Cambio Climático

Hay un climatólogo en tu copa de vino

CC Y VINO 8 BARRILES

El cambio climático alterará el mapa mundial de la producción de vino en pocas décadas, y eso incluye a Argentina, donde expertos franceses ya desembarcan para estudiar el caso y asesorar a bodegueros locales.

Los cambios de temperatura y humedad pueden reducir para 2050 entre 25% y 73% las zonas aptas de viticultura de zonas mediterráneas, las más importantes hasta ahora, y desplazar la producción hacia otras nuevas.

En Argentina, donde el vino acaba de ser declarado “bebida nacional”, la investigación recién comienza y la falta de datos dificulta los estudios, pero las primeras conclusiones son parecidas. Tiempo Inestable entrevistó al especialista Martín Cavagnaro. “Hay que estar atentos” a los cambios, advierte. Abran un buen malbec y lean.

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Un climatólogo toma medidas en Francia.

El primer estudio global de los impactos del cambio climático sobre la producción de vino revela que la mayor parte de las actuales zonas aptas para cultivo de la vid probablemente se habrán perdido en 2050, y se trasladarán a hábitats importantes para la conservación de fauna silvestre.

El estudio, del Laboratorio Internacional en Cambio Global (LINCGlobal), fundado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas español (CSIC) y la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), sugiere que el cambio climático podría afectar de forma dramática a una gran variedad de los productores de vino más importantes del mundo, con consecuencias de largo alcance para la conservación de la naturaleza.

El trabajo refleja la posible apertura de nuevas áreas productivas de vino en lugares inusuales hasta el momento. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones están afectando el delicado equilibrio entre temperatura y humedad, elementos principales para el cultivo de uvas de vino de alta calidad. Como consecuencia, se prevé una contracción del área apta para la producción de vino en algunas zonas y su ampliación en otras.

En 2050 la zona apta para la viticultura habrá disminuido entre el 25 % y el ​​73 % en las regiones de clima mediterráneo.

Lee Hannah, autor principal del artículo y especialista mundial en cambio global de Conservation International, señala que “esto es sólo la punta del iceberg y el mismo consejo se debería tener en cuenta para muchos otros cultivos globales”.

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En Argentina, el ingeniero agrónomo e investigador de viticultura, enología y variabilidad climática Martín Cavagnaro dice que en el país “hay que estar atentos a las respuesta que nos van entregando los datos en forma anual y en forma interanual, porque pueden llegar a tener una tendencia importante que nos marque un cambio en la forma de producción y en las calidades de los productos que se van a obtener en un futuro cercano”.

Por ahora, según describe el especialista a Tiempo Inestable, “la respuesta de la industria y sus tomadores de decisión acerca de los potenciales efectos del cambio climático sobre la actividad no es hoy una prioridad ni una preocupación en lo inmediato en Argentina.

“Los estudios acerca de la expansión de la frontera de la zonificación vitivinícola del país, o los estudios acerca de las respuestas a estos cambios por parte de los cultivos son aún escasos”, explica Cavagnaro, coordinador del Área Investigación y Desarrollo de la Dirección de Agricultura y Contingencias Climáticas del Ministerio de Agroindustria y Tecnología de la provincia argentina de Mendoza, y autor coautor de varios trabajos específicos junto al científico Pablo Canziani, miembro argentino del IPCC.

Sobre el efecto del cambio de temperaturas, en el país hay pocos trabajos y los parciales que hay muestran algunas respuestas que “podrían llegar a ser significativas, como el anticipo de la maduración de las uvas y los cambios en la duración del ciclo fenológico”.

Siguiendo conclusiones claras y contundentes del Panel de Cambio Climático de la ONU (IPCC), dice Cavagnaro, se prevé por ejemplo una importante disminución de precipitaciones en la Cordillera de Los Andes, que es la encargada de nutrir a los ríos que irrigan las áreas cultivadas con vid en el oeste de Argentina.

Pero al mismo tiempo, el experto argentino confirma que existe hoy una oportunidad para ampliar las fronteras vitivinícolas de acuerdo a las variaciones interanuales de precipitación y temperatura, aunque se desconoce aún la adaptación de nuevas variedades o la readaptación de las existentes en diferentes regiones del país, “incluso modificando los vinos producidos en términos de calidad (para mejor o para peor)”.

En los dos trabajos importantes en materia de la percepción que tienen los actores directos de la vitivinicultura argentina sobre el cambio climático, sus posibles efectos en la industria o los conceptos de sustentabilidad ambiental (ver referencias 1 y 2), “se deja ver claramente que aún hay mucho trabajo por hacer en materia de difusión y concientización”.

“Las instituciones públicas que poseen registros desde hace muchos años (como el INTA Mendoza, la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, etcétera) suelen ser bastante restrictivos a la hora de aportar datos para trabajar”, reconoce Cavagnaro.

Y los eventuales registros de empresas o viñateros no suponen una serie de datos importantes en cuanto a su extensión en el tiempo. “Se hace difícil aún obtener resultados confiables desde el punto de vista estadístico”.

Ver entrevista completa más abajo.

EL VIÑEDO ES UN PEQUEÑO MUNDO CON VARIABILIDAD CLIMÁTICA

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El climatólogo francés Hervé Quénol (foto) director del laboratorio LETGRennes, con base en la Universidad de Rennes, llegó a la Argentina para aplicar en bodegas de Mendoza, al pie de la cordillera de los Andes, métodos de medición a “escala fina”.

Quénol y su equipo llevan más de una década zonificando distintas parcelas de un mismo viñedo según variaciones de temperatura, humedad y velocidad del viento, para dibujar una “cartografía” de índices bioclimáticos que puede optimizar la producción en el tiempo e incluso decidir qué cepas trabajar.

