Historias

Las nuevas vacaciones del nuevo clima

El calentamiento global derrite glaciares, derrumba praderas y aleja las pistas de esquí en los Alpes en el Norte. En el Sur, amenaza playas y barcitos de Bahia (Brasil). Y los guías turísticos, resignados, se sienten mostrando paisajes que no volverán.   

CC TURISMO ALPES NYTIMES

Marco Bomio recuerda aquella brillante mañana de domingo de junio de 2006 como si fuera ayer. Bomio, de 59 años, director de una escuela y guía de montaña, asistió a un servicio religioso en una pradera de alta montaña con motivo de la fundación de un grupo de guías locales.

“De repente vimos esta inmensa nube”, dijo, sobre el café, en un chalet de madera típica de esa localidad alpina. “Normalmente, podría haber sido la nieve. Pero, ¿en junio?”.

“Entonces vimos que no había nieve”, comentó. “Era polvo de roca: parte de la montaña se había venido abajo”.

Grindelwald, una población de 3.800 habitantes, se encuentra a los pies de una pared de picos de los Alpes, de hasta 4.000 metros de altura. También alberga dos de los mayores glaciares de Suiza, el Alto Grindelwald y el Bajo Grindelwald, que durante milenios han serpenteado a través de desfiladeros alpinos en su camino hacia la ciudad.

Con el calentamiento global, los glaciares se están derritiendo. Si una vez se extendieron hasta el borde de la ciudad, ahora terminan en las montañas. Además, el agua glacial verde está formando lagos. En verano, cuando el deshielo se acelera, las inundaciones amenazan la zona. Pero la avalancha presenciada por Bomio muestra que la disminución de los glaciares elimina también una especie de contrafuertes que soportan las montañas amenazando así a la región con desprendimiento de rocas.

Grindelwald se erige como un ejemplo claro de lo que está sucediendo en estos días a los glaciares de Suiza, y hay más de un centenar, grandes y pequeños. A medida que el Bajo Grindelwald se contrae, el hielo ya no refuerza el muro este del Eiger, una montaña de de casi 4.000 metros que forma parte del anillo montañoso Sur de Grindelwald. Por otra parte, el calentamiento reduce el efecto de permafrost que una vez que actuó como una especie de pegamento que aglomera la masa de las montañas. Ese día, en 2006, una parte del Eiger, unos 900.000 metros cúbicos, cayó desde la cara Este, formando la nube de polvo de roca que sorprendió a Bomio y sus amigos.

Desde 1997, Ruth Meier ha dirigido el hotel Gletscherschlucht (el nombre significa “Desfiladero del Glaciar”), con 6 habitaciones y 18 camas, en un punto donde el agua de deshielo del glaciar corre bajo un barranco empinado y estrecho. Hasta bien entrado el Siglo XX, el glaciar se extendió a través de la garganta, de un kilómetro de largo, y hasta cerca de la I Guerra Mundial, se tomaron de él bloques de hielo tallados para su uso en refrigeración en los restaurantes y cocinas de lugares tan lejanos como París. Donde está el hotel hay una cocina de campo que alguna vez alimentó a los obreros que cortaban el hielo.

Pero ahora, un gran lago de agua glacial derretida se ha formado sobre la garganta. Para evitar el peligro de inundaciones que amenazan pueblo abajo, dijo Meier, en 2010 se terminó un túnel que costó más de US$ 15 millones y tiene más de un kilómetro de largo para canalizar el exceso de agua cuando el lago aumenta de nivel en el verano. Antes de la obra, las inundaciones del verano empujaban regularmente gigantescos bloques de hielo a través de la garganta.

“En julio y agosto, sonaba como carros de combate montaña abajo” recuerda, tomando agua mineral. “Se podía oír a las rocas cayendo. Las aguas se abrieron paso a través de las partes más estrechas del barranco, de unos 10 metros, “como el agua que brota de una manguera de jardín”, según Meier.

¿Por qué construir un hotel en un punto tan delicado? “Para sentirle el latido”, responde Meier. “Le tomamos el pulso a los hielos eternos”.

