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“Jebi” (Japón), el peor tifón en 25 años

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El tifón Jebi, el más fuerte en golpear el archipiélago nipón en 25 años, atravesó en septiembre de sur a norte el oeste de la isla principal, Honshu, dejando a su paso un rastro de destrucción y al menos diez muertos.

Barcos arrastrados por las olas, coches y camiones volcados en las autopistas, lluvias torrenciales, ventanales rotos y tejados arrancados por rachas de viento de 260 kilómetros por hora. Tras la ola de calor y las inundaciones que dejaron más de 200 muertos en julio de 2018, Japón fue azotado por otra catástrofe natural.

Sus fuertes vientos se han cobrado diez vidas y provocado 200 heridos, fundamentalmente por el desprendimiento de cristaleras y tejados pero también por el derrumbe de inmuebles como un almacén.

Alcanzando más de dos metros, el oleaje fue tan potente que empotró un carguero de casi 2.600 toneladas contra un puente que conecta con el aeropuerto de Kansai, construido en una isla artificial a las afueras de la ciudad de Osaka. Allí quedaron atrapados unos 5.000 pasajeros, que no podían salir porque varios carriles del puente habían sido inutilizados por el impacto del carguero.

Junto al cierre de autopistas, fueron cortadas numerosas líneas marítimas y de ferrocarril, incluidos los «trenes bala» Shinkansen. En solo una hora se recogieron 100 milímetros de lluvia en la turística ciudad de Kyoto, donde se desplomó parte del techo de cristal de su estación ferroviaria.

Unos 5.000 pasajeros varados en el aeropuerto han tenido que ser trasladados en barcos. Alrededor de 5.000 turistas han permanecido toda una noche en el aeropuerto de Kansai, en la zona sur y densamente poblada de la isla principal de Japón, Honshu.

Debido a los destrozos en las líneas eléctricas, más de un millón y medio de casas se quedaron sin luz en siete prefecturas. Aunque las autoridades habían recomendado la evacuación a más de un millón de personas, no se trataba de una orden obligatoria y la mayoría de las familias prefirieron atrincherarse en sus domicilios para esperar a que pasara el tifón.

Por supuesto, los colegios y lugares turísticos, como el parque de atracciones de la Universal cerca de Osaka, fueron cerrados. Numerosas fábricas también se vieron obligadas a parar su actividad en esta rica región industrial, entre ellas 14 plantas de la marca de coches Toyota.

Con los escombros volando por los aires y una noria de cien metros girando furiosamente por la fuerza del viento, las imágenes que emitía la televisión nipona eran dantescas. «Apelo al pueblo japonés a tomar acciones para proteger vuestras vidas, incluyendo los preparativos para una rápida evacuación», avisó el primer ministro, Shinzo Abe, después de que la Agencia Meteorológica alertara del riesgo de corrimientos de tierra e inundaciones.

Lejos de la zona afectada, Tokio se libró de las fuertes lluvias, pero no del viento, que, a tenor de las redes sociales, tumbó algunos árboles. A medida que el Jebi, que en coreano significa «golondrina», avanzaba hacia el norte en dirección al Mar de Japón, fue perdiendo fuerza hasta los 65 kilómetros por hora. Pero habrá que esperar a que atraviese por completo el archipiélago nipón y se debilite en alta mar para comprobar los daños que ha dejado.

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La central de Fukushima, a salvo

A pesar de los cuantiosos destrozos materiales, el rico e hipertecnológico Japón es probablemente el país mejor preparado contra catástrofes naturales. Además de los tifones que lo golpean de junio a octubre durante la época del monzón, el archipiélago nipón sufre cientos de terremotos cada año al enclavarse sobre las placas tectónicas del Anillo de Fuego que recorre el Pacífico y mantiene 110 volcanes en activo.

En otros países menos desarrollados de Asia, como Filipinas, Indonesia o Birmania, semejante conjunción de calamidades sería muchísimo más grave y se cobraría un altísimo número de vidas.

Pero, ni con todo su progreso, puede Japón estar a salvo de los elementos, que dejaron más de 200 muertos por las inundaciones de julio y cerca de 19.000 por el tsunami de marzo de 2011, que además provocó el desastre nuclear de Fukushima. Con sus reactores fundidos y sellados mientras duran los trabajos de descontaminación y desmantelamiento, la siniestrada central se ha librado en esta ocasión, pero un tifón como el Jebi podría causar otra catástrofe atómica.

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