América Latina / Cambio Climático

Perú se adapta desde lo alto de Los Andes

Llama farmer in Peru

(Por Laurence Caramel, para The Guardian).- Cuando deja su rebaño, Silverio Chiquenayra Quispe se encarga de la estación meteorológica de Pumatalya, Perú,  junto al edificio de colores brillantes del consejo local, la capilla y el centro de inseminación artificial bovina.

A 3.800 metros sobre el nivel del mar, en las altas mesetas de los Andes, la pequeña ciudad está a cuatro horas por carretera desde la capital provincial de Cusco.

Tres veces al día, a las 7, a las 13 y a las 17, Chiquenayra Quispe (en la foto – The Guardian)) registra la temperatura, la velocidad del viento y la lluvia. Toma lecturas durante cuatro meses al año.

“Cada mañana envío los datos a la estación de radio municipal que emite una actualización en español y otra en quechua”, dice el pastor, protegido por un anorak grueso, con el rostro marcado por el viento. El resto del año, otras tres familias se dedican a la misma tarea.

En esta latitud, entre el ecuador y el trópico de Capricornio, el cambio climático no es una amenaza lejana, pero sí un problema muy real con el que las comunidades aborígenes, entre las más pobres del mundo, están luchando para salir adelante.

A ellos les significa menos lluvia, más viento, cada vez más grandes variaciones entre el frío cortante de la mañana y el sol abrasador de la tarde. Y, por encima de todo, se ha vuelto completamente impredecible.

“Los cambios climáticos son muy de repente y puede llover en cualquier momento”, explica Chiquenayra Quispe, que nos muestra las figuras que marca en grandes hojas de papel blanco.

CC PERÚ ADAPTACIÓN PACC  HELVETAS

Los datos recogidos en Pumatalya desde 2011 contrastan testimonios de aldeanos que han quedado desconcertados por el clima durante varios años.

La estación meteorológica fue construida como parte de la primera fase del Programa de Adaptación al Cambio Climático (PACC) lanzada hace cuatro años por el Ministerio del Ambiente de Perú en asociación con la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE). Los residentes locales han participado en el proyecto desde el principio.

“Los cambios que afectan a la vida de los pastores, a pesar de que  estén acostumbrados a condiciones extremas. Ya no hay suficiente agua para mantener el pasto en un estado decente durante todo el año, ni para permitir cultivos de subsistencia. Con chaparrones más violentos y más cortos, el suelo degradado ya no conserva la humedad”, dice Víctor Bustinza Urviola, funcionario coordinador del PACC.

Los modelos producidos por el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) de Perú muestran que estas tendencias van a acelerarse en las próximas décadas. La parte oriental de la región de Cusco podía ver de 15% a un 30% de caída en las precipitaciones para 2030, una de las previsiones más acentuadas para todo el país.

Bernarbe, de 68 años, posa orgulloso con su perro delante del dique de piedra que construyó con su sobrino Jorge. No es alto, pero suficiente para contener el agua de lluvia en un hueco natural entre colinas vecinas.

“Antes de construir esto, yo solía quedarme sin agua en septiembre y era difícil seguir hasta enero. Tuve que vender bienes”, dice el anciano, mirando por sobre el embalse donde las ovejas y alpacas se reúnen para beber.

CC PERÚ ADAPTACIÓN QOCHA

Para construir una “qocha” (en la foto), un reservorio de agua como los construidos por los incas, Bernarbe recibió asistencia técnica y algunos fondos del PACC, después de ganar un concurso sobre la gestión del agua. “La adaptación al cambio climático aquí es sobre todo una cuestión de la lucha contra la pobreza rural”, dice Lenkiza Angulo, el coordinador nacional PACC.

El ingreso promedio mensual por hogar es de alrededor de 100 dólares y para satisfacer las necesidades de su familia más y más hombres se ven obligados a emigrar a las grandes ciudades como Cusco o Arequipa o hacia la capital, Lima.

Se construyeron cerca de 100 “qochas”, pero se necesitaría 1.000 más para satisfacer las necesidades de toda la meseta, donde viven unos 10.000 habitantes y en los últimos años, un mayor número de vacas, llamas y alpacas.

La raza bovina pardo-suiza, que puede soportar temperaturas extremas y grandes altitudes, se introdujo con éxito en la década de 1970 para reemplazar la leche de las llamas. Pero la cantidad de agua que requieren el ganado se está convirtiendo en un problema y la producción de leche cae.

CC PERÚ ADAPTACIÓN VACA SUIZO PARDA

El agua es ahora la principal fuente de conflicto entre los ganaderos.

El PACC eligió Elio Ayaza Hullca, de 33 años, como uno de los aproximadamente 40 “mensajeros” de la comunidad que tienen la tarea de sensibilizar al público sobre lo que está en juego con la adaptación al cambio climático.

Hullca viaja de pueblo en pueblo, equipado con una carpeta anillada que contiene una docena de ilustraciones con la que explica los problemas y las soluciones. Los residentes de Pumatilla (de 250 habitantes) en la que vive han votado a favor de establecer una zona de conservación de nueve hectáreas para restaurar los pastos y plantar árboles de nuevo en algunas de las laderas erosionadas.

“Estos cambios no parecen tan impresionantes, pero están comenzando a dar sus frutos con la creciente conciencia en la comunidad”, dice Angulo. Ella dice que la gente de dinero invierte en sus propios proyectos. Ya se recaudó casi 13 millones de dólares, tres veces más que la cantidad invertida inicialmente por la COSUDE para lanzar el proyecto.

“Todo el mundo tiene un papel que desempeñar. Estamos aquí para acompañarlos. Esto demuestra que, incluso en condiciones de pobreza, las personas pueden ser movilizadas si ofrecemos proyectos que respondan a sus prioridades”, añade Angulo.

En la actualidad hay planes para ampliar el experimento a otras áreas montañosas de Perú.

Texto original completo aquí 

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