Bueno, ya no son tan eternos. Durante el último siglo, glaciares como los que lo rodean a los Grindelwald han disminuido más de 200 metros, dijo Hans-Rudolf Keusen, geólogo cuya compañía, Geotest, ayudó a diseñar el túnel. “Desde 1980 ha sido muy rápido”, afirmó Keusen. “En los últimos 30 años la temperatura media en los Alpes ha aumentado en un grado y medio”.

Para las ciudades alpinas como Grindelwald, los cambios son desafiantes. A medida que los glaciares retroceden, dejan masas de rocas y sedimentos -morenas- en sus bordes. En 2011, las rocas y la nieve cayeron sobre el glaciar más alto, cuando las faldas de una montaña se volvieron inestables y sin el contrafuerte del hielo. Un año antes del Eiger, en 2005 se derrumbó una parte de un gran prado alpino dejando a un popular restaurante, el Stieregg, colgando precariamente del borde. La suegra de Meier recuerda aún como pastaban las ovejas allí cuando era niña.

CC TURISMO Grindelwald SUIZA

El turismo suplantó hace mucho a la agricultura como motor de la economía local. Cada año llegan unos 800.000 visitantes de toda Europa, pero también desde Estados Unidos y cada vez más desde Asia, abordan trenes para subir desde el centro de la ciudad a la Jungfraujoch, una silla elevada entre dos picos de más de 4.000 metros conocida como “la cima de Europa”, para disfrutar de la vista.

Los primeros turistas, aristócratas ingleses, llegaron en el siglo XVIII. El primer hotel abrió sus puertas en 1820, los primeros esquiadores llegaron en 1891. El turismo asciende ahora a “más del 80 por ciento de la economía”, dijo Bruno Hauswirth, un experto en marketing que gestiona la agencia de turismo local.
“No es sólo el turismo, es transversal”, dijo. “La construcción, los servicios financieros, la venta al minorista”. Fuera de su oficina, retroexcavadoras trabajaban en una futura un área de compras valuada en US$ 30 millones en el centro del pueblo.

Hauswirth, de 45 años, quien esquiaba y enseñó esquí en América del Norte, Japón y Nueva Zelanda, antes de regresar a su nativa Grindelwald, ve los cambios en las montañas como una oportunidad, no como una amenaza. “Se aprende a vivir con ello”, dijo. Los riesgos “no son mayores que en otras zonas de los Alpes”, dijo, y agregó: “La gente está acostumbrada a vivir con las montañas, es natural”.

Los guías turísticos como Bomio incluso se benefician de los resultados del calentamiento global: organiza “tours del calentamiento” para explicar sus efectos mediante ejemplos locales. “Aquí se puede visualizar, se puede ver y sentir”, el calentamiento, afirma Hauswirth. “Se puede ver cómo estamos reaccionando a ella.”

El túnel construido no es la única reacción. Se modifican rutas de senderismo para evitar las zonas de riesgo, explica Herbert Zurbrügg, secretario de la ciudad. Al otro lado de las montañas, Zurbrügg dijo que las autoridades están instalando dispositivos de radar para rastrear los movimientos en el paisaje de manera que los pocos destinos turísticos que se encuentran cerca de los glaciares, como campings, se puedan evacuar si es necesario.

“Creo que podemos decir que tenemos la situación bajo control”, dijo Zurbrügg. “No hay temor”. La mayoría de las medidas adoptadas para controlar el flujo de agua de deshielo o las regiones que rodean a los glaciares están fuera de las zonas habitadas de la ciudad, explicó.

“Nuestra situación es afortunada”, dijo. Hizo una pausa y añadió: “Sin embargo, nunca se sabe”.

Por Christoph Bangert, para The New York Times

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Turismo: víctima y verdugo del cambio climático

El director general de la OMT, Francesco Frangialli, ha asegurado que el sector turístico se ha convertido en víctima y verdugo del cambio climático.

Por un lado, somos los responsables de la emisión del 5% de los gases efecto invernadero y por otro, sufrimos las graves consecuencias de los problemas medioambientales”, asegura Frangialli.

