tornados que aterrizan al año, algunos de ellos tan sólo unos minutos.

Oklahoma videos 1

Como resultado de ello, hay poca tendencia discernible sobre el número y la fuerza de los tornados en los últimos 60 años. Parece que hay tornados más débiles en estos días, pero eso es probablemente el resultado de los detectores de ciclones que se pudieron haber perdido en los días pre-satélite.

También está el hecho de que el cambio climático parece tener un efecto contradictorio sobre los factores físicos que provocan los tornados. Los tornados ocurren cuando el aire cálido y húmedo en niveles bajos y el aire frío y más seco chocan en corrientes verticales de viento. Se espera que el calentamiento global aumente la energía disponible en un sistema de tormentas, que es una de las razones de por qué el cambio climático intensifique las precipitaciones. Pero, a la vez, también parece embotar y quitar profundidad a los vientos verticales.

Como dijo el científico Harold Brooks, del NOAA, a Marlene Cimons, de Clima Nexus: “La energía aumenta y los vientos verticales se aplacan. Por lo tanto, tenemos un ingrediente que se espera que sea más favorable y otro espera que se espera que sea menos favorable”.

El doctor Marshall Shepherd, presidente de la Sociedad Americana de Meteorología y alguien que no se avergüenza de asumirse como escépticos del cambio climático, lo expresó de esta manera en un tweet: “El cambio climático es real, pero no podemos confundir este problema con eso ahora. No hay relación con los tornados”.

Los tornados son el más norteamericano de los desastres naturales. Ciclones del tipo que golpeó a Moore, Oklahoma, en realidad sólo ocurre en Estados Unidos, a lo largo del cinturón del Medio Oeste donde el aire cálido y húmedo proveniente del Golfo de México choca con el aire más frío y seco que llega desde el Norte y circula a través del túnel de las Montañas Rocallosas.

Nuestros meteorólogos pueden predecir cuándo ocurrirán –los residentes del área de Oklahoma sabían por anticipado que las condiciones eran peligrosas- y hubo una directa advertencia de tornado vigente 16 minutos antes de que el ciclón tocara tierra. Eso es mucho mejor que lo que podíamos hacer en el pasado, aunque como el creciente número de víctimas muestra todavía no es lo suficientemente rápido para algunas personas.

Y los muy complejos procesos locales que hacen a los tornados tan difíciles de predecir en el momento que se generan los hacen mucho más difíciles de encajar a su vez en los modelos a largo plazo de la ciencia del clima. Los habitantes de Moore, Oklahoma fueron víctimas del clima, y de una mala, muy mala suerte.

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IRÁN TERREMOTO MONZONES VIENTO

Ya pasó con el Sandy. Pero, ¿acaso un huracán puede terminar miles de años después en un terremoto como el de abril 2013 en Irán? Un  estudio que dan por probada la relación con monzones asiáticos. Dudas.

Un terremoto de magnitud 7,8 ha sacudido el 16 de abril el sureste de Irán y se ha sentido en países vecinos como Pakistán o India, informó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS por sus siglas en inglés).

Una fuente oficial iraní ha indicado a Reuters que el seísmo puede haber provocado centenares de muertos. “Ha sido el mayor seísmo en Irán en 40 años y se esperan centenares de muertos”, ha declarado.

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NINGUNA LOCURA DE SAN PEDRO

LLUVIAS

La mitad de los 3,2 millones de muertos en catástrofes del siglo XX fueron víctimas de inundaciones. Aquí, el autor, doctor en ecología tropical, postula que el cambio climático sólo extrema fenómenos naturales que son, en realidad, agravados por el hombre.

