Meteorólogos

Lo que Twister fue capaz de inspirar

María Eugenia Dillon, la meteoróloga premiada, ayer, en el Servicio Meteorológico Nacional.

De chica, María Eugenia Dillon se sentaba en el jardín de su casa junto a su papá. Los dos miraban el cielo, lo estudiaban y disfrutaban con las tormentas. Aquella nena ya tiene 30 años, pero no perdió su pasión por el clima.

Estudió, se recibió de Licenciada en Ciencias de la Atmósfera y su trabajo y esfuerzo tuvieron reconocimiento: la Organización Meteorológica Mundial (OMM) le otorgó el “premio la investigación para jóvenes científicos” por sus trabajos sobre nuevas técnicas de asimilación de datos que redundan en mejores pronósticos.

“Me dieron un certificado y mil dólares de premio”, le contó a Clarín esta joven que está casada con Pablo, un marino mercante. “Este es un lindo reconocimiento de la comunidad internacional. Son muchos años de trabajo y esfuerzo”, agregó María Eugenia, que se recibió en 2012 en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires.

En su niñez, Dillon quedó enganchadísima con la película Twister y jamás olvidó aquellas charlas a cielo abierto con su padre. Ahora se entremezcla con números y computadoras, todo relacionado con el clima. Por eso explica de qué trata su proyecto premiado, que ya fue publicado en febrero en una revista de Estados Unidos.

“Trabajé en un programa de computación con el cual se hacen los pronósticos del tiempo. A esos programas hay que alimentarlos con la temperatura, el viento, la presión, todo lo que se observe en las estaciones meteorológicas”, explicó. Y detalló: “Ese trabajo consiste en implementar un método que le da alimentación a los programas y que se llama asimilación de datos”.

Esta nueva técnica de asimilación de datos podría ser empleada de modo operativo dado que requiere de una inversión moderada en equipos de cómputo de alto desempeño para su implementación. “Es un método no tan costoso que se puede realizar en servidores. Da resultados. Ya hay trabajos que lo comprueban”, resumió Dillon, quien ahora está haciendo el doctorado en Ciencias de la Atmósfera y los océanos.

“Me gusta la naturaleza. ¿Mi hobby? Cuando podemos nos gusta hacer trekking con mi marido: me gusta la montaña”, dijo la becaria del Conicet que actualmente trabaja en el Departamento de Investigación y Desarrollo del Servicio Meteorológico Nacional, donde ingresó en 2010 por una beca del Ministerio de Defensa.

“Soy el bicho raro de la familia. Sueño con que siga creciendo la meteorología en el país, que nos den más lugar. La gente se queja de los pronósticos, pero somos muchos los que estamos trabajando y aportando a la sociedad. El dinero me alcanza, pero los becados y bachilleres podríamos estar más jerarquizados”.

El experimento de la investigación premiada se hizo en el servidor del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA), porque es más veloz, ya que lo que se necesita es ejecutar el modelo en paralelo, con varios procesadores y amplia capacidad de memoria, lo cual hace mucho más rápida la elaboración de los pronósticos. Todo obra del ingenio de una mujer que todavía disfruta de alzar la vista y observar al infinito.

Artículo original de Marcelo Maller aquí

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