Cambio Climático

La ciencia argentina levanta la voz

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En una de las mejores jornadas sobre cambio climático organizadas este año en el país, “Soluciones desde la ciencia y la práctica en Argentina” (11 de noviembre, Universidad de Palermo), tres reconocidos expertos locales, todos miembros del Panel Intergubernamental (IPCC) en sus tres distintos grupos de trabajo, advirtieron sobre el débil compromiso social que se observa con el problema y,  en especial, sobre la falta de políticas de Estado adecuadas para los tiempos que se vienen, e incluso la adopción de algunas contrarias a un futuro desarrollo sustentable.

En los distintos paneles de la jornada convocada por varias organizaciones (FARN, Avina, Fundación Biosfera, CEDEPA, GreenPeace y el apoyo de CAN), los científicos Matilde Rusticucci, Graciela Magrin y Gabriel Blanco expusieron a la par de funcionarios y representantes de organizaciones sociales ante una sala colmada.

Los tres dejaron mensajes contundentes y llamaron a imitar a otros países más dedicados a buscar soluciones a las causas e impactos del cambio climático, como el vecino Brasil que creó un IPCC propio, y a considerar los costos finales que pueden tener apuestas energéticas como Vaca Muerta, extractivas como la minería y de monocultivo como la soja.

 “En lugar de cada veinte años puede darse una ola cada cinco o cada dos, y para fin de siglo, todos los años, en el escenario más pesimista. O sea, se van a repetir más los extremos”, alertó Rusticucci. “El clima está cambiando y va a cambiar. Toda la sociedad debe convertir al cambio climático en una política de estado, y debemos reclamárselo a nuestros políticos”.

Para Magrin, “el corrimiento de la frontera agrícola de los últimos 20 ó 25 años en Argentina se ha hecho en forma natural, la gente se fue adaptando a esa mayor disponibilidad. Pero no hubo ningún tipo de planificación y en muchos lugares se producen importantes pérdidas ambientales relacionadas con el suelo, porque se ha corrido la producción a zonas bastante más frágiles”.

Y, para rematar, Blanco sobre la mitigación: “No hay país, no hay sociedad, que tenga en este momento excusa para mirar para otro lado en este tema (…) Hay una cuestión ética en juego. Cuando tomamos decisiones -y el rumbo que está tomando  Argentina  en algunos ejes centrales de su desarrollo: mega minería, soja, Vaca Muerta- ¿algunas de esas decisiones están tomadas con la conciencia de lo que está pasando a nivel global?”.

Otros participantes de la jornada fueron Mónica Casanova, responsable de la oficina bonaerense de Desarrollo Sustentable,; Lucas Di Pietro, coordinador de Adaptación en la Dirección de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable y a cargo de Proyectos de Adaptación del PNUMA en el Norte Argentino; Gustavo Gil, coordinador de Energías Renovables del INTI y delegados de organizaciones como Ricardo Bertolino, de la Red de Municipios frente al Cambio Climático.

A continuación, Tiempo Inestable resume las imperdibles exposiciones de los tres expertos, y sugiere guardarlas como renovados documentos de insumo para los debates actuales, los pendientes y los que están por venir sobre qué tipo de acciones tomará el país y sus gobernantes frente al cambio climático.

EXPOSICIÓN DE LA DOCTORA MATILDE RUSTICUCCI

Directora del Departamento de Ciencias de la Atmófera yd de los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires y co autora del Informe del Grupo I del IPCC.

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El Grupo de Trabajo 1 se dedicó a evaluar todo el estado de conocimiento desde el punto de vista físico del cambio climático.

Hay tres aspectos y el primero son los cambios observados, lo que ya sucedió. El otro es el de la atribución, o sea a qué se debió el cambio climático observado. Y el tercero el de  las proyecciones, o sea, de acuerdo con lo que sabemos qué clima podemos proyectar hacia el futuro.

El resultado más significativo observado es la suba de la temperatura media global, anual, en todo el planeta, en verano, en  invierno, en el ecuador y en los polos, desde 1850 y hasta el presente. Vemos que en la curva desde entonces la temperatura sube y baja, sube y baja, pero a largo plazo aumenta sistemáticamente desde principios del siglo veinte, de 0,8°C a 1°C. Parece muy poco, pero es un aumento muy significativo y sin precedentes.