(Germán Márquez, Doctor en Ecología Tropical, Profesor Titular Departamento de Biología Facultad de Ciencias Universidad Nacional de Colombia Sede Caribe *). Las inundaciones se convierten en catástrofes cada vez con mayor frecuencia, aún en países desarrollados. En Colombia, cada año, como en las recientes temporadas invernales de 2008, se repite la destrucción de vidas, viviendas, cosechas e infraestructura, con su secuela de miseria. ¿Se trata de una dramática evidencia de los cambios climáticos? ¿Estamos ante hechos nuevos e impredecibles o se trata de un periodo excepcional, algo como una momentánea locura de San Pedro?

Las inundaciones son procesos naturales en las planicies de grandes ríos. Su conversión en catástrofes resulta sobre todo de la acción humana, por una parte, debido al descontrol de las aguas producido por la deforestación y manejo inadecuado de cuencas y planos de inundación y, por otra, a causa de desequilibrios sociales y económicos, que obligan a la población deprimida a ocupar zonas de riesgo. Aunque hay una creciente influencia de cambios climáticos globales, que irán agravando la situación, estos no explican todos los procesos recientes.

No obstante, en las noticias el impacto de las inundaciones suele atribuirse a desórdenes climáticos excepcionales que tendrían, de ser así, la extraña característica de ser excepciones que se presentan todos los años. El no reconocer su carácter natural conduce a que se intente controlar las inundaciones por medio de embalses, diques y otras costosas obras de ingeniería. Pero controlar fenómenos naturales de gran escala es casi imposible, y con frecuencia logra el efecto opuesto, al causar inundaciones en sitios inesperados o propiciar la ocupación de áreas de alto riesgo bajo la protección de muros de contención que terminan por ceder ante las aguas.
Pero más grave es que así se elude la responsabilidad que sectores de la sociedad y el Estado tienen en la catástrofe recurrente. Las herramientas inmediatas para mitigar impactos son medidas de equidad social, que permitan reubicar la población en áreas seguras, y en la conservación y restauración de las cuencas, bosques y ciénagas para evitar, al menos, que empeoren inundaciones y sequías.

Cabe recordar que, en 1993, no pasaron dos meses desde que una sequía determinara drásticos racionamientos de energía y pérdidas agrícolas, cuando graves inundaciones afectaron amplios sectores en todo el país. Después, la temporada preinvernal de 1995 convirtió vastos sectores de la Costa Caribe en zona de desastre; el número de damnificados ascendió a 130.000. Hoy, 15 años después, el número de damnificados por el invierno ha ascendido a más de dos millones y las pérdidas son incalculables.

Cada invierno anuncia catástrofes peores. Los periodos secos, racionamientos de agua y energía. ¿Qué ocurre? ¿Se trata de una dramática evidencia de los cambios climáticos? ¿Estamos ante hechos nuevos e impredecibles o se trata de un periodo excepcional, algo como una momentánea locura de San Pedro?

Ríos, planos inundables, inundaciones

Ante todo hay que reiterar que las inundaciones son, en lo fundamental, fenómenos naturales. Las inundaciones ocurren periódicamente por el desbordamiento de los ríos hacia su planicie de inundación, un sistema formado por ciénagas, depresiones y tierras bajas. Las planicies inundables se distinguen por su geomorfología y vegetación.

Colombia posee muchas de estas planicies asociadas con sus grandes ríos: Magdalena–Cauca, Sinú, Atrato, Arauca, Meta, Guaviare y algunos grandes ríos amazónicos. El río Magdalena tiene más de 20.000 km2 que se inundan por lo menos una vez al año; en periodo seco aún persisten 800 ciénagas con un área de 3.260 km2. El Atrato tiene 5.300 km2 de planicie inundable, y en los llanos colombo–venezolanos hay más de 70.000 km2 inundables, gran parte en Colombia, en las planicies del Meta y Arauca.

