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Una luz de esperanza para Etiopía

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En Etiopía, donde sólo uno de cada diez habitantes tiene acceso a la electricidad, un programa gubernamental con apoyo multilateral llevó ya energía solar a 13.200 personas y su objetivo es proveer a otras 11.800 a fines de noviembre de 2013.

Un tercio de los 84,3 millones de habitantes de este país oriental africano vive con 1,25 dólares al día o menos, y partir de 2009 se vio afectado por cortes de energía.

El esfuerzo es parte de un programa más amplio del Ministerio de Agua y Energía etíope, respaldado por 40 millones de dólares del Banco Mundial. Para ello, ya hay encargadas tres centrales hidroeléctricas -con una capacidad combinada de 1,18 gigavatios- para llevar energía renovable a los etíopes a través de su red eléctrica de la nación. De ellos, 11 millones de dólares de la subvención van al programa de energía solar, para etíopes actualmente fuera de la red.

Esto puede ser una solución energética inusualmente efectiva para los pobres en el mundo en desarrollo. Especialmente en África, donde el sol es abundante. Entre 1.200 y 1.600 millones personas en el mundo carecen de acceso a la electricidad y la Agencia Internacional de la Energía estima que a este paso la mitad de ellos nunca tendrá acceso a la red en su vida.

Además, estas personas suelen confiar en el uso de kerosene, velas, baterías y generadores, tanto para darse luz como para energía. En 2012, el kerosene absorbe de 25 a 30 por ciento de los ingresos de una familia por año.

Un sistema de energía solar en casa es capaz de responder hasta por un tope de 40 vatios que aseguren las necesidades energéticas para las familias pobres en Etiopía y otras partes de África (iluminación, carga de teléfonos celulares, ventiladores, computadoras y televisores) y cuestan apenas 300 dólares.

El problema es que el kerosene, a pesar de su gran costo finalo para los pobres, se puede comprar en pequeñas cantidades que encajan bien con el escaso efectivo de una familia pobre.

Un panel solar, en cambio, tiene un costo final mucho menor, pero requiere una gran inversión inicial que las familias pobres, por definición, no pueden pagar. Es ahí donde encajan programas como éste.

Así, la quinta parte más pobre del mundo podría ver una gran parte de sus ingresos liberada. La huella de carbono dejada por el uso global de combustibles para iluminación -equivalente a la total de Argentina- desaparecería y cuando la red no llegara a muchas de estas familias, el uso de la energía solar ya estaría establecida, fomentando más energía renovable para el futuro.

Las empresas privadas ya se están interesando. (…) Una empresa llamada ToughStuff ha estado tratando de llevar solar a África oriental, como en Etiopía, desde 2008. El panel de película delgada de un vatio que vende cuesta 15 dólares y es extremadamente resistente, fácil de usar y casi libre de mantenimiento.

Frente a gastos de kerosene, baterías y generadores, “el periodo de recuperación [de la inversión en los paneles] es de sólo de 12 semanas para una persona promedio en el mundo en desarrollo”, dijo Nick Sowden, director de desarrollo de negocios de la compañía negocios en Estados Unidos.

Texto original completo aquí

Una revolución de energías alternativas

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Una ONG italiana desarrolla una serie de escuelas y hospitales con paneles solares, como parte del proyecto experimental europeo Energy Facility.

En el sur de Etiopía, la energía producida por un panel solar no es una alternativa, pero es la “única disponible”. El 90 % de las familias que viven en zonas rurales tienen poco o ningún acceso a la electricidad. Por esta razón, la ONG italiana COOPI ha planeado para 2013, la instalación de paneles solares en pueblos de Etiopía, en la frontera con Somalia y Kenia.

“Es un proyecto pequeño, experimental”, dice Hubert Pedeferri, director de la Fundación para el África Sub -Sahariana. “En total es 1.100.000 euros, una gota en el mar para un área tan grande”. Pero aún así es una gota útil. Porque actuará sobre la agricultura, la microempresa, los hospitales, las áreas de reunión social. Y lo más importante, se capacitará al personal en el sitio para un uso más eficiente de la energía disponible.

Actualmente, los campesinos y pastores del sur de Etiopía usan madera para calentarse, cocinar y hacer funcionar sus estufas rudimentarias. Un hábito que en menos de un siglo llevó a la destrucción del 40 % de los bosques del país (a principios del siglo XX, la tasa de deforestación estaba detenida en el 3%). Disponer de una fuente de energía distinta, por lo tanto, significa iniciar un círculo virtuoso que con el tiempo puede funcionar.

El proyecto COOPI en Etiopía está financiado en un 25% por la propia fundación y el 75% por el Fondo para la Energía de la Unión Europea, dedicado a la exportación de la energía renovable en los países africanos.

Versión completa del proyecto aquí

 

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