Cambio Climático

La Antártida cambia más rápido de lo pensado

CC ANTÁRTIDA DESHIELO MAYOR 2014

(Por Eduardo de Miguel, Tiempo Inestable).- Las distintas regiones de la Antártida, un continente determinante para el sistema climático global, está experimentando cambios glaciológicos más importantes y más rápidos de lo que habían estimado los científicos que llevan décadas investigando en el continente blanco.

Los cambios glaciológicos han sido más importantes de lo que se había previsto hace pocos años. Y lo que resaltan los últimos informes, de distintas y destacadas fuentes, no son los cambios en sí, sino la velocidad con que éstos se suceden”, explicó el biólogo Hernán Sala, científico del Instituto Antártico Argentino (IAA) de la Dirección Nacional del Antártico (DNA), consultado por Tiempo Inestable.

Sala (foto aquí debajo, Diario de Madryn) trabaja en un grupo de glaciología argentino-alemán que investiga en el glaciar Fourcade, en la Isla 25 de Mayo, y en el Programa de Gestión Ambiental de la DNA. En el IAA hay diferentes líneas de investigación que giran alrededor del cambio climático. Hay grupos que trabajan en aves, peces, mamíferos marinos, oceanografía física y biológica, glaciología, climatología, pero todos prestan especial atención a la región de la Península Antártica, las islas y los mares adyacentes.

CC ANTÁRTIDA HERNÁN SALA DIARIO DE MADRYN

La Península Antártica, como el Ártico, es una parte del globo donde el calentamiento resultó más acelerado durante las últimas cinco décadas. En la Península Antártica, la temperatura del aire aumentó en ese lapso más de 2,5 ºC, más de cinco veces por encima del conjunto del planeta en el mismo periodo, aunque no ha ocurrido lo mismo en el resto de la Antártida y tampoco con la temperatura superficial del propio océano antártico.

En mayo de 2014, la Agencia Espacial Europea (ESA) reveló datos recogidos por el satélite Cryosat entre 2010 y 2013 según los cuales la Península Antártica, la Antártida occidental y la Antártida oriental han estado perdiendo 159 mil millones de toneladas de hielo al año, el doble de lo medido en monitoreos previos y suficientes para aumentar el nivel de los océanos 0,45 mm anualmente. Otros estudios recientes de la NASA estimaron 1,20 metros de aumento en el siglo próximo.

CC ANTÁRTIDA ICEBERG TerraSAR-X

Investigadores de la NASA y la Universidad de California han analizado datos de los últimos 40 años y han descubierto que la pérdida de hielo en la parte occidental de la Antártida está en un “estado irreversible”, y no hay “nada que detenga a los glaciares de este área de fundirse”.

Por ahora, según los investigadores, mientras en el Ártico la fusión es más generalizada (el hielo marino se redujo 40% en 30 años en sus mínimos de septiembre), en la Antártida la extensión del mar helado se mantiene relativamente estable, aunque con  diferencias de unas zonas a otras. La Península Antártica experimenta cambios que no se observan al sur del paralelo 70° y hasta el Polo. Y la situación de la Antártida occidental es, a su vez, más cambiante que en la Oriental.

En muchos casos, los científicos conectan también con el calentamiento global las roturas de barreras de hielo que se vienen produciendo en los últimos años en la periferia de la península Antártica, entre ellas las de Larsen A en 1995, Larsen B en 2002 (2.600 km2) y Wilkins en 2008. Casi  80% de las barreras de la península Antártica ya desapareció, sin muestras de que vuelvan a formarse en los próximos siglos y cuando llevaban hasta miles de años de existencia.

La elevación de los niveles de los océanos debido a la fusión de hielos en la Antártida suele ser el resultado más mencionado por estos cambios. En realidad, la fusión del hielo marino carece de impacto posible en ese sentido, porque ya ocupa un volumen sobre el mar.

CC ANTARTIDA LARSEN CON PINGUINOS

Si bien no se espera que debido al derretimiento de los glaciares antárticos el nivel de mar suba de manera abrupta en el corto plazo, sí puede hacerlo gradualmente algunos milímetros en las próximas décadas. Esto último ya es un problema a considerar, debido a que la frecuencia de inundaciones de algunas áreas costeras se vería incrementada, razón por la cual habría que revisar el ordenamiento territorial de muchas regiones”, explica Sala a Tiempo Inestable.

Los medios divulgan especulaciones como ésta: si se fundiese todo el hielo allí existente, el nivel del mar aumentaría más de 65 metros. Si se fundiese sólo el casquete de hielo de la Antártida occidental, el ascenso del mar sería del orden de 6 metros. Pero esas posibilidades no forman parte de los escenarios previstos por ningún modelo en el corto o mediano plazo.

