Historias

El astronauta que todos llevábamos adentro

John Glenn (1921-2016) fue el primer estadounidense que orbitó la Tierra, en 1962, para emparejar la carrera espacial que había iniciado para la Humanidad su colega soviético Yuri Gagarin un año antes.

Pero Glenn volvió a romper récords cuando se convirtió, tres décadas más tarde, en el astronauta de más edad que volaba al espacio. También fue senador por 25 años. La aventura que fue su larga vida terminó este jueves en un hospital de su estado natal, Ohio, donde el legendario astronauta falleció a los 95 años rodeado de sus familiares.

“El último de los primeros astronautas de América nos ha dejado, pero impulsados por su ejemplo, sabemos que nuestro futuro en la Tierra nos obliga a seguir intentando alcanzar las estrellas. En nombre de una nación agradecida, buena suerte, John Glenn”, dijo el presidente saliente, Barack Obama, quien en 2012 le otorgó la máxima condecoración civil del país, la Medalla de la Libertad.

Nacido el 18 de julio de 1921 en Ohio, John Herschel Glenn Jr. abandonó los estudios universitarios para combatir en la II Guerra Mundial como piloto de combate. Tras la Guerra de Corea, en la que también participó, se convirtió en piloto de pruebas.

Ahí fue reclutado por la NASA en 1959 para formar parte de los primeros siete astronautas estadounidenses de la historia, los conocidos como los “Mercury Seven”. El 20 de febrero de 1962, se convirtió en el primer estadounidense en orbitar la Tierra, a bordo de la cápsula Friendship 7.

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El astronauta soviético, Yuri Gagarin.

Fueron tres vueltas al globo en cuatro horas, 55 minutos y 23 segundos que le permitieron un suspiro de alivio a EE UU. Hasta entonces, la enemiga URSS llevaba la delantera en la carrera espacial. El viaje de Glenn propulsó a la NASA, que solo siete años más tarde pondría al primer hombre en la Luna.

“Como uno de los astronautas originales de la misión de la NASA Mercury 7, el fascinante vuelo de Glenn a bordo de la Friendship 7 el 20 de febrero de 1962 unió a nuestra nación, puso a América al frente de la carrera espacial y le aseguró un espacio único en los anales de la historia”, afirmó en este sentido el jefe de la NASA.

Tres décadas y media más tarde, en 1998, Glenn volvió a hacer historia al convertirse, a los 77 años, en el astronauta más viejo en volar al espacio. Su viaje le permitió a la NASA estudiar el impacto del espacio en personas mayores.

En esa época Glenn ya contaba con otra longeva carrera, la política. Entró en el Capitolio en 1974 de mano del Partido Demócrata y fue reelegido hasta que se retiró de la política en 1999.

El 20 de febrero de 1962 tuvo lugar la misión Friendship 7, dentro del programa Mercury, en el que Glenn era uno de los siete primeros astronautas seleccionados en la historia de Estados Unidos. La cápsula dio solo tres vueltas a la Tierra, durante cuatro horas, 55 minutos y 23 segundos, antes de caer en el océano, pero todo fue bien y el duro golpe al orgullo del país que supuso el vuelo orbital de Yuri Gagarin en 1961 se mitigó.

Ese mismo año se había lanzado al espacio el primer astronauta norteamericano, Alan Shepard, pero su nave solo hizo un salto suborbital, lo mismo que la que le siguió, de forma que la Friendship 7 se convirtió en un hito a partir del cual se desarrolló el potente programa espacial tripulado que hizo posible la llegada del hombre a la Luna en solo siete años.

Glenn, que se formó como ingeniero, se convirtió pronto en piloto militar y participó en numerosas acciones de guerra antes de ser seleccionado como astronauta cuando ya estaba en la treintena. En parte por la edad, ya que entonces no se conocía la influencia de la estancia en el espacio sobre la salud humana, dos años después de su histórico vuelo dejó las actividades espaciales para pasar al mundo de los negocios primero y al Senado después, donde estuvo 24 años, hasta 1999.

Un año antes, se atrevió a volver a volar, esta vez en el transbordador espacial, lo que le convierte en un astronauta muy atípico, sumamente popular a pesar de que solo ha hecho dos vuelos en su vida, y además separados por más de 45 años.

En 2012, Glenn reconoció que no entendía bien la fascinación que causaba su última misión, en la Estación Espacial, y advirtió que el liderazgo en investigación y educación es lo que permitiría a Estados Unidos mantener una posición competitiva en el mundo.

“El objetivo del programa espacial no debería ser solo ver cuánto nos podemos alejar de la Tierra, mantener a la gente viva y traerla de vuelta. Debería ser mucho más que eso. Al viajar, en cada paso, deberíamos hacer la máxima investigación en esa área. Eso es un beneficio para las personas en la Tierra, sea investigación médica o de materiales, o todo lo que se puede hacer en ese laboratorio único que es la Estación Espacial”.

 

 

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