En el sector cada vez preocupa más el Medio Ambiente. “Si aumenta mucho el nivel del mar algunos destinos se verán afectados, por no hablar de las estaciones de esquí donde ya están empezando a notar que no nieva como antes”.

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LA NIEVE CADA VEZ MÁS ALTAS

Skiing on the alpine slopes near Chamonix

Imagen. Esquiando en las pistas alpinas cerca de Chamonix: las nevadas a baja altura han disminuido ligeramente, pero constantemente desde la década de 1960. 

Bajo el brillante pico del Mont Blanc, guías de montaña y científicos cuentan la misma historia: los Alpes se están calentando, la evidencia del cambio climático es clara y los años de oro del turismo de esquí pronto serán pasado.

Desde su oficina en la estación de esquí alpina de Chamonix-Mont-Blanc, el meteorólogo Gilles Brunot mira hacia fuera cómo resplandecen los picos nevados bañados por el sol de primavera, bajo un cielo azul pálido.

En este 2013, gran parte del norte de Europa suspira con la llegada de la primavera, pero aquí nadie se queja de las condiciones meteorológicas. ¿Por qué lo harían? En primer lugar, un otoño sorprendentemente benigno trajo en masa a excursionistas y escaladores. El invierno llegó con nevadas tempranas en noviembre y persistió así con regularidad hasta la semana pasada, para deleite de los esquiadores.

Esto es fabuloso para la industria turística, por supuesto. Y a medida que la nieve se acumula en las pistas de esquí, 2013 difícilmente parece añadir elementos al cuerpo de evidencias del calentamiento global. En lo profundo de los Alpes, sin embargo, los científicos están observando, vigilando y reportando los efectos de cambios en los patrones climáticos: y puede que no haya muchos más años de oro como éste.

Brunot sólo tiene que hacer clic en su ordenador para generar la información que es motivo de su preocupación. Aparece entonces un gráfico que traza las temperaturas medias en la ciudad francesa alpina de Annecy desde finales del siglo XIX. Una línea negra a través de la página representa 9.6°C, la temperatura media en el siglo XIX. Donde arranca el gráfico, las temperaturas avanzan incluso por encima y por debajo de la línea. Poco a poco el gráfico muestra temperaturas en aumento. Desde 1987 no ha habido una temperatura anual promedio por debajo de los 9.6°C. Hoy en día el promedio es de alrededor de 10.8°C. Una línea amarilla muestra que el aumento de la temperatura media se eleva tan abruptamente como una de las cumbres del Mont-Blanc fuera de la ventana del científico.

Algunos intérpretes de estos gráficos han argumentado que el aumento de la temperatura se debe al crecimiento de la ciudad. Así es que algunos investigadores pasaron a observar las temperaturas medias en el pico de Jungfrau, Suiza, a una altitud de 3.800 m. Y encontraron los mismos resultados, dijo Brunot.

“Estamos encontrando los mismos aumentos de temperatura en las altas montañas, lo que demuestra que el cambio no está vinculado con los conglomerados. Esto es mucho más que el promedio de cambio global en el planeta, de unos 0.75°C. Es cierto que el promedio es elaborado incluyendo el agua que cubre la Tierra, y por supuesto el mar se calienta menos que los continentes, pero sigue siendo muy alta.

“También estamos viendo menos nieve en las zonas bajas, situadas debajo de los 1.000 metros. Alrededor de un 40% menos en los últimos 50 años. A 2.000 metros y por encima no hay cambios. El nivel en el cual la precipitación se convierte de nieve en lluvia parece haber subido 200 metros”.

Brunot cliquea otro gráfico de la caída de nieve a menos de 1.000 metros de altitud en los Alpes. La pendiente es suave, pero da fe de una clara disminución. “Lo que esta evidencia muestra es que desde la década de 1990 se ha producido un rápido aumento de las temperaturas en las montañas y desde la década de 1960 ha habido una lenta pero evidente tendencia de menos nieve en altitudes más bajas”, dijo.

