Ciencia / Extremos

No es el clima, somos nosotros

“Los desastres naturales no existen. El desastre es la expresión social de un fenómeno natural. A lo largo de varios siglos, la Ciudad de Buenos Aires primero y su Área Metropolitana después han ido bajando, hasta ocupar una superficie cada vez mayor de terrenos bajos”.
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AGUA LLUVIA TORMENTA BUENOS AIRES ABRIL 2013 2

Las fuertes lluvias caídas el 1 y 2 de abril de 2013 durante un temporal causaron la muerte de al menos 63 personas en la ciudad de Buenos Aires y en La Plata, capital de la contigua provincia de Buenos Aires. Barrios enteros se anegaron en pocos minutos y miles de viviendas fueron arrasadas por las aguas en las dos ciudades, distantes 60 kilómetros entre sí. Denominador común: fallas en el alerta meteorologico, deficiencias en los avisos de defensa civil y falta de obras hidráulicas básicas hace décadas.

El gobernador bonaerense, Daniel Scioli, habló de “una tragedia sin precedentes” y consideró “una trampa fatal” el enorme “volumen de agua caída en tan poco tiempo” desde el martes en la zona de La Plata, unos 400 milímetros en apena dos horas, y que “no dejó escapar”. Las precipitaciones fueron un récord histórico para La Plata, de 650.000 habitantes. “En 12 horas llovió lo que llueve en todo el mes de abril”, dijeron funcionarios locale.

A su vez, el jefe de gobierno de la capital argentina, Mauricio Macri, eligió describir la situación como “una catástrofe climática”. La tormenta provocó en la Ciudad de Buenos Aires anegamientos que afectaron a unas 350.000 personas en más de una decena de barrios especialmente localizados en la zona noroeste del distrito capitalino.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) explicó que en dos horas cayeron sobre la capital y sus alrededores algo más de 180 milímetros de agua, una cantidad de lluvia superior a la prevista para todo abril. “Es la segunda tormenta más importante desde 1906”, dijo Macri.

16 de septiembre de 2013, sólo cinco meses más tarde…

Los vecinos cercanos al arroyo Maldonado denunciaron esta noche que ese cauce hídrico estaba a punto de rebalsar. “En 7 y 94 tenemos miedo de que nos pase lo mismo que el 2 de abril cuando nos inundamos. Es necesario que se hagan obras cuanto antes”, señaló Romina, una vecina de esa zona.

Las autoridades comunales informaron esta noche que había cesado el alerta meteorológica. “La lluvia es constante y eso hace que no drene lo rápido que la gente espera”, apuntó el director de Defensa Civil La Plata.

También denunciaron serias complicaciones los vecinos de 156 bis entre 75 y 76; en algunos sectores de Villa Castells y tramos de avenida 122, de 52 a 60, quedaron anegados por lo que circular por esa zona resultó dificultoso.

Además hubo inconvenientes en 10 y 499, donde el agua llegó de cordón a cordón y los vehículos hacían olas cuando pasaban por allí. Algunos puntos del casco urbano también se vieron anegados por las lluvias, como fue el caso de 9 y 40. Vecinos de Altos de San Lorenzo que viven en 98 desde 13 a 17, denunciaron: “Estamos aterrados porque la calle está bajo agua y comenzaron a inundarse los jardines delanteros. Eso pasa porque las zanjas están sucias”.

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AGUA INUNDACIONES SANTA FE 2003

Las inundaciones en Santa Fe (arriba, la capital provincial en 2003). Tras un fuerte temporal, las calles de la ciudad de Santa Fe y zonas aledañas quedaron anegadas en la madrugada del 11 de abril, las clases fueron suspendidas y las autoridades municipales recomendaron a la población evitar salir de sus casas. Además, al menos tres barrios de la zona norte de la ciudad, Candioti, Crespo y el country Los Molinos, quedaron sin electricidad, a causa de la salida de servicio de tres líneas de media tensión, informó la Empresa Provincial de la Energía (EPE).