Durante una exposición en jornadas organizadas por el Centro de Científicos y Técnicos Argentino-Franceses (CECTAF) en Buenos Aires en noviembre de 2013, Quénol explicó a Tiempo Inestable que hoy día “todo viticultor sabe que es obligatorio que es conocer el clima del pasado, el actual y, si es posible, evaluar diferentes escenarios para el futuro”.

“El productor puede afirmar de su viñedo este área es más fría o aquella otra es más cálida, pero necesita valores precisos de temperatura y ése es nuestro trabajo, porque hay variabilidad grande. Sobre una cuesta puede haber una diferencia de 2°C o 3°C, lo que determina ditintas cepas o métodos de producción. Es todo un sistema”, detalla.

“La tendencia del cambio climático anticipa un problema en el Hemisferio Norte. Ahora -advierte el experto- lo tienen complicado los viñedos del sur de Portugal, España, Francia, porque la temperatura aumenta y hay menos agua”.

Pero, a su vez, “en el Norte europeo la temperatura aumenta y el nivel de temperatura de maduración es mejor, como en Champagne, el Valle de Loire y en Alsacia, y mejora la calidad de los vinos. Ahora es posible tener vinos en Inglaterra y en Suecia, y eso planteará cuestiones de competitividad y marketing. En Burdeos, por ejemplo, es posible que haya otro tipo de vino pero ya no será el mismo típico de ahora, que explica su tradición”.

En Argentina, “ahora vemos viñedos en el sur de la Patagonia, se corrió la frontera del vino y hay que sembrar vides en zonas más altas y más al sur”, confirma Quenol.

En Mendoza, sin embargo, el principal problema es la falta de agua: “Si no hay agua, no hay viticultura. La disminución de las precipitaciones de nieve y la reducción de glaciares reducen la cantidad de agua. Y sin irrigación, el vino no es posible en esa región, porque de allí obtiene su agua. Otras regiones lo soportan, porque tienen precipitaciones propias: ésta no”.

“La adaptación al cambio climático en viticultura no puede dejarse para el futuro: tiene que ser hoy mismo y cada día. El concepto del terroir en Argentina no está muy desarrollado, pero en el futuro,  a medida que el clima cambie, será obligatorio. Adaptarse será conocer muy bien la diferencia de clima entre una parcela y otra de su propio viñedo. El mundo global es una suma de pequeños mundos”.

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Los vinos argentinos comercializados en 2012 tuvieron un aumento de 4,96% respecto de 2011, Y de 2,38% para el consumo interno, según cifras del Departamento de Estadísticas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

El año 2012 superó los mil millones (1.004.742.478) de litros destinados al consumo interno, por encima de 2010 y 2011.  Durante 2012 la exportación total de vinos subió un 17,17 %, con la venta al exterior de más de 365 millones de litros y un crecimiento del 10,15% en el monto en dólares con un total de US$ 920.403.000.

El mercado de Estados Unidos concentró el 47% de las exportaciones, mientras que Canadá representó el 8%, Rusia el 6%, Reino Unido el 5%, Paraguay el 4% y Brasil también un 4%.

Fuente

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El cepaje tinto Malbec es el más cultivado y el más característico del país. Entre las uvas blancas, el Torrontés es la cepa que distingue a la Argentina en el mundo. Por las características de clima, suelo y labores culturales de cultivo, Argentina es uno de los países con el parque varietal vitivinícola más amplio y entre los tipos de uvas que se destacan están Bonarda, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Tempranillo (entre las tintas) y Chardonnay, Chenin Blanc y Sauvignon Blanc, entre los cepajes blancos.

En 2007, el sector vitivinícola representaba un 1,37 por ciento del (PIB) nacional y creaba unos 400.000 empleos directos e indirectos en todo el país.

Medidos según PBI, la provincia de Mendoza aportaba en materia vitivinícola el 66%; San Juan el 28% y el resto de las provincias vitivinícola 6%.

Casi 230.000 hectáreas se destinaban a la producción de uvas en la Argentina, en la franja oeste del país que abarca las provincias de Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquén y Río Negro.

Fuente

A principios de julio de 2013, el Senado convirtió en ley un proyecto que declara al vino argentino como “bebida nacional” e impulsa un Plan Estratégico Vitivinícola 2020 para promocionarlo en todo el mundo.

El Gobierno argentino elaborará un plan de acción para difundir las características culturales que impliquen la producción, elaboración y consumo de vino argentino y sus tradiciones, así como la promoción de la imagen y el logo del vino argentino en todo tipo de eventos oficiales en el país y en el exterior.

También se establecerá que el logo del vino argentino sea incorporado en la etiqueta de las botellas que contengan esa bebida de producción nacional.

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El primer estudio global de los impactos del cambio climático sobre la producción de vino revela que la mayor parte de las actuales zonas aptas para cultivo de la vid probablemente se habrán perdido en 2050, y se trasladarán a hábitats importantes para la conservación de fauna silvestre.

Un estudio del Laboratorio Internacional en Cambio Global (LINCGlobal), fundado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas español (CSIC) y la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), sugiere que el cambio climático podría afectar de forma dramática a una gran variedad de los productores de vino más importantes del mundo, con consecuencias de largo alcance para la conservación de la naturaleza.

El trabajo refleja la posible apertura de nuevas áreas productivas de vino en lugares inusuales hasta el momento. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones están afectando el delicado equilibrio entre temperatura y humedad, elementos principales para el cultivo de uvas de vino de alta calidad. Como consecuencia, se prevé una contracción del área apta para la producción de vino en algunas zonas y su ampliación en otras.