Los ríos y sus planicies forman productivos complejos ecológicos. La mayoría de las grandes culturas se desarrollaron en áreas de este tipo, como la del Nilo en Egipto o la Mesopotámica, que aprovecharon los suelos fértiles que las inundaciones renuevan, las vías de comunicación y la pesca. Al respecto cabe señalar que hasta hace unos años se estimaba que el 57% de la pesca en Colombia provenía solo del plano inundable del Magdalena–Cauca–San Jorge.
La adaptación humana al comportamiento de los ríos permitió la convivencia pacífica durante siglos. Los egipcios derivaron riqueza y poder del Nilo; la ingeniería desarrolló mecanismos de adaptación a las inundaciones no solo en el Viejo Mundo, donde las obras hidráulicas de Mesopotamia aún asombran, sino entre nosotros; los zenúes dejaron notables ejemplos en el medio San Jorge.

Sin embargo, tal convivencia es cada vez más difícil. Como lo corroboran las noticias, graves inundaciones ocurren en todas partes del mundo y la situación parece haberse agravado desde mediados del siglo pasado. Se estima que la mitad de los 3,2 millones de muertos en catástrofes en el siglo XX fueron víctimas de inundaciones. Cada día se reportan inundaciones en diversas partes del mundo; a Colombia la han sucedido en los titulares las Filipinas, Mozambique y Fidji.

El incremento de los efectos catastróficos de las inundaciones no ha pasado desapercibido, sobre todo por sus enormes costos o por las inversiones que demanda su control. Así, en estos días, Cormagdalena anuncia inversiones por cerca de 50 mil millones de pesos en obras de control de inundaciones. El multimillonario embalse de Urrá, que se construyó con la promesa, entre otras, de controlar las inundaciones, puede haberlas agravado. No obstante, otra vez se está hablando de Urrá II.

Causas de las grandes inundaciones

El impacto creciente de las inundaciones podría atribuirse al cambio climático a nivel global. En efecto, el cambio hace más extremos los episodios climáticos. Sin embargo, aunque esto explica algunos fenómenos y reviste cada vez mayor importancia, no es una explicación general del impacto de las inundaciones, ya que muchas se producen aún durante periodos normales de lluvia y donde en otras ocasiones no generaron problemas. Tal parece ser el caso de Colombia, donde las lluvias de 2008 no difirieron significativamente de los índices normales, pero tuvieron efectos desastrosos.

Más impactantes son los usos inadecuados del territorio e incluso la aplicación de medidas de control. El principal es el deterioro de cuencas por deforestación y la erosión subsecuente. La vegetación natural regula el ciclo del agua; la cuenca boscosa de un río libera como escorrentía entre 1 y 3% del total de lluvia que recibe; desforestada, descarga al río entre 97 y 99% de la misma. Puede entonces suponerse lo que significa la eliminación de los bosques: Colombia ha perdido el 40% de los suyos y en la cuenca del Magdalena-Cauca la pérdida es superior al 80%.

Además, la deforestación acelera procesos erosivos y la sedimentación. La erosión, que bajo cobertura natural puede ser tan baja como 0,03 toneladas de suelo por hectárea al año, puede pasar a 90 bajo cultivo o a 138 en suelo descubierto. La erosión incrementa la carga de sedimentos del río, que los deposita en su plano inundable y en su canal mismo, lo cual eleva el nivel del cauce y facilita su desbordamiento. Cuando, en su deseo de controlar las inundaciones, se construyen barreras a lado y lado del río, el sedimento acelera el levantamiento del canal por encima de su planicie; si las barreras se rompen, la inundación sobreviene agravada.

Así, paradójicamente, obras de ingeniería para controlar inundaciones pueden agravarlas. La ineficiencia de los diques reside en que no disminuyen la cantidad de agua circulante, es decir, no atacan la causa real de la inundación. Lo que se logra es cambiar de lugar el desbordamiento, con consecuencias inesperadas, o, si acaso, retardarlo. Eso sí, consumen ingentes sumas de dinero y dan no pocas ganancias a sus constructores y votos a los políticos.

