Historias

Las pastillas nuestras de cada invierno

FRIO INVIERNO MEDICAMENTOS PASTILLAS TAPA

El clima tiene sus inviernos, el invierno trae el frío y con el frío vienen los resfríos, la gripe y… los medicamentos. Y todo eso pone mucho dinero en juego. Gastamos sin necesidad, por nuestra cuenta y sin receta ni consejo. Nos venden enfermedades para ofrecernos medicamentos. Confundimos resfríos con gripes y gripes estacionales con terribles virus. Los laboratorios despliegan un marketing millonario sin culpas y costeando multas millonarias. Aquí, un repaso de lo que nos conviene saber al llegar el frío y antes de ir a la farmacia, donde no venden golosinas. Un artículo del British Medical Journal: ¿se ha probado que, realmente, las vacunas antigripales nos previenen de la influenza?

Argentina consumió legalmente en 2012 unas 172 millones de unidades de productos de venta libre, por un valor en PVP (Precio de Venta al Público) de $ 4.400 millones, que corresponden al 25 % del total de unidades del total de medicamentos y al 10 % en pesos de todo el mercado, según datos difundidos por la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA).

El invierno es determinante, en ese sentido, por el consumo de antigripales, que en realidad no son tales porque sólo mejoran los síntomas de un estado de congestión.
“Para la gripe lo único que existe es una sola droga, que es un antivirósico específico, pero en nuestra comunidad se confunde resfríos con gripe”, explica Carlos Gurisatti, coordinador del Observatorio Salud, Medicamentos y Sociedad de la COFA, a Tiempo Inestable.

De 2004 a 2012, en línea la franca recuperación de la economía y del consumo interno en Argentina, algunos años a “tasas chinas”, la comercialización de medicamentos de venta libre aumentó en unidades un 18 por ciento.

Una investigación del Instituto Argentino de Atención Farmacéutica arrojó que la mitad de los argentinos adultos hace un mal uso de los medicamentos, lo que causa la muerte de más de 700 personas y alrededor de 100 mil internaciones hospitalarias al año en el país. Analgésicos, antibióticos, antiácidos y sedantes lideran el ranking de la automedicación en Argentina.

De acuerdo con otra encuesta, de la COFA, el 82% de las personas encuestadas (en Buenos Aires y Córdoba) ingiere medicamentos de venta libre. Pero más de la mitad desconoce los efectos adversos. El 54% manifestó que lleva usualmente medicamentos en la cartera, maletín o bolsillos. El 18% de los encuestados consume medicamentos de venta libre en forma diaria.

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En 1992, un decreto de desregulación del ministro de Economía de entonces, Domingo F. Cavallo, había permitido que algunos medicamentos como los “antigripales” se vendieran fuera de las farmacias, aunque la provincia de Buenos Aires, donde se concentra más de un tercio de la población del país, mantuvo fuertes regulaciones .

La situación se revirtió, en parte, con la Ley Nacional 26567, de 2009, que dispone que únicamente los farmacéuticos o autorizados podrán dispensar medicamentos de venta libre en farmacias habilitadas.

Con intereses distintos, otros piensan lo contrario, como la Cámara Argentina de Productores de Especialidades Medicinales de Venta Libre (Capemvel), que asegura que pese a la legislación vigente detrás de la mitad de las farmacias de Buenos Aires hay empleados pero no farmacéuticos. La cámara argumenta que en Canadá, Estados Unidos, varios países de Europa y América Latina permiten conseguir los medicamentos de venta libre con sólo extender la mano en un autoservicio y sin “impacto negativo” sobre la salud.

Pero Gurisatti, con criterio profesional y académico, insiste: “El papel del farmacéutico es el de dispensar el medicamento. Esto significa no sólo su entrega sino dar el consejo necesario, la información adecuada e inquirir por qué el paciente requiere determinado medicamento de venta libre. En otras palabras, aplicar todos sus conocimientos en beneficio del paciente, inclusive llegar a la negativa de entregarle lo que solicita si considera que puede atentar contra su salud. Un medicamento es una herramienta que, mal utilizada, puede ocasionar más mal que bien”.