No es lo único que sucedió. También aumentó el nivel medio del mar, principalmente porque el océano se calentó. Las grandes masas de agua de todo el planeta absorbieron el 90 por ciento del excedente de calor. Y al aumentar la temperatura, aumenta el volumen, y al aumentar el volumen, aumenta el nivel del mar.

Pero pasó algo más: la cantidad de dióxido de carbono no tiene precedentes por lo menos en 800 mil años, y algunos dicen que más, hasta un millón y medio de años.  Esas cantidades se deducen del estudio de cilindros de hielo en la Antártida, de hasta un kilómetro de profundidad, de los cuales se estima el contenido de gases que contenía la atmósfera en el pasado.

Esto nos da una pista que nos permite saber y estudiar cuáles fueron las causas de este cambio, que es significativo en el aumento de gases invernadero, así como en las temperaturas, en el nivel del mar, en el derretimiento de los hielos y en todos los componentes del sistema climático.

El análisis es posible con modelos matemáticos que pueden separar con ecuaciones qué es lo que está causando el cambio tomando en cuenta todas las variables. En ese sentido, las causas pueden ser dos tipos, naturales y antropogénicas.

Las causas naturales del cambio del clima, por ejemplo, el Sol y sus cambios de radiación a lo largo de los años. Otra causa es la actividad de los volcanes, que cuando lanzan cenizas a la amtósfera por meses o por años tienen un efecto de enfriamiento. Hasta ahí, causas naturales.

Pero luego tenemos las antropogénicas: son las causas principales del aumento de la temperatura, del aumento artificial, por el exceso de gases de efecto invernadero, y en menos medida por deforestación y cambios de uso del suelo. 

Además de lo global, podemos ver qué le pasó a Sudamérica con el aumento de la temperatura, en gráficos que muestran desde comienzos de siglo hasta 2012 (ver foto). En nuestro país, los valores varían desde la Patagonia (-0,6°C) hasta el Norte, donde llega hasta casi 2,5°C. Así el valor medio global, cuando vamos al análisis regional, se puede duplicar, como en este caso. También  aumentó significativamente la cantidad de lluvia en la Pampa argentina.

El hombre es el causante de estos cambios a nivel global y también de lo que llamamos extremos climáticos, que para nosotros son olas de calor, olas de frío, lluvias intensas, sequías intensas. Acabamos de vivir una situación en Buenos Aires, con una ola de calor récord en este octubre de 2014, luego una sudestada, que es un fenómeno natural, pero más persistente que otras veces. En diciembre de 2013 tuvimos una ola de calor sostenida, muy persistente, sin valores de temperatura muy altos pero por encima de un umbral muy elevado por muchos días.

Lo que sí sabemos es que aumentó la frecuencia de esos fenómenos. La sudestada, por ejemplo, es un fenómeno natural, pero si el Río de la Plata está cada vez más alto, inunda más, además de ser más frecuente.

Para hacer las proyecciones, desde la física conocemos lo que pasó y entonces podemos modelar.  Como sabemos qué ocasionó este cambio, trabajamos sobre las emisiones de gases efecto invernadero y en función de la concentración de esos gases podemos estimar cuál va a ser el clima futuro.

Eso se hace con el uso de modelos matemáticos, con grandes equipos interdisciplinarios (meteorólogos, matemáticos, programadores). Hay unos veinte centros en todo el mundo corriendo estos modelos. De ahí sale un abanico de escenarios posibles, de proyecciones.

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Tenemos las curvas de lo que pasó y las posibles: esas líneas nos van indicando siempre más aumento de temperatura, aunque no hiciéramos nada, porque todo el sistema tiene una inercia, una dinámica propia. Hay un exceso de calor que va a seguir liberándose a la atmósfera.

