Cambio Climático

Tantas lluvias, tanta agua, tanto cambio de clima

CC INUNDACIONES CATARATAS PASARELAS

Los recientes diluvios en el sur de Brasil desbordaron los ríos Iguazú y Paraná en Argentina. Qué atribuir al cambio climático de las inundaciones en el Litoral.

El inusual aumento en el caudal del río Iguazú por las intensas y extraordinarias lluvias durante junio de 2013 en el sur de Brasil está afectando en julio de 2013 a todo el Litoral y también lo hará a lo largo de todo el curso del río Paraná elevando su altura promedio.

“No es habitual que llueva al mismo tiempo en las altas cuencas de los ríos Paraná e Iguazú, que es lo que está sucediendo ahora”, explicó Prefectura Naval Argentina, al aclarar por qué la situación está caratulada como “extraordinaria”.

Las autoridades hídricas del Litoral y del Brasil consignaron que la actual crecida de los ríos Paraná e Iguazú es la mayor en los últimos 15 años.

(…) La crecida del río Paraná, como consecuencia, también fue excepcional y, según la Entidad Binacional Yacyretá, llegó a los 37 mil metros cúbicos por segundo en el área de la represa a fines de junio, cuando el caudal usual es de 13 mil metros cúbicos por segundo.

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La crecida del río Paraná en Brasil provocada por las lluvias ya dejó a 59 municipios en estado de emergencia.

Defensa Civil informó que desde el 19 de junio hubo 106.760 evacuados y que la situación más grave se creó en las riberas del río Rio Ivaí, que creció 9 metros y dejó puentes bajo agua y que aisló varias ciudades aisladas.

Las lluvias elevaron diez veces el volumen de agua del río Iguazú hasta llevar su caudal al nivel más alto en 15 años. Por octavo año, en 29 años de operación, la hidroeléctrica de Itaipú registra un caudal superior a 32 mil metros cúbicos por segundo.

Las pasarelas de acceso a la Garganta del Diablo, en las cataratas del Parque Nacional de Iguazú, quedaron bloqueadas y de las 275 caídas visibles en días normales se formó una única gigante por el exceso de agua.

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CC INUNDACIONES CORRIENTES 2013

La década 2001-2010 fue la más cálida desde el inicio de las mediciones modernas iniciadas en 1850 y el mundo experimentó condiciones climáticas extremas sin precedentes de alto impacto en ese primer decenio del siglo, según un informe publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en julio de 2013.

El reporte, El Clima Global 2001-2010, Una década de extremos, analizó las temperaturas y las precipitaciones mundiales y regionales, además de los eventos extremos como las olas de calor en Europa y Rusia, huracán Katrina en Estados Unidos y el ciclón tropical Nargis en Myanmar.

(…) Según la investigación de la OMM, las inundaciones fueron los eventos extremos más frecuentes experimentados durante la década; las sequías afectaron a más personas que cualquier otro tipo de desastre natural debido a su gran escala y su naturaleza duradera, y hubo 511 casos de desastres relacionados con los ciclones tropicales registrados en los diez años.huracán Katrina en Estados Unidos y el ciclón tropical Nargis en Myanmar.

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EXTREMOS INUNDACIONES CANADÁ  2013

Las inundaciones se convierten en catástrofes cada vez con mayor frecuencia, aún en países desarrollados. En Colombia, cada año, como en las recientes temporadas invernales de 2008, se repite la destrucción de vidas, viviendas, cosechas e infraestructura, con su secuela de miseria. ¿Se trata de una dramática evidencia de los cambios climáticos? ¿Estamos ante hechos nuevos e impredecibles o se trata de un periodo excepcional, algo como una momentánea locura de San Pedro?

Las inundaciones son procesos naturales en las planicies de grandes ríos. Su conversión en catástrofes resulta sobre todo de la acción humana, por una parte, debido al descontrol de las aguas producido por la deforestación y manejo inadecuado de cuencas y planos de inundación y, por otra, a causa de desequilibrios sociales y económicos, que obligan a la población deprimida a ocupar zonas de riesgo. Aunque hay una creciente influencia de cambios climáticos globales, que irán agravando la situación, estos no explican todos los procesos recientes.