Eso sí, la mayoría de los modelos climáticos estiman que podría producirse un aumento del nivel del mar de entre 30 centímetros y 1,5 metros a lo largo del Siglo XXI. Eso sería suficiente como para generar grandes complicaciones en zonas costera de todo el mundo, Argentina y algunos de sus grandes centros urbanos incluidos.

“Los cambios observados en Antártida son importantes e incluso son mayores a los previstos tan sólo diez años atrás. Sin embargo, esto no representa una catástrofe inmediata para nuestro país ni para el resto del mundo”, matiza el investigador argentino. “No obstante, sí representa un riesgo adicional para todas aquellas actividades humanas que sean altamente dependientes del clima (por ejemplo, agricultura) o del nivel del mar”.

Otras razones importantes

CC ANTÁRTIDA BASE SAN MARTÍN

 

En la la Península Antártica, más del 85 % de los glaciares retrocedió a lo largo de los 50 últimos años. Pero también se han medido aceleraciones en el natural movimiento de muchos glaciares, que aumentan la descarga de hielo al mar, con la consiguiente contribución al incremento del nivel marino, como en el sector de la Antártida occidental que vierte al mar de Amundsen (foto: base argentina San Martín, lincebajocero.blogspot.com).

Los científicos distinguen las formas de hielo estacional, como el hielo marino que se forma a partir de las capas superficiales del propio océano, de las perennes (glaciares y barreras de hielo). El hielo marino tiene cuatro cinco metros de espesor y es en su mayor parte estacional (entre 3 y 18 millones de km2, porque cada verano se derriten unos 15 millones de km2).

En cambio, los glaciares de tierra o grandes mantos, tienen hasta 4 mil metros de espesor. Luego están las barreras de hielo, como las desprendidas en las últimas décadas de la península Antártica y que se formaron durante siglos, que son grandes masas de hielo en flotación de entre cientos y decenas de miles de km2 de superficie, con espesores que superan los 600 metros.

Esas barreras son extensiones flotantes de los glaciares que contienen como “tapones” a los glaciares de tierra. Si bien las barreras se rompen mecánicamente cuando llegan a una extensión de varios kilómetros de largo sobre el mar, cuando se desprenden demasiado rápido aceleran el deslizamiento natural (o surge) de los glaciares hacia los bordes del suelo antártico. Resultado: los glaciares se reducen y pierden su estado de equilibrio, como en la península Antártica.

Esa reducción de la superficie recubierta de hielo en las zonas polares tiene importantes consecuencias locales e implicaciones globales, según explican los científicos. Por ejemplo, la superficie helada del mar llega a reflejar hasta el 90 % de la radiación solar recibida.

CC  ANTARTIDA CANALES SAMANTHA GOODWIN

Pero si hay derretimiento y el agua queda en estado líquido, esa reflección o albedo, cae a un 10%. Y entonces la absorción de la mayor radiación calienta el agua y modifica corrientes marinas y ecosistemas acuáticos enteros.

También, porque la menor congelación estacional del mar reduce la salinidad de agua (en la congelación se expulsan sales). En los mares que rodean la Antártida, donde el mar se congela extensamente, se generan aguas frías y salinas que, por su mayor densidad, se hunden y corren hacia el Norte.

De ese modo, completa un circuito oceánico global -una especie de cinta transportadora del mar o circulación termohalina global– cuyo equilibrio con las corrientes más cálidas que circulan por la superficie oceánica puede romperse, con consecuencias impensadas para el clima global.

En el deshielo, además, se aporta agua dulce al océano, lo que impacta en los ecosistemas litorales, en la biodiversidad y en la cadena trófica.

Aquí, Sala hace una buena aclaración: “Lo que origina e impulsa estos efectos son acciones y/o factores antrópicos que ocurren fuera de la Antártida, y hasta podría decirse, que en gran medida ocurren fuera del Hemisferio Sur”. Aunque ya se investiga en la Antártida cómo los cambios en el permafrost, el suelo congelado, pueden multiplicar la liberación de metano, uno de los principales gases de efecto invernadero.

Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que actualizó sus conclusiones con sus tres informes periódicos (2013-14), las fuerzas que impulsan el calentamiento global y el cambio climático se relacionan definitivamente con la actividad humana, a través del aumento de la emisión de gases de efecto invernadero. El IPCC estimó que entre 1993 y 2009 se derritieron “muy probablemente” de todos los glaciares del mundo unas 275 mil millones de toneladas de hielo por año.

EXTREMOS GUERRA FRÍA ANTÁRTIDA FUJI DOME

Pero estos factores antrópicos, explica el científico, actúan independientemente y en forma superpuesta con otros forzantes del clima, como pueden ser los ciclos astronómicos (ciclos de Milankovitch, por ejemplo).

