América Latina

Las lluvias que asechan la Pampa argentina

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Las inundaciones que castigan con singular fuerza desde septiembre a vastas regiones de Buenos Aires, e impactan en el corazón económico agrícola de la provincia y de Argentina, son resultado de un 2014 que ya superó el promedio de precipitaciones para todo el año, cuando todavía falta contabilizar una estación lluviosa como la primavera, explicaron técnicos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) argentino a Tiempo Inestable (foto de portada Noticias Las Flores).

Sin embargo, como hizo notar el climatólogo José Luis Stella, aún no está claro si 2014 es una excepción en la onda larga de menores precipitaciones que había comenzado en 2003, o si será, precisamente, el año que marque un cambio en esa tendencia para la provincia de Buenos Aires y el resto de la región de la Pampa, que tiene una llanura de 600 mil km2.

“Ahora, hay que ver si este 2014 es un caso aislado de muchas precipitaciones en la provincia o si vamos hacia otro cambio de onda, más húmedo. Cuando hacemos análisis más regionales, vemos períodos de precipitaciones positivos muy largos, como desde finales de los 70 hasta finales del 2000, aunque con años secos como 1988-89 o 1995. Dentro de ese período más bien húmedo hubo años o estaciones más secos. A partir de 2003, hubo un período de menores precipitaciones, con un pico en la sequía de 2008 y 2010, y ahora 2014 estaríamos en un pico positivo”, dijo Stella.

Las lluvias, especialmente en distritos como Dolores y varios del este bonaerense, desbordaron la cuenca del Río Salado (170 mil km2), cayeron sobre suelos ya bastante saturados, lo que amenaza con recortar las cosechas de trigo, además de haber afectado a la ganadería con desplazamientos y muertes de reses.

La situación, además, generó renovadas discusiones entre el Gobierno y los productores agrícolas sobre el progreso de las obras de canalización del extenso río Salado, en un terreno natural que tiene escaso declive hacia la costa Atlántica y que siempre ha sido muy proclive a las inundaciones. El gobierno provincial decretó la emergencia agropecuaria en más de 50 distritos pero todavía no se estimaron las pérdidas.

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“Los registros pluviométricos sistemáticos de una serie histórica de 100 años en la llanura pampeana permiten detectar períodos más húmedos y más secos. Pueden mencionarse las grandes sequías de 1920-1930, cuando se produjo el desecamiento de las Lagunas Encadenadas del Oeste”, recuerda Alicia Fernández Cirelli (ver más abajo). Más recientemente, en la inundación de 1980, quedaron bajo agua 37 distritos.

“El excedente de precipitaciones en la zona, entre 200 y 500 mm en el ciclo hidrológico actual, configura una situación de saturación de napas y lagunas interiores, que bajo ninguna circunstancia podría ser eliminada por la obra en cuestión, que por otra parte permitió atenuar en gran medida sus efectos”, argumentó el Ejecutivo nacional (ver más abajo)

Según el último informe de precipitaciones del SMN, “con respecto a la precipitación registrada a lo largo del año 2014 se observan los máximos en la región de Cuyo y norte de la Patagonia, donde ha llovido entre un 150% y más de 200% de la precipitación normal anual”.

“En la provincia de Buenos Aires predominan valores entre el 80% y 100% de la precipitación normal anual en su región central y sur, mientras que en el este de la provincia ya se ha superado el 100%, superando la cantidad de lluvia esperada para todo el año”.

FACTORES COMBINADOS

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En este contexto de inundaciones reciente, según el climatólogo Stella, “hay dos factores que se combinan. Por un lado lo que venía lloviendo previamente en la provincia en este, 2014 desde fines del verano, durante el otoño y el invierno, y por otro todo lo que llovió en los primeros días de septiembre. Combinado, hizo colapsar el sistema en los campos, cuyos suelos estaban saturados”.

“En todo el Este bonaerense, las precipitaciones desde enero hasta el 15 de septiembre superaron todo lo que llueve en un año, con entre 100 y 150 por ciento más para una zona ahora complicada donde suelen llover entre 800 mm y 1.000 mm”, comentó.