A las obras de ingeniería para mantener al río en su cauce se suman las tendientes a “ganarle” tierra al agua mediante la desecación de ciénagas y áreas inundables. Además de sus implicaciones ecológicas –pues destruyen zonas de vida y criaderos de peces–, al impedir el desborde natural del río hacia su plano inundable, lo fuerzan a volcarse en sitios imprevistos, no habitualmente inundables. Ocurre también que, confiando en las obras de ingeniería, se ocupen terrenos de alto riesgo; las obras ceden ante las fuerzas naturales enormes y sobreviene el desastre. Al respecto cabe recordar lo ocurrido en Nueva Orleans por el huracán Katrina.

Inequidad y catástrofes

Una última causa muy importante y dolorosa es la ocupación de tierras inadecuadas para asentamientos permanentes por parte población necesitada. Por presiones demográficas, la población invade zonas de alto riesgo. Esto ocurre en muchas partes del mundo, como Bangladesh, donde el 66% del territorio superpoblado se halla en los planos inundables del Ganges y del Brahmaputra. En Colombia no existen presiones demográficas tan fuertes y solo una menor parte de su territorio es inundable, pero la desigual tenencia de la tierra determina la ocupación de zonas de riesgo.

Por eso, la población afectada pertenece por lo común a sectores deprimidos. Parecería que la mala suerte se ensaña con los pobres, pero no es así. Ocurre es que las mejores tierras son acaparadas por sectores económicamente fuertes, que desplazan a población marginal obligada a ocupar sectores de alto riesgo, a sabiendas de ello. Porque la ocupación de estas zonas es resultado de la extrema necesidad y no del desconocimiento. Solo la falta de alternativas económicas obliga a la gente a exponer su vida y sus escasos bienes y es la creación de esas alternativas lo que evitaría las catástrofes. No en vano muchos de los problemas más graves se presentan en Córdoba, donde el latifundio, la inequidad y los desplazamientos son graves.

Consideraciones finales

Las inundaciones son fenómenos naturales agravados por el hombre.
Persistir en el modelo tecnológico de control de inundaciones va contra la corriente mundial que propende por la adaptación al medio, ante el costo de controlar fenómenos de gran escala. La alternativa, sobre todo en un país como el nuestro, hay que buscarla en la reubicación por fuera de las zonas de riesgo, lo que a su vez requiere justicia social. Los indígenas Zenú dejaron, desde tiempos precolombinos, evidencias ciertas de que es posible adaptarse al medio, generar una cultura anfibia que aproveche al tiempo agua y suelos.
Un plan que integre el ordenamiento territorial y urbano con programas sociales y de adaptación al ambiente, así como la protección y recuperación de cuencas, resultará más efectivo económica, social, política y ecológicamente, que la apresurada construcción de obras ciclópeas pero aún así insuficientes y puntuales, comparadas con la magnitud de las fuerzas naturales que enfrentan.

* Este artículo resume y actualiza otro del mismo título publicado en Márquez, G. 1997. “Ecosistemas estratégicos y otros estudios de ecología ambiental” Universidad Nacional de Colombia y Fondo FEN Colombia.

Texto original aquí: http://www.unperiodico.unal.edu.co/dper/article/las-inundaciones-de-proceso-natural-a-catastrofe-humana.html

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LA NUEVA ERA DEL TIEMPO LOCO

EXTREMOS MEDIO ORIENTE INUNDACIONES CC

Los británicos recordarán 2012 como el año el tiempo descarriló con una combinación de sequías, diluvios e inundaciones, aunque la imprevisibilidad de todo eso resulte demasiado predecible: en todo el mundo, los fenómenos extremos se han convertido en un nuevo lugar común. Sobre todo, últimamente.

China sufrió en 2012-2013 el invierno más frío en casi 30 años. Brasil soporta terribles ola de calor. El Este de Rusia quedó tan congelada – menos 45,5 ° C, en descenso – que los semáforos dejaron de funcionar en la ciudad de Yakutsk.