WWW.LAPILDORAILEGAL.COM

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Capítulo aparte, en un mercado como el argentino que factura en total unos 20 mil millones de pesos anuales, son los fármacos ilegales, que se llevaban hasta hace poco alrededor del 5 por ciento de esa suma, según la COFA, y que vienen a engrosar un gasto altísimo para el país, según fuentes de la industria farmacéutica consultadas por Tiempo Inestable, que lo ubican entre los primeros 10 ó 15 del mundo en las estadísticas per capita.

El mercado ilegal, según los profesionales farmacéuticos, creció amparado por la desregulación de Cavallo, aunque la aplicación de la Ley 26567 volvió a frenarlo.

El fenómeno traspasa las fronteras y salta al mundo virtual. En Europa, entre el 50% y el 90% de las ofertas online son de medicamentos falsos, desde los ineficaces hasta los mortales. En, 2009 los antigripales (con el Tamiflu, verdadero o falso, a la cabeza) fueron los más vendidos en Internet.

Una encuesta realizada entre octubre y noviembre de 2009 mostraba que los medicamentos que más se adquirieron en Internet habían sido los tratamientos para la gripe (59,2%), seguido de las pastillas para adelgazar, terapias para dejar de fumar (16,8%) y el dolor crónico (16,1%). Los cuartos son los tratamientos contra la impotencia (14%).

En 2005, en las aduanas de la Unión Europea se retiraron de la circulación 560.000 envases de medicamentos ilegales y sólo dos años después eran más de 4 millones. La OMS estimó que sólo en 2010 la venta de medicinas falsas alcanzaría los 75.000 millones de dólares (55.000 millones de euros).

Otra maniobra ilegal es el “evergreening”, que supone patentar productos nuevos que son ligeramente diferentes a los originales. En la patente sólo se dice que son nuevos, no necesitan demostrar que son más eficaces que los originales, que sí tienen equivalentes genéricos. El grueso del gasto farmacéutico se debe a los medicamentos de marca, que suponen el 20% de todas las prescripciones en Estados Unidos, pero el 80% de los costes”, recuerda el médico Aaron Kesselheim, en PLoS Medicine.

¿VISTE EL AVISO?

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Tiempo atrás, la Asociación Agentes de Propaganda Médica (AAPM) argentina denunció ante Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) “publicidad engañosa de medicamentos de venta libre, que oculta daños colaterales para la salud” y exigió “la suspensión de esas acciones de marketing” que realiza la industria farmacéutica.

Según las normas de venta libre de medicamentos de la ANMAT  la publicidad “no deberá inducir al uso indiscriminado del producto, o sugerir excesos o respuestas no demostradas científicamente.

Gurisatti, el coordinador del Observatorio de la COFA, asocia la reacción de los ciudadanos ante los problemas sanitarios que plantea el invierno, en gran parte, “con la importancia que le dan los medios y cómo los encaran”.

Recordemos la famosa ‘pandemia’ de la Gripe A, cuando se consumió la mayor cantidad de barbijos y alcohol en gel en la historia de la farmacia argentina”, dice.
La prensa europea, últimamente preocupada por dónde el Estado pone el dinero que escasea, se ha detenido a analizar cómo las tácticas “la turbia táctica” de las farmacéuticas aumenta el coste de los sistemas públicos de salud.

Por ejemplo: “La industria alarga el monopolio sobre sus medicamentos innovadores blindándolos con patentes sobre cambios mínimos que no mejoran su eficacia. Un estudio en Suiza sostiene que esta estrategia se lleva un 8,4% del total del gasto farmacéutico”.

En Estados Unidos, un proyecto de ley intentó eliminar los beneficios de la descarga impositiva que los laboratorios reciben por publicitar sus fármacos, un eventual mazazo para el conjunto de los negocios de las farmaceúticas, pero también para las agencias de publicidad, que en el mercado norteamericano fue en retroceso desde los más de 5 mil millones de dólares facturados en 2006.
La iniciativa, del demócrata Charles Rangel, que estimaba un ahorro de 37.000 millones de dólares en diez años en costos adicionales de publicidad directa al consumidor, se trabó en el Congreso por el lobby, entre otros, de la American Association of Advertising Agencies y la American Advertising Federation.
Piedra Libre

Así y todo, en 2012, GlaxoSmithKline y Abbott aceptaron en acuerdos extrajudiciales el pago de multas astronómicas por malas prácticas en la promoción y venta de medicamentos. GlaxoSmithKline, la tercera mayor farmacéutica del mundo, con una facturación de 33.998 millones de euros en 2010, aceptó pagar 2.400 millones de euros por haber promovido durante años la prescripción en menores de un antidepresivo, el Paxil.

