Historias

Los sacerdotes del granizo

GRANICEROS 1

Son elegidos por un rayo que los conecta con las fuerzas divinas que escupen tormentas sobre sus pueblos y cultivos. Atajan la caída de lluvias y granizo. Son los graniceros.

Uno de los los grupos chamanes más fuertes en el área nahuátl, sobre todo en Morelos y en el estado de México, es el de los ¨graniceros¨, herederos de los antiguos teciuhtlazqui nahuas, sacerdote del dios de la lluvia que controlaban vientos, lluvia y granizo.

Los graniceros de hoy se dedican también a manejar el tiempo: pueden hacer y deshacer nubes, “mandar el rayo” y evitar tormentas, granizadas y heladas que perjudican las milpas (agroecosistema mesoamericano cuyos principales componentes productivos son maíz, frijol y calabaza, ndr ); su profesión es, por tanto, esencial para los campesinos. Una de las formas de alejar las nubes de tormenta y el granizo es prender incienso y hacer invocaciones.

(…) Estos chamanes todavía se inician por acción divina: son tocados por un rayo. (…) Don Lucio campos se convirtió en chamán cuando fue herido por un rayo. Para él hay dos realidades: la visible y corpórea, y la invisible, que es donde residen los “trabajadores del tiempo”; estos seres sagrados están en contacto con el espíritu de los graniceros, confiriéndoles sus poderes sobrenaturales.

(…) Sobre su iniciación, este chamán relata que un día, mientras cuidaba sus vacas en el campo, v vio venir hacia él una esfera multicolor y perdió el conocimiento: había sido herido por un rayo; a los ocho días empezó a ver en el campo pequeños seres que lo llamaban, dejó de comer y entró en un estado de grave enfermedad en el que no se podía mover; nadie lo pudo curar, y así se mantuvo tres años. Mientras su cuerpo era alimentado artificialmente, su espíritu estaba despierto recibiendo las enseñanzas de los ¨trabajadores del tiempo¨. En el primer año, viajó por toda la tierra aprendiendo, de los ¨rebaños¨ de trabajadores del tiempo, a controlar las fuerzas naturales; durante el segundo, aprendió a usar las yerbas y el arte de la curación, y en el tercero llegó hasta el ¨sumo pastor¨ de los ¨rebaños¨, quien le indicó una vereda que conducía a tres montañas; más allá de ellas arribó a un paraje donde recibió la última iniciación: aprender a distinguir el bien del mal y el conocimiento de la conducta humana.

Texto completo aquí 

GRANICEROS CEREMONIA

La palabra ahuizote proviene del náhuatl, y puede entenderse como “llamar al agua”. En contextos culturales en dónde el término ahuizote se asocia a estos especialistas, se le ha traducido como “el qué ataja el agua” (Giménez, 1978:188).

Otros nombres que se han dado a estos especialistas son: aureros, o trabajadores temporales, graniceros e hijos del rayo, caclasqui o aguador. Nombres qué hacen referencia a un particular tipo de especialistas tradicional qué tiene el poder de manipular los fenómenos meteorológicos, especialmente la lluvia.

Estos especialistas del tiempo, que ahora encontramos en algunos pueblos campesinos del centro de México cercanos a las montañas y montes, son herederos de un complejo cultural mítico religioso de procedencia prehispánica, amalgamado con elementos españoles. Los rublos mesoamericanos eran grandes observadores de la naturaleza y llegaron a considerarla como sagrada y pensaron que debía ser cuidada y reverenciada como dadora de vida de plantas y animales.

Dentro de este complejo cultural, se encuentra la razón de ser de los graniceros, especialistas a los que se les responsabilizaba de cuidar los sembrados del granizo: ahuyentar, espantar y atajar las nubes cargadas del granizo.

Fray Bernardino de Sagahún nos dice al respecto:

Esta gente cuando veía encima de las sierra nubes muy blancas, decían que eran señal de granizo los cuales venían a destruir las sementeras y así tenían muy grande miedo (Sahagún, 1969, tomo II:266).

