América Latina

Las lluvias y crecidas enlutan a Asunción

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Al menos seis chicos murieron en la capital paraguaya en los campamentos precarios montados para albergar a desplazados por la grave inundación que afecta a la ciudad, que dejó sin hogar a más de 16 mil familias y más de 50 mil niños y niñas.

Enrique Escobar, coordinador del proyecto Añua, espacios de la alegría, de Plan Paraguay, afirmó que el drama infantil se invisibiliza porque los menores no participan en la organización, planificación o respuesta ante la catástrofe.

“Esta situación ya ocasionó la muerte de seis niños y niñas en diversas circunstancias por efecto de la inundación. Una niña de dos años y medio se quemó en el centro habitacional donde vivía con su abuela, una niña se asfixió, otra se ahogó, otro niño sufrió un accidente de tránsito y falleció. También se registran muertes en una comunidad indígena sin diagnóstico médico”, comentó Escobar.

La vulnerabilidad de los niños se advierte también en la dificultad que tienen los niños de acceder a la nutrición, la seguridad alimentaria, el abandono escolar, la exposición al peligro, la vulnerabilidad en el ámbito de la salud y la violencia que se agrava en tiempos de emergencia.

Entre las formas de violencia menos visibilizada se encuentra la violencia sexual. “Más niños y niñas están en esta situación de mayor fragilidad. En esta circunstancia de emergencia, la protección se vuelve prioritaria”, relata el coordinador de Añua.

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La enfermera Griselda Ortellado, de Conin, comentó que se registran escoriaciones y resfríos en los niños que residen en los albergues tras la inundación.

Protección. Añua es un proyecto que promueve 18 de espacios amigables para los niños afectados por las inundaciones en Asunción bajo los auspicios de Plan Paraguay. En estos espacios se desarrollan actividades artísticas durante todo el día y educación en emergencia para asegurar la protección de los niños.

El proyecto instaló tres carpas. En el transcurso de las días Plan Paraguay estima la puesta a punto de los demás espacios en las áreas de refugio.

Las carpas móviles con profesionales de diferentes ramas entre psicólogos, psicopedagogos, educadores, artistas y voluntarios se instalan en los albergues en coordinación con las instituciones del Estado.

La propuesta Añua tiene como fin que los niños y las niñas se sientan protegidos en el lugar. Escobar comenta que en los refugios se trabaja con los niños y con sus padres para que identifiquen los riesgos y los factores de peligro físico, así como situaciones que puedan vulnerar sus derechos en los albergues, para prevenirlos.

Así, en las carpas, que ya han sido instaladas, los chicos reciben charlas para prevenir el acoso y la violencia, también aprenden a pedir ayuda a tiempo.

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DESOLADOR PANORAMA PARA LOS DAMNIFICADOS (DIARIO ABC)

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Las necesidades en los refugios son múltiples y las ayudas palian tan solo en parte los requerimientos de los damnificados. Según manifiestan, recién el año que viene estarían volviendo a sus casas.

La falta de oportunidades en el interior del país hizo que miles de personas migren a Asunción para instalarse en las zonas ribereñas.

Estas poblaciones son constantemente amenazadas durante las épocas de crecida y, desde el 17 de abril, suman más de 17.500 familias afectadas por la inundación que están repartidas en veredas, refugios, plazas, seccionales, entre otros.

Solo algunas familias que tienen casas de dos pisos son las que permanecen viviendo en el segundo nivel de sus casas.

Gran parte del resto de los grupos que abandonaron su lugar de origen ya se repartieron en los refugios, mientras que otros, que no tuvieron cabida en los locales habilitados, tuvieron que instalarse en veredas y/o en otros espacios públicos.

Aparte de vivir en condiciones muy básicas, los damnificados viven con el temor de que los aprovechadores –que abundan en las zonas ribereñas– roben las pocas pertenencias que quedaron en sus casas.

Por otro lado, deben lidiar con los vecinos que diariamente se quejan de la falta de higiene de los damnificados que, al contar con una escasa cantidad de sanitarios y ante la ausencia de contenedores para depositar los residuos, realizan sus necesidades y arrojan sus basuras en cualquier lugar que esté disponible.

Los afectados son conscientes de que viven en zonas inundables, pero la necesidad de seguir con su vida normal los obliga a volver a sus antiguas residencias.

“Ya estamos acostumbrados, qué le vamos a hacer”, expresan los afectados, muchos de ellos dedicados al rubro del reciclaje, mientras que otros son cuidacoches y limpiavidrios.

La mayoría sabe que en los meses de octubre, noviembre y diciembre se espera el fenómeno climático El Niño, que traería consigo intensas precipitaciones.

Ante este pronóstico, el retorno de estos pobladores a sus viviendas se produciría recién en el 2015, lo que significa que el Estado y la Municipalidad de Asunción deberán ofrecer, en lo que resta del año, insumos básicos para que las 17.500 familias afectadas puedan sobrevivir en los locales provisorios.