Abbot aceptó pagar 1.225 millones de euros por haber extendido el uso de un anticonvulsivo aprobado en 1983 para tratar la epilepsia y el trastorno bipolar a otras patologías en las que no tiene ninguna eficacia probada, como la agitación en ancianos con demencia senil. El laboratorio había pagado durante 10 años a médicos y residencias de ancianos para que prescribieran el fármaco. Y Pfizer aceptó pagar en 2009 una multa de 1.800 millones de euros por promover con fraude otros 13 medicamentos.

SIN TAPUJOS

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Para muestra, una píldora. El siguiente se apenas un tramo de la entrevista que en 2005 concedió Aurelie Bonnet, ejecutiva de marketing de Schering-Plough, a la web especializada www.pmfarma.es :

. ¿Qué incidencia crees que tiene la automedicación en las ventas de vuestros productos?
La automedicación depende mucho de los grupos terapéuticos. Si nos centramos en el mercado de los antigripales, en nuestro caso concreto, un 80% de nuestras ventas dependen de la petición de los consumidores. Es un mercado tremendamente competitivo y publicitario y se nota mucho la presión de la televisión.

Entonces el consumidor, cuando entra en la farmacia, ¿pide marca o simplemente “algo para el resfriado”?
Definitivamente pide marca. Según nuestros datos sólo un 15% se deja aconsejar por el farmacéutico, es decir, llega a la farmacia con un síntoma (“me encuentro mal”, “tengo dolor de cabeza”) y pide una recomendación.

LA VACUNA CONTRA LA GRIPE: ¿LEYENDA O MARKETING? ¿FLU O INFLUENZA?

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Por Peter Doshi, pdoshi@post.harvard.edu, para el British Medical Journal, 2013.

La vacuna puede ser menos beneficiosa y menos segura de lo que se ha dicho, y la amenaza de la gripe parece exagerada.

La promoción de vacunas contra la gripe es una de las políticas de salud pública más visibles y agresivas de la actualidad. Hace veinte años, en 1990, había disponibles en Estados Unidos unas 32 millones de dosis de la vacuna contra la influenza. Hoy en día, alrededor de 135 millones de dosis de vacuna contra la gripe entran cada año en el mercado norteamericano, con las vacunas administradas en las farmacias, supermercados y hasta autoservicios.

Este enorme crecimiento no se ha visto impulsado por la demanda popular sino por una campaña de salud pública que proporciona un mensaje directo, con el que sensatamente nadie podría estar en desacuerdo: la gripe es una enfermedad grave, todos estamos corremos riesgos por sus complicaciones, la vacuna contra la gripe está prácticamente libre de riesgo y vacunarse salva vidas.

Desde esa óptica, la falta de disponibilidad de la vacuna contra la gripe para todos los 315 millones de ciudadanos norteamericanos parece rayar en la falta de ética. Sin embargo, en todo el país, las políticas de vacunación contra la gripe obligatoria han surgido, sobre todo en los centros sanitarios, precisamente porque no todo el mundo quiere la vacuna, y la compulsión parece la única manera de lograr altas tasas de vacunación.

Un examen más detallado de las políticas de vacunas contra la influenza muestra que aunque los proponentes emplean la retórica de la ciencia, los estudios en que se basa la política suelen ser de baja calidad y no apoyan las reclamaciones de los funcionarios. La vacuna puede ser menos beneficiosa y menos segura de lo que se ha dicho, y la amenaza de la gripe parece exagerada.

Ahora estamos todos “en riesgo” de complicaciones graves

La producción de vacuna contra la influenza ha crecido en paralelo al aumento de la necesidad percibida de la vacuna. En Estados Unidos, las primeras recomendaciones para la vacunación anual contra la influenza se hicieron en 1960. En los 90, el objetivo principal de esta política fue reducir el exceso de mortalidad. Dado que la mayoría de las muertes por influenza ocurrieron en la población de más edad, las vacunas fueron dirigidas a este grupo de edad.