El secretario general de la Municipalidad de Santa Fe, Carlos Pereira, informó que entre las 4.30 hasta las 7.40 las precipitaciones acumularon 160 milímetros de agua, mientras que los vientos alcanzaron ráfagas de hasta 160 kilómetros por hora. Pereira informó que, además del anegamiento de calles, las impericias climáticas provocaron el “ingreso de agua a los domicilios, de pocos centímetros en algunas zonas puntuales de la ciudad, especialmente del sector oeste”. Fuente

El desastre de 2003 en Santa Fe, en números. Más de ochenta mil santafesinos fueron afectados por la inundación que arrasó con casi la tercera parte de esta ciudad en abril pasado, según lo indicó un informe del Instituto Provincial de Estadística y Censos (Ipec). El mismo trabajo consignó, a su vez, que más de cuatro mil personas perdieron sus trabajos en tanto que en más de 10.700 viviendas el agua superó los tres metros de altura.  Texto completo aquí.

Las obras de defensa hasta 2011. El sistema de defensas contra inundaciones del oeste de la ciudad de Santa Fe y de la localidad vecina de Recreo tiene 9 estaciones de bombeo, en las márgenes del río Salado y sobre el terraplén que acompaña a la avenida de circunvalación Mar Argentino. (…) Con la construcción de la estación de bombeo a construirse en el barrio Centenario, se espera mitigar el caudal de agua de lluvia que recibe la estación de bombeo (…). Se fortalecerá así el sistema de defensas contra inundaciones del oeste de la ciudad de Santa Fe, que fue la más afectada en las inundaciones de los años 2003 y 2007. Fuente

LLUVIAS INUNDACIONES SAAVEDRA BUENOS AIRES 2013

El entubamiento subterráneo de arroyos de llanura y la fiebre de la construcción indiscriminada de edificios, sumados al cambio climático, son las principales causas de las trágicas inundaciones que azotaron a Buenos Aires y La Plata (63 km al sur), con un saldo de 63 muertos, dijeron expertos.

El fenómeno golpeó particularmente a La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, donde el martes pasó a la historia como el día en el que llovió el doble del promedio de todo el mes de abril, con registros de hasta 300 milímetros en algunas zonas.

“Las inundaciones en Buenos Aires y La Plata tienen orígenes semejantes porque son ciudades que no tuvieron en cuenta a ninguno de los arroyos que existían en el terreno donde se levantaron”, explicó el arquitecto Roberto Livingston.

El también profesor de posgrado en varias universidades de la región, dijo que “para algunos arquitectos los cursos de agua son molestias y suelen entubarlos. Pero a los ríos no les gusta correr dentro de cañerías, como sucede con varios cursos de agua debajo de la capital argentina”.

“El Maldonado fue un río que ha tenido márgenes verdes, que atraviesa Buenos Aires como el Támesis de Londres o el Sena de París, pero muchos porteños desconocen que está bajo sus pies”, señaló el profesional.

Este entubamiento de arroyos de llanura estrecha las posibilidades de escurrimiento de las aguas durante tormentas intensas, a lo que “se suma la impermeabilización por el pavimento, la falta de parques y el crecimiento indiscriminado de la construcción”, añadió.

Las precipitaciones caídas entre el martes y la madrugada del miércoles dejaron 49 víctimas fatales en La Plata y un total de 2.500 evacuados, que bajaron a 1.000 este jueves, mientras que en Buenos Aires seis personas perdieron la vida y centenares debieron abandonar sus hogares, y otras dos fallecieron en su superpoblada periferia.

El ambientalista Osvaldo Guerrica Echevarría apuntó a la construcción de torres en barrios de casas bajas de Buenos Aires como una de las razones del fenómeno.

“La única solución es terminar de construir y, sin embargo, no paran. Todo lo que se hace es acentuar el problema”, señaló el integrante de la Asociación Amigos del Lago del barrio de Palermo en la página web de la entidad.

Sobre el tema, apuntó que “todas las bases de las torres se convierten en impedimientos para que escurran las aguas. Son 20 o 30 metros impermeabilizados hacia abajo. Sobre la costa de Buenos Aires, hay una barrera de torres, que constituye un dique al escurrimiento subterráneo de las aguas” hacia el Río de la Plata.