“Los indicadores de que los Alpes se están calentando son evidentes. Estos resultados son preocupantes, muy preocupantes. Tal vez no para ahora mismo, pero sí para la segunda mitad del siglo”.

“La estación invernal de Chamonix tiene probablemente menos de qué preocuparse porque muchas de sus pistas están a más de 2.000 metros, pero las estaciones de esquí a altitudes más bajas, de 1.500 metros hacia abajo, tienen de qué preocuparse. Las cosas para ellos van rápidamente hacia abajo. Yo diría que es difícil negar el hecho de que las montañas se están calentando. Lo que está en discusión es la causa ¿Es un proceso natural o hecho por el hombre?”.

CC TURISMO CHAMONIX

Chamonix, una de las estaciones de esquí más antiguas de Francia y anfitrión de los primeros Juegos Olímpicos de Invierno en 1924, se encuentra en un valle rodeado por enormes picos: el Aiguilles Rouges por el norte y el Mont Blanc, que se eleva a más de 4.800 metros, por el sur.

Como prueba física de hasta qué punto los hielos alpinos se están reduciendo, la Mer de Glace (Mar de Hielo), a 20 minutos en tren de montaña de Chamonix, es a la vez impresionante y preocupante. Los lugareños cuentan que este magnífico glaciar, el más largo y más grande de los Alpes occidentales, pasaba usualmente justo por debajo de la antigua telecabina, construida en 1960, que se sumerge en el valle de Montenvers, de 1.919 metros de altitud.

Hoy en día, los visitantes, los esquiadores y escaladores deben andarr 380 pasos más desde la telecabina para llegar a la superficie de hielo azul y fantasmal. En el camino, placas amarillas señalan el nivel. En los últimos 20 años se han perdido 65 metros de profundidad y desde 1996, unos 300 metros de longitud.
Victor Saunders, un guía de montaña británico que ha vivido en Chamonix durante 15 años, dijo que el paisaje alpino había cambiado durante ese tiempo “sin lugar a dudas”.

“He escalado glaciares en todos los continentes, incluida la Antártida, y puedo decir que los glaciares se han reducido rápidamente durante los últimos 10 años en todos y cada uno. Está claro que los glaciares están en recesión, aunque, por supuesto, 15 años es un plazo de tiempo muy pequeña en términos geológicos”.

“Si las temperaturas suben 1°C, a continuación, los glaciares retroceden hacia arriba casi 100 metros, lo que resulta muy visible. Las personas que viven y trabajan en las montañas son muy conscientes del cambio climático”.

Andy Perkins, otro guía de montaña británico, nacido en Southampton, llegó por primera vez a Chamonix como estudiante a los 20años, hace más de 30, señala uno de los picos por encima de Chamonix. “Cuando llegué aquí, había nieve en los árboles hasta la mitad de la montaña. Hoy en día la idea parece ridícula”.

“Mis clientes solían preguntarme si yo veo la evidencia del cambio climático en las montañas, pero hoy en día ni siquiera se molestan en preguntar. Los que vienen con regularidad pueden verlo por sí mismos. Yo diría que los complejos turísticos más bajos, e incluso hasta los 2.000 metros, tienen por delante una vida limitada. Probablemente no durante mi propia vida, pero no mucho más allá”.

“Como guía de montaña, también he notado variaciones enormes en las condiciones climáticas, lo que es mucho menos predecible. Uno solía dar por descontado escalar hielo en enero, pero este año lo hacía y llovió a 1.400 metros. Pobladores dijeron que no había llovido en enero hacía 25 años, y que eso mostraba que la altura del punto de congelamiento en la montaña subía”.

Un anciano del lugar, que pasó toda su vida en Chamonix, y que escuchó al guía, comentó: “Antes se contaban varios días de nieve por cada día llovido. Ahora es mucho más parejo”.

El año pasado, las autoridades de Chamonix-Mont-Blanc Valle presentaron un plan de acción de energía y clima, el primero de los Alpes franceses. Se comprometió a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la zona en un 22% hasta 2020. Entre las medidas propuestas figuró la prohibición de tránsito de camiones contaminantes en el cercano túnel de Mont Blanc. Su tránsito había llevado los picos de contaminación del aire en el valle hasta los niveles de París.