Este estudio, en colaboración con Conservation International (CI) y científicos de China y Chile, ha sido publicado hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS) de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Es el primer análisis global de los impactos del cambio climático en la producción y conservación del vino.

Según el estudio, el impacto del cambio climático será dramático en algunas zonas y puede generar conflictos importantes entre esta actividad industrial,  la conservación de la biodiversidad y la provisión de agua dulce. Esto último es particularmente importante en el caso de Chile, donde ya existe un alto grado de estrés hídrico.

Presión sobre la fauna silvestre

Lee Hannah, autor principal del artículo y especialista mundial en cambio global de Conservation International, argumenta que “el cambio climático va a mover las regiones con potencial para producir vinos a distintos lugares. Estos cambios globales presionarán sobre la fauna silvestre en algunos lugares sorprendentes”.

Según Hannah “la sensibilización de los consumidores, la industria viticultora y las acciones de conservación son necesarias para ayudar a mantener el vino de alta calidad y reducir las influencias externas negativas sobre los ecosistemas y los servicios que estos proveen para la humanidad”. El investigador señala que “esto es sólo la punta del iceberg y el mismo consejo se debería tener en cuenta para muchos otros cultivos globales”.

Para 2050 la zona apta para la viticultura disminuirá entre el 25 % y el ​​73 % en las regiones productoras de vino más importantes, que son las de clima mediterráneo. Al mismo tiempo, nuevas áreas donde tradicionalmente no existía aptitud para la viticultura por estar a altas latitudes, como es el caso de algunas zonas del oeste de Norteamérica y norte de Europa, serán cada vez más adecuadas y buscadas por los productores de vino.

El establecimiento de viñedos en las elevaciones más altas puede conducir a la eliminación y la degradación de la vegetación natural, que tienen efectos a largo plazo sobre la calidad del hábitat para las especies nativas. El oeste de Norteamérica, sobre todo en las Montañas Rocosas, cerca de la frontera entre Canadá y Estados Unidos y hogar de los osos pardos, el lobo gris y el antílope, fue identificado en el estudio como una de las áreas donde la aptitud vitivinícola podría aumentar y donde el impacto sobre la vida silvestre sería severo.

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(…) Para 2050 la zona apta para la viticultura disminuirá entre el 25% y el 73% en las regiones productoras de vino más importantes, que son las de clima mediterráneo. Al mismo tiempo, nuevas áreas donde tradicionalmente no existía aptitud para la viticultura por estar a altas latitudes, como es el caso de algunas zonas del Oeste de América del Norte y Norte de Europa, serán cada vez más adecuadas y buscadas por los productores de vino.

El establecimiento de viñedos en las elevaciones más altas puede conducir a la eliminación y la degradación de la vegetación natural, que tienen efectos a largo plazo sobre la calidad del hábitat para las especies nativas. El oeste de Norte America, sobre todo en las Montañas Rocosas, cerca de la frontera Canadá-Estados Unidos y hogar de los osos pardos, el lobo gris y el antílope fue identificado en el estudio como una de las áreas donde la aptitud vitivinícola podrías aumentar y donde el impacto sobre la vida silvestre podría ser severo.

“Estos resultados no representan buenas noticias para la industria del vino en Chile, argumenta Pablo Marquet, coautor del artículo y director del Laboratorio Internacional en Cambio Global (CSIC-PUC).

“Los incrementos proyectados en el estrés hídrico asociado a la producción de vino son dramáticos. Aquí existe un importante desafío para la industria; hacerse más eficientes en el uso del agua. La zona de ecosistemas mediterráneos de Chile concentra grandes densidades de población humana (y por ende alta demanda de agua), donde más del 70% de los hábitats naturales se han perdido, o están severamente degradados y donde menos del 3% de su área se encuentra protegida. En este contexto la adaptación a los cambios en el clima que se anticipan en los próximos 30 a 50 años va a ser una tarea compleja”.

Marquet indica que, “sin duda, los consumidores de vino y otros cultivos tienen mucho que decir, ya que a través de seleccionar aquellos cultivos o productos que provienen de zonas con manejos adecuados o que son parte de iniciativas como la de Vino, Cambio Climático y Biodiversidad asociada al Instituto de Ecología y Biodiversidad en Chile y liderado por la Dra. Olga Barbosa, pueden ser actores activos del cambio hacia actividades económicas más sustentables”.

Los autores de este estudio internacional concluyeron que las uvas son un símbolo de una gran variedad de cultivos cuyos desplazamientos geográficos, en respuesta al cambio climático, tendrán implicaciones importantes para la conservación.

Se necesitan con urgencia, dijeron, medidas de adaptación para mantener la productividad y minimizar los impactos sobre los ecosistemas terrestres y de agua dulce. Entre las recomendaciones de los investigadores del estudio, destacan las siguientes:

1) la planificación conjunta de la expansión de los viñedos entre los gerentes de las empresas y los científicos expertos en conservación, para evitar zonas de alta importancia ambiental;

2) Fomentar la conciencia del consumidor incentivando el consumo de vinos que provienen de viñas que poseen manejos sustentables y son compatibles con la biodiversidad; y

3) invertir en nuevas variedades de uvas que ofrezcan sabores similares, pero con tolerancias climáticas distintas y mejor adaptadas a los cambio cambios futuros en el clima.

Este trabajo es el resultado de la interacción entre investigadores iberoamericanos e internacionales en el ámbito del cambio global y se enmarca dentro los objetivos trazados por el Laboratorio Internacional en Cambio Global (LINCGlobal), promovido por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC).