No obstante, en las noticias el impacto de las inundaciones suele atribuirse a desórdenes climáticos excepcionales que tendrían, de ser así, la extraña característica de ser excepciones que se presentan todos los años. El no reconocer su carácter natural conduce a que se intente controlar las inundaciones por medio de embalses, diques y otras costosas obras de ingeniería.

Pero controlar fenómenos naturales de gran escala es casi imposible, y con frecuencia logra el efecto opuesto, al causar inundaciones en sitios inesperados o propiciar la ocupación de áreas de alto riesgo bajo la protección de muros de contención que terminan por ceder ante las aguas.

Ríos, planos inundables, inundaciones

EXTREMOS INUNDACIONES EUROPA INDIA 2

(…) Ante todo hay que reiterar que las inundaciones son, en lo fundamental, fenómenos naturales. Las inundaciones ocurren periódicamente por el desbordamiento de los ríos hacia su planicie de inundación, un sistema formado por ciénagas, depresiones y tierras bajas. Las planicies inundables se distinguen por su geomorfología y vegetación.

(… )Los ríos y sus planicies forman productivos complejos ecológicos. La mayoría de las grandes culturas se desarrollaron en áreas de este tipo, como la del Nilo en Egipto o la Mesopotámica, que aprovecharon los suelos fértiles que las inundaciones renuevan, las vías de comunicación y la pesca. Al respecto cabe señalar que hasta hace unos años se estimaba que el 57% de la pesca en Colombia provenía solo del plano inundable del Magdalena–Cauca–San Jorge.

La adaptación humana al comportamiento de los ríos permitió la convivencia pacífica durante siglos. Los egipcios derivaron riqueza y poder del Nilo; la ingeniería desarrolló mecanismos de adaptación a las inundaciones no solo en el Viejo Mundo, donde las obras hidráulicas de Mesopotamia aún asombran, sino entre nosotros; los zenúes dejaron notables ejemplos en el medio San Jorge.

Sin embargo, tal convivencia es cada vez más difícil. Como lo corroboran las noticias, graves inundaciones ocurren en todas partes del mundo y la situación parece haberse agravado desde mediados del siglo pasado. Se estima que la mitad de los 3,2 millones de muertos en catástrofes en el siglo XX fueron víctimas de inundaciones. Cada día se reportan inundaciones en diversas partes del mundo; a Colombia la han sucedido en los titulares las Filipinas, Mozambique y Fidji.

Causas de las grandes inundaciones

EXTREMOS INUNDACIONES EUROPA INDIA TAPA
(…) El impacto creciente de las inundaciones podría atribuirse al cambio climático a nivel global. En efecto, el cambio hace más extremos los episodios climáticos. Sin embargo, aunque esto explica algunos fenómenos y reviste cada vez mayor importancia, no es una explicación general del impacto de las inundaciones, ya que muchas se producen aún durante periodos normales de lluvia y donde en otras ocasiones no generaron problemas. Tal parece ser el caso de Colombia, donde las lluvias de 2008 no difirieron significativamente de los índices normales, pero tuvieron efectos desastrosos.

Más impactantes son los usos inadecuados del territorio e incluso la aplicación de medidas de control. El principal es el deterioro de cuencas por deforestación y la erosión subsecuente. La vegetación natural regula el ciclo del agua; la cuenca boscosa de un río libera como escorrentía entre 1 y 3% del total de lluvia que recibe; desforestada, descarga al río entre 97 y 99% de la misma. Puede entonces suponerse lo que significa la eliminación de los bosques: Colombia ha perdido el 40% de los suyos y en la cuenca del Magdalena-Cauca la pérdida es superior al 80%.

(…) Paradójicamente, obras de ingeniería para controlar inundaciones pueden agravarlas. La ineficiencia de los diques reside en que no disminuyen la cantidad de agua circulante, es decir, no atacan la causa real de la inundación. Lo que se logra es cambiar de lugar el desbordamiento, con consecuencias inesperadas, o, si acaso, retardarlo. Eso sí, consumen ingentes sumas de dinero y dan no pocas ganancias a sus constructores y votos a los políticos.