EXTREMOS PARAGUAY ARGENTINA BRASIL JUNIO 2014 3 INFOBAE

Expertos coinciden que la inversión en emergencia no tiene retorno, por lo que recomendaron al Gobierno invertir en soluciones habitacionales que mejoren la calidad de vida de los pobladores, tanto del Bañado Sur como del Bañado Norte, entre otras zonas inundables de Asunción y de otras localidades.

Lejos de solucionarse, el drama de las inundaciones tiende a continuar. Si bien se prevé un ligero descenso de las aguas para los próximos días, las necesidades van en aumento.

La solidaridad de empresas privadas y entes públicos es siempre bien recibida. Hasta el momento, solo se cuentan con previsiones, pero no existe información concreta de hasta cuándo seguirán creciendo las aguas y es por esto que se seguirá requiriendo aportes de la ciudadanía.

Lo único claro es que el Gobierno deberá seguir invirtiendo en mantener a estas familias, una situación que –según manifiestan los mismos damnificados– podría ser aprovechada por políticos de cara a las elecciones municipales del 2015.

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MEJOR ATENCIÓN DEL OTRO LADO DEL RÍO, EN CLORINDA (ARGENTINA)

EXTREMOS ARGENTINA CLORINDA MAPA

Doña Armelinda Ramírez tiene 73 años. A pesar de haber vivido 20 años en Puerto Elsa y de su escasa movilidad, cuando las aguas del Pilcomayo empezaron a llegar a la ciudad, no dudó y junto a sus hijos y nietos, decidieron cruzar a Clorinda para recibir asistencia.

Sentada, apuntó que su nuevo hogar está a la vera de la Ruta 11, una tienda de madera y chapa de unos 8 metros de largo por 5 metros de ancho, contó que la diferencia entre la ayuda local y la recibida en Argentina, es abismal.

“Acá tenemos todo. Agua, luz, baños. Estos refugios fueron construidos por el Municipio (de Clorinda) y hasta el transporte de nuestras pertenencias pagaron ellos. Incluso una vez a la semana viene un doctor a visitarnos y nos dan remedios si nos falta. Es grande la diferencia”, expresó.

Pero este relato, solo refleja una parte de la ayuda que reciben los compatriotas en el Chaco argentino. También tienen disponibles comedores para alimentarse tres veces por día, servicio de lavandería y muchos reciben un subsidio.

Estas son las razones por las que la gran mayoría de los damnificados de Itá Enramada, Falcón y Puerto Elsa, todas las noches duermen en refugios argentinos ubicados en terrenos baldíos, a la vera de la Ruta 11 o en el sitio conocido como la Plaza Maradona.

“No podemos pedirle nada más, solo le agradecemos todo lo que hacen por nosotros. Hasta trabajo nos están viendo, para que ganemos para nuestra platita”, refirió Ramírez.

Sin distinción. La subsecretaria Legal y Técnica de la Municipalidad de Clorinda, doctora Elvira Villalba, mencionó que en coordinación con el Gobierno de la Provincia, consiguieron los recursos para la instalación de los refugios.

Estos hogares de emergencia, se construyeron mayormente con madera gruesa y doble chapa, de modo a resistir los embates del tiempo. Fueron hechos ya con anticipación, en mayo pasado.

Para los niños, se prepara cada mañana leche y frutas, de modo a que no pasen hambre en el colegio. Al mediodía, una olla popular los espera, al igual que a los trabajadores.

En la Plaza Maradona se encuentran unas 180 personas, concentradas en 56 módulos diferentes. Mientras que en el kilómetro 4 y el Puerto Pilcomayo se encuentran otras 1.250 personas, entre paraguayos y argentinos. Villalba relató que están preparados en caso de que el nivel del río Pilcomayo siga aumentando y aseguró que hay lugar para recibir a más ciudadanos paraguayos.

“La orden de la Intendencia fue asistir a todos los que necesiten, sean argentinos, paraguayos o de cualquier otro lugar”, insistió la funcionaria.

Si bien la mayoría de los damnificados perdió su casa de toda la vida y gran parte de sus pertenencias, muchos aseguran que pasada la crecida, buscarán viviendas accesibles para asentarse definitivamente en Clorinda.

FAMILIAS QUE RESISTEN EN EL AGUA: REPORTAJE FOTOGRÁFICO DEL SERPAJ PARAGUAY

(Reportaje fotográfico) El predio de la escuela Caacupemí de Fe y Alegría en el Bañado Norte, fue una de las primeras construcciones en anegarse. Sin embargo gracias a las largas patas de cemento sobre las cuales se erigió una de sus estructuras, esa parte se mantiene, hasta ahora, aislada de las aguas. En un extenso pasillo con varias habitaciones, conviven cuatro familias, con ocho niños en total. Hicimos un recorrido de casi 30 minutos en canoa para llegar a ellos. (Texto y fotos: Magali Casartelli)

La cancha San Juan es referencia de uno de los puntos de ingreso al Bañado Norte. Hace solo un par de semanas representantes de la Codeco (Coordinadora de Defensa Comunitaria del Bañado Norte) coordinaban desde ahí acciones para hacer frente a la emergencia de la crecida del río Paraguay.