También dice:

[…] y para qué no viniese el dicho daño en los maizales, andaban unos hechiceros qué, llamaban teciuhtlazque qué es casi estorbadores de granizos, los cuales decían qué sabían cierta clase arte o encantamiento para quitar los granizos o qué no empeciesen los maizales y para enviarlos a las partes desiertas y no sembradas ni cultivadas, o a los lugares donde no hay sementeras ningunas. (Sagahún, 1969, tomo II:266).

Se les conocía como Teciuhtlazque teciuhpequi “el que arroja el granizo”, “el que vence el granizo” (López Austin, 1967:100). Ya para la época colonial, este complejo cultural prehispánico es impactado en algunos de sus componentes por el pensamiento religioso, sin embargo se siguió manteniendo en toda la época colonial el sentido de percepción prehispánica.

El calendario agrícola marca el inicio de las siembras y los campesinos están a la espera de la lluvia. Cuando la agricultura era la principal actividad económica se hacían ofrendas para agradecer a los aires, o a los señores del tiempo, el qué se hubieran logrado las milpas.

Los elegidos

GRANICEROS TAPA DE LIBRO
La principal característica de un granicero es la de “representar a un individuo que ha sido escogido por Dios para qué le sirva como intermediario entre su reino y sus hijos qué habitan en la tierra”. Para ser elegido, es necesario pasar por varias pruebas, pero la principal la de ser marcado por la acción del rayo.

El rayo, es reconocido como el símbolo qué mantiene unido al hombre con los dioses; es la conexión activa entre ambos. Es el aspecto más humano del control del orden de la naturaleza.Hay dos maneras de ser “marcado” las cuales indicarán una diferencia de poderes atribuidos al aguador:

a) Los rayados, los cuales son torturados de manera directa por el poder del rayo.

b) Los cuarteados: estas personas son marcadas de manera indirecta por la fuerza del rayo, pero la descarga eléctrica es tal, qué deja inconsciente al elegido (se dice qué esta privad9 y muy comúnmente inicia un viaje en forma espiritual al reino de Dios.

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GRANICERO (VIDEO), trailer de la película dirigida por Gustavo Gamou y producida por Jacaranda Correa.

UN ENCUENTRO CON DON LUCIO

GRANICEROS DON LUCIO

El segundo encuentro con Don Lucio es caluroso. Él nos ha convidado a una ceremonia que reúne a sus discípulos en una gruta llamada “El Caleca”, situada entre los volcanes Popocatepetl e Iztaccihuatl.

Don Lucio conserva un gran fuego que representa el contacto entre lo visible y lo invisible… Ellos pasan un largo tiempo en oración para encontrar en ellos la fuerza de regular las intemperies del mes que viene.

Cada uno aporta las ofrendas de alimentos y velas. Evocan a Tlaloc, en círculo alrededor del fuego. Con los ojos semicerrados, el maestro habla a las sombras de la gruta. Don Lucio. “El agua será beneficiosa, si la sequía persiste las cosechas se convertirán en polvo y los paisanos perderán todo. ¿Por qué los vuelven más miserables?”.

La gruta nos parece más profunda y más fría.

Encendemos las velas de cada participante. El maestro mira fijamente su llama y muestra un aire descontento o satisfecho según la oscilación y decoloración.
Él es capaz de determinar por la altura y la forma de la llama, el nivel espiritual del aprendiz.

Enseguida, Don Lucio procede a la presentación de cada uno con los espíritus y les encomienda resaltar el entusiasmo por el uno, y la sinceridad por el otro.
Después, él recobra la contemplación de las llamas… unas velas se funden más rápido que las otras. Don Lucio dirige a un discípulo en la oscuridad un reproche: él no está suficientemente protegido…

Don Lucio: “La gente trata de meterse en nosotros como las nubes, protégete. Deshilacha el mal”.

Don Lucio y Jorge, solos dentro de la caverna. Sus siluetas se destacan en contraluz delante del fuego. El viento que se eleva y los ruidos de la noche cubren por un instante el eco de sus voces…

Don Lucio sacude a Jorge por los hombros. Después le da unas plantas a beber. Posteriormente le fricciona el rostro con un polvo blanco.
Después Don Lucio lo abraza y lo besa.

