Extremos

Soja en la Pampa: cosecharás tu siembra

En Arroyo Seco llovieron 320 milímetros en 8 horas. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia / Enviado especial

Fuertes lluvias en el norte e incendios por sequías en el sur: la Pampa húmeda argentina soportó entre enero y abril de 2017 extremos meteorológicos que afectaron cientos de miles de hectáreas consumidas por el fuego o que quedaron bajo el agua en el corazón agrícola ganadero del país sudamericano (foto La Nación/Emiliano Lasalvia).

Según el diario La Nación, a mediados de enero la campaña agrícola en la Argentina ya tenía un piso de pérdidas de entre 1.100 y 1.750 millones de dólares, según previsiones oficiales y privadas, por el efecto de las inundaciones que golpearon gran parte del centro-sur de Santa Fe y zonas del norte y oeste de Buenos Aires y Córdoba.

Por las fuertes precipitaciones, desde comienzos de año quedó en duda el logro de una cosecha récord. En enero, en muchas regiones pampeanas las lluvias superaron los 200 milímetros.

Tres meses después, las inundaciones forzaron nuevos cálculos de cosecha. En abril, según el diario económico El Cronista, las lluvias superaron, y en algunas zonas hasta duplicaron, los 100 milímetros durante el segundo fin de semana del mes, en plena cosecha gruesa.

“Si bien diversos analistas, dirigentes del campo y entidades que realizan estimaciones de producción enfatizaron que es prematuro calcular la pérdida potencial que en soja puede dejar el actual fenómeno climático, se sabe que por lo menos 4,5 millones de hectáreas entre soja de primera y de segunda aún están sin recolectar en la zona núcleo, en medio de una campaña que ya a fines de la semana pasada llevaba un retraso de 20 puntos porcentuales sobre los niveles históricos”, explicó el periódico.

A valor FOB oficial, de 372 dólares la tonelada, ese volumen teórico con el rendimiento menor representa algo más de 5.000 millones de dólares y se eleva a más de 6.000 millones con el rendimiento de 36,3 qq/ha.

Por las inundaciones, están en riesgo unos u$s 5000 millones de la producción sojera

Tres meses antes, Pablo Adreani, de la consultora AgriPac, pasó de prever 55 millones de toneladas de soja al inicio de la campaña a 50 millones de toneladas. Esos cinco millones de toneladas menos significan 1.750 millones de dólares, aproximadamente el 7% del valor de la cosecha, estimó.

Adreani sostuvo que en enero había un millón de hectáreas sin sembrar con el cultivo: 300.000 por la sequía en el sur bonaerense y 700.000 por inundaciones. Además, hay otras 700.000 hectáreas anegadas, ya sembradas.

Rutas anegadas y kilómetros de cola de vehículos. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia / Enviado especial
Foto: La Nación / Emiliano Lasalvia.

Para el especialista en agroclimatología Eduardo Sierra, “estadísticamente estos eventos de precipitaciones intensas se producen en promedio cada 15 años y últimamente sus efectos se han visto magnificados por la acción humana que los exacerba”. Explicó que el factor que los dispara son los episodios de “Super El Niño, que se producen cada 15 años, causando inundaciones que se prolongan durante los 3 a 4 años posteriores”. El país viene del “Súper El Niño” en 2015/2016.

En la provincia de La Pampa (centro), en el norte de la de Río Negro y al sur de la de Buenos Aires los incendios ya han consumido más de 600.000 hectáreas desde que una tormenta eléctrica desató varios focos a finales de noviembre en pleno verano austral.

El fuego devoró campos de pasturas fértiles y causó mortandad de hacienda con pérdidas que se estiman millonarias.

“Todos nuestros referentes provinciales describen escenarios de fuertes pérdidas, con serias afectaciones en nuestras producciones regionales, si bien aún no se puede cuantificar la magnitud de dichas pérdidas”, sostuvo en un comunicado este miércoles Coninagro, que agrupa a cooperativistas agropecuarios.

Las altas temperaturas, la sequía y sucesivas tormentas eléctricas propagaron los incendios que este miércoles aún tenían al menos “12 focos activos”, según Ariel Toselli, vicepresidente de la Federación Agraria Argentina y productor de La Pampa.

Sólo en la provincia de La Pampa se contabilizaban este miércoles “unas 600 mil hectáreas quemadas desde noviembre, 160.000 de ellas aún bajo fuego activo”, dijo a la AFP Cristian Muñoz, de Defensa Civil.

“Las características de este tipo de eventos son muy difíciles para trabajar con un avión hoy, porque los vientos rondan los 50 km/h con alguna ráfaga de 60 o 70 km/h”, explicó Guillermo Berisone, director del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, presente en la zona de desastre con vehículos especiales y decenas de brigadistas.

En el norte de la Pampa húmeda, la situación es diametralmente opuesta. En la provincia de Santa Fe y norte de Buenos Aires miles de hectáreas dedicadas a la ganadería y a la agricultura están bajo el agua con carreteras anegadas y cuantiosas pérdidas

Fuente: AFP, La Nación y El Cronista.

EL CASO DE LA LAGUNA PICASA

(Gabriela Origlia, para La Nación).- El agua de la laguna La Picasa, entre Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, sigue avanzando. Volvió a cubrir 12 kilómetros de la ruta 7 (entre los kilómetros 385 y 392) que se cortó y, en menos de un mes, creció 30 centímetros. “Ahora ya sube 1,5 centímetros por día”, dice a LA NACION Juan Carlos Duhalde, presidente del comité de cuenca.