Dolores, por ejemplo, llevaba 934mm acumulados hasta agosto, más otros 130 mm en septiembre, cuando lo normal en todo el año son unos 940 mm. “Y queda un período normalmente lluvioso, para el que nada indica que vaya a llover menos en lo que resta del año”, aclara.

Justamente en Dolores, la última gran inundación había sido en 2002, un año de los más lluviosos de los últimos tiempos, “aunque no el más”. Pero después, en general, la región húmeda y el Litoral habían entrado en un período de menores precipitaciones, sin eventos de grandes lluvias. Tal vez 2012 haya sido excepcional porque llovió mucho en la segunda mitad del año, pero con igual tendencia.

En los últimos años, no hubo grandes eventos El Niño y sí Niñas más fuertes. Este año todavía no se declaró El Niño y los modelos estiman que si llega será débil, “pero estas últimas precipitaciones podrían estar asociadas  un calentamiento débil” que acompaña a ese fenómeno en nuestra región.

Stella recuerda que los inviernos venían siendo muy secos, “y es también allí donde se notó un cambio de tendencia. También veníamos de otoños más bien secos”.

Según el consenso de expertos locales, alcanzado con el uso de modelos dinámicos y estadísticos de pronóstico, “no hay indicadores que nos hagan pensar que en lo que resta de 2014 vaya a llover menos en la provincia de Buenos Aires. Está complicada la situación. La primavera es una estación lluviosa, y puede llover más. Suele haber tormentas y las que sean locales pueden ser más intensas”.

LA PAMPA HÚMEDA… Y  PLANA

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La cuenca del Salado presenta dos características desfavorables: se trata de un área geográfica con falta de relieve (es decir, está conformada por una zona alta peri-serrana de aportes de grandes volúmenes de agua a una planicie deprimida, con formaciones de dunas que obstaculizan su desembocadura al mar). A esto se suma que el sistema de drenaje está pobremente desarrollado y por lo tanto el porcentaje de lluvias que escurre por los ríos es pequeño, menor al 10%, según un informe del Centro de Estudios Sociales y Ambientales (CESAM).

El aspecto geográfico y las cíclicas variaciones climáticas, entre otros factores (ver recuadro), provocan sequías e inundaciones prolongadas en forma periódica. Esto no sólo afecta a los cascos urbanos sino también al sector agropecuario de la región, donde de acuerdo con el Ministerio de Infraestructura bonaerense se concentra entre el 25 y el 30% de la producción nacional de granos y carne.

Si bien se trata de un problema fisiográfico estructural de la cuenca, “la situación se ha agravado desde comienzos de la década del 70, donde se inició un período más húmedo y un aumento en la frecuencia de los eventos de inundación y anegamiento”, se puede leer en un documento de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación publicado en 2003. Así, los años con mayores registros de inundaciones fueron 1980, 1985, 1986, 1987, 1993 y 2000, aunque “los episodios más graves, en cuanto a su impacto sobre la sociedad, ocurrieron en el periodo 1985-1987”, destaca el CESAM en el informe mencionado.

¿Qué se propuso hacer? Para tratar de paliar esta problemática, el Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires encargó a mediados de la década del 90 a la consultora inglesa Sir William Halcrow & Partners la elaboración de un plan de recursos hídricos. El trabajo fue realizado entre 1997 y 1999 y costó U$S 3,3 millones, financiados por el Banco Mundial. Los principales objetivos de lo que resultó ser el Plan Maestro Integral de la Cuenca del Río Salado (PMI-CRS) eran “proteger el valor ambiental de la cuenca”, “mejorar las condiciones económicas” y “mitigar los impactos negativos de inundaciones y sequías”.

Fuente: El Explicador de Chequeado.com, 2012

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Inundaciones: la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación aclara

“Las obras del Plan Maestro Integral del Río Salado se iniciaron a fines de 2003 y a la fecha se ha concluido el primer y segundo tramo, mientras que el tercero está en avanzado estado de ejecución, con finalización programada para principios del año 2015. Cabe destacar que sólo restan obras complementarias, como puentes, que no hacen a su funcionamiento en relación al control de inundaciones”.

“La inversión acumulada en toda la cuenca del Salado alcanza los 3.000 millones de pesos y permitió recuperar 1.200.000 hectáreas para la actividad agropecuaria”.