A las obras de ingeniería para mantener al río en su cauce se suman las tendientes a “ganarle” tierra al agua mediante la desecación de ciénagas y áreas inundables. Además de sus implicaciones ecológicas –pues destruyen zonas de vida y criaderos de peces–, al impedir el desborde natural del río hacia su plano inundable, lo fuerzan a volcarse en sitios imprevistos, no habitualmente inundables. Ocurre también que, confiando en las obras de ingeniería, se ocupen terrenos de alto riesgo; las obras ceden ante las fuerzas naturales enormes y sobreviene el desastre. Al respecto cabe recordar lo ocurrido en Nueva Orleans por el huracán Katrina.

Inequidad y catástrofes

EXTREMOS INUNDACIONE INDIA 2
Una última causa muy importante y dolorosa es la ocupación de tierras inadecuadas para asentamientos permanentes por parte población necesitada. Por presiones demográficas, la población invade zonas de alto riesgo. Esto ocurre en muchas partes del mundo, como Bangladesh, donde el 66% del territorio superpoblado se halla en los planos inundables del Ganges y del Brahmaputra. En Colombia no existen presiones demográficas tan fuertes y solo una menor parte de su territorio es inundable, pero la desigual tenencia de la tierra determina la ocupación de zonas de riesgo.

Por eso, la población afectada pertenece por lo común a sectores deprimidos. Parecería que la mala suerte se ensaña con los pobres, pero no es así. Ocurre es que las mejores tierras son acaparadas por sectores económicamente fuertes, que desplazan a población marginal obligada a ocupar sectores de alto riesgo, a sabiendas de ello. Porque la ocupación de estas zonas es resultado de la extrema necesidad y no del desconocimiento.

Sólo la falta de alternativas económicas obliga a la gente a exponer su vida y sus escasos bienes y es la creación de esas alternativas lo que evitaría las catástrofes. No en vano muchos de los problemas más graves se presentan en Córdoba, donde el latifundio, la inequidad y los desplazamientos son graves.

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El cambio climático va a traer más inundaciones de ríos, según un equipo de científicos que han empleado no menos de 11 modelos climáticos distintos para estudiar las próximas décadas.

“Las inundaciones son uno de los más grandes desastres relacionados con el tiempo y el clima”, escribe Yukiko Hirabayashi de la Universidad de Tokio y autor principal de un artículo en la edición del 9 de junio de la revista Nature Climate Change.

(…) Los investigadores encontraron un aumento en la frecuencia de las inundaciones en los ríos en el sudeste asiático, la India peninsular, el este de África y la mitad norte de los Andes. Al mismo tiempo, las frecuencias de las inundaciones fluviales disminuirán en algunas partes del norte y este de Europa, Anatolia, Asia Central, el centro de América del Norte y el sur de América del Sur.

En términos del número de personas expuestas a los riesgos de inundación, se encontraron con que depende de la temperatura a la que las cosas se calientan. Con 2°C de aumento de la temperatura unos 27 millones de personas estarán expuestas a más inundaciones. Con 4°C la estimación se eleva a 62 millones y con 6°C, a 93 millones de personas.

CC INUNDACIONES MODELO 2013 GRAFICO
Período de retorno proyectada (en años) en el siglo 21 para descargas de los ríos. DR SUJAN KOIRALA

Los modelos climáticos también fueron utilizados para estudiar los puntos de algunas cuencas. Allí vieron la frecuencia de las inundaciones cada vez mayor durante el siglo XXI en casi todos los ríos seleccionados en el sur de Asia, el sudeste de Asia, Oceanía, África y el noreste de Eurasia. También predicen que lo que se consideraban las inundaciones de 100 años en el siglo 20 se producirá cada 10 a 50 años en el siglo 21.

“Esta es una información muy importante y útil, y muestra que los responsables políticos deben tener el cambio climático en cuenta en el desarrollo de estrategias de adaptación”, dijo el investigador de inundaciones Brenden Jongman de la Universidad VU de Amsterdam. “Además, el análisis de los cambios en la frecuencia de las inundaciones a nivel mundial es muy importante – esto demuestra que en muchos países en desarrollo, la frecuencia de los eventos extremos podría estar aumentando.”