Pero puede seguir y aumentar la temperatura apenas 0,5°C o bien, según el escenario más pesimista de todos, hasta 8°C a nivel global. Hay un abanico de posibilidades que van a depender de lo que la humanidad haga en el futuro con la emisión de gases invernadero.  }

Según todas las proyecciones, de todos modos, va a continuar aumentando la temperatura, va a continuar derritiéndose el hielo marino (el Ártico se ha reducido muy significativamente), el nivel del mar va a seguir aumentando, desde algunos centímetros, hasta llegar a un metro. Los glaciares va a seguir derritiéndose y los que más van a sufrir los glaciares de montañas tropicales.

¿Qué va a pasar con la temperatura media? Dependerá de si no hacemos nada, de si hacemos poco o de si hacemos algo serio con la mitigación del cambio climático; desde un aumento de 0,5°C, pasando por algo cercano al 1°C hasta llegar a los 3 o 4°C. Estos son valores medios anuales.

Entre nosotros, cuando hablamos de que una ola de calor se repite una vez cada veinte años, en el futuro nos pueden esperarse tres escenarios, para mediados y para fines de siglo. En lugar de cada veinte años puede darse una ola cada cinco o cada dos, y para fin de siglo, todos los años, en el escenario más pesimista. O sea, se van a repetir más los extremos. Lo mismo con la lluvia, y en nuestra región los escenarios dan también un aumento de frecuencia de precipitaciones, mientras en la Patagonia, en zonas de menos agua, menos lluvia todavía.

En resumen, el clima está cambiando y va a cambiar. Toda la sociedad debe convertir al cambio climático en una política de estado, y debemos reclamárselo a nuestros políticos.

(…) Hay dos caminos. Brasil hizo un IPCC, esto implcia medidas de Estado e invertir, en científicos y demás. Va a tener resultados. Por otro lado, tenemos Comunicaciones Nacionales sobre Cambio Climático. Argentina está elaborando la tercera, ya está hecha la primera parte, la parte física. Después viene la parte de impactos y mi mitigación. Cuándo se va a dar a publicidad no sé, pero sería la respuesta más integral y se está elaborando.

Aunque hacer un IPCC nacional sería una gran idea. Hemos tenido al menos 11 argentinos en el IPCC de la ONU, y podemos sumar los anteriores. Se pueden pensar en eso.

Lo que nos falta, respecto de otros países, son los datos. Cuánto costó en vidas, en salud, el cambio climático, está información no está y debería tomarse en cuenta.

EXPOSICIÓN DE LA INGENIERA GRACIELA MAGRIN

Co autora del Informe del Grupo II del IPCC

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Estuve coordinando la parte de América Latina en el IPCC en 1998. Es una región (ahora si México) complicada, grande, con muchas diferencias y muchas contradicciones. Como cosa importante que surge de este último informe del IPCC  de lo que está pasando en la región es el cambio climático mismo y el cambio en el uso del suelo. Son las dos fuerzas ambientales más grandes que están afectando en forma muy importante a toda la región.

En Argentina tuvimos cambios de clima en dos zonas diferentes, con distintas tendencias, en gran parte del país, en el Norte, la zona más productora, con muchísimas lluvias, donde aumentaron las temperaturas del invierno, donde la productividad de los cultivos aumentó en la reacción con el cambio: un clima que en promedio nos favoreció.

Sin embargo, tuvimos una cantidad de extremos muy grandes y muy notables, especialmente relacionados con las lluvias, con excesos o con faltas de lluvias, que están alterando o van a seguir alterando los sistemas humanos y productivos de la región.

Por el otro lado lo que está pasando en la región de Cuyo, en el oeste y el centro oeste de Argentina, donde la situación se revierte, está faltando agua, y tenemos el problema de que se están derritiendo los glaciares, aunque no al nivel de los glaciares tropicales.

Las perspectivas para la región son variadas. Se esperan distintos impactos y respuestas ante este cambio de clima. Por lo general, se cree que en el Sudeste de Sudamérica la producción agropecuaria se va a favorecer en promedio hasta mediados de siglos, pero con años muy buenos y años muy malos.

Va a haber problemas serios en la agricultura de Centroamérica, en el Noreste de Brasil, en el Centro de Chile, en el oeste de Argentina. En relación con la salud también hay impactos relacionados con la aparición de enfermedades vinculadas con los mosquitos. El dengue está entrando en la Argentina y está subiendo en altitud, donde se está encontrando el vector.