CC MATILDE RUSTICUCCI ULTIMA UNAM

Desde el lado académico, Matilde Rusticucci (foto), directora del departamento de Ciencias de la atmósfera y los océanos de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ubica al fenómeno “en el contexto de cambio climático global con un aumento de la intensidad y frecuencia de precipitaciones extremas”.

Para la directora del departamento que concentra los mejores meteorólogos y climatólogos del país, “estos fenómenos vinieron para quedarse y hay que prepararse para enfrentarlos”.

“Hay que establecer un sistema de alertas que comienza con el parte del Sistema Meteorológico y que debe garantizarse que llegue a la población. Por su parte, los vecinos tienen que tener un patrón de respuesta y saber qué hacer y adónde ir”, agregó.

De todos modos, Rusticucci señaló que “hay que tomar medidas estructurales para adecuar las ciudades a este nuevo régimen de lluvias extremas” y recordó que Buenos Aires ya había vivido una situación parecida a fines del año pasado.

Consultada sobre la falta de interacción entre los estudiosos del tema y los funcionarios y los políticos, Rusticucci admitió “no existen vasos comunicantes y no hay consultas”.

“Hace unos días, por primera vez, un grupo de legisladores de la Ciudad de Buenos Aires se puso en contacto con nosotros por este tema”, reveló la académica, que dirige al grupo de científicos que más sabe del tema en el país.

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AGUA LLUVIA TORMENTA BUENOS AIRES ABRIL 2013

¿Qué ha sucedido en Bs. As. en los últimos 50 / 60 años para qué cada vez sean más graves las consecuencias provocadas por una lluvia copiosa? Sucedió lo siguiente:

a) Se prolongó, hasta en más de 500 m de su lugar original, la desembocadura de los cinco arroyos que desaguan sobre el Estuario del Plata (mal llamado río).

b) Se impermeabilizó la mayor parte de la entonces superficie absorbente de la ciudad con nuevas construcciones.

c) Se redujo sensiblemente la cantidad de espacios verdes, tanto públicos como privados.

d) Se construyeron edificios en altura indiscriminadamente en casi toda la ciudad, pero principalmente en las zonas cercanas a la costa (Puerto Madero, microcentro, Retiro, Recoleta, Palermo, Belgrano, Núñez).

e) En la normativa constructiva de las zonas más densamente pobladas se eliminó la obligatoriedad de mantener el pulmón de manzana absorbente.

f) Por obra de sucesivas repavimentaciones, el nivel de las calzadas ha sido elevado ostensiblemente.

g) Existen barreras físicas, que separan zonas inundables de terrenos absorbentes.

h) Los conductos de desagote pluvial que conducen hacia los arroyos entubados, quienes finalmente desaguan en el estuario, transportan también líquidos cloacales y efluentes industriales.

AGUA LLUVIA TORMENTA BUENOS AIRES ABRIL 2013 3

¿Cuál es el efecto de esta permisiva intervención sobre el cuerpo vivo de la Ciudad? ¿Cómo influye cada una de estas circunstancias, potenciando los efectos de una lluvia?

a) Los arroyos de llanura, como lo que atraviesan la Ciudad de Bs. As., y que entubados han sido convertidos en pluvioductos, tienen muy poca pendiente y por lo tanto poca velocidad de escurrimiento. Si alegremente se prolonga su desembocadura con rellenos sobre la costa, el escurrimiento de las aguas se retarda sensiblemente (a mayor alejamiento de la costa original, mayor tiempo de desagote de los conductos). La costa de laCiudad ha sido rellenada históricamente en una superficie que casi llega a los 40 km cuadrados y la desembocadura de los arroyos ha sido prolongada hasta en 500 m. Este tipo de tareas continúa en la actualidad para ejecutar las ilegales obras de ampliación del Aeroparque Jorge Newbery.

b) El auge de la construcción en propiedad horizontal, ya sea entre medianeras o en edificios de perímetro libre (torres), eliminó la existencia de terrenos privados absorbentes.

c) Durante el siglo XX se redujo la cantidad de espacios verdes públicos en más de 50 hectáreas. Esto, además de ser un perjuicio directo a la población porque se le eliminó la posibilidad de su disfrute, se constituyó en una sensible pérdida de superficie absorbente.