Pero desde 2000, el concepto de lo que significa “en riesgo” se ha expandido rápidamente, abarcando progresivamente más sectores de la población general (cuadro 1). Como advierte uno de los posters de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) que muestra a una pareja joven: “Incluso las personas sanas pueden contraer la gripe, y puede ser grave”.
Actualmente, las directrices nacionales exigen que se vacunen todos, a partir de los seis meses de edad. Ahora, estamos todos “en riesgo”.

Una política sin un objetivo

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A pesar de las enormes sumas de dinero que se gasta en la lucha contra la amenaza de la gripe, hay sorprendentemente pocos casos de declaraciones contundentes que describen los objetivos de la política de vacunación. Aquí sigue una muestra, al cabo de más de cinco décadas de políticas de vacunación en Estados Unidos, que demuestra los efectos cambiantes de la campaña, desde uno con un claro objetivo de salvar la vida de los adultos mayores, hasta uno sin objetivo determinado.

En 1964, cuatro años después de que se iniciaran las primeras políticas anuales de vacunación contra la gripe, el jefe principal de los centros, Alexander Langmuir, y sus colegas escribieron una recomendación “basada en tres supuestos generales: 1. Que el exceso de mortalidad era la consecuencia más importante de la epidemia. 2. Que las vacunas de virus polivalentes habían sido al menos parcialmente eficaces en la prevención de la enfermedad clínica en la mayoría de las epidemias, por lo que probablemente reduciría el riesgo de muerte entre los ancianos y los enfermos crónicos. 3. Que las epidemias no se pueden predecir con suficiente precisión para permitir una planificación confiable de las medidas de control de un año a otro.

En 1984, las recomendaciones del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización declaró: “Debido a la creciente proporción de personas mayores en los Estados Unidos y debido a la edad y las enfermedades crónicas asociadas son factores de riesgo para la gripe severa, los casos pueden aumentar a futuro, a menos que se utilicen con más fuerza que en el pasado las medidas de control… Durante unos 20 años, los esfuerzos para reducir el impacto de la gripe en Estados Unidos se han dirigido principalmente a la inmuno-profilaxis [vacunación] de las personas con mayor riesgo de enfermedad grave o muerte”.

En la actualidad, las recomendaciones ni siquiera mencionan las metas a alcanzar de esa política.

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(…) Si los estudios observacionales no son confiables, ¿qué evidencia hay de que las vacunas de la gripe reducen las muertes de los adultos mayores, la razón por la que la política se creó originalmente? Prácticamente ninguna.

En teoría, un ensayo aleatorio podría arrojar algo de luz o incluso resolver el asunto. Pero ha habido sólo un ensayo aleatorio de vacunas contra la gripe en adultos mayores, realizado hace dos décadas, y no mostró mejoras en la mortalidad (el estudio no fue diseñado para detectar una disminución en la mortalidad o en las complicaciones de la gripe).

Esto significa que las vacunas contra la gripe están aprobadas para su uso en personas de edad avanzada a pesar de los ensayos clínicos no demuestran una reducción de consecuencias graves. La aprobación, en cambio, está atada a una capacidad demostrada de la vacuna para inducir la producción de anticuerpos, sin evidencia alguna de que los anticuerpos se traduzcan a su vez en una reducción de la enfermedad.

Tal vez, lo más sorprendente es la falta de interés de los funcionarios en la ausencia de pruebas de calidad. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, dijo al Atlantic que “no sería ético” hacer un estudio controlado con placebo de la vacuna contra la gripe en adultos mayores ¿La razón? Los que recibieron placebo se verían privados de la vacuna de la gripe, que es un estándar de salud, gracias a las propias guías oficiales.

Esto no quiere decir que las vacunas antigripales no tengan ningún beneficio comprobado. Muchos de los ensayos aleatorios controlados de vacunas se han realizado en población adulta sana, y las revisiones sistemáticas encontraron que, dependiendo de la partida de la vacuna para una cepa del virus, vacunar entre 33 y 100 personas resultó en un caso menos de gripe. No hay evidencia, sin embargo, que muestre que esta reducción del riesgo de síntomas para una población específica –en este caso, entre adultos sanos- se pueda extrapolar a un reducido riesgo de graves complicaciones de la gripe como hospitalizaciones o muerte en otros grupos (las complicaciones se dan entre la población frágil y mayor).

