Cambio Climático

La próxima ola de refugiados climáticos

(Por Kumi Naidoo, de Amnistía Internacional).- La última vez que la comunidad internacional protegió con un tratado el estatus legal de los refugiados fue en 1951, Ahora, se discuten dos nuevos pactos en la ONU, y ambos consideran proteger a los migrantes globales de la mayor fuente actual de desplazamiento: el cambio climático.

Los gobiernos de todo el mundo participan en una serie de conversaciones que podrían alterar fundamentalmente cómo se gestiona el movimiento transfronterizo de personas. Un diálogo se centra en la protección de los refugiados; el otro en la migración.

Estos debates no darán lugar a acuerdos jurídicamente vinculantes. Pero las conversaciones en sí son una oportunidad única de forjar un consenso sobre los desafíos actuales de la migración. Y, lo más importante, ofrecerán a la comunidad internacional la oportunidad de planificar el impacto del cambio climático, que pronto se convertirá en un factor clave del desplazamiento y la migración a nivel mundial.

En el último recuento, había unos 258 millones de migrantes en todo el mundo, con 22,5 millones de personas registradas como refugiados por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. Estos números serán eclipsados ​​si se corroboran incluso las predicciones más modestas relacionadas con el clima.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el cambio climático podría desplazar a mil millones de personas para 2050. Y sin embargo, ningún tratado internacional cubre la migración inducida por el clima, una brecha que debe abordarse ahora.

Nunca desde 1951 las normas internacionales para la protección de refugiados recibieron tanta atención. Ese año, con más de 80 millones de personas desplazadas después de la Segunda Guerra Mundial, los países miembros de la ONU ratificaron un marco integral para estandarizar su tratamiento de los refugiados.

El Pacto Mundial sobre Refugiados actualmente en discusión se basa en este marco con estrategias para empoderar a los refugiados y ayudar a los gobiernos anfitriones. Lo más significativo es que comprometería a los signatarios a proteger a “los desplazados por los desastres naturales y el cambio climático”.

El segundo acuerdo es aún más importante para la gestión del desplazamiento inducido por el clima. Nunca ha habido un tratado global que rija la migración, y los esfuerzos bilaterales del pasado se han centrado casi exclusivamente en la violencia y el conflicto como causas fundamentales del desplazamiento.

El Pacto Mundial para la Migración propuesto va más allá de estos factores y señala que el cambio climático se encuentra entre los “factores adversos y factores estructurales que obligan a las personas a abandonar su país de origen”.

Este tipo de lenguaje normativo reafirma lo que las poblaciones en riesgo de todo el mundo ya saben: las sequías, los desastres naturales, la desertificación, la pérdida de cosechas y muchos otros cambios ambientales están desbaratándose de los medios de subsistencia y haciendo que comunidades enteras sean inhabitables.

En mi país, Sudáfrica, una sequía récord está obligando a las principales ciudades a considerar el racionamiento del agua. Si la escasez de agua persiste, la migración seguramente seguirá. La escasez de recursos es particularmente peligrosa en estados políticamente inestables, donde ya se ha vinculado al cambio climático con conflictos violentos y problemas locales.

Las disputas sobre tierras fértiles y agua potable alimentaron la guerra en Darfur. La crisis en Siria, una de las principales fuentes de desplazamiento humano en la actualidad, comenzó después de sucesivas sequías que empujaron a los sirios de las zonas rurales a las ciudades. No es exagerado predecir que el cambio climático producirá más derramamiento de sangre en los próximos años.

Los dos marcos de la ONU podrían servir de base para planificar cómo gestionar las próximas migraciones inducidas por el clima. Con modelos científicos para guiar la toma de decisiones, los estados podrían diseñar estrategias de reubicación ordenadas, dignas y equitativas. Este es ciertamente un enfoque más inteligente que las respuestas ad hoc hasta la fecha.

Pero la historia nos dice que los gobiernos son reacios a buscar soluciones colectivas a la migración forzada. Este fracaso es visible hoy en la difícil e inexcusable situación de los refugiados en todo el mundo.

A medida que ingresamos en los últimos meses de las conversaciones del Pacto, ¿qué deberíamos esperar de aquellos que negocian el plan global para la gestión de movimientos de personas sin precedentes?

Las causas y consecuencias del cambio climático requieren mucha atención. Las personas desplazadas deben poder seguir con sus vidas con dignidad. La prueba de los líderes mundiales será si los pactos globales sobre refugiados y migrantes pueden lograr esto.

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