Meteorólogos

Un satélite espía de tormentas

METEORÓLOGOS SATÉLITE NASA JAXA DANIEL ALVARADO

La NASA y su par japonesa, la JAXA, construyeron y pusieron en órbita en febrero el GPMO, un satélite que hará un seguimiento y medirá tormentas, lluvias y nevadas según su comportamiento en distintas latitudes, desde el Ártico hasta la Antártida.

Daniel Alvarado Varela (foto), de 31 años, no tiene hijos, pero de algún modo sí tiene un bebé. Y uno que pesa casi cuatro toneladas.

Ese bebé es el Core Observatory of the Global Precipitation Measurement (GPMO), un satélite recién hecho diseñado para observar las tormentas que se forman en los océanos tropicales y para hacer sus seguimientos en otras latitudes. La nave también está diseñada para mejorar las mediciones de lluvia y de nieve.

Alvarado, un ingeniero mecánico de Puerto Rico que ha trabajado en la estructura de la sonda, ha visto a este bebé desarrollarse desde 2005 y fue elegido para viajar con él en lo que él llama la “graduación” del niño: un viaje desde el Goddard Space Flight Center en Greenbelt, Maryland, EEEU, donde se construyó el satélite, hacia la isla japonesa de Tanegashima, desde donde fue lanzado en febrero por un cohete japonés.

Con el ojo puesto en la Tierra

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El satélite es una estructura altamente compleja del tamaño de un pequeño avión privado y es capaz de “ver” lo que sucede dentro nubes. 

Desarrollado por la NASA y la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), el GPMO llevará dos instrumentos que ayudarán a los científicos estudiar la estructura interna de las tormentas, a fin de comprender cómo cambian con el tiempo y cómo su intensidad se altera al pasar de los trópicos a otras latitudes.

Uno de los instrumentos, un radiómetro de microondas, es capaz de medir el tamaño o la intensidad de la lluvia y las nevadas. El segundo, un radar de frecuencia dual, fue diseñado para crear las mediciones de precipitación en tres dimensiones. En conjunto, se espera que sigan los fenómenos meteorológicos a medida que desarrollan, y que abarca el Ártico hasta la Antártida.

Las medidas que los científicos esperan obtener del GPMO se combinarán con los de una constelación de otros satélites que ya están vigilando a ciclo del agua y la energía de la Tierra.

El objetivo es proporcionar información aproximadamente cada tres horas en donde la mayor parte está lloviendo o nevando través de más o menos 90% de nuestro planeta y cómo.

Mediante la recopilación de esta información, los científicos que trabajan en la misión GPM creen que no sólo va a obtener un mejor entendimiento del ciclo del agua de la Tierra y su vínculo con el cambio climático, sino que también serán más capaces de predecir los fenómenos meteorológicos extremos, tales como huracanes.

METEORÓLOGOS SATÉLITE NASA JAXA

“Los datos que ofrece GPM ayudará a informar mejor a la comunidad de donde llevar a cabo las evacuaciones y cómo los debe hacer”, explicó Dalia Kirschbaum, una científica de aplicaciones en la NASA, a la BBC.

Kirschbaum destacó que, “sobre todo en las latitudes más altas, donde las tormentas pueden ser muy poderosas, como el huracán Sandy o las tormentas de nieve, vamos a tener una mejor comprensión de ese tipo de sistemas “.

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CIENCIA SATÉLITE GPM ESPIA
Lanzamiento del GPM, el 27 de febrero de 2014.

Core es, técnicamente, un satélite meteorológico, construido para observar el funcionamiento de la Tierra desde más allá de sus límites. Pero es algo más complejo que un satélite tradicional: Core obtiene su nombre del hecho de que es la unidad central en una red de nueve satélites de diversos países y agencias espaciales sembradas a lo largo del perímetro exterior de la Tierra.

Su misión es analizar el agua del planeta, desde más allá del planeta. El proyecto de Medición Global de Precipitación, con Core como pieza central de la infraestructura en órbita, proporcionará observaciones de nevadas y lluvias y de los patrones de nubes en el mundo, a través de una red y a intervalos de tres horas.

(…) La idea de utilizar satélites para entender los patrones climáticos de la Tierra es más antigua que la propia NASA. La noción de enviar cámaras en órbita para observar los sistemas desde arriba se remontan al lanzamiento del Cohete V-2, en 1946. En  1958, el Cuerpo de Señales del Ejército estadounidense había desarrollado los primeros prototipos para captar imágenes.

El primer satélite meteorológico, Vanguard 2 (diseñado para medir la cobertura de nubes) se se puso en marcha en 1959, pero sin éxito. Limitaciones en el eje de rotación, así como la órbita elíptica, evitaron que recogiera datos realmente útiles.

El éxito llegó poco después con el TIROS-1, lanzado por la NASA en abril de 1960, que funcionó durante 78 días. Fue seguido por el programa Nimbus de la NASA, que allanó el camino, a su vez, a la mayoría de los satélites de observación terrestre de la NASA y de la Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera (NOAA) lanzados desde entonces.

La NASA considera que su reto ahora es cómo poner estas observaciones en un contexto más cósmico y para el público. (…) Teniendo en cuenta los efectos del cambio climático en el clima, la necesidad de “mejorar las técnicas de predicción y de preparación para el clima anormal” es urgente. Y el satélite GPM “establecerá un nuevo estándar para las mediciones de precipitación desde el espacio”.

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