Claro que “una diferencia fundamental entre los forzantes antrópicos y los ciclos de Milankovitch, reside en la escala temporal en que manifiestan sus efectos –precisa Sala-. En el primer caso son efectos observados en el orden de las décadas o unos pocos siglos. En el otro, los efectos se manifiestan en una escala de tiempo que está en el orden de decenas de miles de años”.

EL PAPEL DE LA CIENCIA ARGENTINA

CC ANTÁRTIDA CIENTÍFICOS ARGENTINOS Y ALEMANES

 

Hay muchos programas de investigación en la Isla 25 de Mayo, en el archipiélago de las Islas Shetland del Sur, donde está la Base Carlini (ex Jubany), varios en cooperación con otros países, como Alemania, explica Sala. Se estudia el cambio climático y la conservación de recursos vivos marinos. Ya dentro del Círculo Polar Antártico (bases San Martín y Belgrano II), se hacen estudios atmosféricos que abarcan los fenómenos que se desarrollan tanto en la baja como en la alta atmósfera (foto: a24.com).

Las líneas de investigación son múltiples, e involucran a más de un centenar de científicos y técnicos del IAA-DNA. Este número se incrementa si consideramos los investigadores de otras instituciones argentinas (universidades, CONICET, etcétera) que también participan en los proyectos de investigación.

También, hay varias decenas de investigadores extranjeros que participan activamente en los programas de investigación del IAA-DNA. Por ejemplo, proyectos de investigación en conjunto con universidades y organismos de investigación de España, Italia, Alemania, entre otros países.

A lo largo de cuatro años de cooperación científica entre investigadores argentinos (IAA-DNA) y alemanes (universidades de Bonn y Erlangen) en la Base Carlini, se ha logrado compilar una extensa base de datos que incluye información glaciológica, meteorológica e hidrológica.

En particular, respecto del comportamiento del glaciar Fourcade, los primeros resultados muestran una considerable reducción de la elevación de la superficie del glaciar. El agua del derretimiento se escurre hacia el suelo, que se satura y forma arroyos que aportan agua dulce al mar. Las causas son tanto el aumento de la temperatura del aire como lluvias más frecuentes –no nevadas- que precipitan sobre el hielo con mayor temperatura que el propio glaciar y contribuyen a reducirlo.

Sala y sus colegas investigadores realizan mediciones de la elevación de la superficie del hielo con GPS de alta precisión (GPS Diferencial), para analizar y validar datos obtenidos por diferentes instrumentos satelitales.

CC ANTÁRTIDA BASE CARLINI

Esta información, combinada con registros meteorológicos de largo plazo, como los que provee la estación meteorológica del Servicio Meteorológico Nacional en la Base Carlini (en la foto, argentina.ar), permiten evaluar la sensibilidad de la cubierta de hielo, que abarca aproximadamente el 92% de la superficie de la Isla 25 de Mayo”, detalla Sala.

Durante los veranos 2010-11, 2011-12, 2012-13 y 2013-14 se realizaron estudios acerca del escurrimiento de los cursos de agua próximos al glaciar Fourcade. Se colocaron y se midieron estacas en el hielo con el objetivo de evaluar la ablación y la acumulación en distintos sectores del glaciar. Además, se instaló sobre el hielo una estación meteorológica automática que registra la temperatura del aire, la humedad relativa, la velocidad e intensidad del viento, la temperatura del hielo en distintos niveles y la radiación de onda corta y larga saliente y entrante.

También se instaló un sistema que mide la turbulencia en superficie mediante un analizador de gases (eddy covariance). Todos estos registros se realizaron de manera casi continua (salvo algunos meses en donde los sensores quedaron cubiertos por la nieve), desde fines de 2010 hasta la fecha. Parte de estos resultados ya han sido presentados en reuniones nacionales e internacionales y, además, se encuentran en preparación nuevas publicaciones.

Nuestro país siempre ha realizado una labor muy destacada en Antártida. Tanto en el pasado como en el presente ha desarrollado investigaciones originales y pioneras, e históricamente ha colaborado con otros países en el desarrollo de actividades de científicas y técnicas. Sólo por mencionar dos ejemplos: en 1902 Sobral participó de la expedición sueca a la Antártida y, el verano pasado (2013/14), la DNA dio soporte técnico y logístico a un grupo de investigadores norteamericanos liderado por el doctor Ted Scambos, uno de los glaciólogos antárticos más reconocidos a nivel mundial”, destaca el biólogo argentino.

Argentina también cooperó con Brasil en la reconstrucción de la base Ferraz después del trágico incendio que sufrió en 2012, a la vez que colegas chilenos reconocen el valor de la investigación científica argentina.

 

 

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