d) Las fundaciones de los edificios en altura implican excavaciones muy profundas que sobrepasan largamente las dos primeras napas de agua. Es a través de estas napas, que los terrenos aún absorbentes acumulan el agua y la envían alestuario. La red de bases de hormigón construidas, constituyen -subterráneamente- un verdadero dique a la evacuación de las aguas de lluvia, retrasando y muchas veces impidiendo el escurrimiento.

e) Los códigos indicaban la existencia de un “pulmón de manzana absorbente”. Esta obligación dejó de existir y desde hace muchos años se permite construir planta baja y primer piso en cada parcela, perdiendo así, el pulmón de manzana, su condición de permeabilidad.

AGUA LLUVIA TORMENTA BUENOS AIRES ABRIL 2013 1

f) Las calles de la ciudad estaban empedradas en un nivel por lo menos 20 cm por debajo de la vereda. Las sucesivas pavimentaciones y repavimentaciones sobre el adoquinado original ha invertido esa relación; las calles (salvo la cuneta de hormigón) han quedado más altas que las veredas, facilitando así la inundación inmediata de estas.

g) Los largos y continuos paredones que rodean los antiguos predios ferroviarios siguen existiendo, a pesar de que su eliminación haría desaparecer una barrera física entre el agua de las zonas inundadas y un gran sector de superficie absorbente.

h) Una parte significativa de la sección útil de los pluvioductos, es utilizada desde hace más de veinte (20) años por líquidos cloacales y efluentes industriales no tratados, ya que la red cloacal está colapsada desde entonces y no existen plantas de tratamiento de efluentes. Esto hace que, no sólo se reduzca la posibilidad de evacuación rápida de las aguas delluvia, sino que estos líquidos altamente contaminados, descarguen “en crudo” en nuestro ya contaminado estuario.

Todo esto es sabido y reconocido por profesionales y técnicos de diversa extracción, pero dirigentes políticos y funcionarios siguen proponiendo megaobras de transporte, almacenamiento y evacuación de aguas de lluvia (como el peligroso proyecto de los túneles aliviadores del Maldonado) que significan gastos extraordinarios -aún con endeudamiento externo- pero sin contemplar la posibilidad de parar de construir, parar de impermeabilizar y ejecutar proyectos vecinales como son los de generar nuevas tierras absorbentes en los predios que son del dominio público del Estado Nacional dentro de la ciudad -ferroviarios, militares, ex Mercado de Hacienda, etc. que suman más de 300 hectáreas- y construir un lago regulador sobre la ex playa ferroviaria de Palermo.

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Naturaleza y desidia humana, también en Santa Fe. “Falta de datos, inexistencia de programas de monitoreo, obras inconclusas, carencias de regulaciones, falta de control y de planes de contingencia, no son más que el crudo reflejo de políticas del Estado que no priorizan adecuadamente los recursos o lo hacen desde una mirada alejada de las necesidades de la gente”. Así concluye el trabajo La crecida extraordinaria del río Salado: causas naturales y antrópicas que provocaron la inundación de la ciudad de Santa Fe, elaborado por un grupo de expertos de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y aprobado por unanimidad por el Consejo Directivo de esa Facultad.

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Los desastres naturales no existen

(Por Antonio Elio Brailovsky *).- Los desastres naturales no existen. El desastre es la expresión social de un fenómeno natural. A lo largo de varias siglos, la Ciudad de Buenos Aires primero y su Área Metropolitana después han ido bajando, hasta ocupar una superficie cada vez mayor de terrenos bajos.

Detrás del loteo inescrupuloso han venido las obras salvadoras, cuya contribución a la solución de los problemas siempre fue menor de lo esperado. Sin embargo, siempre se pidió y prometió la solución definitiva de las inundaciones urbanas, sin preguntar si esa solución era técnicamente factible y, además, si la podríamos pagar.

¿Nos atreveremos a decir que no hay solución definitiva y que la mejor gestión de crecidas es aquella que acepta esa realidad?