Otra cosa importante que está pasando es el desplazamiento de las actividades. En Argentina se ha corrido la zona productiva hacia el Oeste y hacia el Sur, ayudada por la mayor disponibilidad pero también por el aumento de la temperatura. Los cultivos están llegando al norte de la Patagonia.

Ante todos estos cambios que, sin dudas, están ocurriendo, están registrados y observados, hay dos opciones para reaccionar: hay que prestarle mucha atención a la adaptación. La mitigación de gases invernadero es muy importante, toda la humanidad debe reaccionar, la población debe aprender a ser más cuidadoso.

Pero el foco aquí lo tenemos que poner en cómo hacemos para reducir los daños e impactos, que son importantes. En varios países ya existen leyes de cambio climático, pero nosotros todavía no hemos avanzado en ese sentido. Deberíamos tratar de hacer más esfuerzos todavía para que el tema entre más a nivel institucional a nivel de gobierno. Nos faltan políticas de Estado.

Estamos teniendo consecuencias políticas importantes. Todo esto corrimiento de la frontera agrícola que se produce en los últimos 20 ó 25 años se ha hecho en forma natural, la gente naturalmente se fue adaptando a esa mayor disponibilidad, se fue corriendo. Pero no hubo ningún tipo de planificación y en muchos lugares se producen importantes pérdidas ambientales relacionadas con el suelo, porque se ha corrido la producción a zonas bastante más frágiles.

(…) Hay que prestar atención a qué medidas tomamos para reducir estos impactos climáticos, para reducir la vulnerabilidad de la población y aumentar la capacidad para reaccionar a todo este cambio.

Otra cosa importante es que acá los esfuerzos de pusieron hasta ahora para evaluar los impactos físicos que produce el clima, hay mucho esmero en el análisis de las variables físicas, biológicas y hasta económicas. Pero son pocos los estudios en los que se trata de abordar las causas de vulnerabilidad, de la baja capacidad  adaptativa de grandes sectores de la población.

Todo esto está muy unido al nivel de desarrollo social y económico. De una vez tenemos que tratar de integrar la adaptación al cambio climático y al clima con lo que es el desarrollo. Acá hay pocas acciones que van en ese sentido.

Y para eso es necesario disponer de buenas instituciones, fuertes y con poder, que sean capaces de interrelacionar con otras instituciones y organizaciones, tratando de buscar la forma más coordinada posible de llegar a las acciones.

Pero en lugar de mirar tanto para adelante, que no sirve tanto, nos falta información sobre las causas de vulnerabilidad actual. Estamos lejísimos de estar adaptados al clima actual: el esfuerzo tiene que ir por ese lado.

(…) No hay ninguna duda de que el clima está cambiando. Pero hay otro problema. Este país está lleno de adivinadores. Y viene uno y dice blanco, y otro negro y otro rojo. ¿A quién creerle? Es un problema y creo que hasta lo hacen a propósito para confundir a la gente. Hay que tener mucho cuidado.

En cuanto a las instituciones, su falta de flexibilidad es un problema. Tienen que poder cambiar. Fui del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) 35 años. El INTA tiene proyectos de entre 5 y 10 años. Cómo se hace para meter algo nuevo y rápido: no lo da la estructura, es muy difícil.

Otro problema es la falta de líderes, y si los hay los esconden rápido. No hay una comisión permanente que se dedique al tema. Los brasileños lo lograron, no hay uno que diga algo diferente. Ahí, Argentina tiene fallas importantes.

EXPOSICIÓN DE GABRIEL BLANCO

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Coordinador y autor principal del informe del Grupo III del IPCC, docente del Centro de Tecnologías Ambientales y Energía , Facultad de Ingeniería de la Universidad del Centro.

Una clave del nuevo informe 2014 del Grupo III del IPCC, sobre mitigación del cambio climático, es que se abordó desde un marco de sustentabilidad, con la equidad y la ética involucradas en la problemática. Porque es un problema global, que es de todos, que impacta a todos y que la solución no puede ser de uno o unos pocos.