Don Lucio: yo te llevo conmigo porque tú entiendes cómo yo te hablo. Es necesario que tú observes. En la noche, durante el sol, tú debes ver las cosas, debes captarlas. Cualquiera te debe hablar. Tú debes ver bien quién entra y quién te habla ¿No?

Las voces son casi inaudibles:

“¿Eso fue un coyote o un jaguar?”

-… Un coyote.

“¿Qué hace el coyote, da vueltas en círculos o permanece inmóvil?”

Bajando de la caverna, el viento sopla muy fuerte,

Las gotas de lluvia crepitan sobre el peñasco.

Los “trabajadores del tiempo” llevan los brazos cargados: la tempestad estalla.

Texto original aquí

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Los recintos sagrados

GRANICEROS COLOR

Diferentes intenciones teológicas tenían en el pasado antes de la llegada de los españoles para subir a las montañas. Rogar por la lluvia no era el único motivo por el que ascendían, pero al menos era el más importante. Servía para estimular el clima introduciendo una estrategia donde el ritual de propiciación climática era un modelo generador de agua que se aplicaba cíclicamente para beneficio de los campos de cultivo. Entendemos que desde hace más de 2000 años se llegó al punto en que un grupo mediante la profesión pública del sacerdocio legitimó e impuso el culto al agua en las montañas, definiendo tácitamente los límites de lo pensable y lo impensable, contribuyendo así al mantenimiento del orden social del que extraían su poder.

La lluvia y otros fenómenos atmosféricos se percibieron entonces como un modo global de asociaciones y circunstancias particulares, de tal suerte que los cambios climáticos se presentaban a la manera de un azar, coincidencia o casualidad resultado de causas ocultas y lejanas de toda certeza humana de tal suerte que los acontecimientos eran resultado de causas ocultas y a la vez visibles, y como carecían de criterios experimentales para incluso eliminar las relaciones más extrañas e impredecibles, la mente precientífica no podía llegar a la intuición de la probabilidad que poseemos.

En esa casualidad primigenia que estructuraba el pensamiento con referencia al mundo físico, la naturaleza se encontraba atada a imágenes concretas, a propiedades y asociaciones fenoménicas definidas por valores morales y cualidades afectivas. La verdad quedaba verificada en los mitos y comprobada en los ritos. Se encontraban confinados en el mundo de su voluntad, de sus representaciones y de sus deseos. Se creaba así una opacidad porque los fenómenos de la lluvia no eran tratados como fenómenos puramente naturales, sino como la parte de lo ideal.

Los abrigos rocosos y las cuevas son comunes en las laderas alpinas del Altiplano. El vulcanismo promueve una espeleogénesis específica de reducidos desarrollos subterráneos que en algunas ocasiones, por la presencia de rocas diaclasadas permiten la emisión de manantiales. La existencia de manantiales da pie a una yuxtaposición simbólica de elementos religiosos que determinaros su uso ritual desde la época prehispánica y que ha trascendido hasta nuestros días con los “trabajadores del temporal” o “graniceros”. Dentro del culto acuático existe una relación indivisible entre la cueva y la montaña: son una y la misma cosa.

Constituyen un factor hidráulico muy importante en la cosmovisión mesoamericana. El templo mismo era considerado como un cerro sagrado que cubría las aguas subterráneas manifiestas a través de los manantiales y cuerpos de agua de las cuevas. La relación que articula a Tláloc con las cuevas y los cerros está personificada por Tepeyollotl, el corazón del cerro, deidad personificada como un jaguar que resume los aspectos preclásicos de cueva, tierra y selva tropical. Era una deidad misteriosa, se dice que era el señor de los animales relacionado con Tezcatlipoca, pero en realidad era Tezcatlipoca mismo, es decir su nagual, su doble. Completa este esquema la idea que se tenía de la Tierra, que se llamaba Cemanahuac (lugar rodeado por agua), y se concebía como un disco flotando sobre el agua. El paraíso del Tlalocan era, en cierto modo un concepto del espacio debajo de la Tierra lleno de agua, el cual comunicaba a los cerros y a las cuevas con el mar. Se pensaba que existía una conexión subterránea entre las grandes cuevas -la entrada del Tlalocan- y el mar.