Buenos Aires, ciudad inundable (por Antonio Elio Brailovsky)
Imagen: Topografía de la Ciudad de Buenos Aires

Obsérvese la línea de cota 0 y -5 m (Nuñez, Belgrano, Palermo) en coincidencia con las áreas más afectadas por las inundaciones. Se trata además de las zonas más densamente pobladas y mejor cotizadas de la ciudad. Fuente: Mapa extraido de Hidrogeologia de la Ciudad de Buenos Aires (Dr. Miguel P. Auge)

Sin duda la mejor actuación de Mickey Mouse en toda su carrera fue cuando representó al discípulo del mago en la música incidental de Paul Dukas: “El aprendiz de hechicero”, con la batuta de Leopoldo Stokowsky. Por una vez Mickey pudo liberarse de la banalidad de los argumentos de Disney y mostrar su capacidad actoral en un conflicto humano. El equipo Dukas, Stokowsky, Mouse, nos muestra una inundación artificial. No se debe al capricho de la naturaleza, sino que es el resultado de la acción humana (o ratonil) que pone en marcha mecanismos que después no sabe o no puede contrarrestar.

Lo que hace a Buenos Aires inundarse es muy, pero muy semejante. En las últimas semanas, la Ciudad de Buenos Aires sufrió graves inundaciones. A quienes las administran en diferentes períodos les suele resultar más fácil hablar de “catástrofes naturales” para eludir su responsabilidad en la construcción de esas catástrofes. No está de más repetir, una y otra vez, que las catástrofes naturales no existen: el desastre es la expresión social de un fenómeno natural.

Como siempre, para entender algo necesitamos saber su historia. Las inundaciones nos acompañan desde que la sífilis que le quemó el cerebro a Pedro de Mendoza le impidió percibir la topografía del terreno donde fundó la ranchería que dedicó a la Virgen del Buen Aire. Así, nos cuenta Ulrico Schmidel, el cronista de la expedición, que una iglesia de esa ciudad “se la llevó la corriente del río”, lo que quiere decir que la puso en el bajo de la barranca, en la zona de influencia de las sudestadas. Lo más interesante es que los historiadores oficiales de la Ciudad (Rómulo Zabala y Enrique de Gandía) desmienten absolutamente que Mendoza haya fundado en un lugar inundable. Y al mismo tiempo cuentan de un edificio que se perdió por la inundación. Ese tipo de contradicciones se mantiene hasta el presente.

Juan de Garay, con una cabeza más lúcida, fundó en el alto de la barranca. Sin embargo, las instrucciones del Rey de España para fundar ciudades en América eran las del trazado en cuadrícula, sin que importara mucho lo que hubiera dentro de esas líneas forzosamente rectas. Así, Buenos Aires se superpuso a una serie de arroyos, que los vecinos llamaron “Terceros”, ya que ése el nombre de los cobradores de impuestos. Sucede que ambos “se llevaban todo”. Ocupar los Terceros fue el primer error urbanístico importante, ya que causó inundaciones durante los siguientes trescientos años, hasta que fueron canalizados y tapados.

Buenos Aires, ciudad inundable (por Antonio Elio Brailovsky)
Imagen: Arroyo Maldonado de la Ciudad de Buenos Aires

En coincidencia con el cauce del Arroyo Maldonado se ubica uno de los corredores con mayor desarrollo inmobiliario de los últimos años.
Fuente: Mapa extraído de Atlas Ambiental de Buenos Aires

Fuera de esto, la Ciudad atravesó un período bastante estable, mientras se mantuvo dentro de límites naturales bien definidos. Que eran, al norte y oeste el arroyo Maldonado, al este la parte superior de la barranca del Río de la Plata, y al sur el bañado de Flores (que terminaba en el Riachuelo).

Los mapas de la Ciudad de fines del período colonial muestran claramente esos límites naturales. Los cartógrafos del siglo XVIII marcan el borde de la barranca sobre el Río de la Plata, la playa, los bancos de arena y los bajos inundables que llegaban al Riachuelo. Ese era el límite que las leyes coloniales y el sentido común indicaban no ocupar. Estos detalles aparecerán en todos los mapas hasta los últimos años del siglo XIX, cuando la especulación inmobiliaria y la política manden los inmigrantes a vivir a las zonas inundables. Los gallegos irán a Soldati y Barracas, los tanos a La Boca y los mapas borrarán para siempre que esas personas fueron a las zonas bajas, que no debían haberse poblado porque no eran aptas para eso. Miren ustedes cualquier guía de calles de Buenos Aires y verán que tiene menos información que un mapa del siglo XVIII.