Texto original aquí

Martín Cavagnaro, ingeniero agrónomo e investigador de viticultura, enología y variabilidad climática.

¿Cuál es el potencial de ampliación y/o reducción de áreas de viñedos en Argentina en el contexto del cambio climático?

A las vistas del negocio que representa hoy la vitivinicultura en Argentina, donde la producción y las exportaciones de vinos y mostos ha tenido un crecimiento sostenido en la última década, la superficie implantada ha tenido un crecimiento acorde al mismo.

La respuesta de la industria y sus tomadores de decisión acerca de los potenciales efectos del cambio climático sobre la actividad no es hoy una prioridad ni una preocupación en lo inmediato, por lo cual los estudios acerca de la expansión de la frontera de la zonificación vitivinícola del país, o los estudios acerca de las respuestas a estos cambios por parte de los cultivos, son aún escasos.

En forma paralela, ya se ha probado con éxito la producción de vinos en una región tan austral como la Provincia de Chubut (Localidad El Hoyo) el sur de Buenos Aires, por lo que la perspectiva de ampliar esta frontera es más probable que su reducción.

¿Qué hay del posible impacto en la viticultura argentina, específicamente, por el cambio de temperaturas?

Al día de hoy no existen demasiados trabajos científicos regionales concluyentes acerca de los potenciales impactos del cambio de temperaturas en las respuestas del viñedo. Algunos ensayos y trabajos de INTA y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo están simulando aumentos de temperatura y su combinación con aumentos de concentración de CO2 , intentan buscar patrones de respuesta en este sentido. En el caso de estudios parciales, muestra algunas respuestas que podrían llegar a ser significativas, como el anticipo de la maduración de las uvas y los cambios en la duración del ciclo fenológico, que tienden a acortar sus fases (brotación, floración, cuaje y envero, principalmente) en cuanto a su duración, de acuerdo a las variaciones interanuales de temperatura. Algunos de estos trabajos son:

¿Y respecto de la falta o exceso de agua, incluidos los cambios en el deshielo y los glaciares que puede acarrerar el cambio climático?

Son claras y contundentes las conclusiones que el IPCC (Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) ha dado en materia de las modificaciones que sufrirán los regímenes de precipitaciones a nivel global.

En general se prevé un aumento en la frecuencia y cantidad de precipitaciones en el llano, y una disminución en forma de precipitaciones níveas en altura. En este caso se prevé una importante disminución de precipitaciones en la Cordillera de Los Andes, que es la encargada de nutrir a los ríos que irrigan las áreas cultivadas con vid en el oeste del país. Esto trae como consecuencia inmediata una disminución en los caudales y en el agua disponible para riego en toda la agricultura. Otra consecuencia de ello es que los glaciares de montaña son los que están aportando agua a los ríos, aumentando la retracción qué estos ya vienen sufriendo hace décadas debido al calentamiento global.

¿Habría un beneficio o perjuicio relativo de unas regiones en detrimento de otras, o de unas variedades respecto de otras?

Hoy en día no se sabe bien cuál es la incidencia directa que tendrían estos efectos en nuestra viticultura. Sí existe hoy una oportunidad para ampliar las fronteras de acuerdo a las variaciones interanuales de precipitación y temperatura, pero no se conoce aún la adaptación de nuevas variedades o la readaptación de las existentes en diferentes regiones del país, incluso modificando los vinos producidos en términos de calidad (para mejor o para peor).

¿Cómo observa el desarrollo en Argentina de prácticas sustentables de viticultura?

Existen hoy dos trabajos importantes en materia de la percepción que tienen los actores directos de la vitivinicultura nacional acerca del cambio climático, sus posibles efectos en la industria o los conceptos de sustentabilidad ambiental (ver referencias bibliográficas 1 y 2, debajo).

En ellos se deja ver claramente que aún hay mucho trabajo por hacer en materia de difusión y concientización. Desde el FIAVIS (Foro Intersectorial Argentino de Vitivinicultura Sustentable), se está trabajando en un programa de sensibilización a pequeños productores y bodegueros en este sentido, a fin de poder comenzar a evaluar el estado de situación y las futura políticas a emplear en este sentido.

 ¿Ha observador dificultades de registros para sus investigaciones sobre viticultura y variabilidad climática en Argentina?

Este es un tema clave para quienes trabajamos en investigación específica y aplicada. Las instituciones públicas que poseen registros desde hace muchos años (el INTA Mendoza, Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Cuyo, etcétera) suelen ser bastante restrictivos a la hora de aportar datos para trabajar.

En cuanto los registros que pudiesen tener las empresas o los viñateros en particular, no es muy común encontrar una serie de datos importantes en cuanto a su extensión en el tiempo, por lo que se hace difícil aún obtener resultados confiables desde el punto de vista estadístico.

Como conclusión, personalmente creo que no hay motivos para decir que la actividad vitivinícola esté en riesgo serio, aunque si hay que estar atentos a las respuesta que nos van entregando los datos en forma anual y en forma interanual, porque pueden llegar a tener una tendencia importante que nos marque un cambio en la forma de producción y en las calidades de los productos que se van a obtener en un futuro cercano.

Es necesario que los productores conozcan y comiencen a aplicar labores y acciones con criterio sustentable para poder mitigar los posibles efectos que el cambio climático pueda ire generando en la producción.

Por Tiempo Inestable.

CC Y VINO TAPA

Fragmentos destacados del estudio del Laboratorio Internacional en Cambio Global (LINCGlobal)

Se prevé que las áreas aptas para la vitivinicultura disminuyan en muchas regiones tradicionales de producción de vino (por ejemplo, Burdeos y regiones Valle del Ródano en Francia y de la Toscana en Italia) y aumenten en las regiones más al norte de Norteamérica y de Europa.