Los incendios de matorrales cubren toda Australia , impulsados por una devastadora ola de calor récord. Pakistán soportó inusuales inundaciones en septiembre. Una feroz tormenta llevó lluvia, nieve e inundaciones a Medio Oriente. Y en Estados Unidos, los científicos confirmaron lo que la gente podría haber imaginado simplemente saliendo a la calle: 2012 fue el más cálido desde que comenzaron los registros en el país.

“Cada año tenemos eventos extremos, pero es raro tener tantos, en todo el mundo y a la vez”, dijo Omar Baddour, jefe de la división de aplicaciones de gestión de datos de la Organización Meteorológica Mundial, en Ginebra. “La ola de calor en Australia, las inundaciones en el Reino Unido y, más recientemente, las inundaciones y tormentas de nieve en Medio Oriente hicieron de 2012 un año impresionante en términos de calamidades climáticas extremas”.

Estos eventos están aumentando en intensidad y en frecuencia, señal de que el cambio climático no se limita al aumento de las temperaturas, sino a todo tipo de situaciones intensas, desagradables y anómalas, opina Baddour.

En Gran Bretaña, la gente está acostumbrada a pensar en la lluvia como fondo de pantalla de su vida, una presencia omnipresente, en el fondo casi reconfortante. Pero aun el más resistente fue sacudido por la fiereza casi bíblica de las últimas lluvias y las inundaciones que les siguieron en tres momentos diferentes de 2012.

Equipos de rescate a bordo de botes recogieron personas de hogares inundados en St. Asaph, Gales del Norte. Zonas enteras del país quedaron cortadas cuando las carreteras y vías de tren se inundaron en Navidad. En Mevagissey, Cornualles, el dueño de un pub cerró su negocio para siempre después sufrir 11 inundaciones en dos meses.

Ya no fue una anomalía: las inundaciones de 2012, seguidas de las inundaciones de 2007 y de las de 2009, se han traducido en cerca de US$ 6.500 millones en pagos de seguros. La Met Office, el servicio meteorológico británico, declaró a 2012 el año más húmedo en Inglaterra, y el segundo más lluvioso en todo el Reino Unido en su conjunto, desde que se comenzó a tomar registros hace más de 100 años. Cuatro de los cinco años más lluviosos en el último siglo han llegado en la última década (el quinto fue en 1954).

El cambio más grande, según Charles Powell, portavoz de la Oficina de Meteorología, es la frecuencia en Gran Bretaña de estos “eventos climáticos extremos”, como se definen precipitaciones que alcanzan el 1 por ciento de la cantidad promedio esperada para esa época del año. Hace cincuenta años, estos episodios solían ocurrir cada 100 días: ahora suceden cada 70, dijo.

Lo mismo ocurre en Australia, donde los incendios forestales arrasaron Tasmania y la ola de calor, además, llegó después de dos de los años más lluviosos en la historia del país. Sydney llegó a experimentar el 7 enero de 2013 su quinto día más caluroso desde que comenzaron los registros en 1910, con 42,2 ° C (108,1 ° F). Los ocho primeros días de 2013 quedaron dentro del record de los 20 más calurosos.

Desde 1950, cada década es más calurosa que la anterior en Australia, destacó Mark Stafford Smith, director de ciencia de la Climate Adaptation Flagship at the Commonwealth Scientific and Industrial Research Organization.

EXTREMOS RUSIA FRIO 2013 CC

En el Norte, los extremos han oscilado en sentido contrario, con una banda de frío instalada a través de Rusia y Europa del Norte, que trajo nieve gruesa y vientos huracanados en Estocolmo, Helsinki y Moscú. Sin lógica conocida, también hubo severas tormentas de nieve en Sicilia y en el sur de Italia, por primera vez desde la II Guerra Mundial, y en diciembre tornados y trombas marinas golpearon la costa italiana.

