Extremos

Yo te avisé y vos no me escuchaste

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El panel de expertos de la ONU sobre Cambio Climático advirtió sobre fenómenos como el de La Plata. Argentina, con la “lógica del caño”, pronostica “a ciegas”. Por cada moneda invertida en meteorología, se ahorran ¡siete! en pérdidas.

CAIRNS, Australia, por Stephen Leahy (Tierramérica/IPS*)- Las condiciones meteorológicas extremas se vuelven norma a gran velocidad. Así lo confirmaron las dos semanas de calor estival que cayeron sobre Canadá y Estados Unidos a fines de marzo de 2012, cuando el hielo y la nieve del invierno aún no se habían marchado.

En ese marzo buena parte de América del Norte se “cocinó” a temperaturas extraordinariamente altas, que derritieron toda la nieve y el hielo invernales y batieron por amplio margen los récords térmicos de los últimos 150 años.

El año anterior, Estados Unidos soportó 14 desastres –inundaciones, huracanes y tornados– que causaron pérdidas de varios miles de millones de dólares.

Un nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), divulgado el 28 de marzo de 2012, abundó en evidencias de que esos eventos meteorológicos sin precedentes están aumentando en cantidad y severidad. Y, si se mantiene el actual ritmo de contaminación de gases de efecto invernadero, alcanzarán grados preocupantes a lo largo de este siglo.

A partir de 1950 se registraron muchas más olas de calor y temperaturas extraordinariamente elevadas que en las décadas anteriores.

Esas manifestaciones seguirán en aumento en los próximos decenios, tal como la frecuencia de precipitaciones intensas en regiones tropicales y en latitudes alejadas del Ecuador, sostiene el Special Report on Managing the Risks of Extreme Events and Disasters to Advance Climate Change Adaptation (Informe especial sobre el manejo de riesgos de eventos extremos y desastres para promover la adaptación al cambio climático), conocido por sus siglas en inglés SREX.

Esa jornada especialmente calurosa que se presenta una vez en 20 años, a fines del siglo XXI ocurrirá cada dos años en la mayoría de las regiones, excepto en las situadas en el Hemisferio Norte y en latitudes lejanas al Ecuador, donde el fenómeno se produciría una vez por lustro.

También es probable que aumente la velocidad máxima de los vientos de los ciclones tropicales, mientras cae o sigue igual la frecuencia de estos eventos en todo el mundo.

Las sequías serán más intensas en el sur y el centro de Europa, en la región del Mediterráneo, en el centro de América del Norte, en América Central y en México, en el Nordeste de Brasil y en África austral.

El aumento del nivel del mar, sumado a una meteorología extrema, hará inhabitables muchos lugares para fines de este siglo, dijo Christopher Field, copresidente del Grupo de Trabajo II del IPCC, que produjo el informe junto con el Grupo de Trabajo I.

Sitios que ya soportan estos problemas, como los pequeños estados insulares y ciudades costeras como Mumbai, podrían ser abandonados en las próximas décadas, si no se efectúan importantes reducciones de las emisiones de gases de efecto invernadero, dijo Field en una conferencia de prensa.

Ya no se discute que el drástico aumento de los eventos meteorológicos extremos es una de las señales más claras de que quemar miles de millones de toneladas de combustibles fósiles ha alterado el clima mundial de forma permanente.

“Todas las manifestaciones meteorológicas se ven afectadas por el cambio climático, porque el ambiente en el que ocurren es más cálido y más húmedo que antes”, dijo a Tierramérica el científico Kevin Trenberth, del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Estados Unidos.

Esas enormes cantidades de calor y humedad atrapados en la atmósfera son un potente combustible para los eventos extremos. Tiene poco sentido debatir si esta o aquella tormenta fue causada por el cambio climático cuando todo el sistema meteorológico mundial está alterado, señaló Trenberth, uno de los autores de los informes del IPCC.