El plan reconoce que las temperaturas han aumentado en Chamonix en 1.5°C en los últimos 75 años y que la acumulación de nieve fresca se ha reducido a la mitad en los últimos 40 años, lo que acelera el derretimiento de los glaciares del macizo del Mont Blanc.

“Los cambios en el clima tendrán un impacto importante sobre las principales actividades económicas del valle (turismo y ocio), con menos nieve en las pistas de esquí de baja altitud y el riesgo de aumento de la presión en las pistas de esquí de alta montaña”, dice. Los hábitats naturales, los patrones de los ríos, los bosques y la agricultura podrían ser “radicalmente transformados o alterados”, lo que alerta sobre un aumento de los riesgos tales como avalanchas, inundaciones y deslizamientos de tierra.

François-Régis Bouquin, director de la oficina del alcalde de Chamonix, dijo: “Las personas que han nacido en Chamonix nos dicen que no hemos tenido un invierno con mucha nieve durante 15 años, pero también que hay mucho menos nieve ahora de la que había, y si has vivido toda tu vida en la montaña que ver estas cosas. Y hay lugares que no reciben nieve en absoluto más. A largo plazo, es muy preocupante “.

Edoardo Cremonese, un científico del cambio climático en la Agencia de Protección Ambiental del Valle de Aosta, en el lado italiano de los Alpes, admitió que con la nieve fresca de la región podría no parecer un buen momento para hablar sobre el calentamiento global. “La gente no entiende el cambio climático, creen que significa tiempo, pero el cambio climático no es acerca de la cantidad de nieve que cae”.

“Lo que hemos visto es que los Alpes y Alaska son las zonas más afectadas en gran medida en términos de aumentos de temperatura. En estas áreas se ha visto un aumento de entre 1.8°C y 2,5° C, el doble de la tasa global observado. Para aquellos que son escépticos sobre el cambio climático, yo diría que esto no es especulación, esto es un hecho. La pregunta que los científicos tienen que establecer es por qué esto está ocurriendo en los Alpes en particular”.

Y añade: “El impacto del calentamiento global en los Alpes será sentido sin dudas en 2050, tal vez en 2040, de acuerdo con los modelos climáticos, por lo que estamos hablando de 20 a 30 años. Los políticos tienen que tomar decisiones ahora para hacer frente a los desafíos. El 75% de las personas que conozco [en los Alpes] trabaja en el turismo y esto será un gran reto no es momento para ser escépticos: es el futuro de todos los que estamos hablando”.

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El caso de Bahia, Brasil

CC TURISMO BAHIA BRASIL

El turismo se vincula de dos maneras diferentes con el cambio climático. Por un lado, por ser una actividad responsable del 5% de la emisión de CO2 proveniente principalmente de los transportes aéreos y el equipamiento turístico. Por otro lado, por sufrir impactos socioculturales y ambientales en todos los destinos turísticos, más allá de su ubicación geográfica o su poder económico (OMT, 2007).

(…) Hay dos categorías de impactos del cambio climático que afectarán la competitividad y sustentabilidad de los destinos turísticos: los impactos directos, que alterarán la estacionalidad y la geografía mediante la redistribución de los flujos turísticos modificando los costos de operatividad de las empresas y los impactos indirectos que generarán cambios en el medio ambiente y en los aspectos culturales.

(…) Para la OMT (2007) las temporadas turísticas se verán afectadas y un mayor número de turistas viajarán en épocas de primavera o inverno porque el clima será más propicio. Asimismo el cambio climático puede llegar a aumentar el riesgo de enfermedades en varias partes del planeta y puede ocasionar una reducción o redistribución en el flujo de turistas (WWF, 2001).