¿Por qué en cuevas?

GRANICEROS CUEVA SOLA

La cueva como escenario permite momentos de unión y polarización sicológica, que hace que cada individuo se sienta lleno de una fuerza colectiva que habitualmente no percibe, pero que encuentra en los sitios más oscuros, recónditos, inaccesibles y lejanos. Es así como la cueva activa las emociones y las dirige a la categoría afectiva con lo sobrenatural. Pero también es el terreno privilegiado para el trance extático, pues aquí radica la fuerza de la irracionalidad y del subconsciente, este es el lugar donde habita la energía de la naturaleza que consuma al chamán, o al sacerdote. Para los protagonistas del ritual, las cuevas de montaña pudieron haber tenido una función de oráculos naturales, especialmente aquellas en las que se promovían espejos o estanques con reflejo, pues entendemos que el espejo estaba asociado con la profecía.

Por otra parte la visita a la montaña supone un considerable desplazamiento en el espacio geográfico, estos recorridos logran proyectarse hondamente en el imaginario como mecanismos de integración social. El logro de la procesión es un viaje al estado liminar, un tránsito de lo profano a lo sagrado, un ingreso al espacio sacralizado, una transición entre distintos estados y momentos concretos que permiten orientar el espíritu de la comunidad a una conducta consagrada que contempla un mecanismo que periódicamente convierte lo obligatorio en algo deseable. Cada ritual tiene su propia teología, tiene sus propios fines que refuerzan su sistema de valores, porque reúne periódicamente a la comunidad en circunstancias que permiten afirmar públicamente la adhesión a los valores de grupo.

El culto comunal

GRANICEROS CUEVA

Se reverenciaba también a las nubes, y las llaman ahuaque y al dios que las rige Tlaloque y a los montes donde se engendran las nubes dicen Tlaloque tlamacazque. Actualmente a los que trabajan con las nubes, que es clima, se les denomina diferencialmente de acuerdo a su región: “graniceros” en el estado de México, “tiemperos” en Puebla, y “misioneros del temporal” en Morelos, y media docena más de nombres como quiaclasque, cuitlama, aurero, señores del temporal, temporalistas, aguadores, y otras tantas denominaciones.

Se hace necesario remitirnos a fuentes históricas para comprender lo que hoy genéricamente aceptamos en la literatura antropológica como graniceros. Entre las más tempranas referencias tenemos la Breve relación de los dioses y ritos de la gentilidad, escrita en 1569 por Pedro Ponce, que fuera cura de Zumpahuacan, al sur del actual estado de México, probablemente descendiente de la nobleza indígena de Tlaxcala, y que tuvo la preocupación de recoger los ritos, costumbres y recuerdos de los indios, y de la cual se hace una transcripción parcial:

Toman los primeros elotes y vanse a los serrillos adonde tienen sus cuezillos que llaman teteli que son como altares es mandato que a estos serrillos no uayan los niños porque no descubran lo que se haze. y llegados alla haçen fuego al pie del cuesillo o en medio en onrra del Dios Xiuhteuctii y el mas savio toma en un tiesto deste fuego y echale copal y ynciencia todo el lugar del sacrifiçio, y luego ençiende la candela de sera y la pone en medio del cuezillo y hecho esto toma la ofrenda que es el uli copal pulque y las camisillas y xicaras papel y los ofreze ante el cuezillo y fuego… Luego toma la gallina que se llevo para el sacrifiçio y la deguellan ante el fuego y cuezillo mandan aderesar esta aue y con tamales la ofresen ante el fuego y cu y las camisillas las uisten algunas piedras que alli ponen lo qual acabado comen los elotes y lo demas ofrezido bebiendose el pulque. y desta manera pagan las primiçias de los nuebos fructos.

