Ciencia

La incógnita de las burbujas océanicas

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En lo que podría ser una pista sobre los efectos futuros del cambio climático, los científicos han descubierto una enorme colección de fugas de metano desde el fondo del océano Atlántico, frente a la costa este de los Estados Unidos.

La investigación, publicada en Nature Geoscience, se sirvió de un buque equipado con sonar para cubrir un área de 94.000 kilómetros cuadrados que forma un arco desde Carolina del Norte hasta Massachusetts.

Dentro de esa extensión, descubrieron alrededor de 570 columnas separadas de burbujas que suben desde el fondo del océano Atlántico. Y si bien los científicos todavía no han recogido muestras, la fuente de las burbujas sugieren que contienen metano.

Los resultados del estudio son sorprendentes, ya que estas fugas se encuentran generalmente en la cima depósitos de metano conocidos, o por encima de las regiones tectónicas activas. Los científicos creían que muy pocas de esas fugas se encontraban en esa zona de la plataforma del Atlántico.
“Esta es la primera vez que alguien mapea sistemáticamente toda el área”, comentó a la revista Science Christian Berndt, un geofísico marino de GEOMAR en Kiel, Alemania, quien no participó en el estudio. “Ellos descubrieron que había mucho más metano fugándose de lo que se sospechaba de antemano”.

El metano es un gas de efecto invernadero, mucho más potente que el dióxido de carbono si se considera su peso específico. Pero a 90 toneladas métricas cada una, el metano que se libera por las 570 fugas descubiertas queda eclipsado por la liberación anual del gas de origen industrial agrícola, así como de otras fuentes naturales. Aún así, los investigadores estiman que puede haber alrededor de 30.000 fugas más en todo el mundo.

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También existe la posibilidad de que el cambio climático y las alteraciones de las temperaturas oceánicas estén dando lugar a liberaciones mucho más grandes.

“Unas pocas columnas de burbujas aquí o allá no tendrán un impacto memorable”, afirmó a la revista Science Jens Geinert, quien dirige la unidad de monitoreo de aguas profundas en GEOMAR. “Se convierte en interesante sólo si ocurre un escape catastrófico”.

Carolyn Ruppel, del Servicio Geológico de Estados Unidos y una de los coautores del estudio, declaró a The New York Times que alrededor de 40 de las fugas que se detectan provienen de profundidades de más de mil metro, probablemente procedente de los yacimientos más profundos, por debajo de los sedimentos iniciales que conforman el fondo del mar.

Si ese fuera el caso, esos depósitos podrían ser un objetivo para la extracción de las compañías de combustibles fósiles, aunque se necesita más investigación para confirmarlo.

Pero la mayoría de las fugas provinieron de entre 250 a 600 metros de profundidad, y las imágenes que Ruppel y sus colegas fueron capaces de tomar con un sumergible muestran que la mayor parte del metano esté probablemente atrapado en estructuras de hielo llamados hidratos, en los sedimentos iniciales del fondo del mar.

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