Escenarios para destinos urbanos de Bahia

Los pronósticos de posibles impactos para la ciudad de Feria de Santana y alrededores, destino urbano de la región nordeste del estado de Bahia, podrían incluir lo siguiente:

* Bares y restaurantes al aire libre, y puestos callejeros tendrán una fuerte reducción en el número de consumidores.
* Insuficiencia de áreas verdes para descanso y protección de los transeúntes contra el sol fuerte.
* Imposibilidad de realizar deportes náuticos en la laguna Pedra do Cavalo.
* Constantes inundaciones en las calles céntricas de la ciudad.
* Racionamiento y/o escasez de agua potable para muchos barrios de la región.

Escenarios para destinos del litoral de Bahia

(…) Estos tienen una alta vulnerabilidad a los impactos directos e indirectos del cambio climático, siendo muy probable que los maremotos y los tornados sucedan con más frecuencia aumentando la erosión de la costa y dañando agresivamente el equipamiento turístico de la misma. Las alteraciones en las corrientes marítimas y los vientos cambiaron la dinámica de las olas, lo que influirá la práctica de deportes náuticos. Algunos puertos sufrirán problemas con el aumento del nivel del mar, impidiendo que los barcos y navíos atraquen con seguridad. Habrá una reducción de las actividades subacuáticas.

Pronóstico de posibles consecuencias para la ciudad de Ilhéus y alrededores, destino turístico de sol y playa en la región del estado de Bahia:

* Bares y restaurantes localizados en la playa sufrirán perjuicios en sus construcciones.
* En algunos tramos de playa no habrá más arena.
* El surf y otros deportes náuticos dejarán de ser practicados.
* Habrá dificultades para que los cruceros atraquen en el puerto.
* Aumentará la fragilidad de los edificios patrimoniales en la parte central de la ciudad.

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EL CASO DE JAMAICA

cc turismo jamaica

Expertos temen que el impacto del cambio climático en los frágiles ecosistemas de Jamaica exacerbe los estragos causados por la actividad humana y destruya por completo la industria turística local.

El turismo es uno de los pocos sectores de este país caribeño que ha experimentado crecimiento a pesar de la caída de la economía.

La industria turística creció 4,2 por ciento entre 2002 y 2007. Provee cerca de 2.000 millones de dólares al año, alrededor de la mitad de las divisas que ingresan a la isla y cerca de un cuarto de todos los empleos.

El sector es consciente de los desafíos que afronta, dijo a IPS la responsable de políticas sobre cambio climático del Ministerio de Turismo, Tina Williams. La funcionaria señaló que las proyecciones indican que el nivel del mar crecerá al punto de inundar gran parte de las áreas costeras, afectando la infraestructura, los hoteles y las atracciones.

También se prevé que más intensas precipitaciones y huracanes, alternados con días más secos y calientes, añadan presión sobre los ecosistemas y la industria turística.
Pero Williams dijo que, aunque el sector no está trabajando específicamente contra el cambio climático, diversos actores implementan estrategias de reducción de desastres y programas para hacer más resistente a la industria.

“El cambio climático exacerbará todas las vulnerabilidades del sector, que sufrirá deslaves e inundaciones. Sin duda la industria sentirá el impacto, considerando que tiene muchos pequeños empresarios dependientes de la agricultura local”, señaló Williams.

Informes indican que al menos 30 por ciento de la vegetación costera original de la isla se ha perdido. La mayor parte de los 1.240 kilómetros cuadrados de arrecifes de coral, con unas 111 especies, han muerto por la combinación de enfermedades y actividades humanas.

Del resto de los arrecifes, cerca de 60 por ciento están en riesgo, según indicó el World Resources Institute en 2010. La escorrentía agrícola y el vertido de aguas residuales en la costa también dañaron los arrecifes. Según datos del gobierno, los balnearios de Negril, Montego Bay y Ocho Ríos, así como varias partes de la costa sur, en el área protegida de Portland Bight, sintieron el mayor impacto.

(…) Se prevé que el número turistas que vistan Jamaica totalice 3,1 millones de aquí a 2050, pero el cambio climático podría hacer que la cifra se reduzca a 2,7 millones, alertaron expertos.
Para reducir el impacto y reparar parte del daño, la isla lleva adelante un amplio programa de adaptación al recalentamiento planetario y de reducción de riesgos, replantando árboles y mangles, así como hierbas marinas.