“Desde el punto de vista hidráulico la obra está funcionando en niveles muy satisfactorios,  reduciendo la permanencia de los picos de crecida en la mitad de tiempo y una disminución nominal de lámina entre 1 y 2 metros de inundación en zonas críticas“.

“El Tramo III, actualmente en ejecución, tiene una longitud es de 118 km, totaliza casi 300 km de intervención,  previéndose la conclusión de las obras complementarias de puentes y accesos para principios del año 2015.

“Su localización abarca los partidos de Chascomús, General Paz, General Belgrano y San Miguel del Monte, protegiendo también a las ciudades y poblaciones contra el efecto de las inundaciones.

Fuente: Ministerio de Planificación

UNA HISTORIA DE TRES SIGLOS

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En los comienzos de la patria, ya se mencionan los ciclos de sequías e inundaciones en la provincia de Buenos Aires y su impacto en la actividad ganadera.

Entre 1829-1832 se produjo otra importante sequía en la provincia de Buenos Aires que causó la muerte de 11.000 cabezas de ganado en una sola estancia en Chascomús.

Fue en 1832 cuando John Whitakker intentó introducir el primer molino “wind power hydraulic machine”. El inventor recomendaba a los ganaderos su uso para asegurar el continuo suministro de agua para sus haciendas; su invento, sin embargo, generó desconfianza de los ganaderos.

En 1858 se realizó la Primera Exposición agrícola rural argentina, y en 1866 se creó la Sociedad Rural Argentina. En 1880, los molinos de viento se exhibieron en sus exposiciones, y en 1901 se introdujo su complemento indispensable, el tanque australiano.

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En 1884 Florentino Ameghino (foto: Archivo General de la Nación) publicó su obra “Las secas y las inundaciones en la provincia de Buenos Aires. Obras de retención y no de desagüe”. Allí criticó las obras de canalización y sostuvo la importancia de las obras de retención para la recarga de acuíferos y reserva para los períodos de sequía.

En esa época no existían los conocimientos actuales de la dinámica del agua subterránea, y resultaba de suma importancia la reserva en lagunas y bajos como aguadas naturales, indispensables para la explotación ganadera y principal limitante a la producción en esos años. Aunque muchas observaciones del ilustre naturalista mantienen vigencia, deben situarse dentro del contexto del conocimiento científico-tecnológico de su época.

Los registros pluviométricos sistemáticos de una serie histórica de 100 años en la llanura pampeana permiten detectar períodos más húmedos y más secos. Pueden mencionarse las grandes sequías de 1920-1930, cuando se produjo el desecamiento de las Lagunas Encadenadas del Oeste.

En contraposición, en la década del 70 del siglo pasado se instaló un período húmedo con algunas interrupciones, y se produjeron grandes inundaciones en la Cuenca del Salado. Durante la inundación de 1980, precipitaron 60 km3 de agua en un mes, y se evaporaron o escurrieron sólo 5 km3 en tres meses, por lo que quedó el territorio inundado un largo tiempo.

La llanura pampeana tiene una superficie aproximada de 600.000 km2, una exigua pendiente 10 – 30 cm / km y escaso desarrollo de red de drenaje. Por lo tanto, prevalecen los movimientos verticales de agua sobre los horizontales. La transferencia horizontal, en la cual se moviliza por arroyos, ríos y canales hasta llegar al mar, se dificulta por su escasa pendiente. La transferencia vertical está dominada por la evapotranspiración y la infiltración.

Fuente: Los ciclos del agua, Alicia Fernández Cirelli (UBA-Conicet)

ESTADÍSTICAS BONAERENSES 

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Foto: Radio Sonica.

Se puede mencionar, como resumen, que las precipitaciones mensuales y anuales fueron muy superior a los valores medios de precipitación y se produjeron inundaciones en 1873, 1874, 1877, 1881, 1884, 1886, 1890, 1895, 1900, 1913, 1914, 1915, 1919, 1922, 1925, 1926, 1940, 1951, 1957, 1962, 1963, 1973, 1978, 1980, 1984, 1985, 1986, 1987, 1992, 1993, 2000, 2001 y 2002. En la última centuria se destacan las de 1980, 1985, 1991, 1993, 2001 y 2002 (González y Fernández 2007; Scarpati et al., 2002 y 2011).