“El principal mensaje del informe es que ahora sabemos lo suficiente para tomar buenas decisiones sobre el manejo de riesgos de desastres relacionados con el cambio climático. Algunas veces aprovechamos ese conocimiento, pero muchas veces no”, dijo Field. En 2010, Guatemala y Colombia estuvieron entre los más perjudicados por eventos extremos, según el Índice Mundial de Riesgo Climático, elaborado por la organización no gubernamental alemana Germanwatch. De hecho, esos países sufrieron más que Rusia, cuya publicitada ola de calor mató a unas 50.000 personas.

El Índice analiza los impactos que tuvieron los fenómenos extremos en la economía y la sociedad en los últimos 20 años.

Entre 1991 y 2010, los 10 países más afectados en daños materiales y muertes fueron todos del Sur en desarrollo. Bangladesh, Birmania y Honduras lideran la lista.

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“No hay dudas de que las manifestaciones extremas y los daños han ido en aumento”, dijo Sven Harmeling, de Germanwatch. Y no es porque simplemente ahora haya más infraestructura que destruir, declaró Harmeling a Tierramérica desde Berlín.

Los países están adquiriendo conciencia sobre los riesgos, pero pocos adoptan medidas para abordarlos, pese a que es mucho más barato prepararse que recuperarse de un desastre, sostuvo.

Es difícil asignar fondos públicos o de donantes para un fenómeno que quizás no ocurra por muchos años. Sin embargo, un país como Honduras, que en 1998 fue demolido por el huracán Mitch y otras tormentas y lluvias intensas posteriores, nunca se recuperó, señaló Harmeling.

Bangladesh pudo realizar inversiones importantes en la prevención, por lo cual sufrió menos daños en los últimos tiempos, comparó.

El nuevo informe del IPCC es un aporte significativo, pero tiene lagunas y carece de los últimos hallazgos científicos que especifican mejor los vínculos entre eventos meteorológicos extremos y el cambio climático, según Harmeling.

El estudio recomienda a países y regiones tomar medidas de adaptación de “arrepentimiento bajo o nulo”, aquellas que requieren inversiones modestas o moderadas para elevar la capacidad de soportar los riesgos climáticos.

Por ejemplo, poner en funciones sistemas de alerta a la población sobre desastres inminentes, modificar la planificación del uso de la tierra y del manejo de ecosistemas, perfeccionar la vigilancia sanitaria, el suministro de agua y los métodos de drenaje y saneamiento, así como desarrollar y aplicar nuevas normas de construcción.

Las conclusiones del Índice Mundial de Riesgo Climático y las recomendaciones del estudio del IPCC “deben verse como una señal de alerta”, dijo Harmeling. Hay que estar “mejor preparados”.

* Este artículo fue publicado originalmente el 31 de marzo por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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METEOROLOGÍA RADARES EEUU TECNOLOGÍA

Los meteorólogos se quejan por la falta de radares para prevenir sobre la posibilidad de tormentas tanto en la Ciudad como en el Gran Buenos Aires, algo que se hizo visible con el temporal que trágico temporal que se abatió sobre la zona metropolitana y sobre La Plata.

En diálogo con el diario Perfil, el director del Servicio Meteorológico Nacional, Héctor Ciappesoni, admitió que se necesitan dos radares más para triangular la zona. El que está instalado en Ezeiza dejó de funcionar por un problema de interconexión, pero no pudo ser rehabilitado “por tratarse de un feriado”, aseguró.

“El radar de Pergamino que llega a La Plata no permite ver ciertas tormentas bajas, como fue ésta cuyos cúmulus nimbus no superaron los 10 kilómetros de altura, cuando si se piensa en tormentas de más de 100 milímetros hay que pensar en no menos de 12 kilómetros de altura. Fue un fenómeno muy extraño”, precisó.