En Siberia, miles de personas se quedaron sin calefacción cuando el congelamiento del gas natural licuado en ductos y tuberías los hizo reventar. El transporte en autobús entre ciudades fue suspendido por temor a que las averías en carretera condujeran a más muertes y a los automovilistas se les aconsejó mantenerse en columnas a distancias de no más de dos o tres coches entre sí. En Altai, en el Este, las autoridades de tránsito advirtieron a los automovilistas que si usaban gasolina de mala calidad el frío terminaría obstruyendo sus motores.

Mientras tanto, China ha sufrido su peor invierno de los últimos tiempos, con bajas temperaturas record en Harbin, en el Noreste. En la región occidental de Xinjiang, más de 1.000 casas se derrumbaron por un alud de nieve y en Mongolia 180.000 cabezas de ganado murieron congeladas. El frío ha causado estragos en cultivos y elevó fuertemente el precio de las verduras.

EXTREMOS BRASIL CALOR 2013 CC

En América del Sur, analistas de energía no descartan que Brasil deba recurrir a un racionamiento eléctrico por primera vez desde 2002, cuando una ola de calor y la falta de lluvia agotaron las reservas de sus plantas hidroeléctricas. El verano ha sido terriblemente caluruso. La temperatura en Río de Janeiro ascendió a 43° C (109,8 ° F) el 26 de diciembre, la temperatura más alta para la ciudad desde que los registros oficiales comenzaron en 1915.

Al mismo tiempo, en Medio Oriente, Jordania ha luchado contra un combo de tormentas, lluvias torrenciales, nieve, granizo e inundaciones provocaban cascadas de agua a través de túneles que arrastraban coches y extendían la miseria en los campos de refugiados sirios. Amman prácticamente se paralizó, con coches abandonados, caminos intransitables y oficinas del gobierno cerradas.

Israel y los Territorios Palestinos lidiaron con condiciones similares, tras una semana de intensas lluvias y vientos fríos que marcaron el comienzo de una tormenta de nieve que acumuló 20 centímetros solamente en Jerusalén.

Amir Givati, jefe del departamento de aguas de superficie del Servicio Hidrológico de Israel, dijo que la tormenta era verdaderamente inusual debido a su duración, su intensidad y su amplitud. La nieve y el granizo cayeron no sólo en el Norte, sino en el Sur, hasta la desértica ciudad de Dimona, más conocida por su reactor nuclear.

En Beirut, enormes olas se estrellaron en enero contra la Corniche, el paseo marítimo del centro de la ciudad, con olas de más de 10 metros de agua y espuma. Muchas carreteras quedaron inundadas y cayó granizo en la ciudad.

Varias personas murieron, entre ellas un niño de una familia de pastores arrancado por la correntada de agua de los brazos de su madre. Unos 160.000 refugiados sirios que huyeron a Líbano fueron refugiados en escuelas, cobertizos y entre familias locales, aunque otros quedaron en otros sitios vulnerables al frío y la lluvia.

Barry Lynn, director de una empresa de pronóstico y profesor del departamento de la Universidad Hebrea de Ciencias de la Tierra, explicó que un aspecto sorprendente del fenómeno era el frío intenso y prolongado en la atmósfera superior, un gran cambio que indica que el Océano Atlántico ya no estaba teniendo el efecto moderador sobre el clima de Medio Oriente y de Europa que ha tenido históricamente.

“La intensidad del frío es inusual”, dijo Lynn. “Parece que el tiempo va a ser más intenso, que va a haber más fenómenos extremos”.
Texto original aquí: http://www.nytimes.com/2013/01/11/science/earth/extreme-weather-grows-in-frequency-and-intensity-around-world.html?pagewanted=2&_r=1&smid=tw-share

Y por casa

EXTREMOS BUENOS AIRES ARGENTINA CALOR 2013 CC

En Argentina, según un informe del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), en los últimos 50 años alrededor del 9 % de las olas de calor en todo el país duraron cinco días. Lo más común es que la secuencia de días sofocantes no supere los tres o a lo sumo cuatro días. El 58 % de las olas de calor duró tres días y el 25%, cuatro días. Sólo el 4 % de las olas de calor duró seis días.