Hay tambos cerrados y cosecha perdida, además del riesgo permanente de que el desborde se profundice. La cota actual está en 106,70 e ingresan 80 metros cúbicos de agua por segundo (hace un mes eran 25) hacia la laguna.

La Picasa ocupa 45.000 hectáreas
La Picasa ocupa 45.000 hectáreas. Foto: Julián Bongiovanni

Hace unas semanas, en una reunión de los gobernadores de las tres provincias con el ministro Rogelio Frigerio y con funcionarios de Recursos Hídricos, Buenos Aires no aceptó la propuesta de construir un canal derivador.

La obra debería ejecutarse en Christophersen, en el departamento santafesino de General López. Tiene unos 6,5 metros y costaría alrededor de 13 millones de pesos. “Es simple, llevaría unos 30 días”, señalan los productores.

Los datos de ayer marcan que en ese reservorio entraban 28 metros cúbicos por segundo de agua y en el 7 (en Vivero, Santa Fe), ya eran 80. Los canales clandestinos cumplen un rol clave en el incremento del drenaje; hay 200 identificados entre Aaron Castellanos y Laboulaye.

Un trabajo del Conicet y la Universidad Nacional de Rosario (UNR) determinó el crecimiento de la laguna: en 1975 el almacenamiento del agua en La Picasa era de 2.400 hectáreas y este año 2017 pasó a 40.000 hectáreas.

Un video del Comité de Cuenca La Picasa muestra la situación actual en la laguna.

Fuente: La Nación, 20 de abril de 2017.

Ya se considera que la cosecha está totalmente perdida. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia / Enviado especial

Por el monocultivo: “La napa subió de 14 metros a 50 centímetros”

Un investigador del INTA lleva adelante estudios que prueban cómo el monocultivo hace que la napa freática esté casi a la altura de la superficie y que, en consecuencia, con un poquito de lluvia quedemos todos chapoteando.

El ingeniero Nicolás Bertram es un investigador del INTA de Marcos Juárez. Desde hace 10 años sus estudios apuntan a un problema que puso en jaque a toda la región productiva rural santafesina: los anegamientos e inundaciones. Pero Bertram no estudia El Niño o La Niña.

Conoce, obviamente, cuántos milímetros llueven todos los años en diferentes lugares del país, si bien su foco es la zona del sudeste cordobés.

Sabe que hay ciclos de mucha lluvia y ciclos donde no cae una gota. Pero no considera que las inundaciones se produzcan por los excesos pluviales. Todo lo contrario: se producen por los excesos de soja.

“Había alguna polémica, hace algunos años atrás, de que estaba lloviendo más. Fuimos a ver si era cierto, si estos excesos hídricos se deben a que está lloviendo más. Nuestros estudios abarcan la zona de Marcos Juárez, sudeste de Córdoba, pero son extrapolables a muchas partes de la región pampeana y extra pampeana también. Vimos que para nuestra zona no está lloviendo más y que el factor que estaba determinando este ascenso de napas, o que tengamos la napas más cerca de la superficie, era que estábamos consumiendo menos agua que en otros momentos de la historia reciente”, explica Bertram.

Cuando la lluvia cae, la tierra la absorbe. Los vegetales que crecen en la tierra se nutren del agua de lluvia todo lo que necesitan. Si no necesitan más agua para seguir creciendo, la lluvia pasa a nutrir las napas, y las napas suben. Es así de sencillo. Eso es la capacidad buffer, y va mucho más allá de la cantidad de agua que caiga del cielo.

Así, cuando caen lluvias extraordinarias, el escenario es peor. “Es totalmente diferente si vos tenés pasturas, pastizales y montes a que si en toda esa superficie tenés cultivos agrícolas con napas cerca. El ambiente no tiene capacidad buffer para regularlo. Antes tenías un monte que podía infiltrar, absorber, 300 milímetros por hora. Si se saca el actor principal que puede regular eso, se pierde la capacidad buffer. Al sacar el monte, la soja tiene una infiltración, en el mejor de los casos, de 30 milímetros la hora”, define Bertram.

Los propietarios tratan de llevar a los animales a las zonas más altas. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia / Enviado especial
Foto: La Nación, Emiliano Lasalvia.

La napa, en consecuencia, sube o baja de acuerdo a la capacidad de absorción de los vegetales que crecen en el suelo. Como consecuencia del cambio en el modelo agropecuario (que va del monocultivo al corrimiento de la ganadería y la deforestación) la napa ascendió: en la década del 70 estaba 14 metros debajo de la superficie. Ahora, se encuentra a 50 centímetros. Bertram utiliza el ejemplo de una maceta y su capacidad de absorber hasta rebalsar.

El panorama es desalentador. Betram entiende que el actual modelo productivo conlleva estas consecuencias: “Es un fenómeno que llegó para quedarse, excepto que tomemos otro camino respecto del consumo de agua. Consumir agua es poner pastura, poner dobles cultivos, forestar ambientes con mayor riesgo. Tenemos que poner especies vegetales que consuman por lo menos lo que está lloviendo en el año. Si no consumimos lo que llueve en el año, con una napa que está a 50 centímetros, esto nos va a traer dolores de cabeza todos los años, inclusive los años en que llueve menos de lo normal”.

Fuente: Pausa, 22 de mayo de 2016

 

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