Por su parte, el meteorólogo de Canal 13 y Todo Noticias, Mauricio Saldívar, en declaraciones al mismo medio, contó: “A las cinco de la tarde del martes, la última imagen de La Plata tenía 12 horas de vieja. Más allá de que haya sido un problema ajeno al SMN, ni ellos ni nosotros (meteorólogos externos) disponíamos de información vital para ver la evolución de la tormenta. De hecho, mis pronósticos fueron a ciegas”.

“La información de la estación meteorológica de La Plata se obtiene hasta las 21 y después cierra; por ende, no había datos del tiempo desde esa hora. Recién volvió a abrirse a las seis de la mañana del día siguiente. Una locura”, enfatizó.

Texto original aquí

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La Plata se inundó 4 veces en 8 años y desoyeron los alertas. El agua tapó media ciudad en 2002, 2005, 2008 y 2010, con consecuencias devastadoras. Expertos advirtieron que si no se hacían las obras necesarias se repetiría la catástrofe. Nadie les hizo caso. Por Daniel Vittar, Clarín.

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El espanto inicial de los platenses por la tragedia que dejó más de medio centenar de muertos no tardó mucho en transformarse en bronca visceral. Pueden perdonar las catástrofes naturales, súbitas, irremediables, pero no la indolencia política, profundamente humana. La indignación apunta desde abajo hacia arriba, abarcando toda la pirámide de funcionarios, de la intendencia a la Nación, que una y otra vez desoyeron las advertencias. En La Plata hubo entre 2002 y 2010 cuatro inundaciones importantes, una más devastadora que la otra. Hubo numerosos planes, competentes proyectos, pero ninguno prosperó por mezquinos intereses o desvíos de fondos para iniciativas que daban más réditos en las urnas.

Esa desidia la terminó pagando la gente, que perdió lo que tenía bajo dos metros de agua. O peor, buscando a sus muertos arrastrados por la corriente.

Un rápido recuento de los hechos más importantes da una dimensión del problema. El 27 de enero de 2002 la ciudad se conmovió por una inundación que la sumergió casi por completo: cayeron casi 80 milímetros en una hora. Más de 70 mil personas tuvieron que buscar refugio en los centros oficiales. El intendente en ese momento era Julio Alak, el actual ministro de Justicia. Dos años después, para prevenir otro desastre similar, un equipo de expertos le presentó un plan de obras hídricas, con alcantarillado y desagües que tenía como eje la cuenca del arroyo El Gato.

La propuesta no avanzó.

En marzo de 2005 reapareció la catástrofe, imprevisible, claro, y la ciudad quedo otra vez anegada. Un drama que los medios reflejaron con crudeza mientras los políticos lo lamentaban.

Antes de dejar su cargo en 2007, Alak se apresuró a inaugurar el promocionado “conducto aliviador”.

Sólo se concretó la primera etapa.

Al actual ministro lo reemplazó otro peronista, Pablo Bruera, que a los pocos meses de asumir, en febrero de 2008, tuvo que enfrentar otro escenario caótico por las fuertes lluvias, que dejaron más de 90 mil afectados y un muerto. En ese momento un informe de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata –publicado por Clarín – advertía que el panorama iba a agravarse “si no se contiene la urbanización descontrolada y no se trazan planes hidráulicos adaptados a estas tormentas”. En marzo de 2010 la realidad le dio la razón: el agua tapó gran parte de Ensenada.

La catástrofe anunciada llegó, y devastadora.

Los especialistas lo previnieron de todas las maneras posibles. Hace seis años el ingeniero Pablo Romanazzi, experto en hidrología, presentó un trabajo junto a Arturo Urbiztondo. Recomendaba mejorar la capacidad de conducción del curso del arroyo El Gato y luego concretar la ampliación de conductos troncales.

“Lamentablemente no se hizo nada. Era evidente que esto iba a volver a pasar”, dijo a Clarín el jueves.