Este hecho parece difícil de comprender para muchos comentaristas de la salud, que parecen muy dispuestos a tomar las estadísticas más gruesas y aplicarlas a todos los resultados para todos los grupos de población. En una rueda de prensa, este invierno, el director de del CDC, Thomas Frieden, dijo que un estudio preliminar del organismo oficial había encontrado que “la efectividad de la vacuna en general está en un 62%”. El funcionario explicó esta estimación de la reducción del riesgo relativo: “Quiere decir que si usted consiguió vacunarse tiene un 60% menos de probabilidades de contraer la gripe que lo llevaría al médico”.

En las noticias de la noche, el mensaje del CDC se tradujo en una afirmación de que las vacunas antigripales reducirían el riesgo de muerte en un 62%, a pesar del hecho de que el estudio ni siquiera había medido la mortalidad (cuadro 2).

Al reflexionar sobre el mismo estudio del CDC, dos autores editorializaron en el Journal of the American Medical Association (Revista de la Asociación Médica de Estados Unidos) que existe un pesimismo irracional sobre la vacuna contra la influenza: “Una medida preventiva que reduce el riesgo de un resultado grave en un 60% en la mayoría de los casos sería un notable logro; aun así, para la vacuna contra la influenza, eso es visto como un ‘fracaso’”.

Aquí, también, los autores parecen no ser conscientes de que el estudio del CDC citan no midió ningún “resultado grave” como la neumonía, sólo considerada médicamente una enfermedad respiratoria aguda con una gripe confirmada por laboratorio.

Las autoridades dicen que las vacunas antigripales son seguras

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La recomendación universal de vacunación contra la influenza de las autoridades lleva el mensaje implícito de que, más allá de aquellos para quienes está contraindicada la vacuna, la vacuna sólo puede hacer bien, y no hay necesidad de sopesar los riesgos contra los beneficios.

En octubre de 2009, los Institutos Nacionales de Salud norteamericanos produjeron un vídeo promocional para YouTube protagonizado por Fauci. Al instar a los ciudadanos estadounidenses a vacunarse contra la gripe H1N1, Fauci destacó la seguridad de la vacuna: “El historial de eventos adversos graves es muy bueno. Es muy, muy, muy raro ver alguna vez algo grave asociado con la vacuna”.

Meses más tarde, Australia suspendió su programa de vacunación contra la gripe en menores de 5 años después de que muchos niños (1 de cada 110 vacunados) presentarann convulsiones febriles después de la vacunación. Otras reacciones serias a las vacunas antigripales, y también inesperadas, ocurrió en Suecia y Finlandia, donde las vacunas contra la gripe H1N1 se asociaron con un aumento en los casos de narcolepsia entre los adolescentes (aproximadamente uno de cada 55 000 vacunados). Las investigaciones posteriores de los investigadores gubernamentales y no gubernamentales confirmaron el papel de la vacuna en estos graves eventos.

Vender enfermedad: ¿qué hay detrás de un nombre?

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Las compañías farmacéuticas han sabido por mucho tiempo que para vender algunos productos, hay que venderle primero la enfermedad a la gente. A principios del Siglo XX, la publicidad del enjuague bucal Listerine, por ejemplo, advertía sobre el problema de la “halitosis”, convirtiendo así el mal aliento en un seria preocupación social.

Del mismo modo, en los 50 y 60, Merck lanzó una amplia campaña para bajar el umbral de diagnóstico de la hipertensión, y al hacerlo, la ampliación del mercado para su fármaco diurético Diuril (hidroclorotiazida). Hoy día, las compañías farmacéuticas actuales sugieren que tenemos epidemias subdiagnosticadas de disfunción eréctil, trastornos de ansiedad social y disfunción sexual femenina, cada uno con su conveniente sigla propia y un medicamento aprobado listo.

¿Podría la gripe -una enfermedad conocida desde hace siglos, así definido en cuanto a su etiología, diagnóstico y pronóstico- convertirse en otro caso más de mongering, o de venta de una enfermedad?

Yo creo que sí. Pero a diferencia de la mayoría de las historias de venta de una enfermedad, aquí los vendedores son los funcionarios de salud pública, muy poco preocupados por qué marca de vacuna uno consiga, mientras puedan convencernos de que tomemos en serio la gripe.