Se proyecta que la aptitud será retenida en áreas más pequeñas de actuales regiones productoras de vino, especialmente en zonas muy elevadas y zonas costeras.

En latitudes más altas y elevadas se prevé que las zonas actualmente no aptas para la vitivinicultura se convertirán en aptas en el futuro.

Para entender estos cambios geográficos con más detalle, se analizan nueve grandes regiones productoras de vino. Cinco de ellas tienen clima mediterráneo, dos (las Australia y Nueva Zelanda no mediterráneas) son importantes regiones no mediterráneas y  en otras dos áreas se proyecta una ampliación de su aptitud en el futuro.

En regiones productoras de vino de clima mediterráneo, la aptitud disminuye en rangos, según distintos modelos, desde 19%-25% en Chile hasta 73%-62%  en la Australia Mediterránea. En la Australia no Mediterránea observa leves aumentos de las áreas aptas y grandes en Nueva Zelanda. Vastas nuevas áreas se proyectan en regiones del Norte de Europa y del oeste de América del Norte.

En conjunto, se observan aumentos en áreas aptas de 231%-189%  en el oeste de América del Norte y de 84%-99% en el norte de Europa. La coincidencia de los dos modelos utilizados es alta, aunque los dos modelos indican una declinación de la aptitud en regiones de clima Mediterráneo y proyectan un aumento en Nueva Zelanda, el oeste de América del Norte y del norte de Europa. Estos cambios en la aptitud para la vitivinicultura podría tener impactos en la conservación de sistemas de suelos y de agua potable.

(…) En 2050, la mayoría de los valles productores de vino de primera calidad en Chile (Maipo, Cachapoal y Colchagua) se convertirá en su mayoría en inadecuados y la aptitud de otras regiones (Aconcagua y Maule) se prevé que disminuya considerablemente, dando lugar un posible uso del agua para enfriar las uvas y a una mayor necesidad de riego por la disminución de lluvias.

La presión sobre los recursos hídricos ya es alta en esta región, con 95% del área actualmente apta para vitivinicultura bajo estrés hídrico, el más alto de cualquiera de los que soporten otras regiones productoras de clima mediterráneo.

Una disminución de precipitaciones de 15,5%  y el potencial de agotamiento del derretimiento de glaciares probablemente exacerbará la escasez de agua. De hecho, la mayoría de las actividades agrícolas de la zona central de Chile dependen de agua que proviene de las cuencas de deshielo, particularmente vulnerables al cambio climático, ya que se verán afectados por los cambios de temperatura y precipitaciones.

La proyección de precipitaciones en el valle de Maipo, uno de los valles productores de vino más importantes en Chile, indican una disminución de un 20% en 2050. Esta disminución, junto con un aumento de la temperatura promedio de 3°C a 4°C  afectará la descarga a los ríos y su estacionalidad. Otros valles vitivinícolas más importantes (por ejemplo, Aconcagua, Maule) también muestran también una disminución del agua de deshielo disponible que va del 20% al 30% en 2050. La demanda cada vez mayor sobre los recursos hídricos pondrá a los ecosistemas de agua dulce de Chile en riesgo.

Los cambios globales en áreas aptas para la producción de vino provocados por el cambio climático pueden tener consecuencias económicas y de conservación importantes. La redistribución de áreas aptas se puede producir dentro de los continentes, pasando de la disminución de regiones tradicionales a nuevas, así como desde el Hemisferio Sur a nuevas y grandes áreas en el Norte. El alcance real de estas redistribuciones dependerá las fuerzas del mercado, de las opciones de adaptación para los viñedos y de la popularidad que mantenga el vino entre sus consumidores. Aun cuando sea mínimo, el cambio climático podría resultar en la pérdida de hábitat para vitivinicultura en grandes áreas.

Los rangos de plantas y animales son proclives a responder al cambio climático, del mismo modo que la aptitud vitivinícola. Los viñedos pueden moverse más rápido que las especies silvestres, porque lo hacen a través de una acción humana independiente de hábitats próximos o de procesos naturales dispersos. El establecimiento de nuevos viñedos que anticipen mejoras en las condiciones podría evitar la intervención de esas áreas, pero la fauna y en especial las especies vegetales tendrán que adecuarse al hábitat que resulte. Sabemos que las especies se mueven de manera autónoma en respuesta a cambio climático, por lo que pueden hacerlo a un ritmo diferente que los cambios en los viñedos.

Por ejemplo, algunos grandes mamíferos pueden moverse hacia el Norte para seguir climas fríos, mientras otros pueden permanecer en áreas crecientemente aptas para la vitivinicultura. La evaluación del impacto en aptitud vitivinícola requiere por ello un detallado análisis regional. Hemos identificado algunas regiones donde el gran potencial de pérdida de hábitat y la creciente presión sobre sistemas hídricos ya muy exigidos sugiere que hacer ese tipo de análisis es prioritario.

Nuestras conclusiones sobre el cambio global y la posible adecuación a los impactos de cambio en la vitivinicultura se apoyan en una fuerte coincidencia de modelos de nuestras investigaciones, pero sujetas también a importantes revisiones de espacio y tiempo. La composición del suelo local y la topografía influirán fuertemente en la manifestación local de los patrones mundiales. Calcular los impactos sobre la aptitud de un área vitivinícola usando temperaturas diarias extremas puede producir diferentes resultados que las mediciones de climatología mensual usadas aquí. Otros estudios que han utilizado temperaturas extremas diarias muestran cambios más pronunciados que los resultados que aquí se presentan  (11,38, 39). Por lo tanto, nuestros resultados pueden ser conservadores.