Mario Hernández, profesor titular de hidrogeología y director de la maestría en eco-hidrología de la universidad platense, lo explicó de manera sencilla: “En los últimos 20 años hubo un crecimiento en las construcciones que no fue acompañado por el sistema de desagüe pluvial. Es cierto que la lluvia fue extrema, pero si se hubiera puesto en marcha un plan de contingencia eficiente hubiera habido menos muertes ”.

La tempestad popular golpeó de lleno en los distintos estratos gobernantes. Generó fisuras y cruces agrios. La ministra Alicia Kirchner, vapuleada por un grupo de inundados, le cuestionó a Bruera que no se haya participado de la recorrida junto a ella.

“¡Tenés que poner la carita!”, le dijo. Desde el Ejecutivo nacional también hubo reproches porque no se llevaron adelante los planes previstos. Y amenazaron con auditorias. Pero el drama de La Plata destapa internas mucho más sucias como para desviar la indignación popular hacia chivos expiatorios.

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Por cada euro que se invierte en meteorología, se ahorran.. ¡siete!

Cada día, las decisiones relacionadas con el tiempo, el clima y el agua influyen en las vidas de millones de personas de todo el mundo. Sequías, inundaciones, ciclones, gotas frías, olas de calor… fenómenos que causan pérdida de vidas y también de recursos materiales, que se pueden minimizar con unos servicios de prevención y alerta adecuados. Según señaló Michel Jarraud, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), “invertir un euro en medidas de prevención de los riesgos asociados a fenómenos climáticos puede evitar que se tengan que desembolsar siete en gastos relacionados con los desastres”.

Jarraud ha participado en Madrid en la conferencia internacional para mejorar los servicios del tiempo, el clima y el agua en el mundo, que ha inaugurado la Reina Sofía y en la que participarán durante toda la semana centenares de expertos de todo el mundo. Unas jornadas de las que esperan sacar los marcos de actuación de la comunidad internacional, así como crear un foro de diálogo entre productores y usuarios finales de servicios meteorológicos para introducir mejoras en la utilidad de los productos dirigidos a agricultura, la salud humana, el turismo, la energía, el transporte, o el desarrollo sostenible, entre otros temas.

Para el secretario general de la OMM, en los últimos 20 años los desastres naturales han dejado un menor balance de víctimas mortales, debido en parte a la mejoría de los sistemas de alerta temprana de fenómenos meteorológicos extremos. “Unos servicios meteorológicos, climatológicos e hidrológicos adecuados puede ayudar a las sociedades a atajar, o al menos reducir sustancialmente buena parte de esas muertes, y también pueden ayudarnos a luchar contra el cambio climático”, señaló.

El presidente de la OMM, Alexander Bedritsky, señaló que “es evidente que los servicios nacionales de meteorología e hidrología en muchos países carecen de influencia política a los más altos niveles”. Así, en esta conferencia, según Bedritsky, “se pueden encarar estos retos mediante el incremento de la comprensión global sobre cómo todos los sectores son dependientes de los servicios del tiempo, agua y clima, mientras que sienta las bases para su modernización y desarrollo”.

“Las vidas de cientos de millones de personas en todo el mundo se ven afectadas cada día por las decisiones que tienen que ver con el tiempo, el clima y el agua, y los fenómenos hidrometeorológicos extremos -que representan un 90% de los desastres naturales- han provocado en los últimos años catástrofes de consecuencias devastadoras”, matizó Jarraud.

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LA LÓGICA DEL CAÑO 

Por Sergio Federovisky *

La ciudad de Buenos Aires ha sido afectada por inundaciones desde el día siguiente a la segunda y definitiva fundación, en 1580. La reiteración dramática de esas inundaciones cuatro siglos después obliga a usar otro paradigma de pensamiento.