Tenemos una muy buena descripción de la gran inundación de 1820 en el cuento “El Matadero”, de Esteban Echeverría (aunque lo ambienta varios años después, para hacerla coincidir con la intriga política). Allí nos cuenta que si uno se subía a las torres de las iglesias, podía ver la ciudad rodeada de agua hasta el horizonte. Dato relevante: estaba rodeada de agua del lado de afuera. En la peor crecida del siglo XIX (y tal vez la peor de la historia de la Ciudad), Buenos Aires no se inundó. Y es que la historia de las inundaciones es, al mismo tiempo, la del descenso de la Ciudad hacia los bajos: la parte inferior de la barranca del Plata, los valles de inundación de los arroyos.

Juan Manuel de Rosas empezó ocupando la zona de bañados de Palermo, en la costa del Río de la Plata, donde edificó su palacio. El lugar no era adecuado para eso, pero había una razón política: desde 1838, una armada francesa boqueaba el puerto de Buenos Aires. Más tarde se les unieron los ingleses y tuvimos el boqueo anglofrancés. Rosas tenía que demostrar que era capaz de afrontar cualquier contingencia y que era lo suficientemente macho como para ganarle a la naturaleza. “Hasta el barro cimarrón de Palermo y la tierra ingrata se conformaron a su voluntad”, dice Jorge Luis Borges de esa decisión.

A su caída (¡la de Rosas, por supuesto!) varios políticos, encabezados por Sarmiento, impulsan el proyecto de parquizar el bañado de Palermo. Lo que significa la mejor decisión posible. Una foto de Buenos Aires tomada desde la costa nos mostrará la cadena de parques que caracteriza la Ciudad. Casi todos esos espacios verdes están en el bajo de la barranca, en el sitio que podía tener un uso recreativo pero no habitacional. Recordemos que el Palermo de Thays llegaba hasta el borde del agua, que a fines del siglo XIX estaba en la hoy avenida Figueroa Alcorta.

Buenos Aires, ciudad inundable (por Antonio Elio Brailovsky)
Imagen: Reconstrucción histórica de los límites naturales de la Ciudad de Buenos Aires área Retiro.
Fuente: imagen extraída de Memoria Visual de Buenos Aires.
Han sido décadas de irresponsabilidad las que llevaron a crear las condiciones para que cientos de miles de personas habitaran en terrenos inadecuados para vivienda. Tal vez haya sido el intendente Crespo (a quien honramos en el nombre de un barrio) el que inauguró la simpática actividad de lucrar con la inundación ajena. Crespo fue el impulsor de los loteos en el valle de inundación del arroyo Maldonado. Allí fueron a parar los obreros de una fábrica de calzado, acompañados enseguida por los pequeños comerciantes judíos.

Y una vez que hicimos el negocio de meter un montón de gente en tierras que no debían habitarse, llega el momento de hacer el negocio de la obra salvadora. En 1924 se proyecta el entubamiento del arroyo y se lo anuncia como la solución definitiva. En el casi un siglo que siguió, siempre se prometieron y realizaron obras públicas milagrosas que, en el mejor de los casos, sólo atenuaron un poco las crecidas. Y en el peor y más frecuente de los casos, las empeoraron. El entubamiento del arroyo Maldonado (hoy avenida Juan B. Justo) fue el mejor negocio para los especuladores y los vendedores de obras y el peor para los vecinos.

En una sociedad que se fascina por unas cuantas toneladas de cemento, es fácil convencer a la opinión pública que la obra más grande será, también la más efectiva. Al esconder el arroyo bajo el entubado negamos su existencia y pudimos hacer enormes negocios inmobiliarios con cientos de miles de personas ingenuas que creyeron que la obra se había hecho para protegerlas.