El informe evalúa las emisiones de gases de efecto invernadero desde el pasado remoto, de los orígenes de la Revolución Industrial, hasta el presente. Se analizan esas emisiones, como fueron las tendencias, con nuevos datos, con diferentes bases de datos, y se trazan las tendencias pasadas.

Es interesante ver (primera transparencia) como el IPCC analiza estas emisiones desde múltiples puntos de vista. Por sector productivo, en forma global, por región geográfica, según emisiones por persona, las emisiones acumuladas, una cantidad de perspectivas diferentes para analizar el pasado de las emisiones.

Y esto es relevante, porque depende de cómo se mire y cómo se analice, y qué perspectiva se mire y se analice, las cosas lucen de manera diferente. Cuando uno mira las emisiones por región, o per cápita: en un caso aparece la región asiática con un crecimiento de sus emisiones pero cuando uno lo mira per cápita los chinos no llegaron todavía ni siquiera al promedio mundial per cápita.

También es distinto mirar el acumulado, el flujo, el crecimiento año por año. Muestras distintas lecturas y se pueden hacer distintas lecturas a partir de ello.

Después, cuando el IPCC analiza estos datos, hay dos grandes niveles de causas. Unas, que se denominan directas o inmediatas y son básicamente cuatro. El crecimiento poblacional, el crecimiento del PBI por personal, la intensidad energética (cuánta energía se usa para producir una unidad de PBI) y la intensidad de carbono (cuánto carbono libero por cada unidad de PBI), o sea cuán sucio son los recursos energéticos que se utilizan. Detrás de cada una de estas causas inmediatas hay un mundo de cosas por analizar. Hay causas subyacentes.

Después, el IPCC ver qué pasa hacia el futuro y analiza una serie de escenarios futuros que contemplan distintos niveles de crecimiento, disponibilidad de tecnologías etcétera, que se proyectan hasta 2050 y 2100. La posibilidad de alcanzar un escenario que contenga el incremento del aumento de temperatura global  por debajo de los 2°C respecto de los niveles pre industriales, el único escenario posible, es muy difícil y requiere de un esfuerzo increíble en términos tecnológicos y otros.

Con esos escenarios, el IPCC pasa a analizar desde el punto de vistas tecnológico y económico cada uno de ellos y se busca espacios de soluciones, sin recomendar, sino sólo analizando posibilidades, sin prescribir desde el punto de vista político. Eso escenarios minimizan o maximizan el costo de la mitigación del cambio climático.

Cuando se empieza a analizar las causas subyacentes de la emisiones, por debajo de esas cuatro inmediatas, detrás de esas intensidad de carbono aparecen los recursos energéticos utilizados en los distintos países y su decisión de qué recursos utilizar (aunque hay países que no los tienen).

La otra causa directa, la intensidad energética, muestra cuán eficiente somos como sociedad para producir bienes y servicios. Lo que hay que decir ahí es que si bien hubo una mejora importante en los últimos cuarenta años, esa mejora en la eficiencia global de la producción no alcanzó ni mucho menos a revertir la tendencia reciente de las emisiones.

¿Por qué? Porque no alcanzó a compensar el crecimiento de la población y, sobre todo, el crecimiento de los bienes de consumo, a lo que ahora se agrega un crecimiento sostenido en economías emergentes.

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Lo que aparece claramente es que la solución tecnológica no alcanza para revertir la tendencia de producción y consumo de bienes y servicios actual. Es la primera lectura que uno hace cuando lee la información, los datos desde 1850 para acá.

Entonces surge otra cuestión: este espacio de soluciones tecnológico y económico es insuficiente, porque lo que hay que abordar son las causas subyacentes, y la causa principal es la producción y consumo de bienes y servicios. Lamentablemente, lo digo como una autocrítica desde el IPCC, el informe se queda corto en ese sentido, porque hace un análisis de la sustentabilidad no están reflejadas después en el espacio de soluciones. Sólo están reflejadas la parte tecnológica y la parte económica. ¿Qué paso con lo demás? Se queda por el camino sin abordar ese tema.

No hay país, no hay sociedad, que tenga en este momento excusa para mirar para otro lado en este tema.  Se puede discutir, fui parte del equipo negociador argentino, y se plantean responsabilidades. Lo que no se puede hacer es mirar para un costado.

