América Latina

Ni al suelo ni al cielo: mire a la universidad

AMÉRICA LATINA MAESTRÍA ESTACIÓN

Son tiempos en los que no bastan por separado ni un meteorólogo, ni un ingeniero agrónomo. La variabilidad climática, su impacto en los suelos, el corrimiento de las fronteras agrícolas y la tremenda evolución tecnológica en el campo se combinan para plantear desafíos que involucran a la principal fuente de alimento del planeta. La meteorología agrícola aborda esa complejidad y dos facultades de la Universidad de Buenos Aires se asocian para dedicarle una maestría.

Retomando la senda de sus grandes maestros pioneros de la meteorología agrícola en América Latina, la UBA recupera una Maestría de Meteorología Agrícola que forma profesionales capaces de interpretar, más que un pronóstico de lluvia, el complejo sistema que relaciona los recursos productivos agropecuarios con una atmósfera cada vez más variable.

En 2013, bajo la la dirección académica conjunta de las facultades de Agronomía y de Ciencias Exactas y Naturales, seis profesionales argentinos y latinoamericanos comenzaron su maestría de dos años, la única en habla hispana de la región.

Sus tesis se centran en la investigación de modelos predictivos de anomalías de precipitación, influencia de extremos climáticos en la producción en la región pampeana y reserva de agua en la cuenca de secano, entre otras.

Desde los ’40 hasta ahora

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Olga Penalba, Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

La maestría, creada en 1988 y dictada hasta 1995, retoma la potente idea de que una visión integradora de las ciencias agrarias y la meteorológica posibilita una mejora en los análisis, diagnósticos y soluciones a problemas concretos y específicos de las actividades agro-ganaderas en el país y la región, donde la meteorología agrícola debería tener mayor desarrollo.

En Agronomía de la UBA, la agrometeorología tiene un inspirador: el ingeniero Antonio Pascale, un catedrático de Climatología y Fenología Agrícolas que desde los ‘40 difundió la agrometeorología y agroclimatología de los cultivos en toda América Latina, y que fue un visionario introductor de la soja en el país, desde que en 1969 demostró, contra la opinión predominante entonces, que las dos terceras partes de la superficie del país carecía de limitaciones climáticas serias para cultivarla.

Argentina ocupa el octavo lugar mundial en superficie de tierras cultivadas (35.750.000 ha), el tercero per capita (1,12 ha) y 15to. en superficie bajo riego. Según datos oficiales, en el ciclo 2013/2014 la superficie sembrada con maíz caerá a 5,7 millones de ha (contra 6,1 millones de la anterior), la de trigo a 3,4 millones de ha (3,9 millones), pero la de soja crecerá 3%, de 20 a 20,6 millones de ha.

La idea de la maestría se reactivó desde 2010, pero se diseñó con menos cantidad de horas cátedra, lo que permite cursarla completa en dos años, aunque tal vez reste el trabajo de investigación de la tesis, explicó la doctora Olga Penalba, directora de la maestría desde el Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la UBA, a Tiempo Inestable.

“Los estudiantes se llevan de aquí el background necesario para tomar decisiones en un ámbito interdisciplinario, la meteorología asociada con la componente agrícola y con el suelo, sin disociación entre ciencias –destaca Penalba. Hay disociación porque el productor quiere respuestas inmediatas. Pero, el sistema atmósfera-suelos-cultivo que estamos analizando es complejo,  hay que ir con cuidado y se lo decimos a los maestrandos. No proveemos soluciones mágicas.

El target

AMÉRICA LATINA MAESTRÍA INTA

Esta maestría de la UBA apunta a un profesional intermedio, un egresado de meteorología, de agronomía o de carreras afines, que pueda vincularse laboralmente con una institución como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), con un semillero, con acopiadores de granos o con productores de las más diversas escalas, y que entienda e interprete procesos y sea capaz de transmitir su conocimiento.

“Muchos creen que hacen agro-meteorología porque mezclan el agro con la temperatura o la precipitación. Y no, es eso pero enfocado  a la producción agropecuaria y condicionado por ella: es decir, en el marco de un proceso económico. No quiere decir que vayamos a transformar un meteorólogo en agrónomo o viceversa, sino que ambos puedan entender ese proceso más complejo y puedan comunicarlo”, según la codirectora de la maestría, la ingeniera agrónoma Liliana Spescha, ella misma egresada de la primera etapa histórica del programa.

“Nuestra idea -precisa- es tratar de cubrir esa demanda, aunque el propio sector agropecuariono la tenga todavía tan en cuenta. Hay mucha información en Internet, se venden muchos pronósticos, pero hay que saber discriminar entre lo importante y lo accesorio. Hay que formar a la gente en el concepto de qué es probabilidad. Y ahí aparece el profesional que tiene que decirlo y hacérselo entender a un productor o a una cooperativa”.