(…) Las uvas para vino son un símbolo de una amplia variedad de cultivos cuyos cambios geográficos en respuesta al cambio climático tendrán consecuencias importantes para su conservación. Aunque los cambios en la aptitud para la vitivinicultura pueden ser especialmente sensibles al clima y por lo tanto, los primeros en aparecer, otros cultivos tienen límites climáticos bien reconocidos y se espera que experimenten cambios también.

Las interacciones entre la aptitud y conservación de los cultivos no son en un solo sentido, en la medida en que las preferencias del consumidor por una producción ambientalmente amigable podría castigar productos que tengan un impacto desconocido o desproporcionado en la naturaleza. La literatura sobre los efectos indirectos del cambio climático en la conservación es cada vez mayor, incluyendo, por ejemplo, los impactos potenciales en la conservación de poblaciones humanas desplazadas por el aumento del nivel del mar.

 (…) La planificación integrada para producción y conservación está emergiendo en varias prominentes regiones productoras de vino. En la región del Cabo, de Sudáfrica, los productores de vino y los conservacionistas se han unido en la Iniciativa de la Biodiversidad y el Vino.

La inversión en nuevas variedades que darían sabores similares, pero con tolerancias climáticas modificadas pueden ser una inversión importante para la industria y para los conservacionistas que desean evitar resultados desfavorables en el uso de la tierra o el agua. El marketing que se adelante a los cambios puede despertar el interés de los consumidores en nuevas variedades. Desacoplar variedades tradicionales de las denominaciones regionales es una alternativa a considerar para mantener variedades en regiones en las que está disminuyendo su aptitud vitivinícola.

Este “retiro administrado” hacia nuevas opciones puede reducir el consumo de agua y la pérdida de tierras altas, que podrían estar asociados con los intentos de retener variedades. Identificar el vino por variedad (por ejemplo, el varietal Pinot Noir),  algo común fuera de Europa, podría ser más adaptable que hacerlo por origen geográfico (por ejemplo, Burdeos).

La administración del propio viñedo es otro ámbito en el que la adaptación y la innovación pueden beneficiar la conservación. La mejora de las técnicas de enfriamiento como las micromisters, de uso eficiente del agua, o la orientación estratégica de la vid y prácticas de tutoreo para el control de microclimas a nivel de racimos individuales puede reducir en gran medida las demandas de uso del agua. Los aumentos en el uso del agua puede ser limitados, por lo menos en el corto plazo, en zonas donde el riego se evita tradicionalmente como un resultado de la costumbre o de las normativas (por ejemplo, partes de Europa).

Al mismo tiempo, estas políticas harán más dificultosa la adaptación al cambio climático. Chile y California son zonas con tradición de riego y valores altos del índice de impacto de agua dulce. Esos hábitats pueden estar en su mayoría en riesgo como consecuencia del impacto del cambio en el uso del agua en el viñedo. Las estrategias de adaptación que involucran la viniviticultura, la vinificación, el marketing, la planificación del uso de la tierra y la gestión del agua puede ayudar a todas las partes a evitar conflictos con los objetivos de conservación en áreas en declive, sí como la ampliación de las áreas aptas.

Una población mundial creciente y cada vez más rica, probablemente, cree una creciente demanda de vino y asegure que las uvas para vino crezcan en las actuales áreas de producción de tal modo que las tierras y el agua disponibles, así como la expansión a nuevas áreas, incluyan hábitats naturales importantes para sus ecosistemas. Los hábitats de agua dulce pueden estar particularmente en riesgo allí donde el cambio climático socava las condiciones de crecimiento para los viñedos ya establecidos.

Las estrategias de adaptación al cambio climático que se anticipen a estos impactos indirectos son particularmente importantes para la creación de un futuro positivo para los vitivinicultores, para los consumidores de vino y para los ecosistemas por igual. Hay alternativas disponibles que permitirán adaptar viñedos y mantener a la vez una asociación positiva con la ecología que tanto valora la industria.

En la producción de vino, así como en la producción de otros productos agrícolas, los objetivos de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de mantener un desarrollo sostenible y permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente sólo pueden lograrse si la adaptación incluye la consideración de los efectos secundarios de los cambios en la agricultura sobre los ecosistemas y la biodiversidad.

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Es 2050 y los amantes del vino buscan las cepas más exclusivas que se producen en Alemania y países nórdicos como Dinamarca o en el sur de Chile, en la zona de Valdivia. La temperatura global ha aumentado en un promedio de entre uno y dos grados sin que los países se pudiesen poner de acuerdo para detener las emisiones que gatillaron el proceso: la Tierra es hoy un lugar muy distinto al que conocieron los abuelos al comenzar el milenio. Las tormentas son más intensas, las sequías más severas y la biodiversidad alrededor del mundo presenta notorios cambios. ¿Ciencia ficción?

No según las proyecciones de los especialistas en cambio climático que advierten que una de las principales modificaciones serán observadas en la agricultura. Y una de los más emblemáticas será, sin duda, el de la producción de vino. Según los escenarios de calentamiento proyectados, en Chile por ejemplo se prevé que las zonas aptas para la producción se desplazarán hacia las áreas más cerca del océano y hacia la zona sur del país. ¿Se imagina comprando un vino que fue producido en Valdivia?

