Ciencia

Hay una Venecia debajo de la Antártida

The Blood Falls seeps from the end of the Taylor Glacier into Lake Bonney. The tent at left provides a sense of scale for just how big the phenomenon is. Scientists believe a buried saltwater reservoir is partly responsible for the discoloration, which is a form of reduced iron.

 Una amplia franja de la capa de hielo de la Antártida Oriental se derrumbó como un budín helado bajo el sol dejando atrás un cráter de 10 millas de ancho, evidencia del gran flujo de agua subterránea captado por dos satélites de la NASA en 2007 y 2008.

El hallazgo fue uno de una serie a lo largo de la última década que ha alterado de manera irreversible la comprensión científica de los lagos subterráneos de la Antártida.

Al contrario de volúmenes estancos y estáticos de agua atrapada en las capas de hielo, la nueva imagen -revelada con instrumentos desde el espacio y la Tierra, y con modelos informáticos muy sofisticados- es la de una hidrología compleja y dinámica.

Rápidas corrientes de aguas sub glaciales canalizan el agua de un lago oculto a otro, drenajes repentinos provocan colapsos masivos y el agua de deshielo acelera el deslizamiento de grandes glaciares hacia el mar.

Las conclusiones fueron obtenidas por un grupo de investigadores especializados en océanos y el hielo y publicada en la “Philosophical Transactions A”, de la Royal Society de Londres , en agosto de 2016.

La investigación muestra un avance significativo en la comprensión de los sistemas de lagos bajo el hielo de la Antártida y promete afinar la precisión de los modelos computadorizados a escala continental. Esto podría permitir a los científicos prever con mayor precisión las alteraciones en una capa de hielo bajo la presión del cambio climático.

“Hace diez años, no nos dimos cuenta de que los lagos sub glaciales eran tan activos”, dijo Helen Fricker, del Instituto Scripps de Oceanografía, miembro del equipo de Cambios en el Nivel del Mar de la NASA y autor principal del artículo.

“No nos dimos cuenta de que el agua se mueve tan rápidamente de un lago a otro. No sabíamos que era un sistema dinámico, en el que el agua se puede trasladar tan rápidamente”, reconoció.

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El artículo resuma la “década de transformación” cubierta por la investigación desde el descubrimiento de estos sistemas activos de agua subglacial.

La zona más profunda, donde el hielo se toca con la roca del continente antártico, es difícil de medir y  requiere radar, sonar de radio-eco y estudios sísmicos que puedan penetrar la capa helada, de unos 2,2 kilómetros promedio de espesor.

La superficie de hielo también debe ser monitoreada en los cambios de altura que señalan el llenado y vaciado de los lagos, y el movimiento del agua a lo largo de los canales que surcan la roca madre. Las mediciones se realizan mediante satélites, aeronaves y sistemas de instrumentos en la superficie.

Las medidas, aunque de difícil obtención, son críticas para lograr una comprensión más clara de la profunda y oculta red de canales que modifican la formación helada.

Hay mucho en juego. El aislamiento, la alta presión y el calor del interior de la Tierra funden el hielo lo suficiente como para producir un estimado de 65 giga toneladas de agua por año, gran parte de ella depositados en los lagos sub glaciales.

Los lagos son de dos tipos: los que permanecen estables e inactivos para decenas de miles de años, y los que están activos en las escalas de menos de una década.

Los sistemas lacustres activos prevalecen en la costa de la Antártida y se encuentran en su mayoría bajo glaciares que fluyen rápidamente y corrientes de hielo. Drenan hasta el 90 por ciento del agua que fluye hacia el océano desde el hielo. Son, de hecho, un factor de control de la Antártida que reduce la fricción con la roca y acelera el flujo de hielo.

Texto original completo de la NASA aquí

 

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