Hoy la cancha está cubierta de agua, y fuera de sus rejas aguardan en lento vaivén las canoas para quien requiera adentrarse en este barrio en que los techos son la cabeza saliente de un cuerpo bajo agua. En un trayecto en el que hasta hace poco circulaban personas, motos, carritos empujados por caballos, uno que otro jagua pirú, gallinas huyendo, chanchos que se salieron de sus chiqueros… hoy merodean peces casi tan desconcertados como los anteriores habitantes.

La escuelita flotante
De los 15 peldaños que llevan al edificio, 7 están inundados. Gracias a la canoa alcanzamos el primer peldaño visible sin mojarnos más que los pies. Nos recibe Norma Benítez, ella es madre de 6 hijos y es la que coordina que cada uno de los 8 niños y niñas, no pierdan clases pese a las circunstancias. Nada sería posible sin la presencia constante de la profe Selva, dice, directora de la escuelita que ahora funciona con aulas prestadas de la escuela Santa Cruz, también de Fe y Alegría y a la que aún no le alcanzó la crecida.

Aquel miércoles gris las madres y los padres decidieron no movilizar a sus hijos en canoa hasta la escuela, entonces la profesora Selva les acercó las tareas y una olla con un guiso de porotos que humeaba dentro. En el largo pasillo las niñas y los niños terminan trabajos pendientes cuando llega la profesora.

Los ayudan Norma y Walter Osmar, de 17 años, un ex alumno de esa escuela que también vive ahí con su familia. La presencia de la profesora trajo alegría en el contexto de aislamiento en que viven.

Una barca estática con gallinas, perros y gatos
“Esta es Marilina” nos dice Nidia mientras señala a una gatita que plácida duerme en un costado. “Acá convivimos con la farándula” agrega a la par que ríe. Observando más allá, al borde del balcón, justo donde los niños en puntas de pie arrojan al agua su liña con bolitas de pan mojado en el extremo, el panorama muestra techitos que se elevan y sirven de tierra firme a un par de animales. Sobre una moto ski que reposa con movimiento ondulados, retozan dos perros.

“Trajimos todos los perros abandonados que encontramos y los ubicamos en lugares estratégicos”. Los perros les sirven de guardianes porque a la noche, aislados y sin energía eléctrica todo se pone más tenebroso, a esto se suman los constantes merodeos nocturnos de lanchas que dicen escuchar. En un balcón sin barandas yacen 3 gallinas, también parte de esta estática barca de cemento.

Sin luz, sin baños, sin asistencia
Hace más de quince días, sin comunicación previa ni posterior, la luz se les cortó. Por eso es vital el cruce diario que hacen hasta la escuelita Santa Cruz para cargar las baterías de sus celulares, radios o conseguir más pilas. “Necesitamos que nos repongan la luz acá”, dice Mario Ojeda, nuestro canoero y pareja de Norma. Alto, moreno y fuerte, explica por qué reponer la energía eléctrica en la parte alta que ahora habitan, no significaría peligro alguno.

¿Tienen baño?, le consultamos. “Eeeso si que es un problema” explica Nidia y alarga la “e” para enfatizar lo problemático del asunto. “Nos hacemos de bacines o nos rebuscamos por ahí” y minutos después una de sus niñas tiene un apuro. “Justo ahora se te tiene que ocurrir, mi hija” le dice a la par que movilizan una canoa.

Hay veces en que por las mañanas dicen ver lanchas de la SEN (Secretaría de Emergencia Nacional) con gente que toma fotos, fotos y más fotos. Pero nada más. La profesora Selva recordó que hace poco fueron a la escuela del Ministerio de Salud y terminaron usando los medicamentos del dispensario de ahí.

¿Por qué resisten?
Lo primero que mucha gente pensaría al saber o ver la situación de estas personas es por qué. Por qué deciden permanecer si pueden salir, como la mayoría y armar refugios arriba. Nidia responde que “acá estamos mejor, nosotros vemos cómo viven los que armaron los precarios refugios allá, y es peor. Además los niños y las niñas lo prefieren así. Hasta donde podamos, seguiremos”.

Si bien ya en el trayecto a la escuelita es posible ver al menos cuatro casas en las que aún resisten familias, más adelante, cuando creímos que no veríamos nada más turbador que estas personas viviendo en esa barca de cemento, gracias a las brazadas de los remos de Mario, nos adentramos hacia el Mbiguá. A lo lejos divisamos un hombre, una mujer y dos hijos pequeños en una casa de cemento en la que el precario mobiliario está un poco más elevado porque el agua ya está por encima de sus tobillos. Ellos descalzos, por supuesto.

Todo este escenario es impensable, inimaginable a menos que los ojos lo vean. “Cuando la escuela se inundó la llegada de la ayuda se dilató”. Llegaron muy tarde e insuficiente. “Dan migajas y es como si al final no dieran nada”. Selva reflexionó: Yo sinceramente pienso que esto es una medida de presión para que la gente se vea obligada a salir definitivamente de esta zona, dijo refiriéndose a los intereses millonarios que están centrados en esas tierras por los grandes proyectos inmobiliarios que se prevén.

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