Energías

Luther King o Trump: el futuro ya llegó

En agosto de 2015, cuando el presidente Barack Obama anunció la versión final del plan de la energías limpias, pieza central de su esfuerzo para combatir el cambio climático, citó un discurso que Martin Luther King, Jr. había dado en abril de 1967, contra la guerra de Vietnam. “Creo que en esto “sí hay un demasiado tarde'”, dijo.

Tanto le gustó la cita que la repitió, unos meses más tarde, en la apertura de las negociaciones internacionales del Acuerdo sobre el Clima, en París: “Hay un demasiado tarde y, cuando se trata del cambio climático, lo tenemos encima”. Volvió a mencionarlo en el Parque Nacional de Yosemite, por tercera vez.

La cita regresó a finales de septiembre de 2016, cuando se escucharon los argumentos orales contra el plan de energías limpias en la Corte de Apelaciones del Circuito del Distrito de Columbia. Veintisiete estados, encabezados por Virginia Occidental, junto con compañías de petróleo y carbón, han demandado a la Agencia de Protección Ambiental para frenar el plan.

Hay, en efecto, un demasiado tarde, y los opositores parecen decidido a llevarnos a ese momento, y tal vez más allá. Como observó King, en un contexto muy diferente y a la vez no tanto, la dilación es “el ladrón del tiempo.”

Dependiendo de cómo se mire cosas, el plan de energía limpias de Obama es  extraordinariamente complejo -las reglas finales ocupan más de mil quinientas páginas- o bastante sencillo. Básicamente, el plan requiere que cada estado norteamericano encuentre su manera de reducir las emisiones de dióxido de carbono de sus plantas de energía.

Como cada estado posee una combinación de energías diferentes, a cada uno de ellos se le ha dado un objetivo distinto; los que ahora dependen en gran medida del carbón intensiva en carbono están sujetos a restricciones menos estrictas que las que están instalando plantas de gas natural o eólicas.

Podría afirmarse que este enfoque penaliza precisamente en aquellos estados que más han hecho para reducir sus emisiones, pero, en su mayor parte, los que están demandando son los que han hecho el menor esfuerzo.

Básicamente, el plan se propone reducir las emisiones de sector eléctrico del país en alrededor de un 30% para 2030 (con una línea base de emisiones de 2005). El plan es fundamental para los compromisos adquiridos por Estados Unidos en el año pasado en París.

Sin las reducciones de los sectores de energía, será prácticamente imposible que el país cumpla sus promesas, y si fuera así es poco probable que otros países sí respeten sus compromisos. Como dijeron William Ruckelshaus y William K. Reilly, ambos republicanos y ex directivos de la EPA, “las consecuencias serán drásticas si Estados Unidos y otros países no hacen nada”.

La historia del plan parece una novela de suspenso. En febrero, la Corte Suprema bloqueó el plan, sin definir la cuestión de fondo. Pero una semana más tarde falleció Antonin Scalia, uno de los jueces de la mayoría conservadora de 5-4, proclive a fallar contra el plan de Obama (el Senado postergó definir la vacante a la espera de las elecciones de noviembre).

En Estados Unidos, cuando la Corte Suprema queda empatada, quedan firmes los fallos de la instancia judicial anterior. Ahora, los que se oponen al plan de Obama estiman que el Tribunal de Circuito inferior fallará a favor del gobierno.

Lo que lleva, como tantas cosas en estos días, a la elección presidencial. El candidato republicano Donald J. Trump, quien ha llamado públicamente “fraude” al cambio climático (aunque lo negó en el primer debate con Hillary Clinton) anticipó que igualmente dejará “sin efecto” el plan de energías limpias si llega a la Casa Blanca.

En cambio, Hillary dijo que lo llevará adelante. El que gane tendrá la oportunidad de nombrar al juez restante de la Corte (conservador y escéptico del cambio climático o moderado/progresista).

La opción puede verse como una razón más para espantarse ante una victoria de Trump. Si se pierden durante los próximos cuatro años los progresos que se ha hecho para revertir las emisiones de gases invernadero, es casi seguro que se incumplan las metas de temperaturas globales acordadas en París.

De hecho, incluso si los próximos cuatro años se mantuvieran los esfuerzos, es probable que los objetivos quedaran incumplidos. Citando nuevamente a King, en el caso del cambio climático, mañana es realmente hoy.

Texto original completo de Elizabeth Kolbert en New Yorker aquí

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