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EL MEDITERRÁNEO

cc turismo mediterráneo

El vigente modelo turístico de la Eurorregión Pirineos-Mediterránea, fundamentalmente sol y playa, tiene su continuidad asegurada. Si bien con algunos matices, todos ellos como consecuencia del cambio climático”, explican Javier Martín-Vide, catedrático de Geografía Física de la Universidad de Barcelona, y Elvira Carles, directora de la Fundación Empresa y Clima.

En este sentido, las distintas proyecciones climáticas de los autores señalan que “la insolación no experimentará variaciones significativas. Las precipitaciones se mantendrán al nivel actual hasta 2020, aunque puede ser que desciendan en 2050. La velocidad media del viento puede disminuir. Y los recursos hídricos –especialmente en Catalunya y Baleares-, se reducirán, sobretodo en 2050. Y, por último, aumentará ligeramente el nivel del mar”.

Todo ello, junto a un “aumento considerable de las temperaturas”, nos llevará a un escenario de “temporadas turísticas más largas, con días con temperaturas lo suficientemente agradables como para realizar actividades al aire libre”.

Pero en cambio, “tendremos otras fechas concretas, especialmente en los meses de julio y agosto en los que experimentaremos máximos iguales o superiores a los 30ºC, especialmente en 2050, lo que se convertirá en días con una temperatura desagradable por el exceso de calor”.

Referente a las fechas de calor intenso, cabe señalar que Palma de Mallorca ya cuenta en la actualidad con 37 días “con temperaturas desagradables por exceso de calor (temperaturas medias iguales o superiores a los 30ºC)” y esta cifra pasará a ser de 45 días en 2020 y, según las previsiones del informe, de 73 días en 2050.

En Barcelona en 2020 el exceso de calor (por encima de los 30ºC) sería aproximadamente de 10 días, del 24 de julio al 2 de agosto; y en 2050 se alargaría a 41 días, del 15 de julio al 24 de agosto.

(…) Entre las recomendaciones al sector, los autores del informe apuntan que se debería “adecuar el calendario turístico al nuevo calendario climático adaptando y diversificando la oferta a un clima más cálido que el actual”.

Por ejemplo, se indica que algunas estaciones de esquí deberían reconvertirse en estaciones de montaña. Ver también Las estaciones de esquí en cotas bajas, condenadas por el cambio climático.

El informe ha tenido en cuenta los datos meteorológicos oficiales de 37 observatorios y además ha realizado 347 encuestas a empresarios y turistas (64% empresarios y 36% turistas) de 142 localidades diferentes de la Eurorregión.

Los resultados de la encuesta, en la parte empresarial, son los siguientes:

. El cambio climático preocupa a un 74,6% de los encuestados
. Más de la mitad (51,8%) cree que el cambio climático afectará a su modelo de negocio. Un 21,1% cree que no le afectará nunca.
. Un 29.8% cree que disminuirán sus ingresos y un 21% que le aumentarán los riesgos climático. Un 42,5% todavía no sabe como le afectará el cambio climático.
. Un 24,5% de los empresarios afirma que ya ha tomado medidas de adaptación al cambio climático diversificando servicios (14,3%); modificando el calendario de temporada (6,5%) y bonificando a sus clientes (2%).

Valoración de los turistas

(…) . Un 75,2% de los turistas tienen en cuenta el entorno natural y el clima como principales motivos para escoger una destinación, siendo la temperatura (69%) el elemento climático decisivo.
. Los elementos meteorológicos que más molestan a los turistas son la temperatura muy alta, la lluvia de día y el viento fuerte.
. A 79,9% de los encuestados les preocupa el cambio climático.
. En el caso de que el cambio climático empeorase las condiciones de la región, un 58,9% estaría dispuesto a cambiar de destino, mientras que un 40,3% no lo haría.
http://www.hosteltur.com/133130_turismo-playa-tiene-continuidad-asegurada-pesar-cambio-climatico.html

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