El marketing de las vacunas antigripales, por lo tanto, implica un marketing sobre la gripe tanto como una amenaza de grandes proporciones. El sitio web del CDC explica que “las temporadas de gripe son impredecibles y pueden ser graves”, citando un saldo de muertes desde “3.000 a un máximo de alrededor de 49.000 personas”.

Sin embargo, una imagen mucho menos volátil y más tranquilizadora de la gripe parece probable si se tiene en cuenta que las muertes registradas por la influenza disminuyeron considerablemente a mediados del Siglo XX, por lo menos en los Estados Unidos, todo ello antes de la gran expansión de las campañas de vacunación en el 2000, y a pesar de las así llamadas tres llamados “pandemias” (1957, 1968, 2009).

Pero quizás el aspecto más inteligente de la estrategia de marketing de la gripe rodea la afirmación de que “flu” (en inglés, la gripe estacional común, ndr) e “influenza” es lo mismo. La diferencia parece sutil, y puramente semántica. Pero la falta general de conciencia sobre esta diferencia podría ser la razón principal por la cual pocas personas se dan cuenta de que incluso la vacuna contra la influenza ideal, adaptada perfectamente a las cepas circulantes de la gripe salvaje y capaz de detener todos los virus gripales, sólo puede hacer frente a una pequeña parte del problema de la “flu” porque la mayor parte de la “flu” no parece tener nada que ver con la “influenza”. Cada año, cientos de miles de muestras respiratorias son testeadas en todo Estados Unidos. De esas evaluaciones, en promedio sólo 16% son positivos de “influenza”. (Fig 2).

Toda influenza es “flu”, pero sólo 1 de cada 6 “flu” podrían ser influenza. No extraña que mucha gente sienta que sus vacunas antigripales no funcionan para la mayoría de las “flu”, sencillamente no pueden funcionar.

Texto original completo aquí

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ESPAÑA: Frenadol, Couldina, Desenfriol y otros antigripales mediáticos, los favoritos de las farmacéuticas

Hace tiempo que llevo todas las preguntas del blog actualizadas (y ahora y desde aquí os animo a que preguntéis pinchando en el enlace de la derecha o aquí mismamente), y por lo tanto tengo que elaborar mis propios contenidos. Como no soy un experto en farmacia, de hecho, soy un absoluto ignorante, he decidido compartir algunas de las conclusiones a las que, como consumidor crítico, he llegado tras observar atentamente el prospecto de algunos medicamentos: Frenadol, Desenfriol, Couldina, Pharmagrip y Vincigrip.

No he querido mirar más. Estos medicamentos son, en España, de los más populares para combatir los síntomas del resfriado aunque existen sin embargo muchos más (Novag Grip, Calmagrip, Grippal, Ilvico…) no sé si en otros países de habla hispana se comercializan estos en concreto, en caso contrario, podéis elegir cualquier otro y buscar sus prospectos, sospecho que esta entrada no cambiará por ello.

Dejando a un lado los excipientes, que son sustancias inocuas que sirven para ayudar a absorber el principio activo, para dar sabor o símplemente para rellenar la pastilla de algo y que sea un poco grande, y tomando los principios activos, que es la “medicina”, estos dos medicamentos contienen:

Frenadol: Ácido ascórbico, Cafeína, Clorfenamina, Dextrometorfano, Paracetamol
Desenfriol: Ácido acetilsalicílico, Cafeína, Clorfenamina, Fenilefrina
Vincigrip: Clorfenamina, Paracetamol, Pseudoefedrina
Couldina: Ácido acetilsalicílico, Clorfenamina, Fenilefrina
Pharmagrip: Clorfenamina, Fenilefrina, Paracetamol

Supongo que no vais a mirar todos los enlaces, no es necesario, pero si habéis leído por encima la lista de nombres habréis observado que todos llevan prácticamente lo mismo. Las sustancias que aparecen en la lista son en concreto las siguientes:

Ácido ascórbico: o Vitamina C, nunca entenderé por qué en el prospecto para el consumidor no ponen los nombres comunes para las sustancias. En cualquier caso esto no es nada que no tenga un kiwi, una naranja o un limón por ejemplo.
Cafeína: supongo que no necesita mayor comentario.
Clorfenamina: lo llevan todos los que he mirado y mucho me temo que absolutamente todos los antigripales, es un antihistamínico, es decir un medicamento de los que se usan para las alergias, es efectivo con la rinitis (esa sensación de no poder respirar por los mocos), estornudos etc…
Fenilefrina: aparece en tres de cinco, sirve para descongestionar la nariz, aunque por lo visto es mucho menos eficaz ingerido que inhalado (este es el principio activo es en el popular inhalador Disneumón pernasal, por ejemplo). Se utiliza como sustituto de la pseudoefedrina
Pseudoefedrina: Sirve también para descongestionar la nariz, parece que puede llegar a ser adictivo y por eso se está sustituyendo por la fenilefrina. También aparece en inhaladores como Rhinomax.
Dextrometorfano: es un antitusígeno, es decir, sirve para calmar la tos. La ventaja de este respecto a la codeína y otros opiáceos, es que no es adictivo. Sólo lo tiene frenadol, esto puede ser una ventaja a su favor, o no, ya que si no tenemos tos es un medicamento más que metemos al cuerpo.
Ácido acetilsalicílico y Paracetamol: Para más información sobre las diferencias se puede mirar aquí. Básicamente son analgésicos (quitan dolor y molestias) y antipiréticos (bajan la fiebre), existen diferencias importantes entre ellos pero, la realidad es que los efectos que producen, como todos habréis comprobado al tomar Aspirina o Gelocatil, son similares.

Tras el análisis de los componentes, la primera conclusión a la que llegamos es que estos medicamentos son casi literalmente lo mismo y más o menos daría igual cuál comprases. En realidad puede que la mejor opción sea comprar el más barato. Sí, frenadol tiene cafeína y vitamina C, nada que no se solucione con el placer de tomar un café caliente o beberse un zumo de naranja.

Lo del antitusígeno, ya está resuelto, si no hay tos sobra y si no, pues está bien.

La segunda conclusión tras leer bien sobre la Fenilefrina y la Pseudoefedrina, es que son mucho más eficaces inhaladas que tomadas. No contento con leerlo procedí, ya que esta semana he estado levemente constipado, a hacer las pruebas experimentales, tomé un desenfriol. Efectivamente, a la hora, note las diferencias: me encontraba mejor, como no tenía fiebre no me la bajó, pero lo habría hecho, me quitó el dolor y sólo me tenía que sonar los mocos cada diez minutos en vez de cada diez segundos, prueba superada. Después, usé el Disneumón pernasal que utiliza a menudo mi padre para respirar mejor por la noche y no roncar, y voila! estuve aproximadamente 3 horas sin tener que sonarme los mocos. Mi conclusión es por lo tanto que vale más un inhalador que cualquiera de estos medicamentos para despejarte.

La tercera conclusión es que la presencia de antihistamínicos está bien en estos medicamentos, aunque en función de los síntomas se podrían no tomar y no habría grandes cambios, puesto que actúan contra la rinitis, al igual que la Fenilefreina y Pseudoefedrina. Por supuesto, en caso de necesitar verdaderamente antihistamínicos el médico te recetará uno en concreto con seguridad mucho más efectivo que lo que presentan estos “cócteles”. Es decir, puede que sea incluso mejor comprarse un genérico del paracetamol o ácido acetilsalicílico y un genérico de la Fenilefrina o Pseudoefedrina en inhalador que uno de estos medicamentos, con el consecuente ahorro de dinero y dejar de enriquecer a la industria farmacéutica con productos prescindibles.

La conclusión final es por lo tanto que como siempre, el consumidor es presa de su ignorancia a la hora de elegir el producto y al final termina comprando lo que conoce, es decir, lo que anuncian por la tele, eso que anuncian desde octubre hasta marzo incesantemente en la televisión. Además, muchas veces, el farmacéutico es cómplice por no avisar de la existencia de un producto similar de precio mucho menor. Curiosamente el precio no es menor por no ser eficaz (puesto que lleva exactamente lo mismo) sino porque no se anuncia en televisión cada diez minutos.