Me pregunto qué estamos haciendo en Argentina como sociedad en este sentido. Hay una cuestión ética en juego. Cuando tomamos decisiones -y el rumbo que está tomando  Argentina  en algunos ejes centrales de su desarrollo: mega minería, soja, Vaca Muerta- ¿algunas de esas decisiones están tomadas con la conciencia de lo que está pasando a nivel global?

Si no se quiere tomar el nivel global, supongamos que no interesa, que es otra agenda de otro como dijo un funcionario. En emisiones per cápita estamos casi al nivel de Gran Bretaña, Francia e Italia. No es menor, pero supongamos que es una cuestión menor. Estamos mirando las decisiones que tomamos desde el punto de vista integral no sólo esas emisiones sino los co-beneficios que vayan en línea con lo que hay que hacer en término de cambio climático?

Cuando hablo de co beneficios hablo de diversificar la matriz energética, hablo de seguridad alimentaria, de salud, calidad de aire, de recursos. Me pregunto si las decisiones que estamos tomando, si esos ejes en que nos embarcamos para crecer,  si esas decisiones están tomadas mirando todas estas dimensiones del problema.

(…) La vinculación entre lo global y lo local es absoluta e inmediata. Lo que muestra el IPCC es que el problema del cambio climático está instalado y que, en todo caso, si no se quiere hablar de él, hay que mirarlo como un emergente de una problemática mucho mayor: el modelo de desarrollo.

En eso hay que decir que  a los argentinos como sociedad no nos interesa el cambio climático, no está en nuestra agenda. Entonces, mirémoslo por otro lugar. La Comunicación Nacional sobre Cambio Climático se está malamente terminando después de siete años. La Estrategia Nacional de Cambio Climático empezó y nunca se terminó de elaborar.

Lo que se ve es que no está en la agenda. ¿Por qué no se están viendo los enormes co beneficios que tiene actuar ante el cambio climático?  Podría ser infinita la lista, directos, de corto, mediano y largo plazo, de implicancia directa para nuestra calidad de vida. Me hago la pregunta y no tengo respuesta.

Cuando decidimos ir por Vaca Muerta. Ir en esa dirección significa embarcarse por los próximos cien años en esa dirección. Todos sabemos que los contratos son por 35 años con extensiones por 10 más. Son 45 años. Cuando decidimos ir por ese camino decidimos ir por ese camino decidimos un modelo de desarrollo. El cambio climático viene después, es un emergente, es una puntita de un cambio mucho más grande.

¿La pregunta es por qué se decidió ese camino y no otro, había otras posibilidades? Cuando Argentina atraviesa la crisis mayor en términos energéticos, es un momento de decisión. Cuando se toca fondo, es momento de decisiones. Y Argentina decidió ese camino.

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¿Había alternativas a repetir el mismo modelo de desarrollo de aquellos países que hoy son industrializados, hay otro modelo posible? ¿Es eso lo que queremos? Porque esos modelos de desarrollo causaron muchos beneficios para algunos, incluso para algunos dentro de esas sociedades.

Esas preguntas nos tenemos que hacer. ¿Era Vaca Muerta la única opción en ese sentido? ¿Era la soja, es la megaminería? Qué hacer, qué indicadores estamos usando para medir nuestro desarrollo, cómo lo estamos midiendo. Escuchaba decir, “la energía no da”. Claro, el costo-beneficio no da, claro. Pero YPF nació en 1920 y pico: son cien años de subsidios a la industria petrolera. La CNEA nació en el 50 y pico, son 60 años de financiamiento y subsidios a la industria nuclear. Cuando se decidió ir por Atucha II y Atucha III y no sé cuántas más Atuchas vamos a tener, se pensó en todas las dimensiones de la sustentabilidad, o vamos a seguir analizando las cosas por costo-beneficio.

¿Estamos analizando las cosas como corresponde, qué indicadores estamos usando, estamos mejorando nuestra calidad de vida o hay otro camino alternativo? Yo creo que sí, que apuntan a la diversificación, a la descentralización… Pero como sociedad estamos embarcados en esto. Se puede actuar, pero habría que actuar en todos los niveles. Si nos interesa hacerlo.

 

 

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