La planta urbana original estaba situada en “terrenos planos y no planicies inundables”, según establecían las Leyes de Indias para el Nuevo Mundo. Pero aquellas tierras altas de la primera urbanización eran las únicas: tanto hacia el sur (las planicies que derivaban en el Riachuelo) como al norte y oeste (la cuenca del arroyo Maldonado), la ciudad estaba hostigada por las inundaciones cada vez que llovía. La manera en que se enfrentó la realidad del anegamiento permanente –tanto en aquellos momentos primigenios como en los posteriores, más ingenieriles– respondió siempre a una forma de pensamiento clásico y ortodoxo: sacar el agua. Para lo cual, la presencia abrumadora –y capaz de albergar trillones de litros– del Río de la Plata era completamente funcional.

UNA LOGICA PURAMENTE HIDRAULICA

La lógica era hidráulica. Y así fue como arroyos llamados “los terceros”, que correspondían a una serie de hilos de agua que hacia el sur de la Plaza de Mayo desaguaban perpendiculares en el Río de la Plata, fueron puntillosamente eliminados y convertidos en adoquinadas calles que hoy atraviesan San Telmo.

Los Terceros (bautizados así porque eran de “tercer orden”, salvo cuando arreciaban las lluvias) fueron el obstáculo que quebró el damero original del centro histórico de la ciudad. Ninguno de los Terceros (del Sur, del Medio y del Norte) ha sobrevivido: a mediados del siglo XIX, cuando Buenos Aires crecía aún sin infraestructura, fueron empedrados incrementando inmediatamente así el volumen y la velocidad de deslizamiento.

Luego la ciudad acusó el impacto de la inmigración y de las epidemias de cólera y fiebre amarilla. Se proyectó, entonces, la red de desagües cloacales y pluviales (viajaban por el mismo caño) del llamado Radio Antiguo. Los cálculos se hicieron según una ciudad de hace más cien años: para determinar el coeficiente de descarga de los caños se estimó que el 50 por ciento del agua que caía por la lluvia drenaba naturalmente en el terreno. Tras inaugurarse las obras del Radio Antiguo, la ciudad, que ya había anexado a los pueblos de Flores y Belgrano, emprendió el proyecto del Radio Nuevo, para servir a una población total de 1.100.000 habitantes, pero con una proyección de crecimiento hasta los tres millones con que actualmente cuenta. Más aún: los ingenieros preveían que aquellos caños, con la espantosa modalidad de eliminar arroyos y convertirlos en tubos, debían alcanzar para una población de hasta seis millones de habitantes.

CUESTIONAMIENTO DEL CAÑO

Sin embargo, la reiteración precipitada de inundaciones a partir de la década del 80 puso en cuestionamiento tanto el diámetro del caño como la forma de pensar la ciudad. Las premisas ingenieriles para la descarga pluvial fuera del centro de la ciudad habían sido adoptadas según los siguientes parámetros: una lluvia promedio de 60 milímetros en treinta minutos, un coeficiente de escorrentía 0,6 para la ciudad (el 40 por ciento infiltra el suelo y el resto corre por las calles) y de 0,2 para las áreas tributarias de los arroyos ubicadas en el Gran Buenos Aires. El desborde ya empezó a manifestarse a mediados de la década del cuarenta, a poco de inaugurarse las obras, cuando el conurbano comenzó a gestarse a imagen y semejanza de la urbe pavimentada. Un ingeniero de Obras Sanitarias, Silvio Arnaudo, se horrorizaba en 1943 de que “las obras de desagües están requiriendo una constante ampliación”.

PUNTOS DE QUIEBRE

El 31 de mayo de 1985 fue una bisagra. Los 295,4 milímetros caídos en treinta horas no sólo condujeron a que al día siguiente un diario titulara en tapa: “El día que se hundió Buenos Aires”. Fue también el comienzo de la “era moderna” en la que casi cualquier lluvia, sobre una metrópolis de quince millones de habitantes, convierte a Buenos Aires en la punta de un embudo. Los políticos, como corresponde a su raza, seguirán insistiendo que “su” lluvia es la peor de la historia. Sin embargo, la estadística demuestra que el promedio histórico de lluvias sobre la ciudad de Buenos Aires (unos mil milímetros al año) apenas ha crecido en unos cien milímetros en los últimos treinta años, cifra no determinante. Podrá haber alguna excepción puntual, ya que se trata de algo tan complejo como el clima que puede dar lugar a un febrero lluvioso como el actual, pero, aun cambio climático mediante, el departamento de Meteorología de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA sostuvo que “no hay diferencias notables entre lo que ocurrió en épocas anteriores y lo que se puede observar en el número de días lluviosos y la precipitación mensual en la Capital Federal”.