Texto original completo aquí

LA GRIPE

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Hay tres tipos de gripe estacional: A, B y C. Los virus gripales de tipo A se clasifican en subtipos en función de las diferentes combinaciones de dos proteínas de la superficie del virus (H y N). Entre los muchos subtipos de virus gripales A, en la actualidad están circulando en el ser humano virus de los subtipos A (H1N1) y A (H3N2). Los virus de la gripe circulan por todo el mundo. Los casos de gripe C son mucho menos frecuentes que los de gripe A o B, y es por ello que en las vacunas contra la gripe estacional sólo se incluyen virus de los tipos A y B.

Signos y síntomas

La gripe estacional se caracteriza por el inicio súbito de fiebre alta, tos (generalmente seca), dolores musculares, articulares, de cabeza y garganta, intenso malestar y abundante secreción nasal. La fiebre y los demás síntomas suelen desaparecer en la mayoría de los casos en el plazo de una semana, sin necesidad de atención médica. No obstante, en personas con alto riesgo la gripe puede causar enfermedad grave, e incluso la muerte. El tiempo transcurrido entre la infección y la aparición de la enfermedad (el llamado periodo de incubación) es de aproximadamente 2 días.

Grupos de riesgo

Las epidemias anuales de gripe pueden afectar gravemente a todos los grupos de edad, pero quienes que corren mayor riesgo de sufrir complicaciones son los menores de 2 años, los mayores de 65 y las personas de todas las edades con determinadas afecciones, tales como inmunodepresión o enfermedades crónicas cardiacas, pulmonares, renales, hepáticas, sanguíneas o metabólicas (por ejemplo, la diabetes).

Transmisión

La gripe estacional se propaga fácilmente y puede extenderse con rapidez en escuelas, residencias asistidas o lugares de trabajo y ciudades. Las gotículas infectadas que expulsa el paciente al toser pueden ser inspiradas por otras personas que quedan así expuestas al virus. El virus también puede propagarse a través de las manos infectadas. Para evitar la transmisión hay que lavarse las manos regularmente y cubrirse la boca y la nariz con un pañuelo de papel al toser o estornudar.

Tratamiento

Algunos países disponen de antivíricos que son eficaces para prevenir y tratar la gripe. Estos fármacos pueden ser de dos clases: 1) adamantanos (amantadina y rimantadina), y 2) inhibidores de la neuraminidasa del virus de la gripe (oseltamivir y zanamivir). Algunos virus de la gripe se vuelven resistentes a los antivíricos, lo cual limita la eficacia del tratamiento. La OMS vigila la sensibilidad de los virus gripales circulantes a los antivíricos.

Epidemias estacionales

Las epidemias de gripe se repiten anualmente, durante el otoño y el invierno en las regiones templadas. La enfermedad es causa de hospitalización y muerte, sobre todo en los grupos de alto riesgo (niños pequeños, ancianos y enfermos crónicos). Estas epidemias anuales causan unos 3 a 5 millones de casos de enfermedad grave y unas 250 000 a 500 000 muertes cada año. En los países industrializados la mayoría de las muertes asociadas a la gripe corresponden a mayores de 65 años. En algunos países tropicales los virus de la gripe circulan durante todo el año, presentando uno o dos periodos de máxima actividad durante las estaciones lluviosas.

Efectos de la enfermedad

La gripe puede causar graves problemas económicos y de salud pública. En los países desarrollados, las epidemias pueden causar gran absentismo laboral y pérdidas de productividad. Las clínicas y los hospitales pueden verse abrumados por el gran número de enfermos que acuden a ellos durante los periodos de máxima actividad de la enfermedad. Aunque la mayoría de los pacientes se recuperan de la gripe, muchos necesitan tratamiento hospitalario y muchos mueren cada año por esta causa. Los conocimientos sobre los efectos de las epidemias de gripe en los países en desarrollo son escasos.

Prevención

La forma más eficaz de prevenir la enfermedad y sus consecuencias graves es la vacunación. Hace más de 60 años que se vienen utilizando vacunas seguras y eficaces. En los adultos sanos la vacunación antigripal puede prevenir un 70% a 90% de los casos de enfermedad gripal específica, mientras que en los ancianos reduce los casos graves y las complicaciones en un 60%, y las muertes en un 80%.

La vacunación es especialmente importante en las personas que corren mayor riesgo de sufrir complicaciones de la gripe y en aquéllas que viven con pacientes de alto riesgo o que cuidan de ellos.

Texto original aquí

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