Mientras que el último informe del IPCC aún afirma que “el calentamiento global podría conducir a mayores frecuencias de inundaciones e intensidades, Jongman explicó, que este trabajo finalmente pone los números reales de las inundaciones.

“Esto demuestra que las frecuencias de inundaciones, las extensiones de las inundaciones y la exposición de la población se incrementará en todos los escenarios del clima”, dijo Jongman.

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CC PABLO CANZIANI

En coincidencia con lo expresado por la máxima autoridad meteorológica a nivel mundial, Pablo Canziani, doctor en Física y director del Equipo Interdisciplinario para los Estudios de Procesos Atmosféricos en el Cambio Global de la Universidad Católica Argentina (UCA), explicó a LA NACION que desde hace varias décadas hay un incremento cada vez más notable de grandes precipitaciones en la región por efectos del cambio climático.

“Los eventos de precipitación extremos sufridos por la Ciudad de Buenos Aires la noche del 1 al 2 de abril y el 2 de abril en La Plata, se insertan dentro de una tendencia muy marcada que afecta la región de la Pampa Húmeda [Sur de Brasil hasta el sur de la Provincia de Buenos Aires] desde principios de los años 1980 y se evidencian en el incremento de la frecuencia de eventos de precipitación severa o extrema, con grandes cantidades de agua caída, de más de 100 milímetros en pocas horas”, explicó Canziani, investigador del Conicet.

“Tales cambios en las frecuencia de eventos severos y en la forma de precipitación responden a lo que es dable esperar en una situación de Cambio Climático debido tanto a la acumulación de gases de efecto invernadero (GEI), como también a las consecuencias climáticas del agujero de ozono austral, que durante los meses de verano también afecta el clima de esta región de igual manera que los GEI”, profundizó el experto.

“Esta tendencia en la que las llamadas tormentas del siglo han dejado de ser ocurrencias que tenían lugar cada 100 o 70 años a repetirse cada tres o dos años o quizás cada año, indican que efectivamente estamos ante una señal concreta del cambio climático y que estas han llegado para quedarse durante las próximas décadas por lo menos”.

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Según fuentes especializadas, en el siglo XX aumentaron las precipitaciones en las latitudes medias del hemisferio norte y disminuyeron en las regiones subtropicales y tropicales; sin embargo, en los trópicos y subtrópicos del sur ha aumentado la humedad.

Estos cambios no pueden explicarse si se intenta ignorar el efecto del cambio climático inducido por el hombre y, además, pueden haber tenido ya efectos significativos en los ecosistemas, la agricultura y la salud humana en regiones que son sensibles a los cambios de las precipitaciones, señalan los científicos.

Los investigadores habían encontrado ya señales claras del cambio climático en marcha, como el aumento de la temperatura media en la superficie terrestre, variaciones en la temperatura atmosférica y el calentamiento del océano.

Sin embargo, no habían podido distinguir cambios significativos en los patrones de precipitaciones a escala planetaria, aunque las simulaciones del clima en computadora, herramienta esencial en esta ciencia, ya los anunciaban.

Desde hace algún tiempo, los científicos trabajan en la conformación de un mapa del globo terráqueo para identificar las nuevas huellas que está dejando el cambio climático en el ámbito de las precipitaciones.

En esa dirección antes expuesta, han tomado por base los registros de años anteriores y las simulaciones climáticas que dan los modelos matemáticos computarizados donde están los parámetros relativos a la emisión de gases de efecto invernadero emitidos por la acción humana.

Los primeros resultados indican que el cambio climático inducido por la actividad humana es responsable de entre el 50 y el 85 por ciento del aumento de las lluvias detectado en los territorios comprendidos entre los 40 y los 70 grados de latitud Norte.