Se considera como una de las peores inundaciones la que se registró en 1980, dado que en este año llovieron 30 000 millones de litros de agua que anegaron 37 partidos bonaerenses y cubrieron cuatro millones de hectáreas. La Cuenca del Río Salado es una región bonaerense muy característica, su superficie alcanza los 170 mil km2 ubicados en la franja central y noroeste de la provincia, donde se obtiene el 25% de la producción agrícola–ganadera nacional.

La última inundación importante que para el territorio bonaerense significó pérdidas de U$S 700 millones empezó a fines del 2000, ya que en noviembre los suelos se hallaban saturados, lo que significa que su capacidad de absorción y almacenaje estaban en su límite y la altura de la napa freática a muy pequeña profundidad. En el 2001 se observaron dos ciclos de inundaciones, uno a principios de año y otro a fines del mismo. En octubre estaban afectadas  dos millones de has provinciales y el fenómeno continuó y se agravó durante parte del 2002 (Forte Lay et al., 2009) y se concentró en el noroeste y centro bonaerense (Scarpati et al., 2008).

En lo referente a sequías, las precipitaciones mensuales y anuales fueron muy inferiores a los valores medios de precipitación y se produjeron en los años 1879, 1883, 1910, 1917, 1918, 1921, 1925, 1929, 1930, 1936, 1937, 1938, 1939, 1950, 1952, 1954, 1955, 1956, 1959, 1960, 1962, 1963, 1967, 1968, 1970, 1971, 1972, 1974, 1975, 1976, 1977, 1979, 1981, 1983, 1988, 1989, 1995, 1996, 1997, 1998, 1999, 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008.

Las más graves se produjeron en 1974, 1989, 1995, 1996, 1999 y 2008. En 1996 la superficie afectada por la sequía fue 67% de la superficie total de la provincia y en el último trimestre de 1996 y mitad de 1997, se secaron por completo muchas lagunas, entre ellas la tan importante de “Las Barrancas”, cosa que no había sucedido en 60 años. El 11 de enero de 1997, en el partido de Castelli, se cortó el curso del Río Salado, permaneciendo así durante un mes.

La sequía de 2008 afectó a todo el país, murieron cerca de un millón de cabezas de ganado y en Buenos Aires el gobierno nacional declaró el “Desastre Agropecuario”, destacando entre las áreas más afectadas a Patagones, Villarino, Bahía Blanca y Puan, (todo el sur de la provincia). Las precipitaciones disminuyeron de entre 40 a 60%, se redujo un 30% la cosecha de soja, un 20% la de trigo y se estimaron las pérdidas superiores a U$S 700 millones.

La Región Pampeana ha experimentado durante las últimas décadas del siglo XX un aumento de las precipitaciones como han señalado, entre otros, Minetti y Vargas (1997), Rusticucci y Penalba (2000), Barros et al. (2000 y 2008), Magrín et al. (2007), Forte Lay et al. (2008) y Antico y Sabbione (2010). Se debe hacer mención además a la relación entre los diferentes montos de precipitaciones con las tres fases del fenómeno El Niño Oscilación del Sur (ENSO): El Niño, La Niña y Neutral y por ende con la humedad del suelos (Scarpati et al., 2002 y 2007; Spescha et al., 2004).

Fuente: Sequías e Inundaciones en la provincia de Buenos Aires, Olga Scarpati y Alberto Capriolo.

TAN LEJOS COMO EN 1830

CC ALIMENTOS SEQUÍA

 

Entre 1827 a 1832, se produjo una gran sequía que asoló la provincia de Buenos aires, conocida como la “Gran Seca”. La vegetación, incluidos los grandes cardales, desaparecieron. Los campos se convirtieron en grandes polvaredas. Las aves: perdices, martinetas, patos, gansos, cisnes de cuello negro, etcétera. Los mamíferos: nutrias, peludos, zorros, etcétera. Y los caballos murieron de hambre y sed.

Los animales abandonaban las estancias y se mezclaban, provocando conflictos entre los dueños. Las nubes de polvo que se levantaban, al precipitarse sobre los campos, cubría los mojones, y no se podían determinar los límites de las fincas.

La pérdida de ganado se estimó en un millón de cabezas.

Texto original aquí

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