Ciencia

La ciencia y la mujer, al frente del pronóstico

Celeste Saulo asumió en 2014 el Servicio Meteorológico Nacional: es la primera y única mujer en manejar la agencia en 145 años de historia

(Por Valeria Román).- El Servicio Meteorológico de la Argentina, que se encargó de avisar si hay alta probabilidad de lluvias torrenciales, olas de calor, nevadas y otros problemas durante los últimos 146 años está dirigido por una científica, la doctora Celeste Saulo, desde hace cuatro años.

Ahora fue elegida como la primera vicepresidente de la Organización Mundial de Meteorología, con sede en Ginebra, Suiza. Saulo contó qué hace que la meteorología sea tan apasionante, a pesar de los numerosos cálculos matemáticos que implica, y por qué la sociedad debería prestarle más atención a los pronósticos para reducir los riesgos de desastres y combatir sus impactos en la salud.

– La gente suele hablar del tiempo incluso con otras personas que no conoce. ¿Es sólo una manera de contactar a los demás o hay una preocupación por las cuestiones del tiempo?

– Sí, se suele escuchar el pronóstico del tiempo y comentarlo. Estamos buscando compartir más conocimientos para que los ciudadanos puedan estar mejor preparados ante la amenaza de una inundación, una nevada, una lluvia intensa u otros fenómenos. El tiempo es lo que pasa hoy. El clima es el promedio de lo que sucede. Por eso, la Organización Meteorológica Mundial lanzó una campaña que tiene como eslogan “Listos para el tiempo.
Preparados para el clima”. No se trata sólo de llevar un paraguas si hay pronóstico de lluvias. Si se escucha que el pronóstico dice “lluvias intensas”, tal vez no tengo que salir a cenar con mis amigos o no tengo que sacar el auto o no debo cruzar un área con un charco en el que no se ve el fondo. Hay que tomar más en serio a los pronósticos del tiempo. Implica preguntarse: ¿Qué hago con esa información? Hay que incorporar el pronóstico en la vida diaria y tomar decisiones acordes para no arriesgarnos inútilmente. En los Estados Unidos, se desarrolla una iniciativa que llaman “Nación Lista para el Tiempo”, que difunde folletos para que la gente puede armar sus planes de emergencia.

– Los pronósticos del tiempo y las tendencias climáticas también pueden ser útiles para que los funcionarios políticos de las ciudades y las provincias tomen decisiones a mediano y largo plazo y reduzcan los impactos de los fenómenos futuros. ¿Por qué no los tienen en cuenta frecuentemente?

– La adopción de medidas de largo plazo es una deuda general que tenemos como país. Son difíciles de tomar porque los resultados no llegan pronto. Si uno se quiere mirar en el espejo de los países nórdicos, la variable de meteorología está dentro del sistema de planificación. Por ejemplo, si hay cultivo de soja donde antes no había, los pronósticos deberían tenerse en cuenta para tomar medidas con anticipación. Porque si no se lo tiene en cuenta puede ser un drama para el futuro o puede una oportunidad para que se adopten otros cultivos a tiempo. Para un país como la Argentina, que depende de la actividad primaria, la planificación del clima y de la infraestructura son claves. La amenaza está aumentada y la vulnerabilidad también porque está superpoblada. Muchas veces la gestión del corto plazo quita atención sobre la gestión de largo plazo y es un riesgo.

– ¿Al planificar mejor, se reducirían los impactos de los desastres y se evitarían muertes?

-Sí. La Organización Mundial de Meteorología lo tiene como una prioridad en la agenda. Se generó una hoja de ruta sobre cómo debemos trabajar los servicios meteorológicos para reducir efectivamente los riesgos de desastres. Claro que la primera medida para hacerlo es generar mejores pronósticos. Los pronósticos nunca serán perfectos, pero sí se pueden mejorar. Requiere mucho trabajo y compromiso. La amenaza de los fenómenos meteorológicos está, pero si no comunicamos y adecuamos el mensaje puede ser difícil la reducción del impacto. En el caso de la Argentina, cada región es sensible a diferentes problemas. En el Noroeste puede haber aludes, y sequías. La Pampa tiene incendios frecuentes. La amplitud geográfica nos expone a la mayoría de los eventos severos del planeta, incluyendo nevadas muy intensas. Lo único que no ocurren en la Argentina son huracanes.

– ¿Cómo decidió ser investigadora en meteorología?

– Porque es una ciencia fascinante, que combina que combina la matemática y la física con una ciencia experimental. Los fenómenos meteorológicos se pueden percibir fácilmente. A medida que fui cursando la carrera de ciencias de la atmósfera de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, me fui enganchando más. Como investigadora del Conicet, fui trabajando en problemas que tienen una aplicación cercana a la sociedad. El pronóstico del tiempo es interesante porque combina las herramientas más sofisticadas de las ciencias de la atmósfera con un resultado concreto, que es uno de los productos por los cuales más se conoce a la meteorología hoy. El pronóstico del tiempo sirve para tomar decisiones.