Asimismo, cabe adjudicar a las emisiones de efecto invernadero entre el 20 y el 40 por ciento de la tendencia a la sequía registrada en las zonas tropicales y subtropicales del mismo hemisferio septentrional y de la mayor parte de la tendencia al incremento de la humedad en los trópicos y subtrópicos del hemisferio Sur. (2013)

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Una de las conclusiones de un taller internacional de cambio climático que se realizó en Buenos Aires recientemente es que en el área metropolitana y en toda la cuenca del Río de la Plata, llueve más a causa de la disminución de la capa de ozono y la emisión de gases de efecto invernadero. Se estima un incremento de más de 10 milímetros de agua acumulada por mes, en promedio, por año transcurrido, en las últimas décadas.

Especialistas de todo el mundo analizaron el tema en la Universidad Católica Argentina (UCA) y allí señalaron que, en especial entre primavera y verano, desde la década del ‘60 viene aumentando en la región del Río de la Plata y de sus afluentes (región pampeana y litoral argentino; sur de Uruguay, Paraguay y Brasil) el caudal acumulado de las precipitaciones. Del mismo modo, también se registra un secamiento en la zona central de Chile y un fuerte calentamiento de la Península Antártica y la Patagonia Austral.

El director del Programa de Estudios de los Procesos Atmosféricos en el Cambio Global (PEPACG) de la UCA, investigador principal del CONICET y co presidente del taller realizado en la UCA, Pablo Canziani, contó a Clarín que varios trabajos internacionales realizados en los últimos 10 años coinciden en estas observaciones. Y explicó que el proceso de recuperación de la capa de ozono se iniciará en el transcurso de la presente década y eso posibilitaría una disminución de las precipitaciones, pero aclaró que eso también dependerá de la acumulación de gases de efecto invernadero.

“Si se reducen esas emisiones, los cambios observados se revertirían, pero si continúan en los actuales niveles, el incremento de las precipitaciones y el secamiento regional podrían profundizarse”, advirtió.

El ozono es un gas que forma parte de la atmósfera de manera natural. Cerca del 10% se halla en la tropósfera (la capa más cercana a la superficie terrestre), y el esto de la estratósfera. Esta mayor concentración es fundamental porque su función es absorber parte de la radiación ultravioleta del sol (RUV), que es dañina para la vida.

La doctora en ciencias de la atmósfera de la UBA, Paula González, –actualmente cursando un pos doctorado en la Universidad de Columbia, Estados Unidos– elaboró junto a otros tres investigadores de Columbia, Lorenzo Polvani, Richard Seager y Gustavo Correa, un trabajo sobre este tema que fue publicado en la revista Climate Dynamics . Fue desarrollado en el marco de un proyecto de investigación que estudia diferentes aspectos de la variabilidad climática sobre el sudeste de Sudamérica y sus implicancias para la actividad agropecuaria, financiado por la National Science Foundation, una agencia del gobierno estadounidense que impulsa la investigación en Ciencia e Ingeniería.

Estos especialistas advierten que una de las principales particularidades de esta región es que se registró uno de los aumentos más significativos en las lluvias de verano del siglo XX en comparación con el resto del mundo. “Ese incremento en las precipitaciones tuvo impactos económicos y ecológicos muy importantes en la región porque favoreció una expansión de las fronteras de las zonas cultivables (en ciertos casos a expensas de la tala de bosques o de disminuciones en el área dedicada a la ganadería) hacia zonas que con anterioridad no contaban con suficiente lluvia”, afirma González.

En particular, observaron que ese aumento en las precipitaciones fue más intenso entre 1960 y 1999. Y que ese período coincide con la disminución en las concentraciones de ozono en la estratósfera por efecto de la actividad humana, como por ejemplo los clorofluorocarbonos (CFC), presentes sobre todo en los aerosoles, que transfieren cloro en la estratósfera y dañan la capa de ozono, al punto de formar un agujero durante el invierno y parte de la primavera.

“Algunos trabajos anteriores –destaca González– ya habían mostrado ese efecto y decidimos explorar más. Alternativamente, otro posible forzante de estos cambios son los aumentos en las concentraciones de los gases de efecto invernadero –como el dióxido de carbono, que se obtiene entre otras formas de la quema de combustibles fósiles–, asociados al aumento de la temperatura media, conocido como el calentamiento global”.

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