Olga Barbosa y su grupo de científicos del Programa Vino, Cambio Climático y Biodiversidad, del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), llevan cinco años estudiando este fenómeno en el país. No sólo han descubierto que la vegetación nativa que rodea los viñedos en muchas partes de Chile es fundamental para el desarrollo de las variedades de vino que han hecho al país un líder a nivel mundial, sino que están elaborando un mapa con las posibles transformaciones que enfrentará la producción de vino chileno debido al cambio climático: desplazamientos de viñedos cepas como el blanco, el pinoir o el merlot que deberán buscar nuevas zonas para su cultivo y la posibilidad de elaborar vino más al sur, serán algunas de estas modificaciones.

Récords de temperatura

Un informe de la Organización Meteorológica Mundial (WMO) reveló que el período comprendido entre 2001 y 2011 fue el más cálido desde que se empezaron a llevar registros de las mediciones en estaciones meteorológicas en 1850. El año pasado, los registros en diversas partes del mundo informan de temperaturas récords, pese a la influencia del fenómeno de La Niña, que tiende a enfriar la temperatura global.

Un informe de la Universidad de Stanford, que analizó el cambio climático proyectado para los próximos 30 años en cuatro regiones productoras de vino en Estados Unidos, señala que las tierras con condiciones para cultivar variedades de uva que den origen a vinos de calidad se reducirán en 50% en el norte de California y que las mejores áreas para cultivar podrían desplazarse hacia áreas más frías en los estados de Washington y Oregon. Estos cambios se producirían con un aumento de sólo un grado de temperatura, en un escenario en el cual los gases de efecto invernadero hacia 2040 se elevarán en 23%.

Un estudio previo dado a conocer en 2006 ya alertaba del fenómeno en ese país: 81% de las tierras actualmente usadas en EE.UU. para producir vino de calidad podrían perder esta condición hacia 2100. Tasmania, partes de Nueva Zelanda, zonas de Canadá, Alemania, Inglaterra y el sur de Chile se contarían entre las zonas con mayor posibilidad de producir vinos de calidad. Los científicos explican que los ecosistemas mediterráneos donde se produce el vino son vulnerables ante cualquier cambio: representan apenas el 2% de la superficie del planeta y concentran el 20% de las plantas que existen en el mundo, entre ellas la vitis vinifera.

El vino en Chile

En Chile, el área de producción de vino actualmente se extiende desde la IV Región hasta el Biobío. Esto equivale al 16% de la superficie del país, donde se concentra el 52% de todas las plantas vasculares que existen en Chile: de ellas, el 50% son endémicas, vale decir, más de 2.630 plantas que sólo existen en el país. Olga Barbosa explica que la industria vitivinífera es sensible, ya que hay variedades que son muy susceptibles a los cambios de temperatura. Las variedades blancas, por ejemplo, requieren una temperatura de entre 13 y 15 grados para ser producidas. “El cabernet sauvignon tiene un rango de tolerancia que le permite crecer en zonas más amplias, pero el merlot y el malbec son más sensibles a la temperatura”, explica Barbosa.

Desde hace cinco años que el grupo de investigación que dirige esta experta está instalando estaciones meteorológicas en las viñas, para medir cómo afectan los cambios de temperatura: ya están presentes en 145 viñas de Chile. “La cosecha se está adelantando hasta en tres semanas, tal y como está ocurriendo en zonas de cultivo de Francia y California”, dice Barbosa. Las proyecciones indican que en Chile existen zonas que se van a perder, pero que se ganarán otras. “Habrá desplazamiento de los cultivos hacia la costa y hacia el sur del país”, concluye.

Texto original completo aquí

EL RENDIMIENTO DE VID Y LAS VARIACIONES DE TEMPERATURA Y PRECIPITACIÓN EN MENDOZA (RESUMEN)

Eduardo Agosta, Martín Cavagnaro, Pablo Canziani

En la región de Cuyo (entre 28 ° S-36 ° S y 65 ° W-70 ° W), la producción de uva es la fuente principal de materia prima en la agro-industria, convirtiéndose en la región más desarrollada para la producción de vino en la Argentina. El análisis se centra en el rendimiento anual de la vid en la provincia de Mendoza en el período 1979-2008. La cosecha anual se produce a finales de febrero hasta mediados de abril. Los principales factores climáticos que afectan los rendimientos de la vid son la temperatura y la precipitación. La temperatura puede afectar el crecimiento temprano de  los brotes de la vid. Las temperaturas medias máximas de invierno (junio y julio), fines de primavera (noviembre) y verano (diciembre) parecen tener influencia en los rendimientos de uva del año siguiente.

Por lo tanto, meses más cálidos (fríos) están relacionados con el aumento (disminución) de rendimiento de la vid. A su vez, la precipitación afecta negativamente el rendimiento por exceso de agua y por el impacto de la destrucción de los viñedos por granizo. Meses más húmedos en noviembre y mediados de diciembre reducen el rendimiento de la producción de uva. Las tormentas de granizo de convección, afectan a los viñedos en enero y marzo del verano anterior, así como en diciembre, mostrando valores más bajos de producción de uva durante la cosecha siguiente. Teniendo en cuenta todas las variables climáticas se puede estimar con unos meses de anticipación, en forma cuantitativa, con una varianza explicada cercana al 50%, el rendimiento de la vid en una temporada.

El rendimiento de la vid en Mendoza y la precipitación de verano están significativamente relacionados en forma inversa a lo largo de la década debido a dos procesos distintos que afectan los cultivos de vid año a año y que conforman un mecanismo real de conexión. Uno es el daño producido por el granizo sobre la disponibilidad de yemas durante el verano anterior y el otro es el daño provocado por el exceso de agua en el cultivo (asfixia radicular, desfoliación por intensidad de lluvias, anegamiento prolongado, proliferación de enfermedades, etc.) durante el verano actual de la cosecha. Esto se traduce en la existencia de períodos de 3-4 años con alto (bajo) rendimiento de vid debido solamente a variaciones en la precipitación. Como la precipitación durante las últimas décadas ha experimentado una tendencia negativa, cabe esperar que estos mismos efectos sean responsables de una parte de la tendencia positiva y significativa del rendimiento de la vid, además del mejoramiento por implementación de tecnologías nuevas.