Por el contrario, un arroyo cualquiera se comporta en una crecida mucho peor si está entubado que si corre a cielo abierto. Las paredes del túnel, las columnas, el propio techo, frenan el escurrimiento y lo hacen mucho más lento que si lo hiciera en su cauce natural. Hoy el Maldonado inunda más que si no estuviera entubado. Y, por supuesto, inunda a más gente porque la falsa sensación de seguridad que dan estas obras, atrae más y más pobladores ingenuos que creen que la existencia de una ciudad hace desaparecer mágicamente los mecanismos de la naturaleza.

El negocio de vender primero terrenos inundables y después obras sobre ellos fue tan rentable, que se repitió con los demás arroyos: Vega, Medrano, White, Cildáñez, según el mismo modelo de comportamiento. Y con los mismos escasos resultados.

Buenos Aires, ciudad inundable (por Antonio Elio Brailovsky)
Imagen: Av. Santa Fe inundada (altura Av. Juan B. Justo y arroyo Maldonado)

Frente a esta imagen recurrente: “¿Tiene sentido volver a cruzar la avenida Santa Fe con cuerdas y botes? ¿No será el momento de empezar a construir puentes peatonales?”, reflexiona el autor de la nota. (Fuente de la imagen desconocida)

Hay una cuestión de fondo que hace que seamos pesimistas con respecto a las soluciones milagrosas que cada vez escuchamos. Y es que un río o un arroyo no son comparables a calles llenas de agua. Todo río o arroyo cava con sus crecidas un área llamada “valle de inundación”, que es la que vuelve a ocupar cuando llueve por encima del promedio. De modo que hacer un caño de desagüe más o menos sofisticado es técnicamente viable. Pero modificar la topografía en una zona construida para elevarla, escapa a las posibilidades técnicas y económicas. Sólo que nadie quiere arruinar su carrera política diciendo la verdad.

Esta situación está agravándose rápidamente porque el cambio climático hace que cada vez llueva más en las zonas húmedas. Para peor, la mayor parte de nuestros decisores políticos no tiene la menor idea de las profundas implicancias de este fenómeno sobre nuestra vida cotidiana, y no les interesa conocerlas.

Con el correr de los años, las ciudades fueron creciendo, y en muchos casos lo hicieron sobre sus valles de inundación. En definitiva, eran zonas próximas, fáciles de ocupar y aun vacías. A veces se trataba de tierras públicas que podían ser ocupadas gratuitamente por migrantes que se hacían una casa precaria, con los materiales que encontraban a mano. Otras, eran tierras baratas que fueron loteadas por empresas inescrupulosas, toleradas por el poder público. En ocasiones, los propios gobiernos construyeron barrios de viviendas populares sobre tierras baratas, sujetas a crecidas. Una investigación que nos estamos debiendo es relevar todos los planes de vivienda social que se hicieron en el país para saber cuál es la proporción que se construyó en tierras bajo cota de inundación. En más ocasiones de las que puedo recordar, un ex funcionario me explicó: “Eran las tierras que teníamos”.

La urbanización de áreas inundables incluye historias de muy fuerte corrupción política y administrativa, ya que alguien tuvo que permitir el loteo de terrenos inadecuados para el uso urbano.

Buenos Aires, ciudad inundable (por Antonio Elio Brailovsky)
Imagen: Av. Santa Fe y Humboldt inundada (área de influencia del arroyo Maldonado)

“Es necesario definir con claridad las zonas con riesgo de inundación y comenzar a actuar en ellas”, plantea el autor de la nota. (Fuente de la imagen desconocida)

Son, entonces, dos fenómenos paralelos que confluyen para asentar población en áreas inundables. Por una parte, los valles de inundación de los arroyos son la ubicación previsible de las villas miseria, las favelas, callampas o cantegriles de todo el continente. Simplemente, sus habitantes no tienen el acceso económico a tierras mejores. Pueden ser los amplios valles de inundación de los arroyos del Gran Buenos Aires, que a veces tienen una pendiente tan escasa que se requiere un ojo entrenado para detectar sus limites. O las zonas próximas al río Mapocho, en Santiago de Chile. O las profundas correderas que llevan al Guayre, en Caracas.