– ¿Por qué no hubo mujeres como directoras antes en un organismo que ya tiene 146 años de funcionamiento?

– Desde 1872 hasta ahora, pasaron muchas cosas. A las mujeres les costó mucho estar en puestos directivos, y el Servicio Meteorológico Nacional no fue la excepción. También hay que tener en cuenta que el Servicio estuvo bajo la órbita de la Fuerza Aérea, que ha tenido mayor proporción de varones que de mujeres. En 2007, el Servicio pasó a depender directamente del Ministerio de Defensa. Yo fui la primera directora. Mi perfil es atípico en el mundo. Porque la mayoría de los directores de los servicios meteorológicos vienen del trabajo operativo. En cambio, vengo de la universidad e hice mi carrera en el ámbito científico y académico.

– ¿Qué cambió con usted en el Servicio Meteorológico Nacional desde 2014?

– Por mi origen, lo primero que intenté es el trabajo colaborativo. Nos hemos mudado a un edificio en el barrio porteño de Palermo, que permite una mejor interacción entre las personas que trabajan aquí. Antes, había gente que trabajaba en el mismo lugar, pero no se conocía. También hemos promovido la colaboración entre el Servicio Meteorológico con la Universidad de Buenos Aires. Que juguemos el mismo partido, y que cada uno use sus fortalezas. La respuesta de la universidad y del sector académico ha sido muy buena. Otra impronta es buscar acuerdos con otras instituciones públicas, como Ministerio de Agroindustria, Comisión Nacional de Actividades Espaciales, entre otras. Es decir, buscamos trabajar con organismos públicos que pueden proveer información meteorológica o pueden contribuir a que los servicios que nosotros damos sean mejores para la toma de decisiones. Yo creo que ningún organismo público puede hacer algo de manera solitaria.

– ¿Qué hacen para que prevenir y trabajar mejor durante los desastres ambientales?

– El gran desafío que tiene hoy la meteorología es ver cómo lo que produce es realmente tomado por la sociedad. Es necesario que los pronósticos sean adecuados para los que los reciben. Por ejemplo, Defensa Civil recibe los pronósticos y tiene que tomar resguardos o movilizar recursos. No es lo mismo saber el pronóstico con dos días de anticipación que tenerlo horas antes. Por eso, el Servicio Meteorológico tiene un rol fundamental en la reducción del riesgo de desastres. Por un lado, está la amenaza como una sequía, una lluvia interna, una tormenta, un terremoto, o una erupción volcánica. Pero hay que evaluar también cuál es la vulnerabilidad para la ciudadanía. No es lo mismo que caiga mucha lluvia en un lugar donde no vive nadie, que si ocurre en una gran ciudad. Nosotros decimos los pronósticos, pero ponemos más el foco donde la población es más vulnerable.

– ¿Incluyen a los investigadores en ciencias sociales para comunicar mejor los pronósticos?

– Sí, desde 2014 hemos fortalecido el área comunicacional para que nuestros mensajes sean claros, y creamos el área Meteorología y Sociedad, que está compuesta por antropólogos, geógrafos y sociólogos. Trabajan con los actores que toman decisiones, como bomberos, Defensa Civil y gente que se dedica a agricultura familiar, para que todos puedan usar mejor nuestros productos o eventualmente para descartar un producto que nosotros
pensábamos que era maravilloso y reemplazarlo por otro.

– ¿Las empresas privadas que dan pronósticos son competencia para el Servicio Meteorológico Nacional?

– Ocupan un lugar importante en la cadena de valor. Si hablamos de una meteorología dedicada al usuario final está claro que un organismo nacional en un país tan grande como la Argentina no puede llegar a todos. Por eso, no sería una competencia sino que puede ser un trabajo colaborativo virtuoso. Recientemente, obtuvimos un subsidio del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, para el proyecto CyT Alerta. Es un consorcio público-privado conformado por el Servicio Meteorológico Nacional, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), a través del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (UBA), y las empresas INVAP y FRONTEC. El consorcio se dedicará a una mejor producción de alertas tempranas de catástrofes: se harán pronósticos de alta resolución para la toma de decisiones en el sector agropecuario. Creo que el sector público y el sector privado puede articular y ambos ganan.

– ¿Qué se hace desde la meteorología para minimizar el impacto del cambio climático por los gases contaminantes?

– Los científicos analizan, reportan y discuten y publican los informes a través del Panel Intergubernamental de Cambio Climático. Lo hacen a través de evidencias que obtienen de datos aportados por los servicios meteorológicos de cada país y por los análisis de modelos y escenarios climáticos. Argentina ya tiene 146 años de mediciones, y los registros demuestran un aumento de la temperatura promedio mínima, un aumento de los eventos extremos de precipitación, y una mayor frecuencia en olas de calor. La evidencia científica es contundente.

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