MI LLUVIA ES LA PEOR

Además de creer que la lluvia que inundó la ciudad durante su gestión fue la peor, enviada claro está por la oposición salvaje, los políticos creen que todo es un problema de diámetro de un caño. Y que todo se resuelve con obras, palabra que es sinónimo de topadora, de túnel, de hormigón.

Esa forma de razonamiento, la de sacar el agua de donde sobra y llevarla lo más lejos que se pueda, es la misma que estaba vigente cuando apareció el problema. Parece estar bastante comprobado –la lluvia de la semana pasada, de 90 milímetros en dos horas, así lo demuestra– que ese pensamiento hidráulico ha fracasado.

Una inundación urbana no es la expresión de mucha lluvia, sino la manifestación de una anomalía entre la sociedad y el medio en que se ha instalado. Una inundación revela cosas tan tontas y obvias como que la ciudad no tiene suficientes parques o espacios verdes como para absorber la lluvia; ni áreas de retención de agua para compensar las pérdidas de infiltración por la abrumadora impermeabilización del suelo; que su urbanización ha avanzado a sitios como las cuencas de los arroyos que la naturaleza dispuso para que el agua circule…

LA CIUDAD COMO ECOSISTEMA

Pensar desde esta otra forma de razonamiento equivale a pensar a la ciudad como un ecosistema y a la inundación como un problema ambiental que de tan complejo carece de una solución y un abordaje únicos. El pensamiento único –y limitado, permítaseme– estima que se trata sólo de agrandar caños, cosa que –con mayor o menor eficacia– han hecho todos los intendentes desde 1985 para acá. Mauricio Macri se desgañita en estos días acusando a sus predecesores de no haber hecho las obras necesarias, sin reparar en algo tan obvio como que la reiteración del problema con lluvias menores revela que las obras, en el mejor de los casos, serían apenas una parte de la solución. Y el jefe de gobierno se golpea el pecho por el orgullo que le provoca el tremendo caño que está colocando y que fungirá como aliviador del Maldonado. No ve que la próxima inundación se gesta en la actual modalidad de crecimiento urbano (torres y torres), definida por la especulación inmobiliaria y no por la planificación ambiental del territorio.

Es que si se sigue pensando con la lógica que creó el problema, sólo seguiremos discutiendo el diámetro. Y así no hay caño que alcance.

Biólogo, periodista ambiental, presidente de la Agencia Ambiental La Plata, autor de Historia del medio ambiente y El medio ambiente no le importa a nadie.

Texto original aquí

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INVERTIR EN SERVICIOS CLIMÁTICOS ANTES, O GASTAR EN CONSECUENCIAS Y VÍCTIMAS DESPUÉS

Sandy Cuba

Un grupo de expertos de alto nivel recomienda la creación de un nuevo sistema mundial para la prestación de servicios climáticos, con el fin de que los países puedan entender mejor el cambio climático y adaptarse al mismo, reduciendo el riesgo de desastres causados por fenómenos meteorológicos extremos y salvando vidas y bienes en el futuro.

En su informe, el Equipo especial de alto nivel propone una estrategia para establecer un Marco Mundial para los Servicios Climáticos, con objeto de mejorar el actual suministro de información climática y de subsanar las deficiencias existentes, así como de asegurarse de que esta información llega hasta los países y comunidades vulnerables que son los que más la necesitan.