A partir de 1930, el proceso industrial acelera la urbanización vertiginosa y obliga a utilizar todos los espacios disponibles. Esto hace cada vez más fuerte la presión social y económica para ocupar los terrenos bajos: Buenos Aires debe crecer, sin que importe cómo ni dónde lo haga. La casi totalidad de la superficie del partido de Avellaneda es zona de riesgo.

Nos resultan importantes estos datos como reflejo de una sociedad que necesita ocupar todas las tierras posibles y que necesita creer en su capacidad ilimitada para dominar los fenómenos naturales. Por eso, después de cada obra de atenuación de crecidas se anuncia que se ha logrado “la solución definitiva”.
Pero lo sugestivo es que no son sólo los pobres los que se inundan. El descenso de las ciudades hacia los valles de inundación de ríos y arroyos es una parte muy importante de su proceso de expansión, y no fue tenido en cuenta en todas sus implicancias. Basta con ver en los diarios de este período las fotos de las inundaciones urbanas o ver también las fotografías de inundaciones actuales, que afectan viviendas construidas en este período.

En algunos casos se trata, previsiblemente, de viviendas autoconstruidas por pobladores marginales. Pero con mucha frecuencia nos encontramos con obras hechas por profesionales de la arquitectura y emplazadas en áreas inundables. El caso de varios de los countries de Pilar, que quedaron bajo el agua en una inundación reciente, es un buen ejemplo de lo que no debe hacerse y se hace todos los días. Por supuesto, todo el aparato normativo está pensado para facilitar esas operaciones. Para definir una línea de ribera (es decir, para saber si un terreno va a quedar adentro o afuera de la zona inundable) es necesario tener en cuenta las crecidas del último siglo. Las normas de la Provincia de Buenos Aires consideran que cien años es mucho y toman sólo 5 años. O sea que basta una breve temporada seca para poner en el mercado una gran superficie inundable y meter allí a todos los que confiaron.

Lo que nos lleva a pensar en términos de un cierto estilo de formación profesional que desestima todo lo que no puede incorporarse al tablero de dibujo. Precisamente, el ambiente (o, en este caso, los ritmos de la naturaleza) es aquello que cae fuera del tablero, pero debería caer adentro del proyecto.

El tema también hay que asociarlo al urbanismo y a la política urbana. Aceptar de una vez que las obras definitivas no existen, que en el mejor de los casos sólo podrán atenuar las crecidas, pero que los problemas subsistirán. Verlo de otra manera nos sirve para empezar a adaptar la Ciudad a su realidad inundable. Por ejemplo: ¿tiene sentido volver a cruzar la avenida Santa Fe con cuerdas y botes? ¿No será el momento de empezar a construir puentes peatonales? Después, las obras tal vez ayuden a que se usen una vez cada dos años en vez de usarlos dos veces en una semana.

Lo mismo con la electricidad. No tiene sentido seguir discutiendo cada vez si hay o no cortes preventivos en las zonas de riesgo. Es decir, si dejamos la gente a oscuras o si corremos el riesgo de que alguien muera electrocutado. En muchas zonas necesitamos tener luces de emergencia. Por supuesto, no se construye igual en sitios que se inundan que en otros que van a estar siempre secos. Hay que cambiar los Códigos de Edificación y de Planeamiento Urbano para adaptarlos a esa realidad. La primera y más urgente medida es definir con claridad las zonas con riesgo de inundación y comenzar a actuar en ellas.

Y cerramos esta nota volviendo al cine. En “Portero de Noche”, Dirk Bogarde y Charlotte Rampling nos muestran una perversa relación entre el carcelero y su víctima. Entre nosotros, las víctimas de las crecidas son quienes dan el mejor respaldo a quienes las inundaron. Porque definir un área como inundable equivale a hacer bajar el valor de la propiedad inmueble. En una sociedad en la que el valor de las propiedades es un bien más protegido que la vida, son muchos los inundados que no quieren este tipo de medidas y viven pendientes de la próxima (y tal vez inútil) obra mágica.

*Antonio Elio Brailovsky es autor del libro “Buenos Aires, ciudad inundable”, publicado en coedición Kaicrón-Le Monde Diplomatique. Profesor Titular en las Universidades de Buenos Aires y Belgrano.

Texto original aquí

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