El análisis de la variabilidad interanual de la precipitación dentro del ciclo anual y su relación con la producción de vid en Mendoza permite deducir los meses involucrados en los dos mecanismos que afectan negativamente la vid. Por un lado, el exceso de agua que afecta la floración y cuaje de los racimos es notable para noviembre y diciembre. Por el otro, el impacto de la destrucción del cultivo debido a granizo, que genera disminución parcial o total de parcelas enteras para la cosecha siguiente, ocurre principalmente en enero y marzo del verano anterior y en parte durante diciembre del verano próximo a la vendimia, este último afectando directamente los racimos.

También la temperatura en las distintas etapas del ciclo fenológico del cultivo juega un rol importante en la producción final de la vid. Los resultados muestran que la temperatura media máxima (Tmax) en invierno (junio y julio) junto con la de primavera tardía (noviembre) y comienzos de verano (diciembre) tienen un rol preponderante y directo en el rendimiento obtenido en la cosecha siguiente. Estos dos últimos meses muestran la mayor correlación positiva con cerca del 25% de varianza explicada. Las temperaturas medias máximas de noviembre y diciembre son importantes para el cultivo de vid dado que influyen decisivamente en el cuaje y crecimiento de las bayas. Si bien la amplitud térmica es un parámetro esencial para determinar aptitudes de cultivo, se encuentra que la variación interanual de la amplitud térmica media mensual, en cambio, no parece tener un rol definido sino más bien seguir el comportamiento de la Tmax en su relación con el cultivo tanto en junio como noviembre y diciembre.

El análisis nos permite concluir que el clima regional afecta directamente el rendimiento de vid en Mendoza en un 50% de su varianza interanual. Es decir que el éxito o fracaso en el rendimiento de vid depende por igual tanto del manejo del cultivo y la vendimia (manejo cultural del viñedo y cosecha) como del clima predominante durante el año anterior (de enero a diciembre) a la vendimia que acontece entre mediados de febrero y abril siguientes. Esto da una chance para estimar cuantitativamente el rendimiento del cultivo con unos tres a cuatro meses de anticipación.

Referencias bibliográficas y de trabajos publicados por el equipo de investigación de Cavagnaro:

1- Aruani, C. (2009) Cambio climático y vitivinicultura en Argentina: Evaluación de la situación actual y proyecciones futuras, en base a datos empíricos y opiniones de los distintos sectores de la industria. Disponible: http://www.oiv.int/oiv/info/esboursesderecherche?lang=es

2- Roby, O. et al. (2011) Responsabilidad Social Empresaria en Empresas Vitivinícolas del Gran Mendoza: Diagnóstico del grado de desarrollo de acciones ambientales. Disponible: http://www.fiavis.org.ar/wp-content/uploads/2012/08/RSE-Bodegas-Gran-Mza.-Cap.-Ambiente.doc.pdf

3- Jones, G.V., Moriondo, M., Bois, B., Hall, A. and Duff, A. (2009) Analysis of the spatial climate structure in Viticulture Regions Worldwide. Bulletin de l’OIV (Vol. 82, n°944-945-946).

Disponible:http://scholar.google.com.ar/scholar_url?hl=es&q=http://87.98.209.109/oiv/files/5%2520-%2520Publications/5%2520-%25202%2520Bulletin%2520de%2520lOIV/FR/5-2-10_Bull_2009_oct_nov_dec.pdf%23page%3D23&sa=X&scisig=AAGBfm0QrG1wbCmUL1_Z6ELbkz2xclaYHg&oi=scholarr&ei=j8PJUdS8NLHZigL76YHgCg&ved=0CCkQgAMoADAA

4- Tomasi, D., Jones, G.V., Giusti, M., Lovat, L. and Gaiotti, F. (2011) Grapevine Phenology and Climate Change: Relationships and Trends in the Veneto Region of Italy for 1964–2009. Am. J. Enol. Vitic. 62:3 (2011).

5- Agosta, Eduardo, Pablo Canziani, Martín Cavagnaro, 2012: Regional Climate Variability Impacts on the Annual Grape Yield in Mendoza, Argentina.J. Appl. Meteor. Climatol., 51, 993–1009. doi: http://dx.doi.org/10.1175/JAMC-D-11-0165.1

6- Eduardo AGOSTA, Martín CAVAGNARO y Pablo CANZIANI (2010) El rendimiento de vid y las variaciones de temperatura y precipitación en Mendoza. Revista Enología, ISSN 1668-3889, Nº2, Año VII, Marzo-Abril 2010, 12 pgs.

7- Eduardo Andrés AGOSTA y Martín CAVAGNARO (2010) Variaciones interanuales de la precipitación de verano en Cuyo y la producción total de vid. GEOACTA 35, 1-11, ISSN 1852-7744.

8- Cavagnaro, M. y Canziani, P.O. ”Variabilidad térmica y duración del ciclo fenológico de la variedad Chardonnay (Vitis Vinifera L.) en el este de Mendoza, Argentina”. Presentado en el XVII Congreso Brasileño de Agrometeorología – 18 al 20 de julio de 2011 – SESC – Centro de Turismo de Guaraparí – Guaraparí – Espíritu Santo, Brasil.

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