El trabajo del SMN reunió información sobre períodos excesivamente cálidos en los que las temperaturas máximas y mínimas superaron al menos durante tres días consecutivos ciertos valores de referencia (que dependieron de cada localidad) entre octubre y marzo para el período 1961-2011.

El análisis se realizó para la zona Centro-Noreste de Argentina, porque en el resto del país las temperaturas mínimas no son lo suficientemente elevadas.
La estación meteorológica de la Ciudad de Buenos Aires registró en ese período de 50 años 41 olas de calor: 18 en enero, 12 en diciembre, 9 en febrero, 1 en noviembre y 1 en marzo. El 82 % duró entre tres y cuatro días y sólo algo más del 10% se prolongó cinco. Sólo una ola duró ocho días.

Sobre la calurosa última semana de enero de 2013, Héctor Ciappesoni, director del SMN, la atribuyó a una situación especial, en la que un anticiclón (área de altas presiones y circulación de viento que suele originar tiempo despejado) fue entrando al país desde el Pacífico muy lentamente.

“Para elevar la temperatura hacen falta dos componentes: uno es la compresión del aire y el otro es la radiación; y en este caso se dieron ambos. La compresión del aire que desciende la produjo el anticiclón. Y, por otro lado, estamos en una fase de radiación en la que el día es más largo que la noche y por eso hay mayor cantidad de radiación.

Esos dos elementos con cielos poco nubosos hacen que la temperatura aumente”, explicó.

El SMN prevé que en los próximos tres meses las temperaturas en promedio serán mayores a las normales, porque habrá precipitaciones por debajo de lo habitual en algunas zonas. En enero, en la Pampa Húmeda, de más de 100 milímetros que se esperaba en algunas zonas sólo cayeron 50.

Nota completa aquí: http://www.clarin.com/sociedad/vive-calor-largas-ultimos-anos_0_857314350.html

Australia, ahora demasiada agua

LLUVIAS INUNDACIONES AUSTRALIA MAPA GRAFICO 2013
La Costa Este de Australia contó varios muertos y sufrió graves costos económicos por las inundaciones que volvieron a afectar los últimos días de enero de 2013 a los estados de Nueva Gales del sur y Queensland, de las peores en muchos años.

“He visto la ciudad desde el aire y tal vez sea más extraordinario de lo que vimos hace dos años en el sureste de Queensland, “dijo el primer ministro estatal, Campbell Newman. En 2011 las inundaciones afectaron un área del tamaño de Francia y Alemania juntas.

En la capital del estado, Brisbane , la ciudad se enfrentó a falta de agua potable, porque el río se tornó cuatro veces más fangoso, como en las inundaciones de 2011. Ello obligó a cerrar las plantas potabilizadoras y a restringir el uso del agua para cocinar, beber y ducharse por un par de días.

Más de 40.000 personas quedaron aisladas por las inundaciones en el norte de Nueva Gales del Sur como por las lluvias torrenciales que dejó el paso del ciclón tropical Oswald, que se formó en la parte superior del norte de Australia una semana antes.

Sydney escapó de las inundaciones aunque se reportaron enormes olas en muchas de las playas de la ciudad, hasta ocho metros de altura. Este clima de lluvias siguió a un verano de calor sin precedentes en vastas regiones de Australia. Una semana antes, los servicios de emergencia emitieron advertencias contra incendios. Sydney tuvo su día más caluroso registrado en un mes de enero, de 46,5 C (115,7 F).

La Comisión Climática de Australia consideró el calentamiento global la causa probable del aumento de la frecuencia e intensidad de estos eventos climáticos extremos en el país. Pero cuando le preguntaron al respecto al premier de Nueva Gales del Sur, Barry O´Farrel, respondió: “No vamos a convertir ahora este desastre tan reciente, que ha dañado tantas propiedades y otras cosas, en un debate políticamente correcto sobre el cambio climático”.

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