La organización de la Maestría determina su autofinanciación, con la cuota que pagan los alumnos. La UBA la contiene proveyéndole sus instalaciones y su estructura académica, aunque participan también, docentes de otra Instituciones.

Al final del primer año, los maestrandos entregan su anteproyecto de tesis en el que acordaron el tema, los objetivos y metodología con sus directores. En el segundo, arrancan con el proyecto final aprobado por la Comisión de Maestría y tienen el resto del año para llevar adelante mediciones, ensayos o cálculos y el análisis de resultados y redacción de la tesis, para presentarla sobre el final del bienio.

En general, los estudiantes eligen su tesis en función del lugar de trabajo donde actúan, pero antes de definir su tema se ofrece un seminario de dos semanas en los que especialistas de distintas instituciones, universidades y otras instituciones, explican en qué trabajan.Hay algunas investigaciones que necesitan mucha información, por ejemplo de campañas de maíz o de trigo, y un tiempo que la maestría no permite, a diferencia de los doctorados. Pero si el director tiene la información, se puede llevar adelante”, explica Penalba.

El cambio climático

AMÉRICA LATINA MAESTRÍA Liliana Spescha UBA AGRO

 

Liliana Spescha, Facultad de Agronomía de la UBA.

Los conocimientos relacionados con el cambio o la variabilidad climática se incluyeron en la maestría. Los maestrandos cursan una materia de 96 horas cátedra, de las 256 horas totales.

“Aquí se plantea una cuestión de tiempo. Los climatólogos para sus estudios toman, por ejemplo, cincuenta años. Sin embargo, cuando estamos interesados en problemas de aplicación tomamos menos tiempo, diez años, porque si en esa década un productor tiene que cambiar toda su producción eso, ya, significa un auténtico cambio para él –precisa Spescha-. Un productor que estaba en la zona marginal de la provincia de Buenos Aires y le aumentaron las precipitaciones, con un suelo sin agricultura previa que cuando se da vuelta la tierra resulta muy fértil, está de hecho frente a un cambio: en lugar de productor ganadero pasa a ser un productor agrícola. Quizás no es lo que académicamente considera un climatólogo o paleoclimatólogo, pero nosotros debemos tomarlo así”.

En Argentina, continúa, “el productor agropecuario, en lo que llamamos ‘adaptación autónoma’, vio que aumentaba la precipitación, que los precios internacionales de cereales y oleaginosas acompañaban, y entonces se corrió la frontera y bastante”, tomando la isohieta de 500 milímetros anuales como límite para poder desarrollar una agricultura dependiente de las lluvias o de secano.

Estudios climatológicos indican que en el período 1960-2000, la precipitación anual aumentó, desplazado la frontera agrícola 200 kilómetros hacia el Sur-Sudoeste. También hubo aumento de temperaturas medias, que en alguna circunstancia favorece a determinados cultivos, y se encontraron suelos aptos y variedades de soja cultivable. A su vez, esos aumentos de precipitación en términos anuales se dieron en los meses de otoño y verano, que es cuando precisamente el suelo necesita el agua, y favoreció mucho a la agricultura.

AMÉRICA LATINA MAESTRÍA EXPANSIÓN DE FRONTERA AGRÍCOLA IMAGEN
Desplazamiento de la frontera agrícola (Agronomía, UBA).

La lluvia, gran limitante

“Pero por otro lado –aclara Penalba- los eventos de lluvias presentan mayor variabilidad y son más extremos, especialmente en las últimas décadas. Ahí hay un riesgo, porque tal vez el total mensual de precipitación se conserva pero se distribuye en menos cantidad de días, o con lluvias más intensas. Entonces esa lluvia no cae en el momento justo. Esa producción está dentro de una zona marginal”.

“La agricultura argentina –explica Spescha- es de secano, no de riego. Nuestra principal limitante es la lluvia, hay una preocupación principal para todos y eso se advierte cuando se habla con los productores: cuándo va a llover, cuánto va a llover, preguntan. Al depender tanto del ambiente, hay que conocerlo.

La Maestría se propone como meta sumar una decena de estudiantes cada año, listos para insertarse en alguna institución como el INTA, Servicio Meteorológico Nacional o para trabajar en una corporación privada.

“La interrelación entre agrónomos y meteorólogos está mejorando”, asegura Penalba. Pero  se lamenta de que siga faltando una ley profesional y que “cualquiera pueda acceder y dar información agrometeorológica, entonces muchos se plantean por qué pagarle a un profesional. No están viendo todavía el valor agregado que eso supone”.

“Hay que educarlo sobre eso, y es un proceso muy lento en el que estamos”, concluye. La Maestría de Meteorología Agrícola, claro, es una respuesta.

Por Tiempo Inestable

 

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