El Equipo especial ha calculado que el costo de la implantación ascendería a unos 75 millones de dólares estadounidenses al año, de los cuales unos 72 millones provendrían de fondos de ayuda al desarrollo y estarían destinados a proyectos de creación de capacidad en los países más vulnerables a los efectos perjudiciales de los fenómenos climáticos. El Marco propuesto ofrecería un concepto holístico para responder a los problemas planteados por la variabilidad del clima, el cambio climático y la reducción de desastres, aprovechando las capacidades existentes en materia de prestación de servicios de los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales y de otras organizaciones que trabajen en ese ámbito.

Jan Egeland, copresidente del Equipo especial de alto nivel, explicó: “se trata de una modesta inversión gracias a la cual se podrían revolucionar los conocimientos y la situación de las comunidades vulnerables al clima. Merced a ello, se salvarían vidas, se prevendrían desastres y se reforzarían y mejorarían la agricultura y los servicios sanitarios e hídricos en los lugares que más lo necesitan”.

Michel Jarraud, Secretario General de la Organización Meteorológica Mundial, declaró: “todos compartimos el mismo planeta, la misma atmósfera, el mismo océano, el mismo clima multifacético. Cada comunidad, cada sector socioeconómico se ve afectado por la variabilidad del clima y el cambio climático”.
“Estoy convencido de que todas las inversiones que se realicen en adaptación, mitigación y gestión de riesgos climáticos se desaprovecharán, e incluso se podrían perder, si no se basan en los mejores conocimientos científicos existentes, en la mejor información posible. Ésta es la razón de ser del Marco Mundial para los Servicios Climáticos. Se trata de poner a disposición de las instancias decisorias la mejor información posible”. 

(…) En el transcurso de los últimos decenios, aproximadamente el 90% de los desastres han sido consecuencia de condiciones meteorológicas y climáticas peligrosas como ciclones tropicales, mareas de tempestad, crecidas y sequías. Las pérdidas económicas causadas por esas catástrofes se cifran actualmente en unos 100.000 millones de dólares por año y siguen aumentando, lo que podría causar un retraso de años o incluso de decenios en el ritmo de desarrollo.

El informe del Equipo especial subrayó tres hechos fundamentales: “En primer lugar, somos conscientes de que todos estamos expuestos a los efectos del clima, y particularmente de sus extremos, que ocasionan la pérdida de vidas y medios de subsistencia en todo el mundo, aunque en mucha mayor medida en los países en desarrollo. En segundo lugar sabemos que, allí donde existen, unos servicios climáticos eficaces y basados en las necesidades son de gran ayuda para las comunidades, empresas, organizaciones y gobiernos a la hora de gestionar los riesgos y de beneficiarse de las oportunidades que ofrece el clima. En tercer lugar, sabemos que hay una gran desproporción entre las necesidades de servicios climáticos y la disponibilidad de éstos. Los servicios climáticos son más endebles allí donde más necesarios son: en los países en desarrollo vulnerables al clima”.

(…) en el caso de China, durante las inundaciones de julio de 1959, murieron 2 millones de personas; sin embargo, durante el reciente decenio 2000-2009, el promedio anual de muertes registradas había descendido a 577, ello gracias a los progresos realizados en materia de vigilancia de crecidas y de sistemas de alerta temprana, unidos a servicios de evacuación eficaces.

(…) La estructura y redes actuales de la OMM ofrecen ya una base para un sistema mundial para los servicios climáticos y se pueden potenciar fácilmente para disponer de un punto de partida. Existen, entre otros, sistemas operativos de observaciones e intercambio de datos meteorológicos y climáticos, programas de investigación sobre el clima y técnicas de gestión de riesgos utilizados en diversos sectores económicos y sociales. Los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales desempeñan un papel esencial en la prestación de servicios climáticos, debido a la importante función que detienen en materia de observaciones meteorológicas y sistemas de alerta temprana.

Texto completo aquí

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