Otro contemporáneo de Pedro Ponce, Jacinto de la Serna, recopila rituales campesinos en su Manual de ministros de indios para el conocimiento de sus idolatrías, y extirpación de ellas, que constituye otro referente obligado para un mejor entendimiento:

A vosotros los Señores Ahuaque y Tlaloque, que quiere decir: «Truenos y Relampagos: ya comienço á desterraros, para que os aparteis vnos á vna parte, y otros á otra.» Y esto decia santiguandose, y soplandolos con la voca, y haziendo bueltas con la cabeza de Norte á Sur, para que con la violencia del soplo, que daba, se esparciessen. Otro espantaba, y auyentaba las nubes, y tempestades diciendo las palabras, que se siguen: «Señor, y Dios mio, ayudadme, porque con prisa, y apresuradamente viene el agua, y las nubes, con lo qual se dañaran las mieses, que son criadas por nuestra ordenacion. Amada Madre mia, Reyna y Madre de Dios, Sancta Maria ayudadme, sed mi intercessora, porque ay muchas cosas, que son hechuras vuestras, que se pierden,» y luego decia: «Sanctiago el moço, ayudadme, varon fuerte, vencedor, y hombre valeroso, valedme, y ayudadme, que se perderan las obras, y hechuras de Dios todopoderoso.» Y santiguandose decia: «En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spiritu Sancto. Amen» y soplando a vn cabo, y á otro se ivan las nubes, y daba á Dios gracias de auerlas auyentado. Desta manera vssaban, y vssan oy, si ay algunos deste officio, estos conjuros, mezclando las cosas diuinas, y ceremonias de la Iglesia con sus supersticiones.

A finales del siglo xx, los graniceros eran todavía una selecta corporación de escogidos que regulaban el clima. Para ser uno de ellos se requería ser llamado desde “Arriba”, se presentaba una simbiosis de símbolos y entidades católicas con otras de origen prehispánico. El individuo llamado estaba sujeto a prestar servicio en la tierra a los poderes sobrenaturales que gobernaban el clima. Habían sido llamados al ser tocados por un rayo, algunos, por el impacto morían y se “iban a trabajar” desde lo alto; los que sobrevivían tenían un destino al que no podían renunciar: “trabajar con el tiempo.

Sus oficios resultan de la tradición, son el habitus que no alcanza la forma de sujetos reflexivos de los fenómenos teológicos porque simplemente sigue la huella de la memoria ancestral que orienta su conducta. Su rutina por el peso de la modernidad cada día se ve menos favorecida. La decadencia cultural se traduce en una fragmentación social, y en la pérdida de la tradición que debilita sus vínculos sociales como es evidente por su desaparición en poblaciones con gran tradición como Tenango, al pie del Nevado de Toluca.

Aproximadamente existen más de una docena de emplazamientos rituales de los graniceros en la montaña, los más importantes son la Cueva de los Brujos o Cueva de Alcalica en la Iztaccíhuatl, el Cempoaltepetl al sur del Popocatépetl en el Estado de Morelos, El Ombligo, por debajo de Las Cruces en la cara NE del Popocatépetl y el Divino Rostro en el lado opuesto; La Casa de Rosita, una cascada por abajo del Valle de Mirapuebla en el flanco se de la Iztaccíhuatl.

Iwaniszewski dispone de al menos una docena más para las cofradías de San Pedro Nexapa entre los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl; Sergio Suárez, otros cinco para La Malinche; Elías Rodríguez, cuatro o cinco para el Popocatépetl cerca de Tetela del Volcán; por su parte Juilo Glockner ha trabajado por años este tema y es un experto en la materia; al igual que Johanna Broda y Caterin Good, quienes coordinaron el libro Graniceros que puede ser consultado en línea; por mi parte he apoyado a don Moisés, granicero de Amecameca para que publique un libro escrito por el mismo, es necesario escuchar lo que ellos tiene que decir de sí mismos.

Texto original y fotos aquí

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